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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2018

Desmontando el ahorro de las masas

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Cuando el dinero sale del circuito fijado por el capitalismo y se entrega a las masas en forma de ahorro, y llega a adquirir cierta relevancia, el sistema se resiente. Si este adquiere consistencia y, ms an, si se llega a cierto grado de coordinacin entre las individualidades, puede ponerse en riesgo el sistema capitalista. Tngase en cuenta la ingente cantidad de dinero que se encuentra en manos de las masas, si se coordinara la accin no habra entidad ni conglomerado capitalista que pudiera competir con ella y llegara a imponer sus condiciones en la marcha del capitalismo. Y si la riqueza acumulada pasara a definirse en trminos de capital, resultara que el capitalismo ya no sera una actividad dirigida por un grupo minoritario -la elite del poder-, sino actividad de masas. El ahorro es una arma de poder econmico que escapa del crculo del capital y pasa a la esfera de lo individual, tomando forma de riqueza, pero si varias individualidades forman causa comn y lo reintegran al circuito del capital cuentan como poder contestatario. Desmontar el ahorro de las masas es la accin preventiva del capitalismo elitista para conjurar el riesgo de prdida de poder. Las medidas a tal fin son numerosas y a veces no demasiado evidentes, pero baste destacar algunas de las ms conocidas para aproximarse al proceso dirigido a mantener bajo control la posibilidad de ahorro de las masas.

Hablar de la etapa de esplendor en el capitalismo es hacerlo desde que se instal el consumo de masas. Se ha venido defendiendo un modelo para el consumo en el que el dinero se encuentra en circulacin permanente entre masas y empresas, siendo estas ltimas las que se apropian de las plusvalas, destinndolas a incrementar su capital o simplemente a acumularlo como riqueza para sus socios. En el panorama social, este proceso econmico es entendido como una relacin dirigida a satisfacer necesidades de la vida de las personas, que debe ser correspondida a travs del valor dinero. Pero en el plano poltico, lo que ha venido siendo una cuestin natural de la existencia ha pasado a ser casi una obligacin cvica que se reconduce al mandato implcito de hay que consumir. Esta obligacin, aunque no escrita expresamente, viene impresa en el vivir y es fundamental en las sociedades capitalistas, ya que en caso contrario la economa de las naciones se ralentiza, derivndose otra consecuencia inmediata que afecta a las individualidades que es el deterioro del bienestar.

Por tanto, resulta imprescindible promover una cultura del consumo, mantenida de forma permanente para que, con invocacin de un supuesto bienestar, las masas a nivel de sus individualidades se desprendan del dinero que pudieran acumular. No obstante, pese a la inestimable colaboracin de la ideologa de las modas y las distintas estrategias diseadas para vender, el ahorro aumenta, porque paralelamente lo hace el dinero en circulacin. La realidad de comprar al empresariado por obligacin, como exigencia ineludible para la marcha de cualquier sociedad capitalista, no coloca en primer trmino el atender a las necesidades de los individuos, sino que se trata de una imposicin patrocinada directa o indirectamente por los gobernantes, que ha adquirido casi caracteres de chantaje, plenamente asumido por los afectados. Por exigencias del capitalismo, los gobiernos y organismos internacionales econmicos defienden sin disimulo los intereses empresariales, equilibrando la balanza del otro lado promoviendo derechos y colocando el bienestar material como el eje central de la existencia. El bienestar pasa a ser una necesidad general. En cuanto a los derechos, son un complemento para animar el consumo, ya que suponen otorgar cierto reconocimiento a los consumidores, pero sin permitirse que tomen posesin del puesto que les corresponde. Aunque la economa es dependiente del consumo de masas, estas no interpretan ningn papel relevante en el concierto del funcionamiento del sistema, son simplemente espectadoras atentas a las escenas que ofrecen los actores, debidamente dirigidos por el capitalismo. El instrumental de activacin del consumo, cuenta con un arsenal de medios que giran en torno a la publicidad, las modas y la innovacin permanente, lo que permite distraer a los consumidores para que no lleguen a tomar conciencia de su verdadero significado, y sigan sumisamente las directrices de las empresas capitalistas. En situaciones de excepcionalidad, cuando el consumo decae, se impone por decreto revitalizarlo para animar el mercado, hay que consumir a mayor ritmo, entrando de lleno en el consumismo. Las estrategias de mercadotecnia se tornan agresivas, pero lo decisivo es que los que gobiernan colaboran a tal fin con medidas polticas que vienen a completar y hacer ms agresiva la labor del consumismo.

