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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2018

Menores en Ceuta: en el limbo entre el norte y el sur

Irene Segales
El Salto

Una treintena de menores de edad viven en la calle, a las inmediaciones del puerto de Ceuta


Finalmente, durante la puesta de sol del decimoquinto da del Ramadn, cuando se rompa el ayuno, Mohamed consigui entrar en Ceuta por la aduana de Marruecos, escondindose sobre el motor de un autocar. Asegura que llevaba cinco aos intentando entrar en la ciudad autnoma. Desde los 11, considerando que ahora dice que tiene 16 y medio. Durante este tiempo de espera viviendo alrededor de la frontera entre Marruecos y Espaa, en uno de los muchos intentos por entrar en Ceuta, Mohamed explica que vio morir a su amigo Ahmed, de 14 aos. Era un jueves. Yo haba conseguido comida, un brik de leche y pan, y le dije a Ahmed que se lo guardara en su mochila para comrnoslo en cuanto llegsemos a Ceuta. Ahmed se coloc bajo el primer autocar y yo me escond debajo del segundo. Cuando arranc el autocar, escuch un fuerte golpe. Se le escaparon las manos. En este momento de la conversacin, Mohamed desarrolla el pensamiento de vida de muchos de estos chicos que quieren huir de frica y venir a Europa: Lo que est escrito en el destino, pasar. Si alguna cosa viene de Dios y tiene que pasar, pasar.

Mohamed se muestra convencido de esta predestinacin de que todo pasa o pasar si Al lo quiere: En cuanto naces, Dios te escribe en la frente todo lo que te va a pasar: el da que vas a morir, el da que irs a Espaa, el da que volvers todo lo decide Dios. Si Dios quiere In āʾ Allāh es la expresin ms recurrente en las conversaciones con estos jvenes. Y siguiendo este determinismo religioso te responden cuando les preguntas si son conscientes del peligro que conlleva intentar cruzar el Estrecho metindose en un ferri de cualquier forma: jugndose la vida debajo de un camin, un autobs o en cualquier parte del barco.

A mediados de julio, una treintena de nios menores de edad (no haba constancia de ninguna chica por entonces), vivan en los alrededores del puerto de Ceuta, la mayora de entre 14 y 17 aos, aunque haba alguno ms chico. Omar, por ejemplo, aseguraba que tena 14 aos y medio. Pero no pareca pasar de los 12. Oficialmente se los denomina Menores Extranjeros No Acompaados (MENA). Duermen donde pueden, a la intemperie, en las cercanas de la escollera que delimita el puerto de Ceuta y el polgono industrial de la Puntilla. De madrugada, cuando hay menos vigilancia en las instalaciones portuarias, es cuando dicen que es ms fcil intentar su nico objetivo aqu: escabullirse dentro de uno de los ferris que salen hacia la Pennsula cruzando el estrecho de Gibraltar. El resto del da, deambulan por las inmediaciones de las instalaciones portuarias, comen lo que pueden y algunos acostumbran a terminar la jornada evadindose inhalando cola.

As de rpido se resume la vida de estos muchachos que, con pocos aos de vida, han dejado todo lo que conocan y ahora viven fijados en un sueo que les es lejano, pero por el que luchan cada da. Estn atrapados en Ceuta. Una decena hace ms de ocho meses que est en la calle. Para ellos, este es solo un impasse, un sitio y un momento de espera. Muchos, como Mohamed, tienen que volver a planificar otra escapada. Para estos chicos no existe otro juego que el de la estrategia, y este nico juego tiene un nombre bien grfico: riski.

Amn entr en Ceuta ahora hace tres meses con su padre, con el pasaporte en la mano. Este es otro patrn que se repite en muchos de los jvenes marroques que estn en Ceuta para pasar al continente europeo: muchos han entrado en la ciudad autnoma acompaados por sus padres, que les han dejado aqu, sin documentacin, con el fin de que se busquen un futuro mejor fuera de Marruecos. Es el caso de la mayora de chicos que proceden de la provincia marroqu de Tetun. Un convenio con Espaa permite a los habitantes de esta provincia poder entrar a Ceuta (pero no cruzar a la Pennsula), sin visado y solo de da. Amn explica que su padre recoge chatarra, que es de familia pobre. Da gracias a su ta, que ayuda a sus padres y a sus hermanos, porqu su madre est enferma desde que sufri una hemorragia cerebral y no puede trabajar. La meta de este joven de 15 aos es llegar a Espaa para trabajar en lo que sea y donde sea y enviar el dinero que hace falta para cuidar a su madre.

