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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2018

Marcha Internacional de mujeres O artera instrumentalizacin del feminismo?

Tita Barahona
La pupila insomne


Probablemente a estas alturas muchas personas observadoras se habrn percatado de que la denominada Marcha Internacional de Mujeres (Womens Global March), de la que recientemente se ha celebrado la segunda edicin anual, es un apndice del Partido Demcrata de los EE.UU. y por ende de los intereses reales que representa. En lo que sigue se ofrecen algunos datos que corroboran esta impresin, con una pizca de historia (que siempre ofrece mayor perspectiva), y se propone una reflexin sobre las implicaciones que ello tiene para los movimientos de emancipacin, especialmente el feminista.

El Partido Demcrata es una de las dos cabezas del nico cuerpo que controla todos los aparatos del Estado norteamericano en beneficio de la clase capitalista. Para mantener la ficcin de que sus polticas y valores son diferentes a las del Partido Republicano, los demcratas se presentaban antes como el partido de la clase media, es decir, las familias trabajadoras en pos del sueo americano. Desde los aos 80, cuando los intelectuales ultraliberales dijeron que ya no haba que hablar de clases, que haba que pregonar que estas haban desaparecido y ya no creaban identidad, el Partido Demcrata dirigi de forma ms firme sus reclamos electorales a otras identidades: las de gnero, raza, religin, orientacin sexual, etc. Hicieron una fuerte labor de cooptacin de grupos de mujeres, asociaciones por los derechos civiles, inmigrantes, lo que consiguieron en buena medida inyectndoles financiacin a travs de una red de fundaciones. Paralelamente patrocinaron el ascenso social de una minora de mujeres, afro-americanos e hispanos, a los que colocaron en el propio partido, el congreso y el senado. La clase trabajadora, mientras, era desahuciada. Bill Clinton y seora se encargaron de recortar el ya de por s raqutico estado del bienestar, de expandir a niveles sin precedentes el encarcelamiento masivo, de firmar tratados de libre comercio como el NAFTA y de dar rienda suelta a Wall Street.

El descontento que produjo la guerra de Irak, bajo el mandato de George W. Bush, fue aprovechado por el Partido Demcrata para jugar la baza de la identidad de raza, que reforzaba el tradicional apoyo de la comunidad afro-americana al Partido Demcrata, con un programa atrayente para ms sectores sociales, que prometa entre otras cosas parar la guerra y cerrar la prisin ilegal de Guantnamo. As fue cmo, en la tierra del Ku-Klux-Klan y las leyes Jim Crow, por primera vez un negro (adems, de nombre musulmn), Barak Hussein Obama, alcanzaba la presidencia de la nacin. Juraba su cargo con la mano sobre la biblia de Martin Luther King, al que sometieron a un proceso de blanqueado y esterilizado para despojarlo de sus adherencias anti-capitalistas. La poblacin negra no caba de gozo. La comunidad internacional y sus medios le dieron al atractivo Obama la bendicin Urbi et Orbi y el premio Nobel de la Paz antes de que emprendiera siete guerras. Aquella inicial emulsin de esperanza de la poblacin trabajadora negra acab en cenizas, pues no han visto ventaja alguna en tener a un hermano presidente, como tampoco la habran visto la mayora de las mujeres de haber tenido una hermana presidenta. Y, con ella (Im with her, decan sus incondicionales) se cambi a la baza del gnero. Hillary Clinton se presentaba como feminista por el hecho de competir con un hombre (tanto en las primarias demcratas como en las presidenciales), y porque el pseudofeminismo liberal-posmoderno que se promovi en las universidades haba decretado que ser mujer en la alta poltica ya te grada de feminista. Y aun parece que la mezcla de gnero y raza se postula para las prximas presidenciales en la figura de una multimillonaria, reina del show-business, llamada Oprah Winfrey, que se ha uncido al carro del feminismo rosa liberal-demcrata en su discurso de la entrega de los premios Globos de Oro.