A travs del consumo, los consumidores se desprenden de parte de la riqueza acumulada, entregndosela a las empresas capitalistas, con lo que revierte al escenario del mercado y mantiene el dinamismo del capital. Pero cuando el equilibrio se rompe, bien por el fracaso de las estrategias que invitan al consumo o porque disminuye la riqueza de las masas o aumentan las necesidades empresariales o el modelo de crecimiento global que el capitalismo demanda no se alcanza, se rompe el ciclo y aparecen las crisis. Del otro lado, por prevencin o a falta de imaginacin creativa empresarial para aliviar la situacin, el ahorro tiene la oportunidad de prosperar, aunque la prdida de puestos de trabajo y la ralentizacin de la actividad econmica lo deterioran significativamente. En definitiva, consumo desde los consumidores y trabajo desde las empresas en estado de equilibrio, permiten la viabilidad del sistema. Aunque habra que reconocer a cada parte la importancia de su papel en la escena econmica -trabajo y consumo-, resulta que solamente se valora el papel de las empresas, siguiendo las exigencias del capitalismo de minoras. Sin embargo, en cuanto dejan de jugar la partida los consumidores en los trminos previstos, se entra en la espiral de la crisis y el sistema empieza a fallar.

Al igual que sucede con el consumo, incentivado en trminos desmedidos para mantener el desarrollo del negocio, el ahorro, en cuanto supone un riesgo para las reglas fijadas por el capitalismo elitista, tiene que ser controlado. El proceso de control natural del ahorro a travs del consumo se complementa con otros factores presentes en la economa de mercado. A tal fin, baste sealar la perdida de valor de la moneda y de los bienes inmuebles, a lo que hay que aadir las cargas que soporta el ahorro. Todo ello permite extraer riqueza en posesin de las personas para llevarla a otro punto, generalmente los que tienen sentido impositivo al Estado, y en su trayectoria de retorno algo se queda en manos de las empresas, de lo dems es beneficiario directamente el capitalismo. La mxima es que el dinero tiene que circular para que el poseedor lo pierda en el camino y empresas y Estado lo recojan. Es inevitable la utilizacin de artimaas para extraer toda riqueza que se encuentre en poder de los ahorradores. Y aqu entran en escena los nuevos procedimiento de carcter poltico, aunque ideados por el capitalismo a tal fin.

Desde un complot orquestado por el capitalismo, los gobiernos proveen frmulas para destruir la capacidad de acumulacin de bienes de sus ciudadanos, a menudo invocando la justicia social. Tradicionalmente han sido los impuestos el arma poco imaginativa para combatir el ahorro. Seguida de la expropiacin como expresin del poder y simultneamente como instrumento para privar de riqueza por medios legales. Con la invocacin de sentimientos patrios, de solidaridad, de progreso, de bienestar o simplemente del inters general, los gastos estatales, aunque se hable de moderacin, acaban disparndose y a ellos tienen que contribuir los ciudadanos; unos, para recibir ms de lo que aportan y, otros, menos. Esta capacidad para hacer el reparto posterior se entiende como equidad y es el eje de la actividad poltica. Con lo que las cantidades que se detraen del ahorro se mueven no solo al comps de la capacidad econmica de los ciudadanos, sino de la apetencia recaudatoria de sus gobernantes. Lo que puede servir para dejar los trminos de su aplicacin a voluntad de aquel.

Como el alza de impuestos crea malestar ciudadano, se acude a otras frmulas para poner freno al ahorro y la riqueza, y es una nueva forma de expropiacin la que entra a jugar su papel, estableciendo tales lmites y los devala significativamente. Invocando el inters social, la propiedad -convertida en un derecho en precario-, se encuentra no tanto con privaciones como con innumerables limitaciones cuya finalidad es reducir su significado, cuando no directamente destruirla. A tal fin se ve auxiliada por nuevas cargas impositivas -caso de sucesiones-, medidas para delimitar el uso de la propiedad -el inters social- o fiscalizacin continua de la propiedad en todos sus movimientos -nuevas tasas-. El derecho de propiedad va camino de convertirse en una leyenda burguesa, que a medida que avanzan los tiempos no supone ms que el derecho de uso temporal de unos bienes, sujetos permanentemente a distintas formas impositivas y cargas para evitar que se refuerce con el paso del tiempo.

