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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

La trampa de la diversidad o los efectos de la deconstruccin de la clase trabajadora

Vctor Muia Fano
La Soga


A finales de abril, Akal public La trampa de la diversidad de Daniel Bernab. El escritor y periodista fuenlabreo se convirti entonces en el centro de un pequeo huracn meditico, magnificado por las corrientes de aire caliente de las redes sociales. La polmica parece aadir contenido a la propia obra, encareciendo el precio a pagar por tratar de localizar el pensamiento progresista entre de los muros de su propio laberinto.

En realidad, ni el lector ms crtico puede negar que el texto de Bernab ofrece algunas claves que merecen toda nuestra atencin. De hecho, La trampa de la diversidad ahonda en un discurso que est reclamando con todas sus fuerzas superar discusiones y saltar a la primera plana meditica, impulsado por diversos pensadores y militantes de izquierda . Este tipo de trabajos, no obstante, chocan frontalmente con la polmica que siempre suscitan las crticas de las polticas de la diversidad, especialmente aquellas que las relacionan con la desaparicin de la conciencia de clase y la accin colectiva. Desde la publicacin del libro de Bernab, algunos de sus lectores y muchos internautas han discutido sobre la evolucin del pensamiento progresista; sobre su reciente deriva y su posible transformacin en una trampa para la propia izquierda. A la luz de algunos movimientos telricos en la red, el fondo del debate ha quedado sepultado por su forma.

Irnicamente, esa es una de las denuncias del propio Bernab, que en La trampa de la diversidad traza un recorrido histrico que por momentos se antoja inapelable y le lleva a afirmar categricamente que, sin lugar a dudas, el nfasis en la diferencia ha cortado las alas del progresismo. No obstante, aunque su argumentacin y la pasin de sus razonamientos son necesarios, cabe preguntarse si, como sociedad, estamos preparados para asumir sus ltimas conclusiones. Su hiptesis y las reacciones que ha suscitado alumbran por tanto una nueva pregunta: si la diversidad es una trampa, estamos listos para salir de ella sin arrancarnos la piel a jirones?

Montando la trampa

Por qu es tan habitual que se analicen las tendencias del voto de hombres y mujeres, de blancos y negros, pero ya nunca se comparan las preferencias electorales de ricos y pobres? Por qu los polticos de izquierda han asumido un repliegue ideolgico evidente, mientras en las zonas obreras aparecen eslganes de grandes superficies que se proclaman orgullosas de su barrio? Con preguntas as de simples, pero certeras, arranca el recorrido histrico con el que Bernab cimenta su trampa de la diversidad; un concepto para el que establece un hito fundacional, si no cronolgico, desde luego muy significativo: el encendido pblico de la antorcha de la libertad por parte de un grupo de feministas norteamericanas que escogieron como smbolo de su emancipacin un cigarrillo. Conscientes o no de ello, en aquel momento estaban haciendo suyos los objetivos de una campaa publicitaria de la gran industria tabacalera. De este modo, en el origen de la presunta trampa de la diversidad, se encuentra contenida una de sus claves: quin gan y quin perdi en aquella pequea gran historia?

Ganaron, por supuesto, los empresarios que lograron ampliar su mercado; perdi probablemente, la clase trabajadora, una parte de la cual adquiri un hbito ciertamente nocivo, dando un paso ms hacia una cultura del consumo absurda; y, sin embargo, tambin ganaron las mujeres. Mujeres de diversa clase y condicin que, de repente, se arrogaron el derecho de salir a la calle y fumar si les daba la gana. Y, si bien esto no debe impedirnos ver un posible debilitamiento de la categora de clase, conviene no olvidar que antes no podan hacerlo. Bernab, desde luego, no lo hace; pero la perspectiva de su anlisis le obliga a relegar algunos aspectos de las polticas de la diversidad a un segundo plano y ello ha privado a su trabajo de la acogida que probablemente merece entre ciertos sectores.