De nuevo, otro punto en comn en la biografa de muchos de estos jvenes: ayudar a la familia, de origen humilde y con problemas de salud. El perfil de Amn coincide con el de Mohamed, que tambin asegura que su primer reto una vez en Espaa es trabajar para conseguir los 2.000 euros necesarios para que su madre pueda ser operada de la vescula en Marruecos, donde dice que nada es gratis. Ambos describen la vida en Marruecos como una vida sin oportunidades. Una vida miserable, segn Amn, que aade que se senta marginado y humillado. La situacin en la que se encuentra Marruecos no nos aporta nada, aunque lo hemos intentado. Las mismas circunstancias por las cuales Mohamed dice que quiere dejar atrs su pas: En mi pas no nos quieren. En Marruecos ni comes, ni bebes. Nadie se preocupa por ti. Que por qu no he estudiado?, pregunta Mohamed. Qu estudios hay en Marruecos? All el profesor viene, da una hora de clase y se va. Dnde se supone que tienes que estudiar all?. Y cierra la reflexin con un dicho marroqu: En Marruecos no te sorprendes; en Marruecos no te sorprendes.

El grupo de chicos que vive en el puerto de Ceuta vara casi cada da. Bien porque alguno de ellos ha practicado el riski y no ha vuelto, bien porque, exhaustos de la vida en la calle, deciden volver a Marruecos con su familia o ir al centro de menores La Esperanza, aunque sea solo por unos das. En Ceuta hay dos centros: La Esperanza, para chicos de 9 a 18 aos, y el Mediterrneo, para nios de hasta 9 aos y nias hasta los 18. La ocupacin media en el centro La Esperanza es de 200 chicos. La mayora marroques alrededor de los 16 aos. El Protocolo de Menores Extranjeros No Acompaados que se sigue es que, cuando la Polica Nacional detecta un posible menor de edad solo en la calle, tiene la obligacin de pedirle la identificacin. Si este no la tiene, deben researlo con un nmero de identificacin y traerlo al centro correspondiente. All llevan a cabo la primera acogida y derivan el caso a la Fiscala de Menores para que, a travs de una prueba oseomtrica (radiografa de mueca), determinen si se trata o no de un menor. Si la prueba establece que no llega a los 18 aos, es acogido en el centro, que deber comprobar si es posible el reagrupamiento familiar. Si se descarta, se puede quedar en el centro. Pero este es un centro abierto y, por lo tanto, no se les puede obligar a que se queden. Aunque la mayora hacen vida aqu, muchos, como la treintena de chicos que viven en el puerto, optan por ir all solo cuando necesitan una ducha, un plato caliente, ropa limpia o dormir bajo techo. Su razonamiento es que no han venido a Ceuta para estar en un centro de menores para que, el da que cumplan 18 aos, dejen de estar bajo tutela y se los expulse o se les deje en la calle sin la documentacin para poder vivir y trabajar en Espaa.

Cuando un menor cumple los tres meses de residencia estable en el centro, se inician los trmites para solicitar el permiso de residencia, de manera que, en cuanto cumpla los 18, no se le pueda expulsar. Un permiso que ser de vigencia limitada: de un ao renovable durante los cinco primeros aos de vida en el centro, y de cinco aos para los que llevan ms de cinco aos internos. Pero en el mejor de los casos si no son expulsados por no haber llegado a tener la documentacin en regla, la maana de su 18 cumpleaos estarn en la calle con un permiso temporal por el cual tendrn que tramitar ellos mismos la renovacin, cumpliendo con todos los requisitos indispensables. Es entonces cuando se entra en el bucle: como no tienes permiso de residencia, no tienes padrn, y si no tienes padrn, no tienes permiso de residencia y, como consecuencia, no puedes trabajar. Y se encuentran con 18 aos totalmente desprotegidos en las calles de una ciudad que lidera el paro en Espaa, con una tasa del 60% de desempleo entre los menores de 25 aos.

Toda esta complicacin administrativa se la conocen bien los chicos que no quieren perder el tiempo en un centro de menores y optan por el riski hasta que Dios traiga suerte, como dice Mohamed. Quieren llegar a Europa y, una vez en el viejo continente, ya se van a buscar la vida para resolver los inconvenientes de ser un sin papeles. Al menos tendrn los pies en la tierra donde esperan cumplir con su sueo europeo.

