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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2018

Comentarios a Las ventajas de vivir en el campo, de Pilar Fraile
Esbozo de urbanismo y psicologa para despus de la ciudad

Jorge Felipe Garca
Rebelin


Qu es una ciudad? Mejor, qu era una ciudad? Las ciudades podan ser objeto de estudio de la filosofa, de la historia, de la arqueologa; dejemos el mbito de lo que era el campo para la antropologa (aunque exista una antropologa urbana). Lo que viene despus de la ciudad recibe muchos nombres: postmetrlis, edge cities, metrpolis postfordista, cosmpolis, ciudad fractal, archipilago carcelario, sim cities, reas urbanas hiperdegradadas, no-lugares Tal vez pueda ser estudiada por urbanistas (me atrevera a decir que inevitablemente desorientados), socilogos, psiclogos y entomlogos (lase tambin en gnero femenino). Marta Llorente, en La ciudad: huellas en el espacio habitado (p. 81), afirma: La ciudad no se define por la dimensin, sino por la estructura orgnica de sus formas de arquitectura y de vida. Una vez que se diluyen las fronteras, una vez que esa sublimidad mala del capital altera las representaciones previas al fin del neoltico, nuevos patrones espaciales sin duda inteligibles pero probablemente irrepresentables (en ltimo trmino) y nuevas tipologas psicolgicas e imaginarias ocupan la escena. Las gigantescas conurbaciones se tragan cualesquiera diferencias topogrficas y culturales: la ms elemental, campo y ciudad. El valor de cambio hace de esta tendencialmente una mera mquina de acumulacin, y cada vez se estrecha ms el derecho a la ciudad, a su uso: es el mbito de la libertad individual, lugar de encuentro, de acumulacin de experiencias, de autoconstruccin. Es, era, el lugar de todas las promesas de la modernidad; y en sus trazos ms o menos emborronados (pues toda violencia triunfante borra sus marcas) se pueden leer los vestigios de la lucha de clases, especialmente, la lucha por la apropiacin del espacio, por el diseo urbano, por conseguir una mejor posicin espacial: friccin de distancia, movilidad o inmovilidad, evitacin o supresin de los espacios de conflicto. Le Corbusier sintetiz de una forma magistral la clave (una de las claves) para interpretar los nuevos modelos postmetropolitanos de asentamiento: Arquitectura o Revolucin. La Revolucin puede ser evitada (citado por E. Soja, Postmetrpolis, p. 168).

Dice Eagleton que el marxismo no es una teora del todo; bien, pero el capitalismo s es una estructura de dominio total sobre el tiempo y el espacio, y sobre las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el ser humano. Seguramente sea cierto que con el fin del neoltico se cierra el crculo (si es que puede cerrarse un crculo cuyo centro est en todas partes y su circunferencia en ninguna): asalarizacin universal (o informalidad del trabajo), extincin del campesinado e industrializacin del campo [1] . De la precaria relacin ciudad-campo hemos pasado a la dispersin urbana; en palabras de Jos Manuel Naredo: de un mar de ruralidad o naturaleza poco intervenida con algunos islotes urbanos a un mar metropolitano con enclaves de campo o naturaleza (del libro coordinado por Agustn Hernndez Aja, La sostenibilidad en el proyecto arquitectnico y urbanstico, p. 61).

Marc Aug demanda en Los no lugares, ante la realidad (o lo que sea) actual, nuevos rganos perceptivos. A la espera de una asombrosa mutacin, conformmonos con la teora y el arte para vislumbrar aquello que viene tras el frgil y conflictivo vnculo entre el campo y la ciudad. Pues bien, desde el mbito de la narrativa Pilar Fraile, en Las ventajas de la vida en el campo (Caballo de Troya, 2018), nos ofrece una potente prospeccin literaria para ampliar el radio de nuestra experiencia por lo que hace a este asunto. Vamos a intentar hacer algunos comentarios con algo de sentido respecto a la dimensin psicolgica y respecto a la dimensin espacial y urbana que comporta el fin del neoltico, apoyndonos en la lectura de este libro.

Me parece que la autora capta con acierto las psicologas e imaginarios de los nuevos pobladores [2] que, tras el modo de produccin fordista y los gloriosos treinta, o tras el segundo espritu del capitalismo, tratan de acomodarse en el espacio en funcin de nuevos patrones de asentamiento y desplazamientos en la estructura laboral. Son renegados de la ciudad, de esos enjambres de currelas urbanos; huyen de cierto cretinismo industrial, envs del idiotismo rural del que hablaba Marx en el Manifiesto.

