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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2018

Un proceso de recomposicin de lites

Antonio Antn
Rebelin


En diversos pases europeos y EE. UU. existen fuertes presiones derechistas, autoritarias y xenfobas. Pero todava no hay cambios institucionales drsticos hacia un sistema poltico totalitario protagonizados por tendencias nazi-fascistas, con una sustitucin total del sistema representativo y la clase gobernante, y menos de las estructuras de poder econmico e institucional (al menos, hasta la disolucin impredecible de la UE). Todava, el desgaste de la vieja clase poltica ha sido sustituido por una renovacin parcial de la lite gobernante y una recomposicin del propio poder establecido. El ejemplo francs es paradigmtico (y el estadounidense); tambin, con su singularidad, el italiano -Berlusconi ya invent el moderno populismo hace un cuarto de siglo-.

Existen tendencias significativas de progreso, pero no hay una crisis de poder en los principales Estados europeos con la inevitabilidad de un cambio sustantivo, institucional, socioeconmico o territorial de carcter democrtico-progresista o de transicin revolucionaria. No hay derrumbe del sistema econmico (salvo los retos medioambientales) ni hundimiento de los regmenes polticos liberales europeos. S hay, adems de la crisis socioeconmica, territorial, institucional europea y geoestratgica a nivel mundial, una crisis de legitimacin social de las lites gobernantes, con la recomposicin de la representacin poltica y la pugna por la implementacin de las estrategias socioeconmicas y sobre la calidad democrtica del poder institucional.

Se puede hablar de crisis sistmica, socioeconmica, poltica e institucional, como dificultad para una normalizacin legitimadora de la sociedad respecto de sus lites gobernantes, que gozan de limitada credibilidad y confianza popular. No obstante, la salida a esta crisis y su sentido no estn dados. Las reacciones y las opciones se bifurcan en una doble dinmica: por un lado, en el eje democrtico-progresista frente al autoritario-regresivo; por otro lado, en el reajuste de la jerarquizacin de las lites dominantes y privilegiadas de distintos pases en el plano nacional-europeo-mundial para consolidar su hegemona con la dicotoma entre una posicin y valores solidarios, de integracin social y convivencia democrtica u otros de supremaca nacional o tnica, segregacin y racismo. En ese sentido, los movimientos nacional-populares, aparte de su lucha por la soberana y sus legtimos derechos, se deben identificar por su posicin en cada uno de los dos ejes.

As, hay fenmenos distintos en muchos aspectos, con diferentes sentidos polticos: de derecha (extrema) como los de Trump, Le Pen o Salvini; de centro liberal, como Macron, o de centro postmoderno como el Movimiento cinco estrellas. Expresan un punto comn para la recomposicin de la representacin poltica: apelar al pueblo atendiendo al desgaste de las viejas lites. El resultado dominante: una reconfiguracin de nuevas lites, pero sin cambiar lo sustancial de las viejas estructuras de poder institucional y econmico-financiero o pactando con ellas (el caso de Trump y su arreglo con el Partido Republicano est claro). As, frenan dinmicas democrtico-igualitarias-solidarias y reafirman su supremaca nacional e identitaria a nivel interno o su reaccin defensiva respecto de otros poderes externos, en el marco de una globalizacin desregulada.

Es un proceso de relegitimacin social de similares poderes fcticos y lites dominantes aprovechando parte del descontento popular contra el poder establecido (cohesionando el nosotros) pero encauzndolo contra otros objetivos o adversarios (segregando el ellos), sean personas refugiadas, inmigrantes o extranjeras. Y, al mismo tiempo, reafirmando su autoridad frente a los poderes de otros pases y la imposicin de una nueva jerarquizacin, interna y externa, frente a los desarreglos de una globalizacin desbocada y neo-imperialista de Trump, con el conflicto y el permiso de China.

Por tanto, la derecha extrema arrastra a una parte de la base popular autctona bajo la hegemona de esas nuevas-viejas lites dominantes; pero el aspecto principal no es su carcter populista (popular e indeterminado), sino su funcin y su prctica poltica autoritaria: una recomposicin a su favor del sistema representativo, evitando salidas igualitarias-solidarias o de progreso; es decir, reforzando las viejas estructuras de dominacin lejos de la supuesta liberacin del pueblo expresada desde el victimismo. Y su poltica social, econmica y fiscal, salvando algunas medidas proteccionistas parciales y muchas veces contraproducentes para su base social trabajadora, tambin est clara: favorable a la desigualdad con mayores ventajas a los ricos y poderosos (el ejemplo de Trump, con su contrarreforma sanitaria y su reforma fiscal regresiva tambin lo dice todo).

Por otro lado, algunas voces de izquierda, incluso radicales, de cada lado nacional, han querido enmarcar esa tensin entre las dos tendencias y bloques de poder en el esquema convencional de lucha entre el pueblo oprimido y la oligarqua opresora o prepotente. La diferencia es que si en el campo nacionalista el opresor era el Estado espaol (y en general Espaa) y el oprimido el (todo) pueblo cataln, en el campo espaolista el conflicto se defina entre la clase trabajadora (de origen espaol) y la burguesa (de origen cataln). Pero, tampoco estamos ante la dinmica de los procesos de descolonizacin o antiimperialistas, de la liberacin de un pueblo oprimido frente a una potencia dominante extranjera, asimilando el conflicto nacional a la lucha de clases subalternas frente a opresoras.