El sueo del ftbol

Amn dice que es consciente de la dificultad de hacerlo realidad, pero le pide a Dios que le ayude y se lo ponga fcil: Mi aficin es jugar al ftbol y jugar al ftbol si Dios quiere. Al es grande, afectuoso y generoso. Ayuda a todo el mundo. En cuanto haya cruzado, voy a estudiar y jugar al ftbol para enviar dinero a mi madre. Este es el motivo que me empuja a irme al extranjero. Cuidar a mis padres. Y si Dios quiere, les har felices y contentos. In āʾ Allāh. Tambin quiere ser futbolista Mohamed: Jugar en el Bara, si Dios quiere. En Tnger jugaba en un equipo de ftbol, pero los padres de los chicos que tienen dinero sobornaban a los entrenadores para que se quedaran con sus hijos en el equipo, aunque no supieran jugar. Y a m me echaban. En Espaa me harn jugar, o no, pero puede que me convierta en el nuevo Messi.

Hoy en da, el efecto llamada ha dejado de ser el to, el primo o el amigo que consigui llegar en Europa y le cuenta a su familia las ventajas de la vida occidental. Hoy las pantallas son la fuente que alimenta y que forja los sueos, tambin ms all de la Frontera Sur. A pesar de que estos chicos no tienen telfono mvil, tienen todos cuenta de Facebook y, en cuanto pueden, se conectan a esta red social que abre la ventana a este mundo ideal, de futbolistas victoriosos, de selfies de aparente felicidad, donde todo parece fcil, rpido y perfecto. Este es el efecto llamada de hoy, el que les trae a dejar su casa, en muchos casos hogares vulnerables en el campo marroqu donde muchos han tenido que trabajar para ayudar a la familia y donde no tienen ni oportunidades ni las mnimas necesidades garantidas, como el acceso a la educacin y al sistema sanitario.

A duras penas saben escribir y no hablan nada ms que dariya (rabe marroqu). Uno de estos atardeceres de julio, cuando en el polgono industrial de la Puntilla ha bajado la actividad de las naves industriales, un ceut, por propia iniciativa, trae 25 bocadillos de tortilla de patata recin hechos y zumos de fruta a los chicos que estn en el puerto. En el primer intento de bajar del coche para repartir la comida, un coche de la Guardia Civil pasa entre l y los chicos que han empezado a salir de detrs de los bloques de piedra de la escollera que delimita el polgono y el recinto portuario. El coche patrulla pasa a baja velocidad. Se para unos metros ms adelante y, finalmente, da marcha atrs para pararse a su lado y preguntarle si todo va bien, si los chicos le estn molestando. l les responde que no, que solo ha venido a preguntar como estn y que no hay ningn problema. Los guardias civiles retoman la marcha, lentamente. l vuelve a subir al coche y les dice a los muchachos que regresar ms tarde. Prefiere que la polica no sepa que ha venido a traerles comida: No es que est haciendo nada malo, pero prefiero que no me tengan visto. As que pone el coche en marcha y se va a dar una vuelta para volver en un rato. Cuando llega, los jvenes vuelven a salir y, con ellos, un grupo de gatitos esmirriados. Quizs tambin sepan que con el tito como llaman con respeto al voluntario que ya muchos conocen, viene un poco de comida. Se sientan ordenadamente a unos metros del coche y esperan su momento de ir a buscar el bocadillo y el zumo.

Al menos hoy se han llenado el estmago con algo contundente y caliente, afirma. Despus viene un poco de conversacin. Solo uno de ellos habla un poco de espaol. A la pregunta cmo estis? responden con una expresin explcita de qu quieres que te diga. Uno de ellos nos muestra una herida en el hombro. El da anterior intent entrar en un ferri, agarrado debajo de un camin. Esta vez no lo consigui, pero lo volver a intentar: Espero poder cruzar. Yo y todos los chicos, In āʾ Allāh.

