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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2018

Los restos de Franco

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin


Exhumar los restos de Francisco Franco no ser tarea fcil si de una exhumacin profunda se trata. Sacar los restos de un fretro no es suficiente para hacer justicia a los miles de asesinados, perseguidos y expulsados por una dictadura. Pero no es poca cosa atreverse a desmontar un monolito simblico que, derechas y ultraderechas, han defendido y defienden como bandera de sus peores aberraciones criminales. Por cierto, tampoco es un mrito atribuible como victoria poltica significativa a una sola ocurrencia de coyuntura. Hay generaciones enteras comprometidas con esa lucha en tierras propias y ultramarinas. Todava en Latinoamrica se perciben los tufos de la dictadura franquista.

Exhumar los restos del dictador, adems de ser un reclamo de partidos y organizaciones de izquierda, es un repudio en el alma de toda aquella persona digna que no entiende la vida poltica basada en asesinatos o persecuciones. Lucha de cuerpo y alma de miles de personas ha sido humillada mientras alegremente se puede visitar la tumba de Franco en un lugar para el jolgorio de los desmemoriados y de los no tanto.

Franco, y todos sus cmplices, someti a Espaa desde el final de la Guerra Civil (1936-39) hasta su fallecimiento en 1975. Y eso no ha desaparecido. Queda un men completo de dimes y diretes exhibiendo palabreros a destajo, en pro y en contra, de que se toquen los restos y la herencia simblica impuesta a la posteridad por el capricho de los contertulios del franquismo. Vivos y muertos. La Iglesia anunci que no se opondr al traslado y algunos descendientes insisten en que la tumba es intocable. Lo importante es lo que diga el pueblo espaol que ha sido desmembrado a sangre y muerte, en cuya memoria la cosa sigue tan fresca como fresca est la tumba del dictador. Con presupuesto del Estado.

En mayo de 2017 el Congreso de los Diputados aprob la iniciativa para la exhumacin del dictador. Dicen que el presidente ejecutivo de la Fundacin Francisco Franco, Juan Chicharro, sostiene airadamente que un cadver pertenece a su familia, y una exhumacin sin el permiso de la familia es una profanacin, que es un delito, y habra una querella. Dijo algo de los miles de cadveres arrebatados a miles de familias, o algo dijo sobre las miles de exhumaciones imposibles bajo las fosas comunes que an no se han abierto? Recordemos que todo est guardado en la memoria. Cada 20 de noviembre se recuerda la muerte del dictador que dej su puesto a Juan Carlos y ste a su vez a su hijo. La monarqua sigue tan campante. Mientras tanto las penurias generales de los trabajadores no se taparn con la exhumacin de un smbolo de la dictadura franquista, ni habremos de permitir que generaciones de millones de jvenes tapen la memoria con plaideras de Tirios ni Troyanos.

Son centenares de miles de personas asesinadas, expulsadas, perseguidas por un Estado fascista y no podemos caer en ninguna emboscada efectista que, incluso teniendo las mejores intenciones, no debe ser usada para dar por saldado un pasado macabro que aun vive en las entraas de la Espaa actual. Debe estar viva en la memoria del pueblo, no para comerciar con el dolor ni maquillar la explotacin feroz de los trabajadores espaoles que, tanto bajo el franquismo como hasta el da de hoy, soportan todos los pesos de la dictadura.

Sobrevive el rgimen franquista en el miedo y la represin que evoluciona hacia un rgimen de dictadura financiera sustentada en la pura represin econmica, fsica y meditica junto al ensanchamiento del mercado internacional con todas sus crisis de sobreproduccin en el paraso de los bancos. Sobrevive el franquismo en sus leyes y en sus argucias moralistas, ideolgicas y culturales contra la clase trabajadora. Los huesos de Franco no reposan ni reposan los negocios de sus cmplices. Los restos de Franco son demasiada gente y demasiado dinero, terrenos, mansiones, negocios e industrias. La misma iglesia que bendijo fusilamientos y cuerpos en fosas. Hay que abrir el sepulcro para cerrar las heridas causadas por un verdugo sepultado a lado de sus vctimas. As que, junto a sus restos hay que exhumar los restos de la monarqua heredada de Franco, los jueces, los militares, las calles y los monumentos franquistas.

Ninguna exhumacin alcanza para borrar de la Historia a una dictadura que pisote todos los derechos elementales con una represin infernal. Fueron sus vctimas miles de activistas de la clase obrera, especialmente los jvenes. La represin fue siempre la atmsfera asfixiante que envolva la cotidianidad mientras el terrorismo de clase fue uno de los tantos mtodos del da a da multiplicado por un aparato del Estado que perfeccion, permanentemente, sus artes de represin. Ninguna exhumacin ha de servir para tapar los horrores que se multiplicaron disfrazados de democracia bajo las aventuras de Juan Carlos de Borbn, garante de la sobrevida del franquismo. Y hasta la fecha.

La exhumacin no es un triunfo de un sector de la poltica ni un conjuro para salvar al franquismo y sus crmenes, ni salvar los privilegios de la Iglesia Catlica cmplice. Es que la iniciativa exhumadora volvi a poner de manifiesto que slo con justicia social los pueblos pueden comenzar a poner en su lugar, histrico y poltico, todos los episodios criminales de los Estados Sin olvidarlos. Quebrar un smbolo tan odioso para la Historia de Espaa y del mundo, sacndolo de todo contexto de homenaje estatuario o de mausoleo, propone abrir un debate contra toda emboscada ideolgica de la oligarqua a condicin de que sea obra, tambin, de organizacin consciente de las vctimas, directas e indirectas, para hacer de la exhumacin y del franquismo, todo un aprendizaje sobre las lecciones del pasado. Ser capaces de neutralizar toda posibilidad de uso poltico parcial de los huesos del dictador, o lo que de l quede, material e ideolgicamente. Est donde est.

Si la exhumacin ha de ser una reivindicacin histrica de las vctimas, sus familiares y sus pueblos, hay que conseguir que sea mucho ms que una reivindicacin decorativa y pase a ser un plan de lucha simblica permanente que exhume, de una vez y por todas, los cadveres que el capitalismo esconde bajo la alfombra y nos los vende como logros histricos y morales. Una batalla contra la ideologa de la clase dominante y su guerra simblica, que no se reduce a esconder los cientos de miles de prisioneros polticos, exiliados y ejecutados, sino que sigue operando con toda impunidad, y no pocas veces con nostalgia, en el presente amargo de una Espaa todava monrquica- arrodillada por las mafias financieras, inmobiliarias y mediticas. Entre muchas otras. Ser por eso que no pocos insisten en decir: Los restos de Franco no estn en el Valle de los Cados estn en las empresas y estn en el congreso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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