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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2018

El fin de la humanidad

Mnica Rincn
El diario


- A las pasadas vctimas les debemos justicia, a todos la verdad, y al futuro? Al futuro le debemos que no haya nuevas vctimas

- Platovsky recordaba lo que su padre le dijo y que l nunca olvid: Me dijo nunca te olvides de que cuando el Estado se organiza para asesinar personas, es el fin de la sociedad. Es el fin de la humanidad

El Estado chileno tendr que indemnizar a 29 torturados en la dictadura de Pinochet EFE

Curiosa es la persistencia del hueso
su obstinacin en luchar contra el polvo
su resistencia a convertirse en ceniza
Un da la picota que excava la tierra
choca con algo duro: no es roca ni diamante
es una tibia, un fmur, unas cuantas costillas,
una mandbula que alguna vez habl
y ahora vuelve a hablar
Todos los huesos hablan, penan, acusan
alzan torres contra el olvido
trincheras de blancura que brillan en la noche
El hueso es un hroe de la resistencia

 

Este poema fue escrito por Oscar Hahn. Desgarrador no slo para un chileno, sino para cualquiera que sepa de los horrores de fosas comunes, torturados, hechos desaparecer. En Espaa o en Chile.

Porque el horror no conoce de fronteras fsicas ni ideolgicas: va de sur a norte y de izquierda a derecha.

Cerca de un nuevo 11 de septiembre, cuando se cumplirn 45 aos del golpe de Estado, estos das en Chile han sido de intenso debate sobre derechos humanos, tal como a raz de la exhumacin de Franco, lo han sido tambin en Espaa.

De alguna manera ambos, Pinochet y Franco, estuvieron hermanados no slo por el horror de sus dictaduras. Augusto Pinochet fue uno de los tres Jefes de Estado (no digo presidente porque a ellos se les escoge con votos y no se les impone por las armas) que asisti al sepelio de Francisco Franco. Y a ambos se les rindieron honores a su muerte, claro que en Chile no con un funeral de Estado sino uno en la Escuela Militar donde asisti la ministra de Defensa de la poca, Viviana Blanlot, y donde se le distingui por parte del Ejrcito con el inexistente ttulo de Comandante en Jefe Benemrito.

Recuerdo perfectamente esos das y sus extraas paradojas. Como conductora de fin de semana de las noticias del TVN, fuimos el primer canal y el segundo medio en anunciar la noticia. Con el correr de las horas, me percat al aire de que la fecha de la muerte de Pinochet coincida con el Da Internacional de los Derechos Humanos (10 de diciembre). Se iba el da en que se honra lo que l sistemticamente planific y logr pisotear.

Sin duda la historia devino muy distinta en Espaa y en Chile. Mientras en Madrid los restos del tirano descansaban en un majestuoso mausoleo, ac Augusto Pinochet fue incinerado. Y sus cenizas quedaron privadamente guardadas en un fundo que fuera de su propiedad en Caleu.

Como record la gran periodista Mnica Gonzlez "l, que no respet nunca la muerte ajena, que no le dio derecho de sepultura a sus enemigos, que mand a miles a la tortura y a otros a que les rajaran el estmago con corvos para lanzarlos al mar atados a rieles. O a enterrarlos en el desierto. O en los valles. O en las minas abandonadas. Para que no los encontraran nunca. Ese hombre fue condenado por su prontuario a no tener tumba.

En Chile se avanz ms en verdad y en Justicia que en Espaa. Pero fue, como lo anunciara el entonces presidente Patricio Aylwin, en la medida de lo posible. Un hito en materia de verdad fue la Comisin Rettig cuyo informe, entregado el 9 de abril de 1991 en el segundo ao del Gobierno Aylwin, se constituy en la primera verdad oficial. Aunque no pocos siguieran hablando de presuntos detenidos desaparecidos, la transversalidad de esta comisin, lo contundente de sus datos y lo brutal de la represin que retrat, hizo que se avanzara en entender la magnitud de las violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura cvico militar y en que no haban sido excesos sino una poltica sistemtica de exterminio, tortura y exilio organizada con todo el poder del aparataje estatal.

Buena parte de esa noche oscura de 16 aos est retratada en el Museo de la Memoria ubicado en Santiago; un lugar que fue visitado el 28 de agosto por el presidente espaol. El gesto de Pedro Snchez tena un significado poltico doble: marcar su compromiso con los Derechos Humanos en momentos en que en Madrid se vive la polmica por la exhumacin de Franco y respaldar a esta institucin que ha vivido das complejos tras la polmica por la forma en que lo haba calificado el ahora exministro de Cultura, Mauricio Rojas.