La derrota de Hillary ante un baboso que alarde de agarrar a las mujeres por el pussy (gatito), fue devastadora para las bases y el aparato del Partido Demcrata. En seguida, surgiendo de lugares aparentemente no conectados con el partido, un grupo de mujeres empresarias y directoras ejecutivas de diversas instituciones y ONGs pusieron manos a la obra para organizar una gran movilizacin de protesta para el da siguiente en que Trump jurara el cargo. No lo tuvieron difcil. Desde los propios inicios, la campaa tuvo recursos, entre ellos el apoyo de la plataforma Move on, ligada a la Open Society Foundation, y una amplia cobertura meditica. Prcticamente todos los medios controlados por las seis grandes corporaciones que dominan las ondas, se hacan lenguas de la proyectada Marcha de Mujeres sobre Washington. En realidad, no se convocaba slo a mujeres, sino a la gente de todos los gneros, edades, razas, culturas, afiliaciones polticas, discapacidades y antecedentes (sic), con el fin de afirmar nuestra comn humanidad y pronunciar nuestro valiente mensaje de resistencia y autodeterminacin.

Resistencia era ya el lema del Partido Demcrata en su nuevo papel de oposicin. Por supuesto, como se saben el ombligo del mundo, quisieron que la convocatoria tuviese rplicas a nivel global. Para la ptina feminista que deba tener el evento, ligaron oportunistamente su lucha con las que en meses previos haban protagonizado las mujeres en Argentina, India, Polonia, Irlanda, contra la violencia machista y los recortes de los derechos reproductivos. Y, para garantizarse la simpata mundial, los grandes medios ya haban denigrado lo suficiente a Trump (no digo inmerecidamente sino interesadamente). Elaboraron una tabla reivindicativa que contena una ensalada de muy variados elementos: tiraron de las justas demandas de los grupos de oposicin que estn hoy ms activos en EEUU: contra el encarcelamiento masivo y la brutalidad policial, los que luchan por la extensin de los derechos reproductivos y la sanidad pblica, por el aumento del salario mnimo, por los derechos de los inmigrantes sin papeles, contra la contaminacin del agua, casi siempre con la coletilla para todas las mujeres, incluidas negras, indgenas, pobres, musulmanas, lesbianas, discapacitadas, queer y trans. Todo resumido en la demanda de una economa que funcione con transparencia, responsabilidad, seguridad y equidad (lo que quiera que eso sea). Curiosamente, ninguna mencin a la poltica exterior norteamericana.

Bajo el lema Los derechos de las mujeres son derechos humanos, el 21 de enero de 2017 se llenaron las calles de Washington, otras ciudades de EEUU y ms all de una marea colorista, en la que destacaban los gorros de lana rosa con orejas de gato (en alusin al pussy), que hoy son ya merchandising. Las manifestaciones fueron, en efecto, multitudinarias. A diferencia de otras, sin polica acosando y con la presencia de seeros polticos y polticas demcratas, que tuvieron que aguantar algn abucheo; no as las celebrities de Hollywood y la industria del atontamiento -ya se sabe, feministas de toda la vida-, cuyos discursos fueron vitoreadas por la multitud mientras los periodistas rosas (Vogue, Vanity Fair) sacaban fotos. Ms vergonzoso fue ver a una Angela Davis, otrora referente del feminismo negro revolucionario, vendida al Partido Demcrata para servir de reclamo a los sectores izquierdistas (cuando se cae desde muy alto se llega muy bajo).

Al da siguiente, los medios calificaban el evento como la mayor manifestacin en la historia de EEUU. Entusiasmadas por el xito, en febrero ya estaban las promotoras pergeando la organizacin de una International Womens Strike (Huelga Internacional de Mujeres), para celebrar el 8 de Marzo. En septiembre, la revista Time las inclua en la lista de las personas ms influyentes de 2017.

