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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2018

Espejo mgico

Laidi Fernndez de Juan
La Jiribilla


Abordar un asunto cotidianamente ejercido entre nosotros: la crtica social. En nuestros medios informativos se acostumbra criticar con amplitud lo que sucede fuera de Cuba, pero son escasos los reportajes, las denuncias de aquello que acontece aqu, ahora, como si nada fuera negativo o digno de enmendar. Creernos que absolutamente todo est bien, que es provechoso fruto del esfuerzo colectivo, y que aquello que resulta deficiente es culpa de otros, empezando por la maldita condicin de ser un pueblo bloqueado por el imperio ms grande y ambicioso que ha existido en la faz de la tierra, no deja de constituir una cmoda excusa. Una vez reconocido el espantoso dao que el bloqueo nos causa (que ciertamente nos impide muchsimos beneficios, y que fue instaurado y se mantiene para infligirnos todo el dao posible), nos movemos hacia adelante, como nos ensearon nuestros padres. No es puro chovinismo decir que el pueblo cubano es heroico. Lo somos. Cuando se lleve a cabo el anlisis de cmo sobrevivimos la crisis de los aos 90, ser este pueblo el merecedor de su categora de heroicidad.

Pero ello no significa que seamos perfectos, ni de lejos. De ah que el triunfalismo resulte daino, en cuanto intenta encubrir cun perfectibles seguimos siendo, en nuestra condicin de humanos. Por otra parte, considerar a quien ejerza su derecho a la crtica como enemigo, contribuye al murmullo en lugar del dilogo abierto y franco. Censurar la crtica es tan absurdo como cubrir una herida que sangra. Tan intil como negar que el sol calienta. Tan perjudicial como hipcrita. Existen crticas malintencionadas? Sin duda. Hay formas de sealar errores con el nimo de destruir, o de proporcionar juicios altamente manipulables por quienes desean nuestra aniquilacin? Seguramente.

Pero ni todos somos iguales; ni estamos todos los que somos ni somos los nicos que estamos. La pluralidad de opiniones enriquece los juicios, aunque no estemos 100 % de acuerdo. De hecho, esa unanimidad de criterios no existe ni en un hogar, ni en una familia, ni siquiera en una pareja. Es ms, no siempre estamos conformes ni con nosotros mismos todo el tiempo. El meollo consiste en diferenciar el propsito de un planteamiento. En distinguir una intencin de otra, en no meternos a todos en un mismo saco. La individualidad tambin es un derecho, aun cuando se persiga el mejoramiento social.

Muchas veces se ataca no al mal, sino a quien lo denuncia, lo cual adems de hipcrita, es intil. Porque el mal contina creciendo, florece, se ramifica y se expande, mientras que al criticn lo tildan de enemigo. Etiqueta fatal, como se sabe. El resultado de tal maniobra es tenebroso: lo negativo campea, y aquel que lo seal se convierte en un ser silenciado, o se amarga, o busca otros medios donde se le permita expresarse, o sucede todo a la vez, y habremos perdido a alguien, cuya real intencin no era ms que contribuir al bien comn. Unos versos de Quevedo dicen: Arrojar la cara poco importa, que el espejo no hay por qu. En otras palabras: el autor, irnicamente, nos cuenta la importancia de salvaguardar el reflejo (el espejo en este caso), aunque la realidad (la cara, el rostro) est en evidencia.

Las crticas del programa humorstico Vivir del cuento es considerada por muchos televidentes muy fuerte. No es la stira lo que resulta fuerte, sino la condicionante que la motiva. Pongamos por caso el captulo dedicado a la venta ilcita de medicamentos; y aquel otro donde Pnfilo se desconcierta ante la fluctuacin del valor de la moneda fraccionada; y el programa dedicado al cuentapropismo, con su conveniente baja productividad, en aras de no llamar la atencin de inspectores. Estos casos ilustran detalles de nuestras incapacidades, de las puertas abiertas al cncer de la corruptela, y afortunadamente pueden ser denunciadas a travs del humor, herramienta eficaz que a muchos funcionarios molesta. Cabe preguntarse, si no existieran programas como este, con guionistas y escritores sagaces, acaso dejaran de existir el mercado ilegal, el robo y la doble moral? Hablando en plata: no culpemos al espejo, sino al rostro que en l se refleja, y no solo en plata sino en oro, hablemos todos. Lavemos los paos en casa, antes de que el vecino nos descubra, y los ponga al sol en la tendedera de al lado.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/espejo-magico



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