En simbiosis o tal vez en relacin parsito-huesped, mediante las pantallas ese fuego fro e hipntico, ventana a travs de la que el ello asoma la patita o la garra o lo que sea eso que repta, mediante la publicidad, es decir, mediante la industria de produccin de consumidores, la memoria de tales nuevos pobladores ha sido mercantilizada (podramos recordar aqu las palabras de Pasolini respecto al poder de la televisin para retorcer el alma de obreros y campesinos de un modo tal que comparado con ella la propaganda fascista solo poda mover a la risa). Como en el caso de los replicantes de la pelcula Blade Runner, los recuerdos parecen ser sin duda nuestros; los deseos, las proyecciones, las ideas acerca del xito y de la grandeza, parecen correspondernos. Pero no estn de alguna forma estas imgenes sintetizadas por la publicidad? No estn guionizados nuestros imaginarios por ese trickster genial as lo denomina Baudrillard que es el capital?

Frente al vrtigo de los hormigueros urbanos, la imaginera capitalista ha creado un mundo de autenticidad manufacturada, donde, felices, nos miramos mirando a travs de la ventana de un hogar en el campo, con el sol desperezndose entre los robles y los senderos del bosque, con un caf instantneo humeando entre las manos, porque somos diferentes y nos lo merecemos, igual que todos los dems. La idea de xito, de sentido, queda asociada a un desplazamiento geogrfico que sigue la direccin del precio del suelo y del abandono del escenario del conflicto y la lucha de clases: la ciudad. Para esta tipologa digamos post-antropolgica, sin embargo, retorna lo reprimido (la violencia y los antagonismos de la modernidad irresuelta, la pulsin de una naturaleza imposible de domesticar del todo), pero interiorizado (pues la transformacin espacial ha roto o al menos postergado indefinidamente el tiempo de la revolucin), multiplicando estructuras mentales de tipo fuertemente neurtico y psictico, donde cualquier sombra se convierte en un peligro latente y ubicuo, indefinible en ltima instancia, que amenaza con trizar el delgado cristal de la normalidad en cualquier instante, haciendo emerger lo monstruoso para deshacer el barniz de la civilizacin. Buenas ilustraciones de todo ello son, creo, pelculas como El hombre de al lado (de Mariano Cohn y Gastn Duprat, 2009, donde se literaliza aquella expresin de Le Corbusier)   o Suburbicon (George Clooney, 2017), por citar un par de ejemplos. Nunca seris felices, les dicen, nos dicen los espejos a los nuevos pobladores, nunca podrn exorcizarse los miedos, los fantasmas, de una autopercibida y advenediza clase media cuyo imaginario comenz a resquebrajarse con la crisis, cuyas cualificaciones son cada vez menos garanta de escapar de la precariedad. En simetra con el white flight de la clase media blanca estadounidense (cuyas tasas de suicidio, segn parece, alcanzan el grado de epidemia), los nuevos pobladores patrios huyen de las ciudades y corren el riesgo, como en aquel caso, de quedar varados en mitad de la nada, en los intersticios que atraviesan las autopistas. Por volver a una referencia cinematogrfica, vean Gummo (1997), de Harmony Korine perturbadora en grado mal-rollo-que-te-cagas, buena representacin de la vida, por as decir, en un pramo suburbial, una especie de grado cero antropolgico.

La psicologa de los personajes capta algunos rasgos de la estructura de sentimiento propia de la posmodernidad, propia de la subjetividad que Susan Sontag describe en Notas sobre lo camp: estetizacin del mundo y la mirada, frivolidad, cinismo, irona, artificio, teatralizacin, una especie de dandismo democrtico al alcance de cierta demanda ms o menos solvente. Los nuevos pobladores tratan de ser siempre sofisticados, lo imperdonable es parecer ingenuo; y valoran ante todo la experiencia de tener experiencias. Su carcter obsesivo y neurtico se alimenta de la estructura espacial, como si fuese funcional a ciertos patrones urbanos en los que por el puro diseo se tiende a hacer desaparecer la comunidad. Jane Jacobs ha desarrollado desde la sociologa lo que supone para las comunidades urbanas esa separacin, esa liquidacin abstracta de la vida en un barrio donde trnsito, vialidad, vecindad y cuidados forman una continuidad inextricable, logrando una seguridad colectiva que proviene de la proximidad y la confianza (y que no es posible sustituir), propia de las ciudades compactas.

