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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2018

Las viejas costumbres del nuevo capitalismo de plataforma

Julin Tylbor
La Izquierda Diario

El nuevo mundo de las apps mira con nostalgia las relaciones laborales del siglo XIX e intenta emularlas. Por supuesto, encuentra resistencia. En esta nota analizamos los casos de Amazon y Rappi.


Ilustracin: Freepik

Una joven pedalea enrgicamente su bicicleta. Est vestida con un uniforme naranja fluo indisimulable y lleva como mochila una gran caja del mismo color. Un pasajero en un auto mal estacionado abre la puerta sin mirar atrs y la chica, sin tiempo para reaccionar, impacta y cae al piso, sufriendo varias contusiones. Cuando se reincorpora, chequea su celular y suspira una larga bronca: la app de delivery para la que trabaja acaba de inhabilitarla por una hora. No cumpli con el pedido. Est bloqueada.

La escena bien podra pertenecer a algn captulo de Black Mirror, la serie britnica que fascina a los espectadores con sus distopas tecnolgicas. Pero no, es real. La cont una trabajadora de Rappi, una aplicacin mvil de pedidos, en el programa de Alejandro Bercovich de Radio Con Vos. All fue en julio de este ao junto a otro rappitendero como la empresa denomina a sus mensajeros a testimoniar sobre lo que podramos llamar una doble novedad en Argentina: la primera huelga contra una plataforma, por un lado; en el marco del desembarco de la economa gig en el pas, por el otro. Pero, qu es la economa gig o para usar un trmino ms preciso el capitalismo de plataforma?

Economa gig: colaboracin social?

En el mundo hay casi 5 mil millones de telfonos mviles y un poco menos de la mitad son smartphones [ 1 ], es decir, dispositivos con una significativa capacidad de almacenamiento, procesamiento de software y conectividad. Segn el Instituto Nacional de Estadstica y Censos, en Argentina, 8 de cada 10 habitantes utiliza telfonos inteligentes y 7 de cada 10 accede a internet. En la franja etaria que va de los 18 a los 29 aos, el uso de estos dispositivos asciende al 94,8 % y el acceso a internet al 89,1 % [ 2 ].

La rpida expansin de estas plataformas encuentra una de sus razones en este sideral crecimiento de usuarios de telefona celular. Rappi, Glovo, Amazon, Uber, Airbnb son algunas aplicaciones que comienzan a sonarnos cada vez ms familiares, ya sea por publicidad, disputas legales [ 3 ] o porque las empezamos a usar en nuestra vida cotidiana. En general, se definen a s mismas como parte de la economa colaborativa, es decir que su funcin es conectar usuarios: por ejemplo, si uno necesita trasladarse, Uber lo conecta con otro usuario con vehculo propio, quien lo llevar a donde se le ordene a cambio de cierto dinero; una parte de ese monto se lo queda la aplicacin. Lo mismo sucede con Rappi y Glovo (delivery), Airbnb (hospedajes), IguanaFix y Zolvers (servicios y arreglos domsticos), entre otras. 

En relacin al mundo del trabajo, estas plataformas se inscriben en lo que se conoce como economa gig (la traduccin ms cercana sera changa), a la cual podemos definir como lo opuesto al tradicional empleo estable: en ella los trabajos son temporarios, por objetivos, intermitentes y flexibles, e internet siempre aparece como mediador entre las partes. Como seala la periodista Tamara Tenenbaum,

"hay dos mercados gig diferentes: el de los que hacen trabajos de alta calificacin y entregan productos 100 % digitales y el de los que son contratados online pero luego completan la transaccin offline (un remise, una empleada domstica)" [ 4 ].

El primer conjunto lo habitan los denominados freelancers, cuentapropistas mayormente profesionales que estn bien posicionados para negociar el valor de sus productos. El segundo est compuesto por personas generalmente jvenes y menos calificadas, que perciben bajas remuneraciones y sufren la precarizacin laboral; en este ltimo campo es donde estn floreciendo las plataformas.

