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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2018

Un discurso capcioso sobre la inmigracin

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Terminaba mi artculo de la semana pasada prometiendo un nuevo artculo sobre la emigracin y reconociendo una obviedad: que el problema es extremadamente complejo, como complejos y dramticos son los de la pobreza, la desigualdad y el sufrimiento. La mayora de las personas se sienten conmovidas ante las tragedias humanas y, en mayor o menor grado, pretenden aliviarlas, pero todos, en mayor o menor medida tambin -quizs algunos con mala conciencia- establecen lmites a su solidaridad y se quedan muy lejos de ese mandato evanglico de Ve, vende todo lo que tienes, dselo a los pobres y sgueme. Solo algunos, muy pocos, como San Francisco de Ass, se tomaron en serio el precepto. He sentido siempre una gran admiracin por aquellas familias que se atreven a adoptar un nio del Tercer Mundo, aun cuando puedan tener los suyos propios. Me parece un acto heroico. Son conscientes de las complicaciones que casi siempre acarrea. Pero incluso ellos saben tambin que su solidaridad tiene un lmite y el nmero de hijos que pueden adoptar tambin.

Dentro del mundo religioso y ms concretamente de la cultura cristiana a la que pertenecemos, han surgido en la Historia movimientos que han pretendido que la sociedad en su conjunto adoptase el mandato evanglico. A lo largo de la Edad Media se multiplicaron las sectas (ctaros, valdenses, albigenses, fraticelli apostolici, dulcinistas, etc.), que intentaron generalizar, incluso imponer, la pobreza y el reparto de bienes. Ms tarde, en un ambiente ya secularizado, surgen distintas teoras que se conocen como socialismo utpico, y a las que Carlos Marx (que acert en muchas cosas y se equivoc en otras muchas) critic y despreci. Religiosas o secularizadas, todas estas doctrinas tienen un denominador comn: su aplicacin fue imposible y muchas de ellas en la prctica generaron consecuencias peores que las que trataban de evitar.

En un mundo de enorme miseria e hirientes desequilibrios regionales, todos los pases, hasta los que como EE.UU. se han formado por oleadas de emigrantes, se han visto en la necesidad, antes o despus, de controlar y limitar los flujos migratorios, del mismo modo que todas las economas domsticas limitan su solidaridad, por muy elevados que sean sus sentimientos humanitarios. Para que no haya confusin, dejemos claro sin embargo antes de continuar, un hecho olvidado frecuentemente por el nacionalismo, que la poltica redistributiva generada por el Estado social no tiene nada que ver con la solidaridad, sino con la equidad, con la necesaria correccin de la injusta distribucin de la renta que el mercado realiza en una unidad poltica, comercial y monetaria.

Los efectos de la emigracin inciden de forma muy desigual sobre los distintos ciudadanos, segn sea el grupo social al que pertenezcan. El coste suele recaer en las clases bajas y posiblemente en mayor medida cuanto ms bajas sean. Por el contrario, a los estratos altos y medio altos de la sociedad apenas les incomodan los inmigrantes o inclusive puede ser que les produzcan beneficios (vase mi artculo del 21 de junio pasado). Es por esa razn que, a veces, resultan sospechosas ciertas posturas humanitarias y dadivosas cuando no cuestan nada al que las adopta, especialmente si van acompaadas de alarde y de cierta jactancia. El peligro se encuentra en que la mayora de los polticos, incluyendo a los de izquierdas, pertenecen ya a aquellos grupos sociales para los que la emigracin no constituye coste alguno. Ese divorcio entre ellos y las capas sociales perjudicadas explica muy posiblemente que aparezcan en las sociedades, cada vez con mayor intensidad, posturas crticas y protestas que en muchos casos no tienen porque tener un origen xenfobo, sino que suponen una mera reaccin autodefensiva. Es muy significativo que estos movimientos se nutran en buena medida de ciudadanos que tradicionalmente fueron votantes de izquierdas.

Ms significativo an resulta que los mayores defensores de la inmigracin sin control y sin lmites sean fieles adictos al neoliberalismo econmico. El joven economista Juan Ramn Rallo, conocido por sus intervenciones rabiosamente neoliberales en algunos medios de comunicacin, el pasado 6 de agosto en el diario El Confidencial publicaba un artculo titulado Por qu Pablo Casado se equivoca con la inmigracin, en el que, tras calificarle de un soplo de aire fresco frente a la naftalina socialdemcrata montoril que previamente haba contaminado al partido, le censura abiertamente por la posicin que mantiene en el tema de la emigracin basndose en el tuit que el actual presidente del Partido Popular haba emitido sobre este tema: No es posible que haya papeles para todos ni es sostenible un Estado de bienestar que pueda absorber a los millones de africanos que quieren venir a Europa, y tenemos que decirlo, aunque sea polticamente incorrecto. Seamos sinceros y responsables con esta cuestin.

