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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

De memoria y de luchas que no tienen como objeto la memoria

Antonia Garca Castro
Rebelin


Cuando hace ya muchos aos, sin saber que morira en un campo de concentracin, Maurice Halbwachs (1877-1945) intentaba pensar la memoria, en tanto socilogo, nos daba algunas claves para pensar tambin nuestra tragedia. La tragedia que nos sigue sucediendo. La tragedia de la que seguimos siendo protagonistas. La tragedia que nos estamos legando de generacin en generacin y que, aunque terrible, puede ser peor. La tragedia que tiene que ver, entre otros, pero de manera crucial con la desaparicin de los grupos con los que aprendimos a pensar el mundo, sus reglas, sus injusticias, pero tambin el rol que cada uno de nosotros poda desempear ah, aqu, sabiendo que todo es construccin, que nada es ley divina y que, por lo mismo, cabe y es preciso transformar. Transformar el mundo, lo sabamos, antes de ser anhelo fue necesidad. Condicin de supervivencia. Pero, tambin, bsqueda y esperanza de otras formas de vida.

Deca Halbwachs analizando la familia como marco social de la memoria es decir, tanto la manera en que la pertenencia a una familia influencia nuestros recuerdos, como aquellos hechos que solo son relevantes dentro de una familia y detenindose en lo que ocurre con los muertos. Los muertos que durante cierto tiempo son recordados y nombrados, y que luego, a medida que el tiempo va pasando, desaparecen ya del todo.

Una desaparicin reciente, dice Halbwachs, solo produce a la larga sus efectos. Por lo dems, incluso si toda mi familia se hubiera apagado, quin sabe si no me encontrara con parientes desconocidos, o personas que conocieron a mis padres, y para quienes esos nombres, esos apellidos podran tener todava un sentido. Al contrario, a medida que los muertos retroceden en el pasado, si sus nombres caen poco a poco en el olvido, no es porque se alarga la medida material del tiempo que los separa de nosotros sino porque no queda nada del grupo dentro del cual vivan (la traduccin y el subrayado son nuestros).

El socilogo se est refiriendo a la familia que conformamos madre, padre, hermanos, abuelos, tos pero quizs no sea un abuso sostener que el razonamiento es vlido para las familias polticas. En particular para las familias polticas que, en siglos pasados, se obstinaron en enfrentar a los grupos dominantes y reivindicaron derechos para quienes hasta ese momento no los tenan ni eran concebidos como sujetos de derecho. Para los trabajadores ms humildes. Para los sectores marginados de la sociedad.

Un tipo de familia poltica herida a muerte a fines del siglo pasado y que, ms all de tal o cual logro valorable, no logra hoy entrar en batalla ni menos impedir los avances del rgimen neoliberal (un nuevo rgimen; un rgimen poltico para el que carecemos de palabras todava y que conjuga las reglas formales de la democracia con la brutalidad de la dictadura cada vez que los intereses de los sectores dominantes estn en juego o cada vez que se estima necesario demostrar quin manda aqu porque, para reprimir, siempre hay Estado por muy neoliberal que se sea). Un tipo de familia poltica, esto es lo que se quisiera resaltar, a la que pertenecan gran parte de los ejecutados polticos y de los detenidos desaparecidos, como tambin los presos polticos y los exiliados. El gran conjunto de la familia poltica que, en Chile, con dificultades, con matices, con diferencias respecto a los modos de lucha, expres su voluntad de un pas para los pobres tambin, otra distribucin de las riquezas, y que fue avasallada tras el golpe de Estado.

Sola Sierra, presidenta de la Agrupacin de Familiares de Detenidos Desaparecidos, desde su fundacin (1975), hasta su muerte (1999), supo ser enftica en este tema. Subray el hecho de que el motivo de la persecucin de aquellos que, dentro de algunas familias chilenas son seres queridos, no se deba al hecho de pertenecer a esa familia sino a otros grupos de carcter poltico. Y las palabras que ella elige deberan estar escritas en grande en algn sitio no para rendir homenaje sino para que nos ayuden a pensar a comprender de qu estamos hablando cuando invocamos a nuestros muertos y nuestra vida. Dnde estn faltando. En qu lugares de la sociedad dejaron un vaco.

Nosotros los amamos porque eran los que eran. Los amamos porque eran libres en sus ideas, justos en sus determinaciones, ecunimes. Los amamos porque eran dirigentes de los partidos polticos populares, porque eran dirigentes sindicales, sociales, porque eran profesionales motivados por los cambios y por la vida nueva y por la vida. Las razones que nos motivaron a amarlos, as como los amamos, fueron exactamente las razones que otros tuvieron para hacerlos desaparecer.

(Conmemoracin de la 10 Semana Internacional por los Detenidos Desaparecidos. Intervencin de Sola Sierra, 27 de mayo de 1990).

