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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2018

Los verdaderos delitos de Lula

Rafael Hidalgo Fernndez
Cambio Poltico (Costa Rica)


Luiz Incio Lula da Silva s es un transgresor, pero no de las leyes de su pas, ni de los valores ticos que ms admiran las personas de bien en el mundo.

Por su conducta pblica y personal, parte importante de su pueblo desea llevarlo, por tercera vez, a la presidencia de Brasil, una de las naciones con mayores potencialidades de desarrollo material y humano.

Lo que Lula transgredi fue uno de los dogmas ms sagrados para el capital transnacional que hoy enarbola las ideas del neoliberalismo: el Estado no est para promover programas asistenciales de largo aliento a favor de los pobres.

Durante sus dos mandatos como Presidente, cometi el crimen de redistribuir enormes riquezas del Estado brasileo, con el noble fin de mitigar el hambre y la pobreza de millones de sus compatriotas.

Cumpli en un altsimo grado esta promesa que asumi al tomar posesin de la Presidencia, en enero de 2003: Si termino mi mandato y todo brasileo desayuna, almuerza y cena, habr cumplido la meta de mi vida.

Eran en ese momento 54 millones de personas las que necesitaban satisfacer el derecho humano a la alimentacin segura. Cuando concluy su segundo mandato presidencial, el pas haba sacado de la pobreza a cerca del 30% de las familias que vivan en esa condicin, casi elimin la pobreza extrema y sac a Brasil del Mapa del Hambre, que elabora la ONU.

En un contexto econmico internacional favorable que supo aprovechar, impuls la generacin de ms de 20 millones de empleos formales, el cudruple de los generados en el perodo 1990-2002. Cre programas sociales de amplia cobertura nacional, como Bolsa Familia y otros que llegaron a favorecer a ms de 79 millones de personas, ms de un tercio de las que tiene el pas.

Solo estos hechos, en uno de los pases ms desiguales del mundo, merece el mximo respeto. Tambin explica el odio de la derecha que prioriza las ganancias del capital sobre la justicia social.

Asimismo, incurri en otros dos delitos, igualmente graves para las clases dominantes locales y para las que dominan la poltica en Washington, Londres, Berln y otras capitales del llamado primer mundo.

El primero fue impulsar una poltica exterior activa y altiva, de paz y cooperacin, que potenci el liderazgo brasileo como actor global constructivo en el sistema de relaciones internacionales, entre 2003 y 2010. Todo ello con una autonoma vista con preocupacin por los patrocinadores de la Doctrina Monroe en el continente.

Su segundo delito fue preocuparse y ocuparse en promover que Brasil, con medios econmicos y tecnolgicos propios, desarrollase una estrategia de defensa nacional concebida para enfrentar, en caso de necesidad, las apetencias externas por los excepcionales recursos naturales que posee el pas.

Por todo ello, las clases dominantes tradicionales que nunca perdieron los resortes del poder, mientras el Partido de los Trabajadores (PT) estuvo en la presidencia del pas, optaron por pasar a la contra-ofensiva. Ello se hizo claro desde los primeros meses en que la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, asumi la presidencia en el 2011.

El plan subversivo fue ms beligerante y pblico luego de las elecciones presidenciales del 2014. Sacar al PT de la Presidencia pas a ser el primer paso para el logro del objetivo mayor: fragilizar el Estado brasileo y someterlo a la condicin de pieza funcional a los intereses globales del gran capital y, sobre todo, de su centro hegemnico, los Estados Unidos. Esta operacin slo podra concretarse mediante la eliminacin poltica de Lula. La derecha golpista as lo percibi.

Saba y sabe que el PT es, en un altsimo grado, la importante fuerza poltica que es, en virtud del liderazgo cohesionador de Lula. Conoce que la izquierda y los sectores nacionalistas del pas lo ven como al nico lder con experiencia, mritos y condiciones para facilitar acuerdos conjuntos. Y reconoce en silencio que los ms pobres, pese a todas las calumnias contra l, le siguen percibiendo como su nico lder nacional.

Todas estas razones unidas explican por qu para las clases dominantes brasileas es irrelevante si hay, o no, pruebas convincentes para sustentar las innumerables acusaciones que le han fabricado al expresidente petista. Basta con que los flamantes jueces tengan la conviccin de las sospechas son crebles. Los absurdos procesales poco importan.

El estado de derecho que exaltan los idelogos de la derecha, ha sido y sigue siendo vulnerado todos los das. Tal conducta confirma que los representantes del gran capital, cuando ven sus ganancias y su poder en peligro, no tienen escrpulos de ningn tipo para actuar en pos de las ventajas a las que aspiran.

Esta impunidad podra tornarse mayor si est ausente, o es dbil, la movilizacin de masas en contra del golpe, cuya ms cruda expresin actual lo es la situacin poltica y judicial que vive Lula.

Los dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT), del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y de otras fuerzas de izquierda tienen plena conciencia de esto, as como los coordinadores del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST), pieza central de las movilizaciones en desarrollo a favor del expresidente

Lula es el rostro visible y mayor de las injusticias que hoy se comenten a nombre de la justicia. Merece estar libre y los que le apoyan deberan ser respetados en su derecho soberano de tenerlo, de nuevo, en la Presidencia.

Es evidente que la derecha le teme. Como acusado es, en realidad, el gran acusador de una democracia representativa puesta al servicio, en los hechos, de los intereses de la lite neoliberal que comanda al pas. Ello explica que crezca el nmero de juristas prestigiosos, no vinculados al PT ni a la izquierda, expresndose en contra de la actuacin selectiva de Sergio Moro y de los que le apoyan en el poder judicial.

En estas condiciones, por cada da que pase Lula en la crcel con la firmeza que est mostrando, su enorme prestigio poltico y como ser humano excepcional, se multiplicar exponencialmente y quedar como legado de dignidad, para los brasileos y para todas las personas que aspiran y luchan por un mundo mejor.

Los hechos confirmarn que s tiene sentido luchar contra toda injusticia.

Rafael Hidalgo Fernndez es analista poltico.

Fuente: https://cambiopolitico.com/los-verdaderos-delitos-de-lula/96434/


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