Ahora bien, como advierte la politloga Natalia Zuazo en su libro Los dueos de internet, las empresas de plataformas lejos estn de ser economas colaborativas, sino que se trata de compaas tradicionales que utilizan internet para intermediar y extraer las ganancias de muchos individuos conectados [ 5 ]. Denominar colaboracin social a lo que hacen estas empresas es, denuncia Zuazo, un eufemismo mediado por tecnologa para algo que ya conocamos: trabajar mucho para que otros ganen [ 6 ]. Esta confusin intencional entre gig economy y sharing economy (de share: compartir) les sirve para evadir impuestos y cargas sociales, y para evitar demandas laborales.

Pero esta maniobra lingstica tiene sus lmites y son los trabajadores mismos los que empiezan a correr el velo simblico que impone el marketing positivo. Veamos, a continuacin, dos casos de resistencia contra el capitalismo de plataforma: Amazon en Europa y Rappi en Argentina.

Amazon: luchar contra el ms rico

Jeff Bezos, el hombre ms rico del planeta con una fortuna que asciende a 150 mil millones de dlares es el fundador y director ejecutivo de Amazon, una de las compaas de internet que por su magnitud solo es comparable con Google, Facebook y Apple. Se trata de una empresa de e-commerce (algo muy similar a lo que hace Mercado Libre en la regin, pero con el aditivo de la logstica y distribucin de productos) y servicios de computacin online.

Amazon cuenta con 80 almacenes en varios pases donde se acumulan millones de productos de los ms diversos tipos. El objetivo es que los usuarios puedan ordenar lo que desean desde sus computadoras o telfonos mviles y lo reciban en el menor tiempo posible, independientemente del lugar del mundo en el que estn. Ahora bien, la empresa tiene esa capacidad no solo por su escala planetaria, sino por la relacin que establece con sus trabajadores. En este sentido, la historiadora y periodista Josefina L. Martnez en una nota de la revista Contexto seala:

"El secreto de Amazon no est solo en una red logstica sin precedentes, sino en la fuerte precarizacin laboral de sus trabajadores y trabajadoras. Al mismo tiempo, la empresa utiliza esa estructura global para intentar limitar el impacto de las huelgas [ 7 ].

En Europa, la empresa de Bezos tiene alrededor de 65.000 trabajadores fijos: 25.000 en el Reino Unido, 16.000 en Alemania, 9.000 en Polonia, 5.500 en Francia, 3.500 en Italia, 2.500 en Irlanda y 1.600 en el Estado Espaol. Sin embargo, estos nmeros no relevan a los trabajadores temporales, los cuales son contratados por perodos cortos de tiempo y, a menudo, son utilizados para romper las huelgas. Las mismas vienen realizndose con cierta regularidad desde hace unos aos contra las psimas condiciones laborales que implica la logstica de la paquetera. Como bien explica Martnez,

"la realidad es que detrs de la narrativa innovadora de Amazon encontramos una explotacin laboral ms parecida al siglo XIX, con miles de trabajadores precarizados en grandes almacenes en diferentes pases del mundo" [ 8 ].

Como la estructura de Amazon es internacional, la forma que tiene la compaa para no afectar sus ganancias durante los conflictos es desviando la distribucin de las mercaderas a otros centros logsticos, ya sea dentro o fuera del pas. Sin embargo, este ao, un conflicto local est tomando dimensiones internacionales. Nos referimos a las huelgas de los trabajadores del gigantesco almacn ubicado en la ciudad espaola San Fernando de Henares.

El enfrentamiento se desat por el intento de la empresa de modificar unilateralmente los acuerdos laborales, lo que aparejaba el congelamiento de salarios y la afectacin de derechos conquistados, como la reduccin de la posibilidad de pedir licencias mdicas laborales, algo muy necesario en una actividad que por sus exigencias fsicas genera constantemente trabajadores rotos.

La caracterstica distintiva del conflicto es que esta vez hubo y hay enormes demostraciones de solidaridad por parte de trabajadores de otros pases europeos. En los paros de 48 y 72 horas de marzo y julio respectivamente, los trabajadores de San Fernando recibieron el apoyo de sus pares alemanes quienes hicieron una huelga solidaria en seis centros logsticos, y de sus compaeros polacos, que resolvieron trabajar a reglamento.

Si bien Amazon sigue firme en su decisin de modificar los convenios laborales y precarizar an ms a los trabajadores de San Fernando, las diferentes acciones de lucha empiezan a nutrirlos de valiosa experiencia, lo que abre la puerta a la posibilidad de cambiar la relacin de fuerzas. Internacionalizar la lucha frente a un verdadero pulpo global es un avance en ese sentido.