Frente a lo tradicional hay otras medidas ms sutiles, que casi pasan desapercibidas, dirigidas a controlar la posibilidad de aumentar, cuando no de disminuir, el ahorro. A ellas se acude desde los organismos internacionales y los gobiernos locales cuando las masas aumentan su poder econmico o las empresas disminuyen el suyo.

La estrategia de la inflacin permite restar riqueza o hacerla desaparecer. Mientras que la de tipos cero de inters conduce al mismo fin por el otro sentido de la va. Bien utilizando una u otra el poder econmico derivado del ahorro de las masas decrece y en ambos casos las abre con mayor decisin a la va del consumismo. El dinero desciende de valor y es obligado gastarlo rpidamente, con lo que el ahorro se esfuma. En el tipo cero la rentabilidad no existe y la alternativa es consumir. Con la inflacin, pese a la rentabilidad, se llega al mismo punto En cuanto a la inversin del pequeo ahorrador para tratar de incrementar su riqueza, por ejemplo, va renta fija o variable, de un lado, apenas suele cubrir la inflacin natural por las comisiones, de otro, pasa a ser un mtodo de impositivo que una parte de las veces conlleva la prdida total de la inversin, ya sea por simple desgaste o por explosin. La creencia de que la inversin burstil puede generar riqueza no es del todo aplicable al pequeo inversor, como individualidad que se configura las masas; el beneficio ha sido concebido para el que domina las reglas del juego, es decir, el grupo minoritario de los jugadores de ventaja. En cuanto a los inmuebles, si se convierten en bienes muertos, pasan a ser una carga. Mientras que los bienes muebles se devalan permanente por efecto de la obsolescencia y la aparicin de nuevas mercancas. Se vaya por donde se vaya, la cosa no pinta bien paras masas.

Aunque promover crisis econmicas resulta efectivo para desmontar el ahorro de las masas, es vista por su artfice, el capitalismo, como una solucin extrema. Genera desconfianza en el sistema, retrae el consumo y afecta a sus propias empresas. Mas agresiva que la subida de impuestos, siempre tiene resultados no deseados, pero an as, en casos de premura, se utiliza.

El capitalismo de elite, consciente del potencial peligro de las masas, viene cortando de raz todas las posibilidades de poder. Si en el consumo las masas podran dejarlo al descubierto boicoteando productos, el hecho es que el riesgo es mnimo porque se sustituyen por otros, desapareciendo unas empresas y apareciendo otras nuevas, situacin que puede afectar a estas pero no al capitalismo. Cabran otras formas de rebelin, pero al final el rgano decisorio es el empresariado, porque la necesidad de satisfacer el bienestar obliga a pasar por sus determinaciones. La opcin en este punto es poner lmites al consumismo compulsivo al que viene forzando el capitalismo, para pasar a ser consumidores. Tarea complicada, dado el refinamiento de las tcnicas mercadotcnicas para garantizar el consumo. En consecuencia el capitalismo de la minora dirigente puede estar tranquilo porque con tales medidas , la posibilidad de que las masas puedan dirigir el sistema, en razn a un poder basado en la acumulacin de riqueza dispuesta para funcionar como capital, son improbables.

En general, el objetivo oficial de algunas de estas estrategias responde a razones sociales y de inters general, pero no hay que pasar por alto la finalidad encubierta de unas y otras, que incluye entre sus propsitos privar de la riqueza acumulada en forma de ahorro a las masas o mantenerla bajo control. As, el capitalismo puede continuar con su marcha global y las masas no llegarn a ser competidoras para el actual modelo grupal dirigente y no tomar el relevo el capitalismo social , es decir, aquel en el que la direccin corresponda a las masas sustituyendo al planteamiento elitista. Aunque sea muy remota la posibilidad de hablar de un capitalismo de masas , en el sentido de que sean estas las que de alguna manera tomaran la direccin del capitalismo, sustituyendo a la elite del poder actualmente dirigente, la propuesta est sobre la mesa.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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