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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2018

Izquierdas y progresismos: la divergencia vista desde all y desde aqu

Eduardo Gudynas
Hemisferio Izquierdo


Estos son tiempos de perplejidad para muchos. Pocos aos atrs se festejaban los avances de gobiernos de una nueva izquierda en Amrica Latina, pero ahora hay alarma ante sus derrumbes. En esa perplejidad estn inmersos muchos analistas, acadmicos y militantes, tanto en nuestro continente como en el norte global, que en muchos casos resulta de lo que podran describirse como miradas externas que no siempre logran entender las contradicciones y riesgos que existan dentro de nuestros pases.

Es necesaria una pausa, retomar anlisis que vayan ms all de la superficialidad, sean mas precisos en sus conceptos, entiendan y dialoguen con todo tipo de actores, asumiendo las tensiones, los avances y los retrocesos en los procesos polticos.

El reciente especial de Hemisferio Izquierdo sobre Bienes Comunes es una excusa apropiada para un aporte en ese sentido, y en especial la entrevista a Daniel Chvez (1). Este investigador, residente en Holanda y participante del Transnational Institute, reconoce su distancia con los que describe como crticos al desarrollo (entre los que incluye a Pablo Soln de Bolivia, Edgardo Lander de Venezuela, Arturo Escobar de EEUU / Colombia, Maristella Svampa de Argentina, y a m mismo). El cuestionamiento de Chvez apunta a dos componentes de aquella corriente: su crtica acrrima al rol de Estado y su incapacidad de formulacin de propuestas alternativas o superadoras de lo que ellos criticaban, aunque admite que con los aos comprendi que no eran tan cidos y que haban algunas propuestas.

Esa entrevista ejemplifica a la corriente de quienes fueron entusiastas defensores de los progresismos, se resistan a entender las contradicciones y en varios casos cuestionaban a quienes elevaban alertas. Ese tipo de posturas prevalecieron por aos, y al menos desde mi experiencia, entiendo que en parte se originan desde esa postura de un exterior poltico casi siempre, epistemolgico y afectivo muchas veces, y que no lograba reconocer las voces de alerta internas. De esa manera no se detectaron a tiempo los problemas, no se corrigieron muchas estrategias polticas, y lo que es peor, de alguna manera, no advirtieron que con eso germin el regreso de un nuevo conservadurismo en algunos pases. El nfasis en defender a toda costa a los progresismos, la disciplina partidaria o la adhesin poltica acrtica, y los problemas en dialogar con otros actores, seguramente jug un papel importante en la actual debacle. Por esa razn, esta crisis poltica est inmersa en otra crisis ms amplia, una de interpretacin, y que no siempre es reconocida.

Advertencias tempranas

Sin duda los nuevos gobiernos que conquistaron el poder desde 1999, con Hugo Chvez en Venezuela, y que se difundieron en los siguientes aos, como Evo Morales en Bolivia, Lula da Silva en Brasil, Rafael Correa en Ecuador o el Frente Amplio en Uruguay, implicaron una ruptura con el conservadurismo y las posturas neoliberales. Ese cambio recibi amplios respaldos tanto desde zonas rurales como mbitos urbanos.

En una etapa inicial, y en especial desde mediados de los aos 2000, buena parte de los analistas, militantes e intelectuales del amplio campo de la izquierda celebraron cambios como la reduccin de la pobreza o una mayor participacin estatal en las estrategias de desarrollo, especialmente vinculada a la administracin de recursos mineros o petroleros. Esto es entendible. De todos modos, algunos daban unos pasos ms, y sostenan que era prximo el derrumbe de los capitalismos (como se afirmaba al tiempo de la crisis financiera de 2007/8) o que no exista nada a la izquierda de esos gobiernos.

Pero poco a poco comenzaron a elevarse alertas, inicialmente desde algunas minoras y desde localidades rurales (que en varios pases correspondan a comunidades campesinas o indgenas). Muchas de ellas expresaban reclamos ante los efectos negativos de ciertos tipos de estrategias, como la explotacin minera, petrolero o agrcola. Recuerdo que en ao 2007, en el norte de Ecuador, lderes indgenas amaznicos me decan que la contaminacin que ellos sufran era la misma, y nada cambiaba si operaba una empresa estatal o una corporacin transnacional. Esos casos mostraban que el desarrollo se organizaba de diferente manera bajo esos gobiernos pero se repetan problemtica como los impactos sociales, ambientales y econmicos.

Este tipo de circunstancias tambin se registraba en Bolivia y Venezuela, mientras que en Argentina, Brasil o Uruguay, contradicciones anlogas se vivan con la liberalizacin desenfrenada de transgnicos, la avalancha de agroqumicos, y la proliferacin de los monocultivos de exportacin.