La parte espaola tiene un mayor componente institucional-estatal (con toda su capacidad de coercin de la fuerza y la ley) y menor el de un nacionalismo cultural espaol conservador, pero ms difuso y heterogneo, que es lo que empieza cristalizar. En el caso de Catalunya, junto con la incipiente reafirmacin identitaria espaola, tiene mayor peso el movimiento nacionalista cataln, pero tambin con un gran aparato institucional y de poder paraestatal (la Generalitat con toda la administracin autonmica), lejos del mito de una nacin oprimida sin recursos estatales. Su construccin discursiva o cultural se asienta en una amplia estructura econmica y de poder institucional y social.

El enfoque populista no define el carcter sustantivo de un proceso poltico

Ante la indeterminacin del enfoque populista abstracto, rellenado en el caso del etnopopulismo de Puigdemont de antagonismo nacionalista, un proyecto emancipador debe realizarse a travs de la polarizacin democrtica frente a los poderosos, articulados en diversos sistemas poltico-econmicos y estructuras sociales (llmense Estado, capitalismo neoliberal, patriarcado, imperialismo globalizado, etc.). El objetivo es una agenda social, en el ms amplio sentido de la palabra, beneficiosa para las clases populares, diversas en su posicin de subordinacin socioeconmica, nacional, de gnero y tnico-cultural... La interrelacin entre una defensa firme de los derechos nacionales, civiles y sociales, con una gran talante cvico y democrtico, constituye una tradicin positiva de las izquierdas catalanistas.

En Catalua, al igual que en el resto de Espaa, en parte debido a la cultura cvica, democrtica, pluralista e integradora de ambas sociedades, no se ha llegado a ese nivel de prepotencia xenfoba y exclusivismo nacionalista en las mayoras ciudadanas, de cierre identitario frente a los otros, existente en otros pases; aunque haya discursos y tendencias problemticas hacia la ruptura de la convivencia y la interculturalidad que hay que contrarrestar. El conflicto y el fanatismo del lenguaje se ha polarizado ms en el mbito poltico y sus brazos mediticos, en sus componentes ms extremos tras su objetivo de una intensa socializacin cultural. Su finalidad: la distribucin ms ventajosa del poder institucional como marco ms favorable para la hegemona de cada lite dominante y la mejora econmico-social y cultural de los demos diferenciados: independencia o unidad estatal (ms o menos uninacional o federal / confederal y democrtica).

En todo caso, si la dialctica de antagonismo se basa en un indeterminado nosotros / ellos, la cuestin bsica es la clarificacin del sentido de la pugna por el carcter sustantivo de cada polo del conflicto y su trayectoria y finalidad. As, la confrontacin en el populismo de derechas o extrema derecha (o el etnopopulismo) se produce entre naciones o identidades (tnicas o culturales) con exclusin o sometimiento de los otros. La transversalidad o el consenso, muchas veces forzados, se realiza en el interior de ese campo propio nacional-identitario; es decir, las lites de cada bando exigen la subordinacin de la oposicin o la neutralizacin del disenso interno, social o poltico.

Cabe la ordenacin distinta del tablero de la polarizacin. Si la pugna es entre abajo / arriba, entendida como clases populares frente a poderosos u oligarquas, es decir, similar a la vieja lucha de clases subordinadas frente a las lites dominantes, el componente transversal y solidario se produce entre las distintas identidades nacionales o socioculturales frente al adversario comn, los poderosos. Es la experiencia clsica de los frentes populares y de la resistencia antifascista, o la actual de la convergencia de movimientos sociales y cvicos progresistas frente a las oligarquas privilegiadas y reaccionarias de los de arriba.

En definitiva, el procedimiento, la tcnica o la lgica poltica del antagonismo y la construccin discursiva de pueblo no es suficiente para definir el sentido poltico de un proceso y el carcter de los sujetos concretos y su interaccin. Hay que valorar los dos polos del conflicto, el carcter de los actores principales y su orientacin, trayectoria y finalidad. No es suficiente la caracterizacin sociodemogrfica del adversario (lites, los de arriba) o su posicin poltica abstracta (poder establecido, enemigo externo). Para explicar el sentido de un movimiento popular o de un proceso de pugna poltica, hay que expresar sus caractersticas segn el contexto. El perfil poltico de ambos contendientes tiene que ver, fundamentalmente, con el tipo de interaccin, con la prctica y experiencia de su contienda sociopoltica y el sentido de su proyecto transformador: reaccionario-autoritario-desigual-segregador o progresista-democrtico-igualitario-solidario.