Tras una serie de divagaciones sobre si el nmero de emigrantes que atraviesan nuestras fronteras es elevado o no, que no resulta demasiado trascendente, el seor Rallo pasa al fondo de su argumentacin que, resumiendo, se reduce primero a mantener que no hay porqu defender el Estado Social, sino ms bien desmantelarlo; y segundo, que los inmigrantes colaboran a la riqueza nacional insertndose en el proceso productivo. El primer punto es un apriorismo ideolgico que no es el momento de discutir, pero el seor Rallo comprender que haya otros que, aunque sean del PP, partan de una premisa diferente. El segundo punto es que el joven economista olvida -o quizs prefiere ignorar- que existen tres millones y medio de parados, y lo que l llama incardinarse en el proceso productivo otros lo pueden denominar engrosar el ejrcito de reserva que tire hacia bajo de los salarios, lo que ser seguramente muy conveniente desde el punto de vista empresarial, pero pernicioso para los parados actuales e incluso para una proporcin elevada de los asalariados. Y no se diga que los emigrantes realizan las tareas que no quieren los nacionales, porque es posible que no las quieran tan solo al salario que pretenden pagar los empresarios.

Resulta tambin muy revelador que para reforzar esta posicin haya venido a sumarse una organizacin con un pensamiento econmico tan progresista como el FMI, aunque lo haga con argumentos aparentemente de mayor veracidad, pero que son igual de falsos. La institucin que preside Christine Lagarde, preocupada siempre de los problemas de nuestra Seguridad Social, plantea como solucin recurrir a la inmigracin, llegando a defender la conveniencia de la entrada de aqu hasta el 2050 de 5,5 millones de extranjeros. Al margen de que pronosticar a ms de treinta aos vista es una osada ms propia de una pitonisa que de un organismo serio, lo peor son los argumentos que maneja: Las migraciones aumentan el nmero de trabajadores, elevan tambin el nmero de contribuyentes al sistema de pensiones, y relajaran sensiblemente, por tanto, la tasa de dependencia. El FMI no puede ignorar que cuando hay una elevada tasa de desempleo las migraciones, por s mismas, no aumentan el nmero de trabajadores ni el nmero de contribuyentes, sino el nmero de parados, de manteros y de perceptores de subsidios y servicios sociales, con lo que, lejos de aliviar, incrementan la tasa de dependencia, al menos en sentido amplio, incluyendo no solo los pensionistas sino tambin los perceptores de ayudas sociales.

Con todo, lo ms grave son las razones aducidas por el Gobierno con la finalidad de justificar sus actuaciones o de responder a las crticas de Ciudadanos o del PP, pues manifiesta un enorme despiste sobre el funcionamiento de la economa e incluso de la Seguridad Social y del sistema de pensiones. Octavio Granado, secretario de Estado de la Seguridad Social, ha declarado que los extranjeros son ms una oportunidad que una amenaza, una oportunidad de reponer la pirmide de poblacin, el sistema de proteccin social necesita que haya millones de cotizantes. Despus de tantos aos de ocupar ese puesto, Granado debera saber que, mientras se mantenga una tasa tan alta de desempleo como la actual, la entrada de inmigrantes no incrementar el nmero de cotizantes y que de nada valdr reponer la pirmide de poblacin, en tanto la oferta de puestos de trabajo no sea capaz de absorber la demanda existente. El efecto ser el contrario, se deprimir el sistema de proteccin social, englobando otras prestaciones diferentes de las pensiones.

Por otra parte, parece que el seor Granado contina siendo presa de una concepcin de la Seguridad Social en la que el sistema pblico de pensiones tiene poco futuro, aquella dimanante del Pacto de Toledo, que fija su viabilidad en las cotizaciones sociales y, por lo tanto, en el nmero de trabajadores. Lo importante para garantizar las pensiones no es el nmero de los que producen, sino cunto es lo que se produce y la capacidad fiscal del Estado para apropiarse por las distintas vas impositivas de parte de lo producido. Juegan aqu los incrementos de productividad y mientras esta aumente es muy posible que con menos trabajadores se obtengan mayores recursos, una parte de los cuales puede ir a la Hacienda Pblica, y garantizar, entre otras muchas prestaciones, las pensiones. Eso s, siempre que hagamos tributar al capital y no nicamente a los asalariados.