Que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos enfatice la muerte y la calidad de vctimas de estas personas es acorde a la misin que recibi en un momento especfico de la coyuntura poltica en Chile. Que algunos personeros de la derecha usen sus puestos pblicos y sus tribunas para agraviar a los sectores que estiman ser adversarios es doloroso, la manera en que lo hacen es inaceptable, pero tambin es acorde. Acorde con lo que ha sido la poltica de los diferentes gobiernos elegidos en Chile desde 1989 en adelante: una poltica que autoriz los espacios de memoria para las vctimas en tanto vctimas (ejecutados, desaparecidos, es decir en tanto muertos), mientras se buscaba espacios paralelos por fuera de las instancias judiciales para elaborar cuotas de verdad, es decir para no juzgar, para garantizar impunidad a los responsables de los crmenes cometidos y neutralizar, serenar y ojal acallar a las vctimas vivas (y votantes); una poltica, que habiendo intentado e intentando todava proteger a los responsables y a los sectores sociales, econmicos que los apoyan, desarrolla y profundiza un modelo de pas impuesto por estos mismos responsables y sus aliados, un modelo de pas que es exactamente lo contrario de lo que defendan esos hombres y mujeres muertos, ejecutados, desaparecidos. Luchadores anti-capitalistas. Todava hoy agraviados. Tambin en la invisibilizacin de su diferencia. De sus ideas. De sus valores. De sus conductas. Irreductibles. No reconciliadoras. Hechas para generar conflicto. Hechas para molestar. Hechas para no generar consenso si consenso es plegarse a la razn de los poderosos, dueos del pas, hoy neoliberales. Hechas para cuestionar en profundidad los privilegios de les sectores dominantes. Razn por la cual estos mismos decidieron mandarles un ejrcito y movilizar todo lo que este pas, y otros pases, manejaban como saber acumulado en luchas anti-subversivas.

Pero no solo los canallas piensan, habra que hacerlo saber. Sera realmente importante determinar qu ocurri en nuestro pas pero no es un problema chileno en las ltimas dcadas del siglo XX, saber cmo y porqu esa gran familia poltica, familia rica, compuesta por muchos grupos, no dej herederos. Por qu, a pesar de los mltiples intentos, y los esfuerzos patentes de tantos jvenes y menos jvenes chilenos, no se abren los espacios desde donde podra surgir no un iluminado no un lder no un elegido rodeado por su corte sino un autntico esfuerzo colectivo por disputar razones, formas de pensar y de hacer poltica. Lo que incluye una reflexin sobre los escenarios. Un esfuerzo tambin capaz de repensar lo colectivo; qu es lo que hoy, en nuestra sociedad, puede ser colectivo (adems de la desdicha), qu es lo que hoy en esta sociedad se puede oponer al slvese quin pueda. Una tarea que no puede ser ni de un individuo ni de un grupo que solo tenga fines electorales porque no se trata de ganar elecciones como bien lo muestran los ltimos 28 aos en Chile. Qu hicieron tantos demcratas con las elecciones que ganaron? Asumieron como propio con los correspondientes matices el programa econmico de la dictadura. Y aqu estamos. Sin un diagnstico certero respecto al mal que nos aqueja. Diagnstico que tampoco ha de venir de un iluminado. (Ya sera un aporte si el siglo XXI, que nos ha despojado de todo, nos despojara de paso, de la idea que hace falta un mesas, sea del gnero que sea). Un diagnstico que quizs solo puede nacer de la voluntad conjunta de reconocerse, encontrarse y revisar. Todo. Especialmente lo ms doloroso. La parte que nos incumbe. La parte en que el sistema que nos domina nos incorpora. Ser que no hay forma de ruptura posible? Y si el margen de accin, el margen de libertad, es muy pequeo, mirando de ms cerca, qu tan pequeo?

De ah tambin que los distintos ataques que en estos das la derecha ha realizado, en Chile, dirigido a instancias que se presentan de una u otra manera como ligadas a espacios de memoria de sectores de la sociedad que tambin se definen, por lo menos algunos de ellos, como de izquierda, sean tanto ms avasallantes. Los grupos que estn detrs de esos ataques, no son grupos de memoria de derecha. No son prioritariamente grupos que defienden una memoria de derecha, o prioritariamente grupos que defienden una visin de la historia de derecha. No. Son grupos de derecha. Y punto. A secas.

 

 

P.D.: nada de lo dicho debe leerse como un llamado a salvar estructuras polticas debilitadas, ya sea porque fueron tan perseguidas que nunca pudieron reponerse, ya sea porque no pudieron sobrevivir a sus propias contradicciones y/o porque decidieron pasar por alto actos y actitudes indignas de los principios que decan defender, indignas de muchos de sus militantes y de su propia historia. Podemos sobrevivir a la destruccin de esas estructuras pero no de toda estructura ni menos dejar a la derecha a secas ser el nico agente de cambio y seguir cumpliendo con sus promesas que para nosotros son amenazas de gobierno. En esta lgica, los grupos que s se han constituido como grupos de memoria en torno a la figura de hombres y mujeres que fueron luchadores tienen un rol fundamental frente a la infamia pero no tienen vocacin a substituirse a otros colectivos a los que tambin pudieron pertenecer sus integrantes en otras coyunturas histricas, ni menos a sostener solos la lucha anti-capitalista, la lucha anti-neoliberal que los grupos polticos de izquierda en vas de desaparicin ya no estn conduciendo.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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