Cuando se ubica esa problemtica en un marco conceptual, se puede argumentar que enfrentamos distintas variedades de desarrollo. En unos casos se organiza de modo conservador, con fuerte participacin empresarial y extranjera, tal como ocurra en Chile o Colombia. En otros casos, como Uruguay, Argentina, Brasil o Venezuela, el desarrollo se instrumentaliza en clave progresista, con mayor presencia estatal y un abanico de instrumentos de compensacin, sobre todo econmicos. Pero en todos los casos se compartan ideas bsicas sobre el desarrollo como progreso, crecimiento econmico y subordinacin exportadora del pas como proveedor de recursos naturales.

La obsesin con ciertos parmetros econmicos, incluyendo unas ideas simplistas sobre que el mero crecimiento poda generar excedentes que permitiran reducir la pobreza, haca que incluso aquellos nuevos gobiernos insistieran en profundizar la exportacin de recursos naturales para incrementar sus ingresos.

Eran los tiempos de bonanza de los altos precios de las materias primas, como soja, minerales o petrleo, lo que aliment una notable expansin econmica. Bajo esas condiciones se generaban muchos excedentes, y algunos de ellos eran captados por los Estados para, en parte, compensar a grupos afectados. Por ejemplo, si bien el gobierno Lula prioriz el apoyo a la agropecuaria exportadora, especialmente sojera, esa bonanza le permiti proveer de asistencia a pequeos agricultores y movimientos sociales rurales. No resolvi sus problemas estructurales ni avanz en una reforma agraria, pero apacigu la protesta en el campo. Algo similar ocurri en Uruguay. Esas compensaciones disimulaban desarreglos productivos sustantivos, el desplazamiento de prcticas tradicionales de agricultura familiar, y una creciente lista de impactos sociales y ambientales de la agroindustria. Cuando los precios internacionales cayeron, esa compensacin econmica se resquebraj, regresaron los cuestionamientos y ya no pudieron disimularse los problemas que permanecan sin resolucin.

Los intentos de seguir una senda distinta que podra llamarse un desarrollo de izquierda, que buscara desmontar la dependencia exportadora de materias primas, no fructificaron. Las necesidades de dinero y las tentaciones de aquellos altos precios, reforz el perfil comercial primarizado en todos los pases. La intencin de aumentar la captura de excedentes, como ocurri en la Argentina kirchnerista cuando se elevaron las retenciones a las exportaciones de granos, gener una ola de protestas sociales que forz a un retroceso gubernamental.

Un caso todava ms extremo ocurri en Per, cuando asumi el gobierno Ollanta Humala en 2011 en asociacin con varios partidos de izquierda. Su giro progresista choc a los pocos meses con las exigencias de los sectores empresariales mineros y las necesidades de capital, y al no contar con capacidades para construir una alternativa, termin recayendo en un extractivismo tan conservador, que se rompi su coalicin.

 

Izquierda y progresismo: dos regmenes

Este breve repaso, sin duda incompleto y esquemtico, tiene por finalidad mostrar que esos gobiernos expresaban distintos estilos que de todos modos correspondan a desarrollos capitalistas como proveedores de materias primas. Eso los alejaba de las intenciones defendidas por la izquierda que les dio origen. Las izquierdas latinoamericanas siempre cuestionaron el desarrollo basado en exportar materias primas, y lo conceban como un resabio colonial. El cambio propio de los progresismos es que pasaron a defender esa condicin primero como un xito, y luego como una necesidad. All nace en Uruguay, pongamos por caso, la apuesta sojera y luego la obsesin con buscar petrleo, el coqueteo con el fracking o el sueo megaminero del anterior gobierno.

Estas mismas condiciones se repiten en otros terrenos, y como consecuencia se vuelve necesario distinguir entre izquierdas y progresismos. Otra cuestin distinta es si una izquierda crtica del desarrollo hubiese podido ejercer una autonoma frente a ese tipo de desarrollo bajo las condiciones que padeca Amrica Latina; sin duda esto es discutible. Pero mi punto es que esa aspiracin dej de estar en la agenda concreta y real de esos gobiernos, y por el contrario, organizaron justificaciones y explicaciones para seguir siendo proveedores de materias primas. Esa postura, abandonando ese horizonte de cambio, es uno de los elementos especficos del progresismo, y como se dijo arriba ocurre lo mismo en otras cuestiones. Todo ello expresa un regreso a la defensa del progreso, por momentos en visiones prximas a las de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

El desvanecimiento de aquel impulso inicial de izquierda ocurri de distinto modo y a diferentes ritmos en cada pas. Pero en todos ellos la adhesin al desarrollo convencional jug un papel importante, ya que si, por ejemplo, se persiste en el papel de proveedor subordinado de materias primas, se deben por un lado proteger emprendimientos como minera o petrleo, incluso ante la protesta ciudadana, y por el otro lado, aceptar las reglas de la globalizacin, el flujo de capital y mercancas, y normas como las de la Organizacin Mundial de Comercio (2). La viabilidad de ese tipo de exportaciones requiere asumir casi todas las condiciones del capitalismo global.

