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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2018

Cuando frica diga su palabra

Jos Antonio Prez Tapias
CTXT

Dar voz para hallar respuestas dignas a la cuestin migratoria tambin es va para rescatar la esperanza y resituar al continente


CHARLES NAMBASI

S, cuando frica diga su palabra, entonces Europa podr dar una solucin adecuada a la cuestin migratoria. Porque hasta ahora frica permanece silenciada, con su voz ahogada, como malhadado correlato poltico de la tragedia humana que suponen las incontables vidas que se pierden en el Mediterrneo tratando de alcanzar las costas europeas. El drama de quienes sobreviven, distorsionado mediticamente cuando es descrito como avalancha de inmigrantes, como invasin que pone en peligro los pilares de las sociedades europeas, no deja de ser a su vez la otra cara de la irresponsabilidad de Europa, por su parte cada vez ms dividida a causa de las respuestas xenfobas a la cuestin migratoria, las cuales se van imponiendo cuanto ms se manifiesta su impotencia para una verdadera poltica de acogida y canalizacin de los flujos migratorios. El populismo xenfobo que desgraciadamente gana espacio en Europa, en sociedades cada vez ms regresivamente decantadas a un nuevo fascismo, es la manifestacin extrema de un mar de fondo que agita las aguas de un discurrir poltico que debiera ser consecuentemente democrtico, y no lo es. Ese mar de fondo es el racismo, del cual nuestras sociedades no se han librado.

Podra pensarse que es un expediente fcil recurrir a hablar de racismo al ahondar en las causas de por qu Europa no resuelve bien la cuestin migratoria, en especial la relativa a la inmigracin que procede de frica. Pero estoy convencido de que es el fondo de la cuestin. He de aadir que el racismo no se cultiva aisladamente, sino en campos sociales y con los abonos culturales de imperialismos del pasado y mentalidades colonialistas que siguen operando en el presente. El racismo, como esa construccin ideolgica diseada para descalificar a otros como atrasados, primitivos, menos humanos que nosotros, es pieza clave en las formas de deshumanizacin que se han puesto en marcha para explotar, esclavizar, dominar a esos otros previa e injustamente devaluados en su humanidad privados del respeto debido a su dignidad. Cabe recordar que, acompaando al colonialismo como reverso de la modernidad, en la poca que se ha dado en llamar postmodernidad no dejamos atrs ni reediciones del colonialismo ni la discriminacin racista de los otros. Parece que Europa no logra arrojar fuera de s esa malformacin moral enquistada polticamente en su cultura. Y es la que muestra toda su perversa fuerza destructiva ante la cuestin migratoria, con el agravante siempre de que el racismo tiene a mano el fcil modo de identificar a quien hay que excluir por el color de su piel. El discurso sobre las razas humanas no tiene apoyatura cientfica, pero sigue teniendo eco social y potencial de manipulacin meditica es imaginable un xodo migratorio como el que se est dando, con la misma pasividad e inhumanidad de trato, si en las pateras con que se lanzan al mar viajaran miles de personas blancas?.

La discriminacin racista comporta el silenciamiento de los racializados. Qu voz nos llega de frica? O qu palabra permitimos que impacte en nuestras sociedades y nos interpele? Hace unos das muri Samir Amin, uno de los grandes tericos de un marxismo renovado justamente para dar cuenta de las relaciones neocoloniales entre metrpolis y periferias sigue habiendo unas y otras en el contexto del proceso de globalizacin en el que estamos inmersos. Salvo lo destacado por algunas necrolgicas, la figura de Samir Amin queda registrada como propia del pasado, como si su palabra hubiera dejado de ser pertinente. Por otra parte, es desgraciadamente lo que corresponde a unos hechos que han acentuado la exclusin y la dependencia de los pases africanos. Recordando la figura del egipcio Samir Amin podramos tener presente al tambin escritor egipcio Naguin Mahfuz, que fue Nobel de Literatura, o, yendo por otros derroteros, hacer memoria de lo que supuso el presidente Nasser al frente de los pases no alineados en los aos de la Guerra Fra. Parece que fueran acallndose las voces africanas, desde las artes y las ciencias hasta la poltica. Hay que revalorizar al nigeriano Wole Soyinka o a la tambin Nobel la sudafricana Nadine Gordimer, con la fuerza emancipadora de su singular escritura, siendo blanca. Pero por qu no recordar a Senghor, el poeta que fue artfice de la independencia de Senegal sin dejar de ser miembro de la Academia Francesa lo que no dej de costarle crticas de sumisin al colonialismo, o a lderes de la fuerza de Julius Nyerere en Tanzania o Skou Tour en Guinea? No es que hoy no haya quien hable y escriba en frica; resulta que sus voces no despegan de entornos empobrecidos cuando no arrasados.

