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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

Puerto Rico entero es un museo en llamas

Rafael Rodrguez Cruz
Rebelin


En respuesta a una foto de las ruinas del Museo Nacional de Brasil, una amiga boricua comenta lo siguiente: As estn todos los nuestros antes o despus del huracn Mara. El de la Casa Armstrong est en precarias condiciones. Hasta el Museo de Albizu Campos anda en las mismas. El comentario de la amiga me lleva a la siguiente reflexin.

Comienzo diciendo que soy amante de los museos. No se conoce el alma de un pueblo, sin visitar sus museos. El vocablo es sinnimo de estudio, de inspiracin, de mirada al futuro. No s cuntas veces visit el museo de la Universidad de Puerto Rico. En el de Springfield, lugar en que vivo desde 1993, he criado a mi hijo. Digo criado, porque desde que era pequeito llevaba a Rafael a este museo dos o tres veces al mes. Todava insiste en que lo lleve, cada vez que se aburre. No creo que haya museo local que no hayamos visitado, los de Nueva York y Boston, incluidos. Visite usted un museo con un nio o una nia (tambin he ido a los de Cuba con mi hija) y descubrir algo fascinante: los museos no nos hablan tanto del pasado como del futuro. El museo de la historia, de que nos hablaba Marx, es el receptculo de las mil y una maneras, objetivas y subjetivas, en que las antiguas sociedades intuyeron el presente que vivimos.

Por lo anterior, y por mil razones ms, tuve que reunir mucho coraje para mirar las fotos y videos del Museo Nacional de Brasil consumindose en llamas. Me ha dolido muy hondo. Parte del problema es que es una imagen que obliga tambin a pensar en Puerto Rico. Cierto; no es que mi isla arda literalmente bajo los efectos de un incendio voraz. Pero, y esto no es fcil de decir, es innegable que un gran ardimiento destruye actualmente la cultura puertorriquea. Somos como un museo en llamas. La razn en nuestro caso es poltica: a una horda de brbaros anexionistas, incultos y grotescos, le ha dado con poner fin a la puertorriqueidad. Cada pueblo, cada barrio, cada esquina de la isla, incluso cada paisaje natural, se ha convertido en un museo en llamas. Si usted no lo ve hoy, quizs no lo pueda ver nunca.

Hay momentos dramticos, como el que acabamos de ver ahora en Brasil o el saqueo del Museo de Irak en 2003, que hacen patente todo lo que se pierde al destruirse las huellas del pasado humano. Imagino que alguien con una sensibilidad igual a la de Silvio Rodrguez, llorar quizs la prdida del Museo Nacional de Brasil con la nostalgia urgente con que este hermano escribi la cancin Sinuh. No solo lo imagino, sino que mi corazn lo desea. Con el pasado, se nos va el futuro.

El desdn neoliberal por los museos no es, como podra pensarse, solamente reflejo de la mezquindad e incultura de los burgueses de estos tiempos. El pasado, al cual dicen a veces admirar, provoca ansiedad entre las clases dominantes de este milenio. Y es que, sin retomar el pasado, no hay camino al futuro. El trnsito del feudalismo al capitalismo en Europa, como genialmente argumenta Perry Anderson en su libro Transiciones de la antigedad al feudalismo, por ejemplo, fue un gran acto cultural de recuentro de la modernidad con la antigedad. De lo contrario, no habra ocurrido el fin de la Edad Oscura del Medioevo; del oscurantismo ese en que se sumi el continente europeo despus del colapso del imperio romano. Da Vinci, por ejemplo, considerado el iniciador del renacimiento, encontr su vocacin creadora y futurstica retomando la gran pregunta de la matemtica antigua: la cuadratura del crculo. La interrogante, que obsesion a la ciencia y arquitectura de los siglos precedentes, fue planteada visualmente por Da Vinci en su dibujo El Hombre de Vitrubio. En realidad, la respuesta del genio de Da Vinci no fue tanto visual como filosfica: la visin del hombre como centro del universo es un asunto que compete ms al arte que a la matemtica. Una pregunta bien planteada es ms til que cien soluciones imaginarias. El pasado es un punto de referencia al futuro.

Puerto Rico, mi isla, mi pas, adems de ser la ltima colonia de este hemisferio, tiene la dudosa distincin de ser un lugar en que las polticas neoliberales modernas se muestran de la forma ms pura, sin adornos. Eso lo dice Naomi Klein, en su libro La batalla por el paraso. Aqu manda, por virtud de un acto imperial, una junta de control y saqueo fiscal, integrada por representantes directos del gran capital financiero estadounidense. No hay intermediarios, como si los hubo en Cuba, previo a la Revolucin.

Tampoco operan en Puerto Rico ninguno de los mecanismos compensatorios, amortiguadores si se quiere, de los bandidajes de la banca contempornea. No hay, por ejemplo, un mnimo sector industrial que, interesado en la produccin real de plusvala, acte de guardin de las fuerzas productivas materiales. En vano buscar un sector precapitalista que sirva como palanca para que las masas desposedas creen espacios alternativos de vida y sobrevivencia. No les queda sino emigrar. Nuestros polticos burgueses ni siquiera parecen burgueses de verdad. Ms bien semejan personajes grotescos y burdos de las pelculas de Dick Tracy o Batman. Con una mano levantan la biblia pentecostal para apaciguar a las masas; con la otra, se atosigan de longanizas y burudangas hasta reventar. Feos son, por fuera y por dentro. Y la izquierda tradicional, muy a pesar de todo su pasado glorioso, sigue dispersa en veinte esquinas; rehusndose tercamente a transitar por los caminos de la unidad, convencida quizs de que un milagro habr de salvar al pas del caos general. De no ser por la juventud boricua valerosa, que ha decidido tomar en sus manos el futuro, hace rato que el fuego neoliberal habra acabado con todo en este museo que hoy es, simblicamente, mi Puerto Rico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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