Rappi: la primera huelga criolla contra una app

Rappi es una empresa colombiana de delivery online que arrib a Argentina en marzo de este ao. Se trata de una aplicacin mvil que conecta usuarios y repartidores, llevndose un porcentaje del costo de cada envo. Un dato inslito es que los rappitenderos no solo utilizan sus telfonos celulares personales y sus propias bicicletas o motos, sino que deben comprar los uniformes y las mochilas a la propia empresa! Ello no solo deviene en rdito econmico para Rappi: tambin es una forma de publicitarse en la va pblica gratuitamente, ya que la indumentaria lleva su logo (y algunos slogans increbles como Entregamos con amor).

Ingresar como mensajero en esta aplicacin es simple: se descarga la app, se ingresa el DNI o la residencia precaria si uno es extranjero, se adjunta una foto y luego se accede a una capacitacin. Ulises Valdez, en una nota de La Izquierda Diario, resalta que:

"la aclaracin de que pods presentar tu residencia precaria no es casual: a muchos jvenes inmigrantes no les queda otra que agarrar estos trabajos, valga la redundancia, precarios" [ 9 ].

Lo cierto es que en los hechos es muy difcil conseguir un trabajo en blanco estando en esa situacin. En la entrevista radial que le hicieron en el programa El Lobby, Roger Rojas, trabajador de Rappi e inmigrante venezolano, convalida esa afirmacin:

"Se puede decir que en estas aplicaciones ms del 50 % o 60 % son inmigrantes, quienes tienen el doble de necesidades porque no tienen a nadie en el pas que los respalde. Somos personas que, si nos sucede algo, estamos solos. Y nos conlleva a muchos a optar por el miedo y nunca alzar la voz [ 10 ].

Pero justamente lo que hicieron el pasado 15 de julio fue literalmente parar la moto, y alzar la voz contra la empresa colombiana. En un informe del perfil de Twitter La Cartelera de Trabajo, estos jvenes sintetizaron su situacin y sin quererlo la de todos los trabajadores y trabajadoras del mundo de las app en una simple frmula: Si nos consideran como independientes, que no nos controlen. Si nos controlan, que nos paguen como trabajadores dependientes. Es que, claro, en los trminos y condicionesde Rappi, cada mensajero tiene una relacin libre con la plataforma: se conecta cuando quiere, puede rechazar pedidos y ello no afecta sus posibilidades de ganar dinero ni su desempeo.

Ahora bien, como la espina dorsal de estas aplicaciones no es la colaboracin sino la ganancia, la mano invisible del algoritmo no tard en entrar en escena. Mara Fierro, empleada de Rappi, contaba en el programa de Bercovich cmo la plataforma empez a direccionar los pedidos, asignndoles los peores viajes a los mensajeros ms experimentados, en orden de atraer a los ms nuevos con viajes ms rentables. Adems, si un rappitendero no aceptaba algn viaje, bajaba su puntaje, su ranking, por lo que le llegaban menos pedidos.

Ese amaamiento de las reglas de juego fue lo que, junto a la precariedad, el riesgo fsico (Rappi no provee protecciones como cascos o rodilleras ni se responsabiliza por lo que pueda pasar luego de algn accidente) y las jornadas extensas y agotadoras, hizo escalar la bronca y termin desatando el conflicto. Mediante un grupo de Whatsapp, los mensajeros organizaron una huelga en el horario pico de trabajo para el tercer domingo de julio. Su mtodo fue juntarse en determinados puntos de Buenos Aires, activar la apppero no tomar ningn pedido.

Rappi se enter anticipadamente de la protesta y, para menguarla, ese da elev el valor de la parte que se lleva cada trabajador. Sin embargo, la medida de protesta fue exitosa y signific un caos para la empresa, que no daba abasto para atender todos los pedidos. Ello le vali a los rappitenderos un espacio de negociacin al da siguiente, donde junto a representantes del Sindicato de Motociclistas, Mensajeros y Servicios, llevaron un pliego de demandas, como el aumento del valor de cada viaje, la cobertura de riesgo de trabajo y la transparencia en la asignacin de repartos.

