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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

Prostitucin & Debate
La prostitucin no es un trabajo

Jos Mara Calleja
www.eldiario.es

La mujer prostituida en contra de su voluntad est en una posicin de inferioridad econmica respecto del to que paga por hacer con ella lo que quiera y como quiera.
Considerar la prostitucin como un trabajo cualquiera es otorgar a los proxenetas rango de empresarios, un punto ms y emprendedores.


Que nueve tos penetren a una mujer que no les conoce de nada por donde les de la gana un mismo da y pagando, no puede ser considerado en ningn caso un trabajo 'tan normal como cualquier otro'.

El debate que se ha abierto a raz del gol por la escuadra que, con sinceridad indita en la poltica espaola, reconoce la ministra Magadalena Valerio que le han colado al permitir la inscripcin de un sindicato de trabajadoras del sexo, es especialmente complejo.

Hay una idea clave, de saque, que nos puede ayudar a enfocar la cuestin: la mujer prostituida en contra de su voluntad est en una posicin de inferioridad econmica respecto del to que paga por hacer con ella lo que quiera y como quiera. Cuanto ms pague, ms lo que quiera.

Hay un documental que les recomiendo que vean desde ya, se titula Evelyn, es de la directora Isabel de Ocampo y en l se narra de manera contundente la historia de una mujer inmigrante y engaada que sintetiza todas las historias de las mujeres obligadas a prostituirse por redes de secuestro y explotacin, que antes se llamaban trata de blancas.

Ahora el epteto no sirve y se puede decir que la inmensa mayora de las mujeres que ejercen la prostitucin en Espaa -segn algunos datos, ms del ochenta por ciento-, son nacidas en otros pases distintos a Espaa: Senegal, Rumana, Brasil, Liberia En los ochenta haba prostitutas espaolas, yonkis, enganchadas a la droga, en una mala suerte de doble dependencia: se prostituan para sacar unas pesetas con las que drogarse.

La clave de las mltiples historias que se cuentan en ese documental es esta: alguien con dinero consigue algo que no obtendra de no tener el dinero que necesita la mujer explotada. Tengo dinero y tu me das a cambio lo que no me daras de no tener yo ms dinero que tu. Lo sabamos, pero en Evelyn se cuenta de manera desgarradora.

Es cierto que hay un sector, muy minoritario, de mujeres, y hombres, que ejercen la prostitucin por voluntad propia, porque les da la gana y porque ganan mucho ms dinero que, pongamos por caso, como camareros. Algunas/os de ellos lo hacen para completar un salario existente y poderse dar caprichos a los que de otra forma no tendran acceso. Pero las conclusiones de esa minora no pueden arrastrar a una mayora explotada, engaada, secuestrada y sometida a un tipo de agresin sexual que puede ser considerada violencia machista. De hecho, para algunas lo es.

Considerar la prostitucin como un trabajo cualquiera es otorgar a los proxenetas rango de empresarios, un punto ms y emprendedores. Algo que no puede ser aceptado de ninguna de las maneras, ni tica ni conceptualmente.

La prostitucin en Espaa est en tierra de nadie. No es legal, pero tampoco es ilegal, se ejerce a la vista de la propia polica, vase calle Montera, en Madrid, en clubes de carretera con luces parpadeantes y bien visible y en lugares de lujo aparentemente escondidos. Lo que se pena es la trata de mujeres por parte de proxenetas, algunos verdaderos criminales y explotadores, sujetos brutales que mantienen un rgimen de terror sobre las explotadas y que han sido detenidos gracias a la valenta de las mujeres que logran salir en medio de extraordinarias dificultades de esas tramas mafiosas.

En Francia se plante un debate tambin especialmente arisco cuando se trat de prohibir la prostitucin y un grupo de supuestos intelectuales abajo firmantes salieron a decir algo parecido a no sin mis putas. Hay pases que han puesto la carga en la persecucin de los consumidores, lase puteros.

En Espaa es un debate que aparece y desaparece sin encontrar va de arreglo. Cuando conduca el debate de CNN+ haba dos temas que provocaban una elevadsima tensin entre las invitadas. Uno era Cuba y el otro la prostitucin.

Esta claro que, aos despus, el segundo da lugar a una controversia enconada. Para abordarlo mejor, elijamos bien las palabras: no lo llamemos trabajo, cuando es violencia.

Fuente: https://www.eldiario.es/zonacritica/prostitucion-trabajo_6_810928937.html



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