Por ejemplo, en el anlisis de las tendencias actuales, el apuntar crticamente al poder establecido neoliberal puede recoger sntomas de descontento popular pero la apuesta de la derecha extrema xenfoba y prepotente es diametralmente opuesta a la opcin crtica desde el campo progresista y cvico. Por mucho que desde distintos mbitos se quiera utilizar la misma nominacin de populismo (o extremismo), esa asimilacin (funcional para el poder establecido) genera confusin al no definir la singularidad y el contenido sustantivo de cada una de las dos (o ms) tendencias sociopolticas en conflicto. Por tanto, dificulta la elaboracin de una estrategia igualitaria-emancipadora.

Igualmente, hay que valorar la profundidad (o superficialidad) y la radicalidad (o moderacin) de la oposicin al poder establecido (liberal) y el alcance de la alternativa socioeconmica y de poder, en los dos sentidos extremos. Tenemos la experiencia de entreguerras: nazi-fascista totalitario, o progresista, de los aliados y frente-populista. As, ahora, se han formado tendencias relevantes de extrema derecha o neofascistas, tambin llamadas populistas (de derechas). Han conseguido ampliar una ofensiva xenfoba y racista, con componentes autoritarios y de nacionalismo exclusivista. No obstante, todava no hay una sustitucin de las actuales democracias liberales (con neoliberalismo rampante) por regmenes totalitarios o de toda la clase poltica gobernante liberal, ni una guerra abierta entre naciones o grupos de ellas, aunque no hay que descartar el incremento de esos peligros en Europa y a nivel mundial.

Los actuales populismos de derechas, aparte de sus conexiones con los poderosos, comparten una base popular (como en general durante estos siglos los grandes partidos de derechas, conservadores, liberales o democratacristianos y, en particular, los nacionalistas). Pero eso, siendo un sntoma importante, no es lo relevante para su identificacin. Expresan y se apoyan en un amplio descontento popular -particularmente de clases medias autctonas descendentes y capas populares conservadoras- contra las lites gobernantes que han implementado polticas regresivas y antisociales o, segn ellos, antinacionales. Sin embargo, estn dirigidos por fracciones pro-oligrquicas que les dan un sesgo decisivo.

Su funcin principal no es satisfacer demandas populares, cosa que s hacen parcialmente -incluso recoger smbolos progresistas y de las izquierdas y llamarse socialistas-. Su tarea es resolver un problema de legitimidad social de determinadas oligarquas gobernantes para asentar su poder, dividir a las capas subordinadas e impedir una salida democrtica y de progreso. Por tanto, el carcter sustantivo de los dos populismos es antagnico: uno puede ser reaccionario, autoritario, dominador y segregador; otro, progresista, igualitario, emancipador y solidario.

El sentido de la desafeccin y la rebelin popular hay que discernirlo, no por la mayor o menor participacin de capas subalternas u oprimidas, cosa que s es significativa, sino por la composicin del conjunto de actores, el tipo y el papel de su fraccin dirigente y su pugna / negociacin con el poder establecido neoliberal y el aparato estatal, sus bloques sociopolticos y el sentido de su interaccin. As, hay que precisar el carcter de sus demandas, su experiencia social y democrtica, el tipo de adversario -la oligarqua los otros-, la calidad tica -derechos humanos- de sus sectores ms relevantes y su trayectoria respecto de los valores universales bsicos de igualdad, libertad y fraternidad (y laicidad).

Por tanto, al llamar populistas (aun con el adjetivo de derechas) a estas nuevas tendencias neofascistas, de extrema derecha y en todo caso con rasgos autoritarios y xenfobos, se las embellece al poner en primer plano un rasgo (la vinculacin al pueblo) que es secundario para explicar su carcter sustantivo y, sobre todo, para tener una actitud crtica y de rechazo a las mismas, sin caer en la tentacin de aparecer en el mismo campo supuestamente ascendente de la historia.

Adems, dada la funcionalidad para el poder neoliberal de desprestigiar a todo tipo de oposicin social y embellecer su propia posicin, supuestamente universalista, utilizando calificativos como populistas, extremistas o fascistas, es todava ms necesaria esa distincin entre las corrientes de derecha extrema autoritarias y segregadoras y las tendencias igualitarias, democrticas y solidarias.

En resumen, desde una mirada crtica progresista, los movimientos mixtos, populares y de lites poderosas, con dinmicas de derecha extrema o neofascistas, as como los movimientos nacionalistas exclusivistas, xenfobos y autoritarios, como mnimo, no deberan ser nominados con el mismo significante, populista, que genera confusin. Ni considerarlos del mismo campo poltico o pertenecientes a similar proyecto que las tendencias sociopolticas progresistas (incluso con componentes liberales de los poderosos, como los aliados antifascistas en la II Guerra mundial). Y, al contrario, si persiste la identificacin pblica de esas corrientes derechistas, segregadoras y autoritarias con ese significante, populista, es contraproducente la autoidentificacin con esa palabra, incluso aunque se le adjetive de izquierdas, democrtico o progresista. La pugna por la resignificacin autntica es improductiva, ms cuando la imagen pblica se construye no con el sentido sustantivo de su funcin, su carcter y su interaccin sino con elementos problemticos, secundarios, indeterminados y procedimentales (antagonismo e idealismo discursivo), compatibles con una pluralidad de corrientes polticas contrapuestas.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin)

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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