Ha pasado un ao desde entonces. En todo este tiempo, el nuevo programa poltico del Partido Demcrata se resume en una frase: no somos Trump; y su estrategia en una somera etiqueta-hashtag: Resistance. Su prctica en el da a da, sin embargo, ha sido la de votar con los republicanos el aumento del gasto militar, los ataques a Siria, el espionaje masivo, el fin de la neutralidad en Internet, la eliminacin de controles a los grandes bancos, la privatizacin de la enseanza, el alza del precio de los medicamentos... Hoy se venden como los defensores de los inmigrantes sin papeles, cuando las deportaciones masivas comenzaron en la era de Obama. La resistance es en realidad assistance. Pero, de puertas afuera, la resistance prosigue, y este ao hemos sido debidamente informados tanto de los preparativos como del desarrollo de la Segunda Marcha Global de Mujeres, celebrada entre el 20 y 21 de enero. El mismo programa-revoltijo que esta vez incluye a los dreamers (inmigrantes que llegaron siendo nios y estn en riesgo de deportacin). Pero la marcha ha tenido menos afluencia y seguimiento internacional, ya que algunos grupos han retirado su adhesin al darse cuenta de la manipulacin. Esta ya se presenta sin caretas. Este ao el lema ha sido Power to the Polls (poder a las urnas), una autntica campaa de registro de votantes para el Partido Demcrata, aunque esto ltimo, claro, no se dice abiertamente. Las llamadas mid-term (elecciones a mediados de mandato para renovar el congreso y parte del senado) estn cerca. Las mismas celebrities en las tribunas, esta vez pidiendo a las mujeres que se empoderen presentndose como candidatas. La misma sobre-exposicin meditica, que no se presta cuando son trabajadoras y trabajadores quienes organizan huelgas y manifestaciones; porque, en definitiva, las Marchas no ponen en absoluto en peligro al Estado y los empresarios al ser un tipo de disidencia totalmente controlada por los aparatos de esas mismas clases.

Hoy hasta la elite mundial capitalista se ha vuelto feminista. Lo hemos visto en la cumbre econmica de Davos. Poniendo en la presidencia del foro a cuatro seoras privilegiadas cuya misin es arruinar la vida a la mayora de mujeres y hombres del mundo, se nos intenta convencer de que eso es feminismo. Es una de las maneras de succionar toda la savia revolucionaria de este movimiento histrico para convertirlo en un trending-topic, una empresa capitalista o un guiapo.

En el movimiento feminista siempre hubo una corriente que tuvo claro que el destino social de nuestro sexo va ligado a la evolucin general de la sociedad, cuya principal fuerza motriz es el trabajo y la vida econmica. La emancipacin social de todas las mujeres -no de unas pocas- est, por tanto, ntimamente ligada a la emancipacin social del trabajo, lo cual slo es posible con la lucha de la clase explotada, a la que pertenecemos. El feminismo es patrimonio de todas las mujeres que dedicaron y dedican su vida a este objetivo, no de las seoras de la clase dominante o aspirantes a ella que se aprovechan del trabajo de otras y de las luchas de otras para su beneficio personal o poltico. Hoy, sin embargo, cuatro dcadas de neoliberalismo han convertido a las corrientes liberal-posmodernas, con sus polticas de la identidad, en hegemnicas dentro del feminismo llammosle institucional. Han tenido todos los medios para ello. El feminismo revolucionario y, para el caso, cualquier movimiento de liberacin, cualquier organizacin que verdaderamente luche por superar la explotacin y la opresin construyendo el socialismo, debe reflexionar hasta dnde quiere ser cooptado, manipulado e instrumentalizado; hasta qu punto va a consentir que nuestras justas reivindicaciones sirvan para sazonar platos que no son nuestros.

( Canarias semanal )

Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2018/08/28/la-marcha-internacional-de-mujeres-o-la-artera-instrumentalizacion-del-feminismo-por-tita-barahona/



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