Rojas, un hombre que en el pasado se adscribi a la izquierda y cuya madre pas por el centro de detencin y tortura Villa Grimaldi, haba sido designado 90 horas antes. Pero el presidente Sebastin Piera tuvo que aceptarle su renuncia, porque su situacin se hizo insostenible despus de que se recordaran declaraciones suyas de dos fuentes: un libro escrito en 2015 y una entrevista a CNN en 2016. Sus palabras: "ms que un museo () se trata de un montaje cuyo propsito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atnito, impedirle razonar () Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos toc tan dura y directamente".

El todava ministro se disculp a las horas de encendida la polmica por su descalificacin del Museo de la Memoria que estara, como secretario de Estado, bajo su dependencia. Dijo que ya no pensaba as (nunca supimos cmo pensaba ahora), que se trataba de una entrevista antigua (de hace dos aos) y que nunca haba negado o justificado las violaciones a los Derechos Humanos. Pero justamente la memoria le pasaba la cuenta y aunque el Gobierno trat de defenderlo, la rebelin de buena parte del mundo de la cultura que declar que no trabajara con Rojas y la presin pblica termin por botarlo.

El tema era sensible para el presidente Piera. Es el nico personero relevante de su sector que apoy el No en el plebiscito contra Augusto Pinochet, fue capaz en su primer mandato de instalar (aun con matices posteriores) el concepto de los cmplices pasivos de la dictadura irritando a su sector y de cerrar el Penal Cordillera que ms que crcel era un club de campo para militares condenados por delitos de lesa humanidad.

Lo que qued tras el fin de semana en que Mauricio Rojas fue ministro de Cultura, fue una discusin respecto del Museo de la Memoria. Desde la derecha hubo crticas porque no inclua el contexto previo al quiebre de la democracia en Chile, otros pidieron que se incluyera a quienes haban sufrido la violencia poltica de la izquierda y no faltaron quienes cuestionaron hasta los sueldos de los funcionarios del museo o los recursos que ste reciba en comparacin con otras instituciones.

La respuesta ms lcida que vi esos das, la obtuve en una entrevista en el programa que conduzco en CNN Chile. Daniel Platovsky, un hombre que fue vicepresidente del partido de centro derecha Renovacin Nacional, empresario, cercano a Sebastin Piera, nieto de vctimas del Holocausto y del comunismo y miembro del directorio del Museo de la Memoria fue categrico: Hay un concepto equivocado. Hay muchos que hablan de por qu no se ponen ah las dos verdades. No existen dos verdades. Las violaciones a los derechos humanos la hacen los Estados, no las personas.

Mientras el silencio en el estudio de televisin era cada vez ms profundo, Platovsky record que tras el golpe de Estado volvi con su familia a Chile, tras recuperar las empresas que el Gobierno de Allende les haba expropiado y sostuvo: en esa poca y mirado desde esa perspectiva yo era entonces un agradecido de Pinochet y de los militares. Pero estuvo dispuesto a ir ms all y consultado sobre si no haba querido ver los crmenes de la dictadura, afirm: Probablemente, o no entend los mensajes o no quise ver. Fui parte, quizs, de los cmplices pasivos. Lo quiero reconocer, porque me siento libre de eso ya, porque me di cuenta y reconoc el problema de los derechos humanos. Y eso es lo que le falta al resto de la derecha: reconocerlo. No duele, al contrario, ayuda.

Un gesto como el de Platovsky, casi indito y que estremeci a muchos, es parte del legado positivo que dej el episodio del renunciado ministro. Como tambin lo fue el acto de desagravio que 10 mil chilenos realizaron al Museo de la Memoria.

A estas alturas uno podra contentarse con que Chile, a diferencia de Espaa, tuvo no una sino cuatro comisiones que buscaron la verdad histrica y la reparacin y tribunales que han ido avanzando (aunque muy lento y gran parte de las veces tarde para las familias de las vctimas y para los sobrevivientes) en Justicia. De hecho, en estos momentos ms de 100 personas cumplen condena efectiva por crmenes cometidos durante la dictadura, aunque sea en un penal especial como Punta Peuco que se qued pequeo y hubo que abrir un mdulo en la crcel Colina I.

Lo advirti el famoso abogado Juan Bustos en su alegato de cierre por el caso del asesinado excanciller Orlando Letelier (ocurrido en Washington hasta donde lleg el brazo de la dictadura de Pinochet). Haciendo un paralelo con Macbeth, dijo que los crmenes de los servicios de inteligencia del Estado de Chile quedaron ocultos en el bosque. Pero que el tiempo pas y gracias a jueces valerosos y a la lucha de esas familias valientes que nunca ha dejado de preguntar "dnde estn", el bosque se corri y los crmenes quedaron al descubierto.