El gran tema de fondo de La trampa de la diversidad es, por tanto, el fin de la Modernidad y el comienzo de lo que vino despus: el paso del ser humano universal a las gentes, en plural; de una idea de progreso comn (y que, segn sus crticos, exclua a demasiados grupos oprimidos), a los combates particularsimos de diversos colectivos (y que, segn sus crticos, se resuelven imponiendo sus intereses sobre el conjunto de la sociedad). Siguiendo esta tesis, esta evolucin fue destruyendo la accin poltica colectiva hasta que las fuerzas progresistas exageraron la dimensin poltica de lo personal, cometiendo el error de suponer que la agregacin de sucesivos cambios individuales era suficiente para alcanzar transformaciones globales. Algo que jams habra aceptado el movimiento obrero que fue hegemnico durante buena parte del siglo XX, consciente de su nexo con lo colectivo y, por tanto, siempre vigilante de los resortes del poder estatal como garante de la proteccin de sus intereses de clase.

De hecho, fue durante el repliegue de la izquierda hacia lo particular cuando llegaron al poder dos de los protagonistas, ellos s, individuales de esta historia: Margaret Thatcher y Ronald Reagan . Ambos afirmaron que el verdadero problema de sus sociedades era el propio gobierno (y hoy, a la vista del legado de los suyos, cabra preguntarse si estaban en lo cierto). El desmantelamiento de lo pblico en general y del estado de bienestar en particular, fue la gran estrategia que desplegaron para recuperar el peso econmico y poltico que las lites haban perdido tras dos guerras mundiales . Con el papa Juan Pablo II como gran aliado, el neoliberalismo impuso progresivamente la idea de que cada uno deba aprovechar sus ventajas comparativas para potenciar su capacidad de ostentacin, nico vehculo capaz de llevarnos hasta la tierra prometida de la clase media. Un concepto aspiracional que, por su propia naturaleza, es dctil, tiene unos lmites difusos. Ms tangibles fueron, en cambio, los efectos de su aparicin: con su llegada, los trabajadores perdieron su orgullo de clase y comenzaron a sentir el estigma de ser los parias de la sociedad, convirtindose en blanco fcil para el marketing comercial y poltico. Disciplinas que, junto a la propia debilidad de lo pblico, nos han trado de la mano hasta el siglo XXI. Aquel en el que cuenta ms el conflicto identitario, con el que resulta sencillo identificarse, que el colectivo, que desde luego nos afecta pero en ningn caso nos hace sentir especiales.

Atrapados por nuestras aspiraciones personales

Desde el limbo en el que vivimos, anhelando una capacidad de consumo que nunca alcanzaremos plenamente; atrapados en el deseo de la promocin social, miramos hacia arriba a travs de los catalejos electrnicos que sustituyeron al automvil: con nuestros dispositivos mostramos a los que tenemos cerca, y tambin a los que estn lejos pero nos siguen, nuestro progreso por el camino del triunfo. Para avanzar, bien lo sabemos, no solo hay que esforzarse, sino que tambin hay que luchar contra las aspiraciones ajenas. Muchos estn incluso dispuestos a propiciar el descalabro de algn semejante, porque los ms ambiciosos son, en realidad, los ms adaptados. Es algo que nos recuerdan diariamente los reality shows que vemos, algunos incluso protagonizados por nuestros nios. Cuanto antes obtengan las herramientas de la victoria propia y la derrota ajena, mejor que mejor.

En la vorgine de una sociedad cuyo motor es el enfrentamiento continuo de sus miembros, buscamos almas gemelas que nos acojan y las encontramos, precisamente, en los espacios que nosotros mismos creamos consumiendo: en las redes sociales, en las series de televisin En sus ficciones hay lugar para los problemas de casi cualquier colectivo, por singulares que resulten. Mientras tanto, los miembros de la clase trabajadora han desaparecido de la vida pblica o, peor an, mantienen una exigua cuota de pantalla para recordarnos que su objetivo en la vida es medrar y dejar de ser lo que son. De la escasez en la que millones de personas desarrollan sus vidas, no queda rastro.

