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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2018

Cien aos de Bernstein

David Torres
Pblico


Hace cien aos ms dos das vena al mundo en Lawrence, Massachusetts, Leonard Bernstein, en el seno de una familia de emigrantes judos ucranianos a cuyo apellido l no renunci nunca, a pesar de que al principio de su carrera le aconsejaron que lo cambiase porque con esa desinencia hebrea, a finales de los cuarenta, no se iba a ningn sitio y menos al Carnegie Hall. Por un golpe de suerte -una repentina gripe del director titular, Bruno Walter-, fue all mismo, a las tres de la tarde del domingo 14 de noviembre de 1943, que Lenny, como lo conocan sus amigos, empuaba la batuta por primera vez ante una orquesta con un programa que inclua a Schumann, a Rozska, a Richard Strauss y a Wagner. Estaba tan nervioso que mucho tiempo despus confes que no recordaba nada desde el momento en que alz los brazos hasta el momento en que recibi la atronadora ovacin y los aplausos del pblico.

No dejara de orlos durante casi medio siglo. Tena 25 aos, probablemente el debut ms temprano de la historia en la direccin orquestal hasta ese momento. En aquel tiempo rara vez un director consegua el mando de una gran orquesta antes de cumplir cuarenta y al ao siguiente, en 1944, ya era titular de la Filarmnica de Nueva York, una simbiosis que la convertira en la ms fructfera y excitante de las orquestas estadounidenses durante dcadas. El mundo de la msica estaba a sus pies y Bernstein se apresur a aprovechar la racha de buena suerte con sus dotes, su talento y su energa infatigable, una mezcla de bro, entusiasmo, nervio y electricidad que dejaba a las audiencias enfervorecidas y a sus msicos agotados.

Utiliz la radio y la televisin para emprender una campaa en nombre de la msica en la que no haca distinciones ni barreras: lo mismo interpretaba una cancin de los Beatles que una meloda de Haydn que un solo de Dave Brubeck. Su serie de 53 programas Conciertos para jvenes no slo acerc, explic y divulg los evangelios musicales a varias generaciones sino que con admirable generosidad dio a conocer obras contemporneas ignoradas de Virgil Thomson, William Schuman o Carlos Chvez. Tampoco olvid que el principal deber de un gran director es seguir ampliando el repertorio, de modo que alent, promovi y dirigi el estreno de varias obras maestras, el ms sonado de las cuales tuvo lugar en 1949: nada menos que la Sinfona Turangalila de Olivier Messiaen.

Extrovertido, inquieto, chispeante, su histrionismo en el podio resultaba casi obsceno, aunque su dominio gestual era tan tremendo que poda dirigir un movimiento de Mozart sin alzar las manos, nada ms que usando la coreografa de las cejas, el brillo de los ojos y el arco contagioso de su sonrisa. Con ese ramillete de emociones a flor de piel, trabajar con l siempre era gratificante aunque peligroso: Jos Carreras las pas canutas durante la grabacin del West Side Story y la primera vez que actu junto a Artur Rubinstein se le ocurri comentar que el programa elegido por el pianista -el Concierto para piano, de Grieg y Noches en los jardines de Espaa, de Falla- no le pareca gran cosa. Rubinstein sali disparado del ensayo y Bernstein tuvo que peregrinar hasta su hotel para hacerse perdonar con el regalo de una bufanda de Cachemira. La primera vez que dirigi en la Opera de Munich, tambin durante un ensayo, sinti el aroma inconfundible del antisemitismo en el ambiente; entonces sac el ltigo de director y los fustig sin piedad. Al llegar la pausa, sac un cigarrillo y ya tena seis o siete brazos extendidos con mecheros dndole fuego.

Al igual que le ocurri a su sucesor al frente de la Filarmnica de Nueva York, Pierre Boulez, su faceta de compositor no pudo resistir las exigencias de su trabajo en el podio, como s hicieron, entre otros, Richard Strauss y Mahler. Tampoco logr repetir el xito fulminante de su gran musical, West Side Story, una imaginativa recreacin del mito de Romeo y Julieta entre bandas de pandilleros donde Bernstein, con gracia insuperable, declaraba su amor incondicional por el jazz y los ritmos latinoamericanos. Es posible que su error cenital como compositor fuese no haber seguido la senda de Gershwin y su Porgy and Bess un camino para el que pareca naturalmente dotado- y empearse en escribir complejas sinfonas y fantasiosas obras corales como su Misa, que aun as cuentan con pasajes de una hermosura apabullante.

Al contrario que otros directores (y en especial su eterno rival, Karajan) que buscaban el respeto, el poder e incluso el miedo, Bernstein prefera ser amado. Confes al compositor Ned Rorem que le hubiera gustado amar a todas las personas del mundo una por una, cosa ciertamente imposible, aunque l lo intentara con montones de ellas, de ambos sexos, a la menor ocasin que se le presentara. Lo haca todo a borbotones, estudiando partituras, empalmando un cigarrillo tras otro y bebiendo whisky a litros, de manera que cuando anunci su retirada para combatir un cncer, la muerte casi no le dio tiempo a disfrutar la hermosa despedida que sus amigos le prepararon: todava recuerdo a Rostropovich corriendo con lgrimas en los ojos a darle un abrazo.

Liberal hasta la mdula, apoy la candidatura de Eugene McCarthy a la Casa Blanca, particip en las manifestaciones por los derechos civiles de los afroamericanos, repudi a Nixon, apadrin la campaa de Amnista Internacional a favor de los presos polticos, abomin del apartheid en Sudfrica, siempre fue un firme defensor del estado de Israel y donaba buena parte de sus honorarios a diversas organizaciones benficas. Neoyorquino de adopcin y de corazn, nunca digiri la venenosa y certera crnica de Tom Wolfe sobre la fiesta que l y su esposa Felicia dieron en su apartamento de Park Avenue en honor de los Panteras Negras -el germen mismo del radical chic y acab por inventarse que haba sido una trampa del FBI.

A menudo exageraba sus virtudes: pontificaba, por ejemplo, su cruzada mahleriana como si el enorme legado sinfnico de Mahler hubiese sido sepultado durante decenios, olvidando que el verdadero apstol fue el hombre que le dio su primera oportunidad, Bruno Walter. Al final de su vida, entre el dolor por la muerte de su esposa Felicia y la influencia del director rumano Sergiu Celibidache, abandon el pulso electrizante y nervioso de sus primeras actuaciones por una respiracin amplia, majestuosa, lentsima, consiguiendo cimas fonogrficas inalcanzables como sus interpretaciones en vivo de la Pattica de Chaikovski, de las Variaciones Enigma de Elgar y de la Quinta Sinfona de Sibelius. Una vez dijo, hablando de una de sus obras favoritas La pregunta sin respuesta, de Charles Ives- que no estaba muy seguro de cul era la pregunta a la que haca referencia Ives -la tonalidad o la atonalidad, el orden o el caos, la esperanza o la desesperacin- pero que estaba seguro de que la respuesta es s.

Fuente: https://blogs.publico.es/davidtorres/2018/08/27/cien-anos-de-bernstein/



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