Ese tipo de factores terminaron conformando lo que hoy conocemos como gobiernos progresistas. Por lo tanto, izquierda y progresismo son regmenes polticos diferentes. Sin duda que el progresismo no es una nueva derecha ni un neoliberalismo, por ms que a veces as se lo acusa. Pero tampoco es la izquierda original propia de cada pas y del continente. Es tambin exagerado afirmar que estamos ante un final del progresismo (en realidad eso responde casi siempre a una mirada autocentrada de analistas argentinos o brasileos sobre sus propios pases, prestndole poca atencin a lo que ocurre en Uruguay, Bolivia o Ecuador).

La incapacidad de reconocer a los progresismos como un rgimen poltico distintivo y los anlisis incompletos sobre la situacin en cada pas, debe estar jugando papeles importantes en la perplejidad de muchos analistas, tal como se indicaba al inicio de este artculo. En ellos opera una mirada externa que no supo entender los sntomas internos que vienen acumulndose desde hace aos.

Ese tipo de miradas, sean del sur como del norte, no reconocieran esa divergencia, y siguen insistiendo en que gobiernos como los de Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua, son la mejor y genuina expresin de una izquierda, y que adems es latinoamericana y popular.

Afuera y adentro

La asimilacin de los progresismos a una izquierda es esperable por quienes priorizan las adhesiones partidarias, estn atemorizados por un retorno de la derecha o se aferran a un cargo en el Estado. Pero ms all de esos casos, se superponen otros anlisis donde fallaron los vnculos y dilogos con las comunidades locales. Esto no quiere decir que exista mala intencin, pero si es cierto que se desestiman las voces de alerta de ciertos actores.

Siguiendo recorridos como estos, se genera una narrativa sobre el devenir de la nueva izquierda latinoamericana que es sobre todo una construccin intelectual basada en artculos y libros, donde la conversacin discurre entre las citas bibliogrficas. Pero casi no se escucha o entienden las demandas que vienen desde la base ciudadana, especialmente los ms desplazados en sitios marginales, como pequeos agricultores, trabajadores rurales, campesinos, indgenas, etc. (y a pesar que buena parte de ellos fueron clave en que esos partidos ganaran las elecciones).

Posiblemente los ejemplos ms conocidos de ese tipo de posiciones sean los escritos periodsticos de Atilio Born o Emir Sader. Lo mismo ocurre con varios anlisis producidos desde el hemisferio norte sobre lo que sucede en Amrica Latina. Al leer esa literatura, casi toda escrita en ingls, se tiene la impresin que en nuestros pases se viva algo as como un paraso de la liberacin nacional, y que cualquier crtica era mera expresin de conservadores agazapados que intentaban socavar un experimento popular.

Sea en el norte o en el sur, hay analistas que presentan por ejemplo a Jos Pepe Mujica como el apstol del ambientalismo por su discurso en las Naciones Unidas, pero nunca entendieron, ni escucharon, pongamos por caso, a las mujeres de la zona Valentines que alertaban sobre los impactos de sus planes de megaminera de hierro. Lo mismo ocurre en los dems pases (3).

Tambin se deca que los crticos del desarrollo se contentaban con los cuestionamientos pero no ofrecan alternativas. Esa afirmacin es otro ejemplo de la escucha incompleta, ya que las alternativas iban de la mano casi desde un inicio con los cuestionamientos a los extractivismos progresistas. Es ms, ese esfuerzo, conocido como transiciones post-extractivistas, est en marcha desde hace diez aos en los pases andinos y ya avanz hacia otras naciones (4). A diferencia de otras exploraciones, estas alternativas otorgaban especial atencin a propuestas concretas, sean en polticas como en instrumentos, desde reformas tributarias a las zonificaciones territoriales. Pero adems, esa insistencia en opciones de cambio concreto eran en parte esfuerzos para recuperar una izquierda comprometida con la justicia social y ambiental.

Renovacin y races

Tanto dentro de nuestros pases como a nivel global, hay cuestionamientos al capitalismo global, como los de David Harvey, y defensas de los progresismos criollos, como las de Atilio Born. Todas ellas pueden tener elementos valiosos. Pero esas miradas a su vez confunden capitalismo con desarrollo, y progresismo con izquierda, y por ello tienen dificultades para entender la crisis actual y para proponer alternativas. Estn muchas veces restringidas a los manuales y declogos polticos europeos o norteamericanos, y no son interculturales.

