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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

Desfachar Espaa

Rosa Ana Alija
mientras tanto


Les voy a contar una ancdota estival de una persona muy cercana que no tiene vctimas del franquismo en la familia ni corri delante de los grises. Es un maestro jubilado de un pueblo del interior de Espaa con un marcado compromiso social, que cree en el trabajo bien hecho para que todos vivan mejor (y no para enriquecerse obscenamente a costa de los dems) y sobre todo ha acumulado un hartazgo considerable de ver cmo en este pas unos cuantos se arrogan el derecho de convertir en desheredados a otros muchos. El da que el Consejo de Ministros aprob el decreto-ley destinado a modificar la Ley de Memoria Histrica y permitir la exhumacin de Franco del Valle de los Cados, esa persona lea las noticias. Y en estas solt en voz alta: El PP dice que la medida es una desfachatez. Tienen razn. Es una desfacha-tez. Semejante calificacin haba salido de la boca del portavoz adjunto del PP en el Congreso de los Diputados, Guillermo Mariscal. En opinin de este, al decidir la exhumacin de los restos del dictador, Pedro Snchez se dedicaba a "quebrar la convivencia" entre los espaoles. Otra vez los populares a vueltas con el discurso guerracivilista, apocalptico, amenazante.

La temperatura sofocante de este verano ha proporcionado el escenario perfecto al fascismo patrio para ponerse cara al sol que ms calienta. Y con orgullo. Casi dos centenares de militares por suerte retirados han firmado un manifiesto titulado "Declaracin de respeto y desagravio al general Francisco Franco Bahamonde, soldado de Espaa" donde se defiende la figura militar del Caudillo, se justifica el golpe de Estado al gobierno democrtico (no calificado as en ningn momento; al contrario, se ensalza que Franco asumiera la responsabilidad que le entregaron sus compaeros de Armas para ejercer el Mando nico de la Espaa agredida y asediada por el comunismo internacional aceptado y adoptado por el Frente Popular) y se cuestiona la veracidad de las atrocidades cometidas por el franquismo en la posguerra, en los siguientes trminos: De los aos posteriores a la contienda, se cuentan ahora sucesos que sacuden la sensibilidad de los ms fuertes. Incluso aquellos que puedan atribuirse a hechos reales, se les matiza [sic] con episodios faltos de autenticidad y se esquiva la situacin del momento en que acaecieron con el fin de criminalizar cualquier actitud por justa que fuera. Das despus de su publicacin, OKdiario suba a 600 el nmero de firmantes.

Los militares defienden que estn ejerciendo su libertad de expresin, si bien a aquellos en la reserva esto les pueda costar una sancin, al estar an sometidos al rgimen de las Fuerzas Armadas. Lo curioso es que nadie parece plantearse que todos ellos podran estar rozando un delito comn, en concreto el previsto en el artculo 510.1.c) del Cdigo Penal. Dice dicho artculo que sern castigados con una pena de prisin de uno a cuatro aos y multa de seis a doce meses: [quienes] pblicamente nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan los delitos de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado, o enaltezcan a sus autores, cuando se hubieran cometido contra un grupo o una parte del mismo, o contra una persona determinada por razn de su pertenencia al mismo, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideologa, religin o creencias, la situacin familiar o la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nacin, su origen nacional, su sexo, orientacin o identidad sexual, por razones de gnero, enfermedad o discapacidad, cuando de este modo se promueva o favorezca un clima de violencia, hostilidad, odio o discriminacin contra los mismos.

Puesto que este artculo no se ha aplicado a quienes van soltando afirmaciones del calado de las contenidas en el mencionado manifiesto, habr que preguntarse las hipotticas razones. Vamos a considerar algunas:

Primera hiptesis: Que los crmenes franquistas no sean crmenes de guerra ni/o crmenes contra la humanidad. Sin embargo, durante la guerra civil, el bando franquista atac a civiles obviando la distincin bsica en un conflicto armado entre combatiente y no combatiente y perpetr un sinfn de atrocidades de manera sistemtica o generalizada contra la poblacin civil una vez terminada la contienda, por razones ideolgicas, aunque no solo (a no olvidar, por ejemplo, la persecucin a homosexuales). Estos comportamientos constituyen crmenes de guerra y crmenes contra la humanidad de libro. Si se quiere, es discutible que entre el 36 y el 39 el Derecho internacional hubiera tipificado los crmenes de guerra cometidos en un conflicto armado. Por el contrario, el Tribunal Militar Internacional de Nremberg marc como fecha clave para apreciar la comisin por los nazis de crmenes contra la humanidad el 1 de septiembre de 1939. De acuerdo, el Tribunal parti de su conexin con un conflicto armado, pero ya en diciembre de 1945 la Ley n 10 del Consejo de Control Aliado suprima la necesidad de dicho vnculo. Si se toma 1945 como ao de referencia, buena parte de la brutal represin en la posguerra (incluido el llamado trienio del terror) y la sistemtica persecucin de elementos molestos durante la dictadura encaja en la tipificacin internacional de los crmenes contra la humanidad.

Que las prcticas represivas del franquismo sean consideradas actitudes justas y no merezcan el mayor de los reproches resulta un hecho de una gravedad sin par, sobre todo viniendo de quienes han formado parte de una institucin pblica. Lo peor es que esa trivializacin de lo ocurrido durante la dictadura parece ser moneda comn incluso entre la clase poltica. Que estos crmenes no fueran castigados por obra y gracia de la ley de amnista no altera en nada su naturaleza, pero parece claro que s ha distorsionado la percepcin que todava impera en algunos sectores de la sociedad espaola. Leccin que deberamos aprender: la impunidad hace que los crmenes ms graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto (palabras del prembulo del Estatuto de la Corte Penal Internacional) sean percibidos por algunos como una cosa menor.