Las plurales realidades de frica no son ajenas a lo que pasa en el resto de nuestro mundo. Quedando atrs los procesos de luchas anticoloniales y habiendo fracasado en muchos casos los procesos de construccin nacional en marcos estatales, de forma que la misma modernizacin econmica naufrag a causa del expolio de riquezas propias llevado a cabo por empresas transnacionales aliadas con poderes oligrquicos locales, y con el apoyo de las antiguas metrpolis, no han hecho sino recrudecerse las consecuencias negativas del colonialismo que se padeci. No resulta fcil hacer crecer la esperanza en un continente expoliado y descoyuntado, mxime cuando lo que se sigue promoviendo, incluso cuando se pretende que sea positivo, genera nuevas formas de dependencia.

El ugands Yash Tandon, por ejemplo, ya escribi hace unos aos sobre los efectos de la misma Ayuda al Desarrollo, teniendo en cuenta cmo se lleva a cabo de hecho la cooperacin internacional a tal efecto. Dados los criterios y las prcticas imperantes, aparte lo que queda como beneficio para los pases donantes de su misma Ayuda Oficial al Desarrollo, lo constatable es cmo sta genera nuevas formas de dependencia, cuando no sucede que conflictos blicos o avatares econmicos del mercado mundial dan al traste con lo que se quiso promocionar. En el fondo sigue imperando aquella visin que en el marco colonialista de la India recogi Rudyard Kipling bajo la imagen del peso del hombre blanco, siempre autoconvencido de la validez de sus razones (encubriendo intereses) en la misma medida en que desprecia las razones de los otros. El complejo de superioridad occidental, perfectamente descrito por la tunecina Sophie Bessis, no deja de actuar cuando se trata a aquellos a los que se quiere ayudar como pasivos receptores y no como sujetos autnomos en los procesos sobre los que ellos y ellas han de decidir.

Cuando para recomponer la buena conciencia ante la carencia de una poltica migratoria, pues slo se implementan acuerdos para control de fronteras y externalizacin de servicios de deportacin de inmigrantes Grecia con Turqua, Italia con Libia y Espaa con Marruecos, previo pago de la UE, se habla, como hizo recientemente el nuevo presidente del PP, de un Plan Marshall para frica se ignora voluntariamente por qu y cmo se puso en marcha dicho plan para Europa tras la Segunda Guerra, y se sigue manteniendo una perspectiva unidireccional respecto a lo que los africanos y africanas pueden necesitar. Por qu no se les pregunta? Por qu no se enmarcan los procesos de desarrollo en procesos democrticos en los que comunidades e individuos participen como sujetos, sin verse reducidos a objetos de un trato humillante? Cuando eso sigue proponindose as contina dndose un enfoque racista que no aceptaramos para nosotros mismos tampoco se acepta, desde lo que la estadounidense Robin di Angelo llama la fragilidad blanca, que eso mismo se califique de racista, pues la autoimagen que domina entre los occidentales bienpensantes es que no somos racistas cuando en realidad s lo somos. La verdad es que propuestas poco maduradas pueden aparecer fcilmente, incrementando los desaciertos. No es una de ellas la propuesta consistente en financiar una especie de Erasmus para inmigrantes, intercambiando un inmigrante legal becado por cada uno irregular que sea expulsado? El ministro de Exteriores espaol debe pensar los componentes de injusticia y humillacin que conllevara tal forma de regularizar.

