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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2018

La ltima vanguardia

Eugenio del Ro
Ctxt

Las transformaciones polticas se hacen con el apoyo de las mayoras sociales, para lo que hay que sumar fuerzas y no levantar barreras insalvables


Tras la manifestacin antirracista celebrada en Madrid el 17 de noviembre de 2017, a la que corresponde la imagen que ilustra estas lneas, redact unas lneas que se quedaron durmiendo en el disco duro de mi ordenador. No estaba seguro de que los problemas que deseaba abordar tuvieran suficiente inters. En las ltimas semanas he ledo en CTXT algunos textos que guardan relacin con aquellas notas. Me refiero a los de Jorge Lago, Pastora Filigrana Garca y Jos Garca Molina.

Estos artculos me animan a terciar en este intercambio de opiniones.

En otros tiempos tuvo bastante predicamento la idea de que quienes sufren la explotacin capitalista en el trabajo, a poder ser manual y en una fbrica, poseen una aptitud especial para entender la necesidad de combatir al capitalismo. De conformidad con esa idea, quienes no viven en esas condiciones no pueden comprender a fondo lo que es la explotacin, por lo que han de desempear un papel secundario en las movilizaciones obreras. No importaba mucho que esta forma de ver las cosas fuera cuestionada por el hecho de que muchos de los dirigentes del movimiento obrero estaban lejos de la experiencia de las fbricas.

En los aos sesenta del siglo XX, fueron los pueblos del Tercer Mundo los que, a ojos de una parte de la izquierda, representaban la vanguardia en la accin contra el capitalismo mundial.

En Espaa, durante aos, para algunas gentes de izquierda, la avanzadilla fue el pueblo vasco, entendido no como el conjunto del pueblo vasco sino, reductivamente, como el entramado socio-poltico (la izquierda abertzale) encabezado por ETA.

Con la irradiacin de las ideas feministas, desde la dcada de los setenta del siglo pasado, proliferaron unos marcos interpretativos similares, aunque, en este caso, aplicados a las mujeres. Segn una opinin extendida, solo ellas pueden percibir su opresin en todas sus dimensiones y solo ellas pueden vislumbrar el camino para liberarse. Bajo este ngulo, a los hombres, incluidos los hombres ms afines al feminismo, no les cabe sino apoyar y acompaar a las mujeres en sus luchas, siempre en segunda fila.

ltimamente es ms raro que emerja una tendencia o un conglomerado de grupos con la ambicin de erigirse en una nueva vanguardia.

Las personas racializadas

Es el caso de la corriente a la que me estoy refiriendo ahora, que est integrada hoy por algunas asociaciones latinoamericanas, africanas, gitanas, y tambin por descendientes (segunda o tercera generacin) de personas inmigradas.

Esta corriente viene realizando diversas actividades en distintos lugares de Espaa y se expres visiblemente en dicha manifestacin madrilea.

El concepto de personas racializadas concierne al modo en que es considerada por la sociedad receptora la poblacin procedente de otros continentes o con rasgos fenotpicos minoritarios. Estas personas, segn este punto de vista, cargan con una marca debido a su lengua, a su cultura o al color de su piel, y son objeto de variadas formas de discriminacin.

A falta de otro trmino mejor podemos hablar de discriminacin racial o de racializacin de la desigualdad y de la consideracin social.

No discutir aqu el uso de estos vocablos (racial y racializacin), sin duda insatisfactorios por su carcter impreciso y por carecer del fundamento gentico que se le ha atribuido en el pasado, pero que aluden a una realidad social que se puede resumir en la siguiente afirmacin: algunas diferencias culturales o fisionmicas dan lugar con mayor o menor frecuencia en nuestra sociedad a un trato desigual. Dicho expeditivamente: aunque las razas no existen, el racismo s existe.