Ver slo esa parte de la historia sera quedarnos satisfechos con un vaso al que le falta mucho por llenar. Porque la polmica de estos das en Chile ha sido un recordatorio de que no tenemos una memoria compartida y que an hay quienes relativizan el horror de la dictadura y quienes claman por un contexto cada vez que se habla de los crmenes cometidos; como si existiera contexto alguno en el cual violar la dignidad fundamental de una persona o perseguirla por sus ideas fuera menos grave. Todava hay quienes como el diputado Ignacio Urutia llama terroristas con aguinaldo a las vctimas de la dictadura que reciben reparacin econmica por parte de ese mismo Estado que en otro tiempo los persigui o los que proponen hacer un monumento u homenaje a Pinochet porque dicen fue un brillante estadista.

No es lo nico. En la vereda del frente, tambin hay problemas. En buena parte de esa izquierda que vivi en carne propia la persecucin del rgimen militar y en los jvenes militantes de nuevos partidos se aprecia un doble estndar inaceptable en materia de Derechos Humanos. Y de ello tuvimos un triste ejemplo hace poco.

En el Frente Amplio, que viene a ser de alguna manera afn al espaol Podemos, se desat una cida discusin cuando el diputado Gabriel Boric cuestion la forma en que su sector defenda las garantas fundamentales cuando se las vulneraba fuera de las fronteras chilenas. Tal como condenamos la violacin de los derechos humanos en Chile, los golpes 'blancos' en Brasil, Honduras y Paraguay, la ocupacin israel sobre Palestina, o el intervencionismo de Estados Unidos, debemos con la misma fuerza condenar la permanente restriccin de libertades en Cuba, la represin del gobierno de Ortega en Nicaragua, la dictadura en China y el debilitamiento de las condiciones bsicas de la democracia en Venezuela no podemos permitirnos continuar con el doble estndar en esta materia".

Se le dijo de todo: traidor, vendido, inoportuno (en momentos en que haba unidad de la izquierda en torno al tema), que ayudaba a la derecha, que haba que respetar el principio de autodeterminacin de los pueblos, en fin. Toda una gama de justificaciones que difieren poco de lo que ha hecho el pinochetismo, cuando en esos tiempos oscuros las vctimas y sus familias clamaban con razn por la solidaridad internacional.

Triste. Una memoria que no se comparte, una derecha donde hay quienes an valoran a Pinochet y niegan o justifican sus crmenes, una izquierda que relativiza los atropellos fuera de Chile. Anteojeras ideolgicas transversales que impiden condenar al cercano.

Una adhesin as de precaria a los Derechos Humanos debilita cualquier democracia y se trasunta ms all de lo ocurrido entre 1973 y 1989. Porque cuando las garantas fundamentales se les respetan slo a las buenas personas, entonces bien merecido si a unos delincuentes se les tortura a palos y golpes de electricidad en una crcel (as se escuch en la televisin chilena frente a un caso real). Y si se asume que los Derechos Humanos slo los violan los del signo ideolgico contrario, entonces su defensa no est garantizada.

Cuando falta poco para que este 5 de octubre en Chile se cumplan 30 aos del plebiscito que perdi ese dictador al que no le bast cambiar los lentes oscuros y el uniforme de capa por el traje de civil con una perla en su corbata, nuestro pas an tiene deudas importantes con los Derechos Humanos. Por ejemplo, no haber legislado a tiempo las exigencias (como disociacin del delito o colaboracin con la investigacin) para que condenados por delitos de lesa humanidad accedan a beneficios carcelarios.

Pedro Snchez lo vio en el Museo de la Memoria, Pinochet y sus sanguinarios colaboradores de los organismos de represin dejaron un doloroso nmero oficial de 3.216 desaparecidos y asesinados. Sumados a los presos y torturados; ms de 40 mil vidas mutiladas.

A las pasadas vctimas les debemos Justicia, a todos la verdad y al futuro? Al futuro le debemos que no haya nuevas vctimas. Que se eviten, no porque nunca ms vaya a existir una democracia en crisis, no. Sino porque el verdadero Nunca Ms se escribe con maysculas y es verdadero, slo si no tiene fronteras ideolgicas. Slo si TODOS entendemos lo que Platovsky recordaba que su padre le dijo y que l nunca olvid: Me dijo nunca te olvides que cuando el Estado se organiza para asesinar personas, es el fin de la sociedad. Es el fin de la humanidad.

@tv_monica

Fuente: https://www.eldiario.es/zonacritica/fin-humanidad_6_808829157.html



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