Constituyen ejemplos de ese afuera donde no aparecen los matices o voces interiores, como las de indgenas o campesinos, las de los jornaleros informales en los campos de soja bolivianos, o las de las negras colombianas que resisten la minera de oro. De ese modo, esa exterioridad pierde lo especficamente latinoamericano que se esperara en una crtica desde nuestro continente. Los anlisis de coyuntura se han debilitado, y se escapan las particularidades nacionales y locales.

As se termina confundiendo al progresismo con la izquierda. Del mismo modo, se esquiva el espinoso anlisis de cules son las responsabilidades de esos progresismos en generar el nuevo conservadurismo que ahora se observa, por ejemplo, en Argentina o Brasil (5). Entonces, no puede sorprender la perplejidad ante la actual crisis.

Una postura muy distinta es la crtica que se hace desde el adentro, y que podra describirse como enraizada, para tomar una imagen del colombiano Orlando Fals Borda (6). En lugar de excluirlos, se busca un dilogo con las alertas, las visiones o los reclamos locales, especialmente con quienes son directamente afectados por el desarrollo o usualmente marginados cultural y polticamente. Es un adentro que acepta la interculturalidad, respetando otros tipos de saberes y otras sensibilidades ante el mundo social y natural. Sin duda habr posiciones distintas, acalorados debates, y otro tipo de contradicciones, pero ser una construccin ms cercana a nuestras circunstancias. Por todo esto, una renovacin de lo que sera unas izquierdas que estn ajustadas a Amrica Latina y al siglo XXI, deben estar social y polticamente situadas, dialogar con todos los actores y sus saberes, y entender los contextos histricos y ecolgicos.

* Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecologa Social (CLAES), en Montevideo.

Notas

1) "El Estado tiene un papel muy importante que asumir en Amrica Latina, pero tambin ya es ahora de que la izquierda de la regin abandone la aosa visin estado-cntrica y que se abra a perspectivas como las de los comunes". Entrevista a Daniel Chavez, Hemisferio Izquierdo, 26 Julio 2018, https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/07/26/El-Estado-tienen-un-papel-muy-importante-que-asumir-en-Am%C3%A9rica-Latina-pero-tambi%C3%A9n-ya-es-ahora-de-que-la-izquierda-de-la-regi%C3%B3n-abandone-la-a%C3%B1osa-visi%C3%B3n-estado-c%C3%A9ntrica-y-que-se-abra-a-perspectivas-como-las-de-los-comunes-entrevista-a-Daniel-Chavez

2) Tan solo a modo de ejemplo sobre los debates acerca de los progresismos, entre las primeras alertas se destaca: El sueo de Bolvar. El desafo de las izquierdas Sudamericanas, por M. Saint-Upry, Paids, Barcelona, 2008. Ms recientemente, ver distintas opiniones en:

El correismo al desnudo, A. Acosta (ed), Montecristi Vive, Quito, 2013.

Mito y desarrollo en Bolivia: el giro colonial del gobierno del MAS, por Silvia Rivera Cusicanqui, Plural, La Paz, 2015.

Rescatar la esperanza. Ms all del neoliberalismo y el progresismo, por varios autores, Entre Pueblos, Barcelona, 2016.

As contradies do Lulismo. A que ponto chegamos?, por A. Singer e I. Loureiro (orgs), Boi Tempo, So Paulo, 2016.

3) En el caso de Uruguay se vaticinaba que la llegada del Frente Amplio lanzara un nuevo modelo de desarrollo, y ms all de la ambigedad sobre el significado del trmino modelo, es evidente que eso no ocurri. Vase sobre esa prediccin: Tercer Acto. La era progresista. Hacia un nuevo modelo de desarrollo, por A. Garc y J. Yaff, Fin de Siglo, Montevideo, 2055.

4) Distintos documentos sobre alternativas a los extractivismos y al desarrollo en el sitio www.transiciones.olrg

5) Una ilustracin de esa problemtica resulta de comparar dos libros del politlogo argentino Jos Natanson: en 2008 prevaleca un cierto triunfalismo con lo que denomin como nueva izquierda, y en 2018 se analizan algunas razones del colapso kirchnerista y el triunfo del macrismo.

La nueva izquierda. Triunfos y derrotas de los gobiernos de Argentina, Brasil, Boolivia, Venezuela, Chile, Uruguay y Ecuador, Debate, Buenos Aires, 2008; Por qu? La rpida agona de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de una nueva derecha, Siglo XXI, Buenos Aires, 2018.

6) Hacia el socialismo raizal y otros escritos, por Orlando Falsa Borda, CEPA y Desde Abajo, Bogot, 2007.

Fuente:https://www.hemisferioizquierdo.uy/


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