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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2018

Estalla?

Jos Natanson
Editorial Le Monde Diplomatique


Ni siquiera el gobierno puede negar el deterioro socioeconmico. Tras un 2017 que todava permita imaginar alguna recuperacin, hoy todas, absolutamente todas las variables se alinean en contra: crecimiento (cay 6,7 por ciento en junio), desempleo (pas de 7,2 a fin del ao pasado a 9,1 en la ltima medicin), salario real (se estima un deterioro de entre 3 y 10 por ciento este ao), actividad industrial (disminuy 7,5 en junio, profundizando el desplome), inflacin (se calcula entre 35 y 40 por ciento hasta fin de ao) y pobreza (volvi a aumentar) (1). Sin embargo, a pesar de un declive que el discurso macrista ya ni intenta disimular, los niveles de conflicto social se mantienen, para los parmetros histricos argentinos, relativamente bajos. Todos los das se organizan protestas, movilizaciones y cortes de calles, pero asumen la forma de reclamos sectoriales que no logran articularse en un movimiento de contestacin ms amplio. Bajo este curioso estado de cosas, hasta ahora el gobierno luce ms preocupado por el dficit fiscal que por la protesta social.

Los motivos que explican esta situacin, clave para entender la coyuntura poltica actual, son mltiples. El primero es el costado positivo de la herencia econmica del kirchnerismo. En Los tres kirchnerismos (2), Matas Kulfas divide los doce aos de gobierno K en tres perodos claramente diferenciados: el primer kirchnerismo, que se corresponde ms o menos con el gobierno de Nstor, caracterizado por una mejora de todos los indicadores; el segundo (Cristina I), que sinti el impacto de la crisis financiera global pero que todava contaba con margen para, mediante una enrgica accin anti-cclica, sostener el crecimiento y la redistribucin, y el tercero (Cristina II), durante el cual todas las variables empeoraron salvo dos: empleo, que se mantuvo estancado pero no explot, y deuda, que sigui disminuyendo en relacin al PBI. Fueron justamente estas dos dimensiones un desempleo controlado y un enorme espacio para financiarse las que le permitieron al macrismo desplegar su programa de ajuste morigerando los costos sociales.

El segundo motivo es territorial. El orgullo zonzo que predica que Argentina tiene todos los climas encierra sin embargo una verdad, la de la enorme heterogeneidad regional y productiva de nuestro pas. As, en el marco de una recesin general, con cadas especialmente graves en los conurbanos ms dependientes de la actividad industrial, ciertas zonas, y unas pocas actividades, logran mantenerse a flote: la zona ncleo est comenzando a superar la sequa y, empujada por la devaluacin y la decisin oficial de mantener la baja de retenciones, recuperar su dinamismo en los ltimos meses del ao, con proyecciones optimistas para el 2019. Un escaln ms abajo, algunas provincias evitan el bajn nacional gracias al auge de la minera (San Juan muestra ndices positivos de crecimiento desde hace una dcada), la recuperacin del precio de los hidrocarburos (Neuqun vive un boom de la construccin, el comercio y los servicios asociado a Vaca Muerta) y el despegue de algunos cultivos regionales (arndanos y limones en Tucumn).

Por supuesto, se trata de excepciones, de provincias y a veces menos que eso: ciertas zonas dentro de una provincia asociadas a ramas de produccin cuyo crecimiento se explica por motivos exgenos, como el clima, el precio de la soja o los oscuros designios de la OPEP: aunque no alcanzan a compensar el deterioro general, s explican por qu el malestar con el gobierno no se expande del mismo modo en todo el territorio.

Si la primera explicacin descansa en la herencia y la segunda en el territorio, la tercera es de clase: como sealamos en otra oportunidad, el gobierno de Macri, escarmentado de la experiencia menemista, decidi sostener las amplias polticas sociales creadas por el kirchnerismo. Ms all del desmantelamiento de algunos programas y la prdida de poder adquisitivo, al cierre de este editorial la ANSES pagaba todos los meses 8,4 millones de jubilaciones, 5,1 millones de asignaciones familiares y 3 millones de AUH. Al mismo tiempo, la alianza tctica con los movimientos sociales aquellos que, en palabras de Juan Grabois, tienen como una nica mercanca para vender la paz social le provee antenas con los sectores ms desprotegidos, un sistema de alerta temprana que hasta ahora viene funcionando, todo lo cual garantiza una relativa calma en los barrios ms castigados por la inflacin, la recesin y el freno de las changas.