A mi juicio, es saludable que se ponga de manifiesto la relacin existente entre la diferente consideracin social, las desigualdades sociales, las injusticias, por un lado, y, por otro lado, el origen nacional geogrfico y cultural, y lo que tradicionalmente se ha denominado racial, que es una forma convencional de distinguir grupos humanos.

El anlisis de los problemas sociales se ha enriquecido con la introduccin de la idea de interseccionalidad. Segn este enfoque, que va ganando terreno sin cesar, los seres humanos concretos se distinguen por una suma de rasgos entrelazados y solapados: nadie es solo obrero, o solo mujer, o solo miembro de un grupo nacional o de una raza.

Las opresiones que padece cada persona resultan de la interaccin de caractersticas diferentes que definen su lugar en la sociedad y que contribuyen a perfilar unas relaciones y una jerarqua social.

La racializacin de la desigualdad es real: no hacerla visible perjudica a quienes estn en una posicin subalterna. Ocurre o puede ocurrir con las marcas de gnero, de sexo, de clase, de nacionalidad, de religin, de raza, y con la conjuncin de varias de ellas. Tener en cuenta la diversidad no implica poner en peligro la unidad para transformar la realidad. Por el contrario, no tomarla en consideracin impide la unidad posible y necesaria.

Servidumbres de las vanguardias autoproclamadas

Los grupos a los que estoy aludiendo integrados por personas racializadas reclaman un reconocimiento especial en las movilizaciones antirracistas. Demandan, aunque no con estas palabras, que se les reconozca como vanguardia antirracista.

Una de las organizadoras de la mencionada manifestacin de noviembre de 2017 declaraba a la prensa: Las diferentes comunidades racializadas buscan situarse en primera fila del movimiento [contra el racismo] porque son ellas quienes lo sufren. Las personas blancas pueden apoyar la causa antirracista pero no formar parte de su liderazgo.

Un participante en un acto pblico organizado por Podemos en La Morada, en el barrio de Arganzuela (Madrid, 13 de julio de 2018), sostuvo parecida pretensin: Podemos tiene una vena subversiva y esa vena somos las comunidades migrantes racializadas.

Se establece, as, un nexo entre la condicin de personas racializadas y ciertas cualidades subversivas. El origen o la consideracin social, segn esta apreciacin, determinan unas capacidadas o potencialidades superiores a las de otras personas. La suposicin de que el hecho de pertenecer a un grupo racial otorga una calidad social superior es propia de un reduccionismo esencialista similar a los esencialismos de clase, de gnero, nacionales u otros.

En lo tocante al antirracismo, el papel de vanguardia que dicen desempear se justifica aduciendo que las personas blancas, a las que se concepta de manera general como privilegiadas, no pueden combatir el racismo de manera tan certera como lo pueden hacer sus vctimas directas e inmediatas.

Vuelve pues la vieja idea de que hay que ser obrero para intervenir adecuadamente en las movilizaciones contra la explotacin capitalista; o mujer para abrazar como es debido la causa feminista.

La historia de los movimientos socialistas y comunistas o la del feminismo ha mostrado que la condicin obrera o la femenina pueden propiciar tambin actitudes de adaptacin al estado de cosas y a la subalternidad. Y otro tanto ha venido sucediendo con la condicin racial.

Adems, si la conciencia y las disposiciones para movilizarse dependieran fundamental e inmediatamente de rasgos raciales, habra que admitir que, dentro del universo de las personas racializadas, se registrara un escalonamiento de esas cualidades propiamente absurdo: cuanto ms racializadas sean unas personas, ms consecuentemente antirracistas sern.

Efectivamente, las mismas razones que llevan a poner a la gente racializada en un nivel dirigente deberan ubicar en una posicin ms elevada en la accin antirracista a las mujeres negras, ms marcadas racialmente, mientras que los hombres racializados pero blancos, como tantos magrebes, deberan quedar relegados a un puesto secundario. Y qu decir de las diferencias de clase dentro de las personas racializadas? En esta representacin, las personas racializadas constituyen una categora heterognea que es tratada como si no lo fuera.