Segunda hiptesis: Que se entienda que estas opiniones son privadas, que no han tenido un nimo de trascender a la esfera pblica. Obviamente, no es necesario hacer demasiado trabajo de investigacin para descartar esta hiptesis. Al margen de la publicidad del sealado manifiesto, que desde luego no se ha redactado para ser ledo entre colegas en una fiesta, o en torno a la mesa de un bar, o alrededor de una hoguera campestre, no han faltado en los ltimos aos declaraciones hechas por polticos del PP que trivializan gravemente los efectos que para las vctimas han tenido estos crmenes. Para desfachatez veraniega la de Rafael Hernando diciendo que se haba pasado cuatro pueblos con las vctimas del franquismo cuando solt aquello de que algunos solo se acordaban de su padre cuando haba subvenciones. Exabruptos en medio del fragor de la batalla poltica? Si lo ven as, la pregunta es si no son capaces de medir la gravedad de lo ocurrido y la perduracin de sus efectos ante la pasividad de varios gobiernos. Y, encima, luego andan acusando a otros de hacer un uso poltico del pasado, cuando son los primeros en tratar de obtener rditos mediante el desprecio a las vctimas del franquismo.

La normalizacin en el discurso poltico de los ataques a estas alcanza unos niveles en este pas que seran inimaginables en otras democracias (s, el ejemplo de Alemania est muy manido, pero es altamente ilustrativo). Total parece decirnos cierta clase poltica, si las vctimas ya aguantaron carros y carretas durante cuarenta aos de dictadura, por qu no iban a seguir aguantando afrentas cuarenta aos ms. Ya se les dieron indemnizaciones, esa es la va para la reparacin (idea-fuerza del discurso de Eduardo Zaplana durante el debate de la Ley de Memoria Histrica en 2007). La convivencia en Espaa no se quiebra porque desprecien su sufrimiento. Por lo que parece, solo se quiebra cuando se toman medidas que, al reconocer su condicin de vctimas, subrayan que alguien cometi crmenes, o cuando hay una iniciativa que, en ltima instancia y dicho sin ahorrar sarcasmo, ajusta la realidad al proyecto de Franco de disponer de un monumento a los cados en la guerra civil. Por si no queda claro, Franco muri en el 75, no entre el 36 y el 39, as que no est en el sitio adecuado. Por esa y por muchas otras razones.

Tercera hiptesis: Una tercera hiptesis es que la pblica negacin, trivializacin grave o exaltacin de los crmenes del franquismo no promueva o favorezca un clima de violencia, hostilidad, odio o discriminacin contra los miembros de un grupo. Vamos a pensar que la madurez democrtica de este pas permite expresar tales opiniones sin que ello se traduzca en un clima de violencia, hostilidad u odio, aunque el descaro con el que de un tiempo a esta parte acta la ultraderecha permita ponerlo en duda. Pero lo que no parece discutible es que esta corriente de desprecio a las vctimas del franquismo por parte del gobierno precedente ha provocado una situacin de discriminacin con respecto a otros colectivos de vctimas, en particular las del terrorismo. Habr quien diga que esto es una exageracin y que a las vctimas del franquismo nadie les niega el disfrute de los derechos fundamentales reconocidos en la Constitucin. Frente a este argumento, baste recordar que el artculo 15 de la Constitucin reconoce el derecho de todos a la integridad fsica y moral. Que las vctimas del franquismo se tuvieran que tragar su sufrimiento durante la dictadura para evitar males mayores no quiere decir que haya desaparecido. El trauma no se borra con indemnizaciones, como sealaba en 2012 el presidente de la Asociacin de Ex Presos Sociales.

Conclusin

No hace falta rascar mucho para que salga la ptina franquista debajo de la capa de pintura demcrata que muchos se aplicaron en la transicin para salir bien maquillados en la foto. Los gobiernos previos a Zapatero se la fueron retocando, a ver si colaba el pacto de la transicin y las vctimas del franquismo seguan callando mientras esperaban que en la democracia se les restituyera su dignidad. Pero mucho (demasiado) llovi, y la lluvia se lleva la pintura. La Ley de Memoria Histrica fue un paso tmido y a todas luces insuficiente para que en este pas se recuerde el perodo franquista con vergenza y no con nostalgia. Reconocer a las vctimas sus derechos mientras se trata de salvar el falaz discurso de la reconciliacin que le ahorr al franquismo la etiqueta de criminal no sirve de nada. El PP se pregunta dnde est la urgencia que justifique ahora, despus de cuarenta aos, un decreto-ley para sacar a Franco de su tumba. Es urgente porque, aunque se haya intentado eliminar el olor a sangre de los muertos del dictador con unos manguerazos, el fascismo an apesta en Espaa, y mientras el pudor no le agache la cabeza solo estaremos dando palmaditas en la espalda a las vctimas. El objetivo lo dej claro Jos Antonio Labordeta en su intervencin durante el debate sobre la Ley de Memoria Histrica en el Congreso: queremos que todos los heridos de la guerra sean de una vez caballeros mutilados, y no que los que defendieron la legalidad republicana sean putos rojos, y que hoy, vspera de difuntos, a todos los familiares de todos aquellos que fueron asesinados en las cunetas y en las tapias de los cementerios durante la dictadura les llegue una paz verdadera al sentir reparada en parte no del todo su brutal injusticia. Empezar por quitarle fsicamente al dictador su lugar de honor en la sociedad espaola es el primer paso. Que no sea el ltimo, porque queda mucho trabajo que hacer por estos lares para corregir la injusticia histrica y para desfachar el pas.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-171/notas/desfachar-espana



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