Mayor gravedad tienen sus referencias acerca de lo que ocurri en 2005. Segn Granado, la llegada de emigrantes permiti constituir el Fondo de Reserva y gracias a este se pudieron pagar las pensiones en los aos de la crisis. Por una parte, confiere una relevancia a la llamada hucha de las pensiones de la que, desde el punto de vista financiero y econmico, carece. Es un puro artificio contable de los que se empean en separar el Estado de la Seguridad Social. La constitucin o no del Fondo no cambia en absoluto las variables estratgicas de las finanzas pblicas ni de la economa. En las pocas en las que la Seguridad Social tiene supervit, ya sea con Fondo o sin Fondo se integra en el saldo de las Administraciones Pblicas, permaneciendo igual el resultado consolidado. La deuda pblica en manos del pblico (nacional o extranjero) tampoco se modifica, porque si bien es verdad que si se constituye la cacareada hucha, el Estado debe emitir ms deuda, no es menos cierto que esta queda congelada en manos de la Seguridad Social. Desde el punto de vista consolidado, por lo tanto, la situacin es idntica. Lo mismo cabe afirmar cuando la Seguridad Social tiene dficit, ya que este se integra en el de las Administraciones Pblicas, sin que le afecte lo ms mnimo la existencia o no de una hucha. La deuda en manos del pblico tampoco sufre cambio alguno, porque es verdad que, sin el Fondo de Reserva, el Estado para financiar el dficit de la Seguridad Social se ver obligado a emitir deuda; pero si el Fondo existe, este tendr que vender la deuda que est en su poder y el efecto econmico y financiero ser exactamente el mismo.

Por otra parte, Granado hara bien en no poner como ejemplo el infausto 2005, ao en el que l ya estaba de secretario de Estado, porque precisamente fue en ese ao y en los inmediatamente anteriores y posteriores cuando se gener el crack que sufrimos a partir de 2008. La crisis no cay del cielo sino de nuestra pertenencia a la Unin Monetaria y a la desastrosa gestin del PP y del PSOE de aquella poca. Aquel crecimiento y aquel empleo eran engaosos (eran a crdito) porque si bien redujeron la deuda pblica, incrementaron astronmicamente el endeudamiento privado, ese endeudamiento privado que a Zapatero, segn dijo l mismo, nadie le haba hablado. Deuda que en parte se transform pronto en pblica, y que nos arrastr a una recesin y a unas tasas de desempleo como nunca habamos tenido. La mayora de esa mano de obra extranjera de la que tan orgulloso se siente el secretario de Estado se vio abocada de forma masiva al paro y a engrosar el ejrcito de reserva (que no es precisamente lo mismo que el Fondo de Reserva). Incluso muchos de ellos prefirieron retornar a sus pases de origen. Y fueron tambin muchos espaoles los que acompaaron a los inmigrantes a engrosar las colas del INEM. Si las pensiones no se redujeron ms (porque disminuir, disminuyeron) no fue gracias a la hucha de las pensiones, tal como afirma el secretario de Estado, sino a que no continu gobernando Zapatero, y que el siguiente Gobierno, a pesar de muchos errores tuvo algn acierto, se resisti al rescate por Bruselas, que hubiera impuesto condiciones mucho ms duras sin importarle un pice el que existiese o no el Fondo de Reserva.

Ciertamente la inmigracin puede tener un impacto correctivo sobre nuestra envejecida pirmide de poblacin, pero tal modificacin solo tendra un efecto positivo sobre la sociedad y sobre la economa si las tasas de desempleo se mantuviesen en niveles moderados, de ajuste estructural; pero mientras estas conserven los desmedidos niveles actuales, abogar por la entrada masiva de inmigrantes no se puede hacer desde la necesidad ni siquiera de la conveniencia econmica, a no ser que seamos adictos al neoliberalismo econmico y consideremos algo positivo incrementar el ejrcito de reserva. Desde cualquier otra ptica, para justificar la inmigracin hay que recurrir a la tica, a la solidaridad, a los sentimientos humanitarios, a la generosidad, incluso a la justicia, con el lmite que cada uno est dispuesto a poner, puesto que no caben las demagogias o el buenismo, especialmente cuando el coste va a recaer sobre los dems. Particularmente, los lderes de los partidos de izquierdas deberan ser realistas y conocer hasta dnde estn dispuestos a llegar en su altruismo, sus seguidores y votantes, sobre todo aquellos que pertenecen a las clases bajas, y no dejarse llevar por el voluntarismo o por su afn de alardear de un falso progresismo. De lo contrario, la reaccin social puede conducirnos a consecuencias muy negativas.

El hecho de que la limitacin se site en las tasas de paro y en la capacidad del mercado de trabajo para absorber mano de obra nos da tambin una pista acerca de la desigual capacidad de las Comunidades Autnomas para acoger inmigrantes. Puesto que Espaa constituye una unidad poltica, la distribucin debera hacerse de manera equitativa, y el Gobierno debera imponerla. No es lgico que los inmigrantes se agolpen en Andaluca, Ceuta y Melilla con tasas de desempleo del 23,1, 29,5 y 28,0%, respectivamente, mientras otras Comunidades tienen tasas mucho ms bajas tales como Navarra (9,9), Pas Vasco (11,1), Islas baleares (11,2), Catalua (11,4) o Madrid (12,1) y se encuentran en muchas mejores condiciones para acogerlos, y no solo a los que vienen en barcos que son noticia y se prestan al postureo.

La pertenencia a la Unin Europea aade nuevos parmetros al tema de la emigracin. La Unin Europea debera ser la solucin, pero me temo que se convierta ms bien en el problema. Pero esta cuestin da para otro artculo. Quizs la semana que viene.


Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/08/30/un-discurso-capcioso-sobre-la-inmigracion/

 




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