Lo cierto es que las disposiciones y las capacidades para luchar contra el racismo son muy diversas entre las personas racializadas y en el conjunto de la poblacin, y dependen de factores extraordinariamente variados, entre los que estn la educacin, la clase social, la fuerza de los valores en una sociedad, las prcticas sociales, las tradiciones, la historia local, etc.

La conciencia de vanguardia es problemtica. Los grupos que se otorgan a ellos mismos el ttulo de vanguardia no favorecen unas relaciones entre partes diversas basadas en la igualdad y el apoyo mutuo, y orientadas al aprendizaje en comn.

A la postre, considerarse vanguardia es algo bastante corrosivo para la conducta de quienes se sienten agraciados con esa posicin.

Afirmacin grupal y confluencia para cambiar las cosas

Si la supuesta vanguardia se basa en diferencias raciales es doblemente arbitraria y nociva puesto que introduce un elemento de conflictividad entre grupos raciales y vicia la cooperacin.

Actualmente no hay apenas conflictos interraciales en una sociedad multiracial como la espaola. Ojal dure. Pero en el campo racializado al que estoy aludiendo se pinta a la poblacin blanca caricaturizndola y exagerando sus aspectos negativos, emparentndola incluso con lo peor del pasado colonial. Se ignora que la poblacin espaola, en comparacin con otras europeas, es ms solidaria con la poblacin inmigrada y ms favorable a una convivencia pluralista.

Los signos de hostilidad hacia la mayora blanca y su descalificacin por parte de minoras no blancas no contribuyen precisamente a promover la conviviencia. Y esto es lo que se hace cuando se presuponen en la poblacin blanca unas inclinaciones racistas muy extendidas. Tal enfoque no se distingue por su realismo y no puede sino obstaculizar el desarrollo del pluralismo inter-racial, el estrechamiento de vnculos y la hibridacin inter-cultural.

La delimitacin de campos sobre la base de identidades ideolgico-culturales fuertes tiene un efecto doble: incluye a quienes se ajustan a las condiciones exigidas pero, a la vez, excluye a quienes no cumplen con esos requisitos identitarios.

La afirmacin de las minoras en el mbito ideolgico-cultural puede ser una necesidad. Hacen bien en reivindicar su derecho a ser diferentes. No obstante, una delimitacin identitaria que lleva a hacer de la sociedad un archipilago de islas incomunicadas no es til para avanzar en un sentido antiracista, feminista, de justicia social Para esto har falta promover confluencias lo ms amplias que sea posible. Esto supone precisar objetivos polticos y tejer vastas alianzas transversales acordes con esos objetivos, lo que no es compatible con el trato poco amistoso que se dispensa, pongamos por caso, a la que algunos sectores racializados llaman izquierda blanca. Las transformaciones polticas se hacen con el apoyo de las mayoras sociales, para lo que hay que sumar fuerzas y no levantar barreras insalvables.

Como ha escrito lcidamente la feminista antirracista Pratibha Parmar: No creo que las polticas de gnero o las polticas de raza en s estn aisladas de otras formas de organizacin que propicien el cambio. () La identidad racial por s sola no puede ser la base de la organizacin colectiva, ya que las comunidades negras estn tan plagadas de divisiones en torno a la cultura, la sexualidad y la clase, como cualquier otra comunidad. Las divisiones de clase en las comunidades negras son reales y lo es tambin la influencia que tienen tanto sobre el consumo, como sobre la produccin de objetos y prcticas culturales particulares (Feminismo negro: la poltica como articulacin, 1990, en Mercedes Jabardo, ed., Feminismos negros. Una antologa, Madrid: Traficantes de Sueos, 2012, p. 255).

Fuente: https://ctxt.es/es/20180829/Firmas/21384/feminismo-racializacion-desigualdad-antirracismo-eugenio-del-rio.htm



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