En correspondencia con la habilidad de Pilar Fraile para desplegar estas psicologas, la obra ilustra de una forma genial la naturaleza de la espacialidad urbana que le corresponde. Se trata de solares (el lugar est saturado de antropologa, y eso es muy neoltico), de reas sin historia, desinstitucionalizadas, aptas acaso solo para el enfrentamiento blico, tal vez para la guerra area. Al punto venan a mi mente las fotografas de Hans Haacke (en la exposicin Castillos en el aire, Museo Reina Sofa, 2012), nacido en Colonia (1936), quien seguramente pudo contemplar en primera persona el resultado de los bombardeos incendiarios de los aliados sobre su ciudad. La zona del Ensanche de Vallecas que recorre la mirada de este autor no ha sido bombardeada por la RAF ni la Luftwaffe; sin embargo, los esqueletos de edificios, las ventanas como cuencas vacas, las ruinas y escombreras, muestran patentes simetras urbansticas entre el escenario blico y esta zona cero de la explosin de la burbuja inmobiliaria. Seales de direccin enloquecidas, calles sin salida, vas cortadas por improvisados vertederos: el sentido y la orientacin parecen abolidos por el exceso, la simetra, la repeticin, la ambigedad de los signos y la contradiccin.

Algunos prrafos son autnticos fogonazos en los que se representan procesos y rasgos, espaciales y psquicos, que acompaan la metstasis urbana. Tanto las esquirlas residenciales como parte de los espacios metropolitanos albergan una dimensin vamos a decir apocalptica, esto es, reveladora, son espacios en algn sentido aliengenas, paisajes alucinatorios en los que no podra vivir lo que hasta hoy entendimos como el ser humano. Acabamos de aterrizar en un planeta en el que, a falta de fuentes escritas, podemos conjeturar que ha habido una catstrofe social, econmica y ecolgica (que podramos denominar, por ejemplo, capitalismo popular inmobiliario [3]). Sus ruinas se caracterizan por la indiferencia y abstraccin respecto al lugar de emplazamiento. Las viviendas, estn en construccin o en proceso de demolicin? Es imposible saberlo. No hay humanos, no puede haber humanos. Se dira que si algo se mueve (que no habita) en esta dimensin acaso sea ms espectral que humano; una especie apta para vivir en territorios yermos, ignorantes ya de las leyes de la Tierra, humanoides de una era que viene despus de la ciudad, despus del campo, despus de la cultura, despus de la modernidad y sus promesas de reconciliacin abortadas. El problema (uno de los problemas) es la ausencia de un plan global, la carencia de lmites y de forma, la dispersin de funciones sobre el espacio, esparcidas caticamente con la misma lgica, como apunta Mike Davis en Ciudades muertas refirindose a Las Vegas (p. 113), de un avin que se ha desplomado. De la ciudad solo se percibe un flujo informe e indiferente, un movimiento sin direccin, como el circular, aquel que, en efecto, remeda la eternidad en el movimiento ilimitado de las mercancas. Los edificios son oscuros ttems de una religin desconocida, que apunta a una sublimidad amenazante que parece estar ms all de la accin humana.

En fin, el libro de Pilar Fraile, adems de ofrecer momentos de lectura intensa y de provecho literario, condensa en sus pginas certeras iluminaciones de lo que podra ser una incipiente (o ya no tan incipiente) tipologa psicolgica y espacial para lo que viene despus de la ciudad.

Notas:

[1] Segn un informe de Naciones Unidas sobre poblacin (2014), actualmente un 54% de la poblacin mundial vive en reas urbanas, y se espera para el 2050 que sea del 66%. En 1930 nicamente el 30% de la poblacin viva en esos entornos.

[2] Este es el ttulo de un conjunto de relatos publicados por la misma autora, en Ediciones Traspis, 2014.

[3] La expresin es de Armando Fernndez Steinko, empleada en Izquierda y Republicanismo. Es especialmente interesante la explicacin respecto al intento de buena parte de la clase trabajadora de contrarrestar la cada en las rentas de los salarios compensndola con la participacin en las rentas procedentes de la especulacin inmobiliaria, en un contexto de fuerte financiarizacin y derrumbe industrial y de la sociedad del trabajo; de un modo anlogo a como en el mbito anglosajn se busca ese efecto a travs de la especulacin burstil.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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