Bernab se esfuerza en explicar cmo esta situacin es fruto, en buena medida, del trasvase de las estrategias comerciales hacia el mbito de la poltica. Sin duda, el mantenimiento de la trampa de la diversidad exige que, tambin en este terreno, nos importe ms el continente que el contenido. La clave de este proceso reside en el mecanismo que hizo que nuestro deseo de individualizacin y diferenciacin solapase radicalmente nuestras reivindicaciones polticas colectivas.

Huyendo de las teoras de la conspiracin y del influjo los think tanks (cuya existencia, no obstante, tambin considera en su anlisis), Bernab seala en una de las explicaciones ms clarificadoras de su trabajo cmo la ficcin de la pertenencia a la clase media conquist los medios de comunicacin y el relato cultural, hasta que el discurso pblico comenz a dar forma a una sociedad hasta entonces irreal. As llegamos al presente de la caverna meditica , en la que anhelamos parecernos a las sombras que nosotros mismos proyectamos (nuestros famosos, nuestros sueos), mientras nos sentimos esencialmente solos.

Cuando todos comenzamos a tirar de nuestro propio grillete, olvidamos progresivamente el esfuerzo colectivo por romper la cadena que nos une. As llegamos a la batalla de la representacin de nuestras infinitas identidades. Un escenario en el que el liberalismo se encuentra cmodo, porque entre tanta discusin es imposible hablar de las condiciones materiales de una mayora de la poblacin que, para la izquierda, ya no opera como categora. De hecho, sus intensos debates lingsticos, ignorando el sustrato comn de sus potenciales votantes, han dejado espacio para el resurgir de la reaccin: de nuevo tenemos sobre la mesa las ideas ms retrgradas jams conocidas, presentadas ahora por sus defensores como rebeldes, contrahegemnicas e inconformistas, frente a la deriva de una izquierda obsesionada con la integracin de una personalidad fragmentada.

Bernab se defiende preventivamente de algunas crticas que ha recibido y realiza un esfuerzo para poner en valor las polticas simblicas y representativas que surgieron a raz de la dcada de los 60. El problema, en su opinin, vino cuando estas se desligaron de la lucha por la obtencin de ciertas condiciones materiales para el comn de la sociedad. Su crtica, por tanto, denuncia que, ante el protagonismo de nuestra diversidad, hemos abandonado el activismo colectivo.

La trampa que esboza tiene, por tanto, slidos muros: con la bandera del socialismo pisoteada por un discurso que exagera sus peores defectos, con la izquierda enfrentada en batallas identitarias que la alejan de lo material y con el fascismo llenando las trincheras abandonadas por el progresismo, la derecha se queda buena parte de los anhelos de la clase trabajadora, haciendo imposible cualquier alteracin electoral del escenario. No es de extraar que, en este contexto, la frustracin est reencontrando vas de expresin como el machismo y la xenofobia. Pero, si bien el anlisis de Bernab parece intachable, cmo podemos salir de la trampa? Y, si somos capaces, cul sera el precio a pagar?

Bernab esboza la dificultad de la tarea mientras comienza a cerrar el crculo de su reflexin, lamentando el paso atrs de la izquierda en el terreno de la cultura popular, hoy preada de neoliberalismo y aplaudida por el progresismo cuando hace un mnimo guio a la diversidad (a una identidad, a una comunidad, a un colectivo oprimido). Aplaudiendo estos gestos aplaudimos a la vez ciertos valores neoliberales asociados, como la competitividad o el consumo. Es una figura similar al crculo de la muerte en el que caen las hormigas cuando pierden el rumbo y, en su afn por seguirse unas a otras, comienzan a dar vueltas sobre un mismo punto hasta desfallecer: el neoliberalismo nos vuelve cada vez ms desiguales y nosotros tratamos de compensar la situacin llenando con nuevas identidades en conflicto un espacio que antes ocupaban la clase o la religin. Lo colectivo se nos escapa entre los dedos y mientras nos agachamos a recoger sus pedazos, nuestras condiciones materiales, nuestra realidad, se vuelve cada vez ms inhspita.