En cuanto a la clase media, el macrismo ya no parece capaz de asegurar su principal demanda histrica, la misma que le permiti ganar las elecciones del ao pasado: un dlar barato que satisfaga las necesidades de viajes, bienes importados y ahorro. Todava no est claro si podr neutralizar esta prdida material concreta agitando el sonajero abstracto de la temida restauracin kirchnerista, bolsos y cuadernos incluidos: si el primer arrepentido produjo una conmocin y el segundo un shock, el dcimo corre el riesgo de terminar saturando. En todo caso, las encuestas confirman que el affaire Gloria no modific sustantivamente las preferencias electorales, que se mantienen tan congeladas como la economa (3).

El ltimo motivo que da cuenta de la relativa calma social es poltico. Frente a un gobierno declinante pero en pie, el peronismo sigue disperso. La perspectiva de una unificacin de todas sus facciones en un solo espacio la idea de una gran PASO parece cada vez ms lejana, y todo sugiere que terminar dividido entre el kirchnerismo y una o dos variantes del peronismo federal-massista. Esta persistente fractura opositora dificulta aun ms las posibilidades de articular polticamente el malestar social que produce la economa macrista, limita las chances de canalizarlo institucionalmente, y empuja a una parte de la sociedad a una posicin de desencanto que podra derivar en la bsqueda de figuras extra-polticas: la hiptesis Tinelli. Mientras tanto, frente a la ausencia de alternativas reales, los argentinos parecen dispuestos a estirar al mximo su paciencia, en una especie de administracin de la desilusin que le permite al gobierno ganar justamente lo que ms necesita: tiempo.

Volvamos al comienzo. El panorama actual, con cierre de empresas y comercios, aumento de la demanda en comedores y merenderos populares, creciente precarizacin laboral y una clase media asfixiada por los tarifazos y la prdida de poder adquisitivo, es negro. Pero la profundizacin de la recesin econmica y el deterioro social no se han traducido en niveles de conflictividad que pongan en riesgo la gobernabilidad; ni siquiera han sido suficientes para forzar a Macri a un cambio de rumbo poltico, por ejemplo mediante un recambio del gabinete que incluya a un sector del peronismo para ampliar la base de sustentacin poltica y asegurar la gobernabilidad hasta las elecciones. Es ms: las encuestas confirman que, aunque por supuesto perdi popularidad, la imagen del gobierno, y la del propio presidente, todava se mantienen en niveles razonables (4). Macri est haciendo casi todo mal pero no es todava Michel Temer.

Concluyamos entonces con un comentario general sobre crisis y estallidos. Como explic en el Dipl Alejandro Grimson (5), los criterios objetivos para definir una crisis econmica (tanta inflacin, tanta recesin), social (tanto desempleo, tanta pobreza) y poltica (tanta legitimidad) deben combinarse con una mirada ms cultural, que d cuenta de la percepcin social de lo que est ocurriendo. Niveles de inflacin que en Alemania se consideraran una catstrofe pueden resultar normales en un pas como el nuestro. La cada de un presidente puede ser leda como un trauma gravsimo o como parte del juego normal de una democracia vibrante. Cundo una sociedad percibe la crisis? Cundo comienza a interpretar su realidad cotidiana en trminos de crisis? Con tres antecedentes dramticos en menos de 35 aos (la crisis de la deuda del final de la dictadura, la hper del 89 y el 2001), la sociedad argentina guarda amplias reservas de tolerancia, como si estuviera dispuesta a elevar el umbral a partir del cual finalmente decide que ha llegado la crisis.

El fantasma de una hecatombe, sin embargo, nunca est conjurado del todo. Contra lo que suele pensarse, las crisis no necesariamente son resultado de la decisin deliberada y consciente de los actores; pueden desencadenarse por una serie de errores de clculo, problemas de comunicacin, tcticas equivocadas. No hace falta que nadie desee una crisis para que sta finalmente explote con su potencial disgregador y destructivo. Como los traumas fundantes de las pelculas de terror hollywoodenses, permanecen agazapadas, a la espera del momento oportuno: s lo que hicieron el diciembre pasado. Las crisis se cocinan silenciosamente hasta que de golpe estallan.

Notas:

1. Fuentes: crecimiento: estimador mensual de actividad del Indec; desempleo: Indec; salario real: clculos de CIFRA-CTA; actividad industrial: Indec; inflacin: estimaciones de Ecolatina; pobreza: pronstico del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

2. Siglo XXI Editores, 2017.

3. Para los encuestadores, los cuadernos tendrn un impacto electoral limitado, La Nacin, 13-8-18.

4. 32,8 por ciento de imagen buena y muy buena segn la consultora Synopsis; 35,9 segn Ricardo Rouvier y Asociados; 38 por ciento segn Poliarqua.

5. La cultura de la crisis, Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur, N 228, junio de 2018.

Fuente: http://www.eldiplo.org/231-estalla/estalla/



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