A la maana siguiente, me levanto con la noticia de que, en la Ciudad Autnoma de Melilla, donde la situacin es todava ms crtica que en Ceuta, el consejero de Bienestar Social, Daniel Ventura (Partido Popular), quiere que los cuerpos policiales identifiquen a las personas que, a ttulo individual, dan comida a los cros que viven en la calle. Segn el consejero melillense, estas personas lo hacen sin el permiso de la Administracin, de forma que se desconoce la procedencia de los productos que reparten y si quien los prepara dispone del carn de manipulacin de alimentos. Una situacin que Elisa Garca Espaa, profesora de Derecho Penal y Criminologa de la Universidad de Mlaga, cree que no se dar en Ceuta. Desde hace ya unos meses dirige el equipo de la Universidad de Mlaga que lleva a cabo el proyecto Premece, siglas que resumen un ttulo largo y controvertido: Prevencin Infanto-Juvenil de la Delincuencia de los Menores Extranjeros Solos en Situacin de Calle en Ceuta.

Elisa asegura que, a diferencia de Melilla, donde hay una situacin de hostilidad y de persecucin de las autoridades hacia los menores que estn en la calle, en Ceuta hay voluntad de mejorar la situacin de estos nios y favorecer un contexto social que les proteja y les aleje del delito. Segn la profesora, se trata de un proyecto de dos aos de intervencin comunitaria para dar respuesta individualizada a cada nio. Unas respuestas que sean duraderas en el tiempo. Explica que el equipo trabaja en distintos mbitos: con las fuerzas y los cuerpos de seguridad para establecer protocolos que no sean de persecucin si no de proteccin; con las ONG para que se les preste una atencin sanitaria y psicolgica adecuada y se traten, tambin, los casos de adiccin en la medida de lo posible; y ofrecerles acompaamiento jurdico, para dotarles de las herramientas y los referentes suficientes para que se sientan acogidos.

Elisa reconoce que estos chicos no acostumbran a cometer delitos hacia la ciudad y que, por el contrario, s que son criminalizados cuando las vctimas son ellos mismos: Son extremadamente vulnerables, ya que estn a expensas del abuso por parte de adultos y de ser vctimas del trfico de personas. Es por esta razn que hace falta un cambio en la perspectiva y enfocar el tratamiento de su situacin hacia la proteccin de la infancia. Y en Ceuta, hay predisposicin.

No deja de ser curioso que los que llevan tiempo trabajando con los menores extranjeros no acompaados en Ceuta expliquen que, desde 1999 hace ya 19 aos, siempre ha habido un grupo de nios viviendo en la calle para intentar cruzar el estrecho de Gibraltar a escondidas. Este es el ao en el que la valla de Ceuta, hasta entonces de alambre, pas a ser de acero galvanizado y, desde entonces, las inversiones de miles de millones de euros para hacerla ms infranqueable no han hecho ms que aumentar. Un objetivo que se ha demostrado que no cumple, poniendo como ejemplo el salto de ms de un centenar de personas de esta semana (22 de agosto) y el de 600 del pasado 26 de julio. Por ms que perfeccionen el muro fsico, no van a parar los sueos de quienes buscan un futuro con ms oportunidades que las que tienen donde han nacido.

Hace unas semanas 7 de agosto, los representantes de todas las comunidades autnomas se reunieron con el Ejecutivo espaol para abordar el reparto de los miles de nios y nias que llegan solos a Espaa. Solo durante los primeros seis meses de 2018 han llegado ms de 7.000. En este encuentro no se lleg a ningn acuerdo. El tema se aplaz para septiembre porque, segn la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, es un tema que se debe trabajar con ms tranquilidad, con cuidado y con cautela porqu hay comunidades autnomas que no son partidarias del reparto para atender estos menores. La ministra tambin avis de que, para este ao, no hay ms recursos econmicos para destinar a la atencin, acogida e integracin de estas personas, una cuestin que se va a posponer para los presupuestos de 2019. Mientras tanto, sigue habiendo chiquillos desprotegidos en territorio espaol, criaturas sin la atencin urgente, adecuada y especial que requieren, independientemente de su origen.

Me compro un billete de ferri para volver a la pennsula. Treinta y cinco euros que me permiten cruzar, en un trayecto de una hora, esta barrera de agua que muchos quieren infranqueable. Para segn quin, est claro. Solo a unos cuantos metros de donde sale el barco, un grupo de chicos se tiene que quedar en el limbo. Quizs alguno de ellos est en la bodega del Passi per Formentera, el ferri que a m me va a llevar con todos los lujos y seguridad a Algeciras.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/mena/menores-en-ceuta-en-el-limbo-entre-el-norte-y-el-sur


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