Saliendo de la trampa

Pero volvamos al principio. La pequea gran polmica que desat el libro de Bernab ha marcado necesariamente la percepcin de su obra. Muchos lectores tendrn serias dudas sobre la oportunidad de una crtica actual a la influencia de las polticas de la diversidad, pero lo cierto es que Bernab lo hace con pulcritud y sin negar en ningn momento su importancia. Como sealamos, su crtica se sustenta en el olvido de las condiciones materiales de las capas ms humildes de la sociedad. Es este exceso, y no la mera existencia de dichas polticas, lo que l sita en el centro de la ruptura de la conciencia de clase. Tanto es as, que Bernab en ningn momento propone abandonar alguna conquista, sino que se limita a denunciar la mercantilizacin de nuestras identidades y su efecto nocivo en nuestras condiciones econmicas y, por tanto, en un giro maquiavlico, sobre las propias condiciones de la diversidad.

En este sentido, algunas reacciones a su publicacin parecen excesivas. Las ideas de Bernab, adems, han sido criticadas por su condicin de varn blanco, heterosexual e incluso madrileo. Pero es pertinente preguntarse si puede l, o podemos otros como l, entender lo que significa para las otras identidades el momento que vivimos? Probablemente, la respuesta se encuentre en algn punto intermedio entre la evidencia de que se deben confrontar las ideas, no sus comunicadores, y la de que alguien que no ha sufrido una cierta opresin no puede experimentar plenamente la importancia de la lucha contra ella.

Estamos aqu frente al eterno dilema que nos plantea el Posmodernismo, un pensamiento y un periodo que, nos guste o no, an no ha sido superado. En cierto modo, es como si el pndulo de la historia an tuviera una cierta inercia y textos como el de Bernab fueran percibidos como el testimonio de las fuerzas que tratan de detenerlo, y no como un empuje ntido y claro en la buena direccin.

Quiz obras divulgativas, en el mejor sentido de la expresin, como La trampa de la diversidad demuestren que el momento de definir una nueva sntesis est ms cerca, trayendo de vuelta una categora de clase, de nuevo transversal, y ahora capaz de traspasar todas y cada una de nuestras identidades. Es evidente que un hombre blanco, heterosexual y pobre; un negro, gay y pobre; y una mujer negra, bisexual y pobre, comparten ciertos problemas. Pero cmo abandonar tan pronto el paradigma que ha permitido a tantas personas vivir un poco ms cerca de la libertad? El paradigma que les ha permitido caminar de la mano, quererse, asumirse pblicamente. Quiz no debemos olvidar que, cuando la clase era la categora hegemnica del discurso, no podan hacerlo. Las identidades, por tanto, han venido para quedarse y, en ese sentido, Bernab acierta cuando afirma que no debemos olvidarlas, sino acomodarlas entre otros elementos capitales que l y muchos otros echamos de menos.

No deja de ser curioso que est siendo este tiempo de diversidad exacerbada el que est trayendo el regreso de una clase trabajadora necesariamente nueva, y que se va esbozando poco a poco lejos de los medios de comunicacin hegemnicos. Quiz el verdadero reto de nuestro tiempo es rescatar ciertos consensos de la Modernidad, pero negndonos a olvidar todo lo bueno que nos ha dado asumir una diversidad que siempre ha estado ah, aunque hasta hace poco (quiz todava demasiado poco) no la dejramos venir con nosotros hacia el progreso.

@victormfano

Fuente: https://lasoga.org/la-trampa-de-la-diversidad-o-los-efectos-de-la-deconstruccion-de-la-clase-trabajadora/

 



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