Ms de un mes despus de la primera huelga en el pas contra una plataforma, la situacin de los rappitenderos est lejos de resolverse. De todas maneras, es de resaltar que ese juego sucio de la aplicacin (que se apoya sobre todo en los vacos legales y en la promocin gubernamental de estos trabajos precarios a los cuales vende como nuevos empleos) encontr un primer lmite y este fue la organizacin independiente de los trabajadores para luchar por sus demandas. Resta ver cul ser el comportamiento de las burocracias sindicales frente a un nuevo sector de la clase trabajadora que empieza a surgir y que todo indica que va a seguir creciendo.

Entonces, en qu siglo estamos viviendo?

El capitalismo de plataforma tiene una caracterstica distintiva y fundamental y es que no se lo puede separar de la masificacin del acceso a internet, a las computadoras y a los telfonos inteligentes en los ltimos aos. Sobre esta base es que estas compaas se ven a s mismas como parte del futuro y de lo nuevo. Sin embargo, como vimos en los ejemplos de los conflictos en Amazon y Rappi, cuando bajamos de la nube a la realidad material observamos que la nica lgica que las rige es la maximizacin de las ganancias. Ello se verifica simplemente al observar las condiciones absolutamente precarias en que mantienen a sus centenares de miles de empleados. Una explotacin de la fuerza de trabajo que, por sus ritmos inhumanos, su brutal desproteccin y sus salarios de miseria nos recuerda demasiado a las empresas capitalistas del siglo XIX.

"Las huelgas deca Lenin, analizando las acciones del joven proletariado en 1889, por dimanar de la propia naturaleza de la sociedad capitalista, significan el comienzo de la lucha de la clase obrera contra esta organizacin de la sociedad. Cuando los ricos capitalistas se enfrentan a obreros aislados y necesitados, esto equivale para estos ltimos la esclavizacin total. Pero la situacin cambia cuando estos obreros desposedos unen sus esfuerzos. () Si las huelgas infunden siempre tal espanto a los capitalistas es porque comienzan a hacer vacilar su dominio [ 11 ].

A diferencia de los capitalistas del siglo XXI que parecen mirar con nostalgia a los del siglo XIX, este punto de vista puede hacer que las luchas de este nuevo sector de la clase obrera empiecen a hacer vacilar este presente.

Notas:

[ 1 ] Hay en el pas casi 40 millones de usuarios de telfonos celulares, mbito Financiero, 26/10/2017.

[ 2 ] Acceso y uso de tecnologas de la informacin y la comunicacin. EPH. Cuarto trimestre de 2017, disponible en www.indec.gov.ar .

[ 3 ] Como es el caso de Uber, que en Argentina a excepcin de la provincia Mendoza es ilegal. A pesar de ello, la aplicacin ya funciona y ello ha generado un fuerte y hasta violento enfrentamiento con los taxistas, quienes se ven directamente afectados por lo que consideran como competencia desleal. Abordaremos el caso de Uber en prximos nmeros.

[ 4 ] Sin jefe ni horario, pero con la incertidumbre a cuestas, La Nacin, 07/01/2018.

[ 5 ] Zuazo, Natalia, Los dueos de internet: Cmo nos dominan los gigantes de la tecnologa y qu hacer para cambiarlo, Buenos Aires, Penguin Random House, 2018, disponible en www.guerrasdeinternet.com .

[ 6 ] dem.

[ 7 ] Bienvenida, clase obrera! Huelgas simultneas en Amazon Europa, revista Contexto, 18/07/2018

[ 8 ] Amazon: 48 horas de huelga contra el peor empleador del mundo, revista Contexto, 20/03/2018.

[ 9 ] Rappi: as funciona la empresa de pedidos online que ya tuvo su primer paro en Argentina, La Izquierda Diario, 17/07/2018.

[ 10 ] Disponible en: www.radiocut.fm . Recomendamos tambin escuchar la entrevista a trabajadores de Rappi y su abogado en el programa del 12/08/18 de El Crculo Rojo en Radio Con Vos, y el informe sobre el conflicto de Amazon en Espaa.

[ 11 ] Lenin, Vladimir I., Sobre las huelgas, en Trotsky, Len (compilacin), Los sindicatos y las tareas de los revolucionarios, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP, 2010, p. 138.

@juliantylb

Fuente: http://www.laizquierdadiario.es/Las-viejas-costumbres-del-nuevo-capitalismo-de-plataforma?id_rubrique=2653



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