Para ayudar, hay que ser dignos de hacerlo. El camino no es otro que tratar a los otros con la dignidad que merecen, empezando por considerarlos interlocutores con derecho a decir su palabra. Bien se puede recordar a tal respecto la pertinente observacin que desde Latinoamrica formul el filsofo Enrique Dussel al alemn Karl-Otto Apel en el fructfero debate que mantuvieron sobre la tica comunicativa. No basta con tener en cuenta, a la hora de buscar acuerdos en torno a lo justo, las consecuencias para otros de lo que podamos consensuar como normas a las que nos obligamos; es necesario que esos otros digan su palabra en el proceso mismo de bsqueda de un consenso. Es as como se saldr de la lacerante desigualdad en la que, como deca Senghor, el ticket de entrada al banquete universal es demasiado caro para la mayora; de hecho imposible de obtener. Cuando no se habla con voz propia, pasa lo que denunciaba el tambin senegals Cheikh Anta Diop: se engaa al pueblo hacindole creer que el desarrollo y la democracia son posibles en un idioma extranjero.

Mandela saba que para liberarse del colonialismo y sus desastrosas consecuencias no slo haba que emanciparse polticamente, sino superar la atraccin por el modo de vida de los colonizadores. Es lo que hoy consideramos herencia de colonialidad que queda en la cultura. Lo grave es que explotando esa herencia, Occidente sigue destruyendo en beneficio propio las posibilidades que quedarn para una emancipacin ms efectiva. Es por ello que las nuevas poblaciones que integran lo que Frantz Fanon llam los condenados de la tierra se ven desarboladas para su liberacin, sin otro camino que emigrar. Es la miseria, adems de las guerras que desgarran pases enteros, la que empuja a ello. Pero la responsabilidad por tal situacin cae, por acciones y omisiones, tambin del lado de ac. Como denuncia el escritor Boubacar Boris Diop, sera simplista pretender que Occidente slo debe su prosperidad a su trabajo a lo largo de siglos. Sin explotacin colonial no hubiera habido tal acumulacin de capital para el desarrollo occidental.

Europa no puede actuar como si no tuviera nada que ver con el desastre econmico que genera el caos en sus fronteras. Y para afrontar con justicia y de manera humanizante la cuestin migratoria no puede dejar de preguntarse por qu tantas personas, desde nios hasta jvenes universitarios, varones y mujeres, estn dispuestos a arriesgar su vida para entrar en el espacio europeo. Y debe escucharse la respuesta, debe dar la palabra a aquellos que interpelan con sus mismas actuaciones, a pesar de los lamentables episodios que a veces tienen lugar en las fronteras, para orientar una poltica migratoria que merezca tal nombre. Despus de todo, los mismos africanos, como escribe Boubacar B. Diop, reflexionan sobre lo difcil que es comprender por qu un joven africano, dispuesto a morir para abandonar su patria, no est dispuesto a sufrir para mejorar su sociedad. La cuestin, y as me lo han hecho saber africanos, estriba en la esperanza. Dar la palabra para hallar respuestas dignas a la cuestin migratoria tambin es va para rescatar la esperanza con la que frica pueda resituarse en su horizonte.

Jos Antonio Prez Tapias es catedrtico y decano en la Facultad de Filosofa de la Universidad de Granada. Es autor de Invitacin al federalismo. Espaa y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013). @JAPTAPIAS

Fuente: http://ctxt.es/es/20180829/Firmas/21472/Jose-Antonio-Perez-Tapias-tribuna-migracion-democracia-colonialismo-xenofobia-racismo.htm



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