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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

Repaso a las polticas de EE.UU. en Latinoamrica durante la ltima dcada
Anotaciones sobre "nuestro patio trasero"

Mark Weisbrot
The Real News Network / Ctx


Antes de que dimitiera en junio, Thomas Shannon era el nmero tres en el Departamento de Estado de EEUU, y muy influyente en materia de relaciones internacionales con Amrica Latina y el Caribe. A lo largo de sus casi 35 aos de carrera profesional, se gan la reputacin de ser un diplomtico sumamente eficaz y un habilidoso negociador. Durante el Gobierno de Bush, Shannon trabaj como subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental (el ms alto funcionario del Departamento de Estado para Amrica Latina y el Caribe). Fue nombrado embajador en Brasil por el presidente Obama antes de su nombramiento como subsecretario de Estado para Asuntos Polticos, en 2016. Desempe sus cargos bajo gobiernos republicanos y demcratas, y estuvo involucrado en situaciones muy polmicas, entre las que se incluye el papel que jug EEUU en el golpe militar en Honduras en 2009, y en los golpes parlamentarios que destituyeron a los presidentes en el Gobierno de Brasil y Paraguay. Shannon estuvo implicado en las tumultuosas relaciones con Venezuela, que fueron deteriorndose progresivamente tras el apoyo de EEUU al breve golpe de Estado contra el presidente Hugo Chvez en 2002. (Shannon fue director de Asuntos Andinos de 2001-2002).

La dimisin de Shannon fue una ms entre las muchas que se han producido en el Departamento de Estado durante el Gobierno de Trump, hasta dejarlo mermado y debilitado. En el siguiente texto, Mark Weisbrot imagina cmo asesorara el embajador Shannon al nuevo secretario de Estado Mike Pompeo, basndose fundamentalmente en el destacado papel que jug en la poltica estadounidense en este hemisferio en el siglo XXI.

La carta ilustra la continuidad entre las polticas de los dos Gobiernos anteriores en esta regin y las del Gobierno de Trump. A su vez, documenta las diferencias de estilo entre las cualificadas maniobras diplomticas por parte de cargos como Shannon, y la intervencin a muerte y falta de preocupacin por la percepcin de las mismas por parte de la opinin pblica del equipo de Trump. Si bien esta carta pertenece al gnero de la ficcin, los acontecimientos y hechos que se narran en ella estn bien documentados, son bastante reales y siguen en proceso.

2 de julio de 2018

Estimado secretario Pompeo:

Le mando saludos y espero que est bien. Como sabr, abandon el Departamento de Estado despus de casi 35 aos de servicio el lunes 4 de junio. Me dirijo a usted para transmitirle algunas de las lecciones que aprend durante esos aos, a medida en que nos adentramos en una era nueva y profundamente distinta en las relaciones entre EEUU y Amrica Latina. Por supuesto, soy totalmente consciente de que tendr preocupaciones ms urgentes en regiones del mundo mucho ms peligrosas y voltiles. Y esa es una parte del desafo al que nos enfrentamos quienes nos encontramos a cargo del hemisferio occidental. Sobre todo durante y despus de la guerra de Irak y de la etapa de inestabilidad creciente en Oriente Prximo que se inaugur a partir de entonces, no hemos prestado suficiente atencin a Amrica Latina. Como resultado de ello, durante la primera dcada del siglo, obtuvieron el gobierno en la mayor parte de los pases latinoamericanos distintos gobiernos de izquierdas, no demasiado afines a la idea de un liderazgo de EEUU en dicho hemisferio, ni en el resto del mundo. Como ya lo advirtiera el secretario Kerry en 2013, es nuestro patio trasero. Nuestra prdida de influencia en la regin lleg a ser desagradable en algunos aspectos, una consecuencia no intencionada de la fatdica guerra que desestabiliz Oriente Prximo, una guerra elegida, tan acertadamente criticada por el presidente Trump.

HOY, AMRICA LATINA ES NUESTRA, COMO NO LO HA SIDO DESDE HACE DCADAS; INCLUSO A PESAR DE QUE SE HAYA PERDIDO MXICO

En la actualidad, esta situacin ha cambiado drsticamente y, si me permite mi falsa modestia, en gran parte se debi al trabajo que hemos desempeado durante los ltimos veinte aos. Hoy, Amrica Latina es nuestra, como no lo ha sido desde hace dcadas; incluso a pesar de que se haya perdido Mxico, en los pases ms poblados de la regin, incluyendo Brasil, Argentina, Per y Colombia, contamos con gobiernos que nos prestan un apoyo slido como haca por lo menos varias dcadas. Y el resto de pases se han alineado de forma parecida. Si bien es cierto que quiz no fuera acertado que lo expresara pblicamente el ms alto cargo del cuerpo diplomtico de la nacin, el anterior secretario de Estado Rex Tillerson tena bastante razn al referirse a la Doctrina Monroe.

Sin nimo de aburrirle, me gustara centrarme en algunos detalles de nuestra labor para lograr que se produjera este cambio histrico sin atribuirnos todo el mrito, ya que no solo fue obra del Departamento de Estado, sino que dependi del esfuerzo de diversos departamentos de la seguridad de Estado, incluyendo al Pentgono, el Consejo de Seguridad Nacional, 17 agencias de inteligencia y nuestros amigos del Congreso, en concreto, las comisiones de poltica exterior en ambos rganos. Con la alusin a dichos detalles pretendo ilustrar, en la medida en que me lo permiten estas breves lneas, la relevante continuidad en los objetivos y en la estrategia de nuestra poltica exterior en la regin, sobre todo durante los 16 aos de los dos gobiernos anteriores, es decir, las de los presidentes Barack Obama y George W. Bush, en las que jugu un papel relevante, y que ha seguido el Gobierno de Trump. Espero tambin poner de manifiesto el papel vital que juega la diplomacia para la consecucin de nuestros objetivos a largo plazo.

ZELAYA NO PUSO EN PRCTICA UN PROGRAMA POLTICO RADICAL. DE HECHO, NO ERA UN POLTICO RADICAL; PROVENA DE LA CLASE TERRATENIENTE Y ERA UN SOCIALDEMCRATA MODERADO

Intentar ser sincero en este punto, aunque, puesto que esta carta no ha sido clasificada como documento de alto secreto, y no podemos descartar las filtraciones, no divulgar ninguna informacin clasificada, sino que me basar en aquella que ya forma parte del dominio pblico.

Permtame que empiece por un acontecimiento en el que la diplomacia no es lo primero que le viene a uno a la cabeza: el golpe militar de 2009 que ech del gobierno a uno de nuestros adversarios, Manuel, Mel, Zelaya en Honduras. Como la mayor parte de los presidentes electos de izquierdas en Latinoamrica durante la marea rosa de la primera dcada de 2000, Zelaya no puso en prctica un programa poltico radical. De hecho, no era un poltico radical; provena de la clase terrateniente y era un socialdemcrata moderado, defensor de polticas como el incremento del salario mnimo o los comedores escolares. Las corporaciones norteamericanas con base en Honduras, que en aquel entonces creaban decenas de miles de empleos manufactureros, no se sentan especialmente amenazadas por l, incluso a pesar de que no hubiera sido su primera opcin en las elecciones.

Manifestantes a favor de Zelaya en Tegucigalpa. / YAMIL GONZALES

Sin embargo, se convertira en una amenaza por dos razones: la primera, porque empez a hablar de la necesidad de convocar una asamblea constituyente para aprobar una nueva Constitucin en el pas, una medida probablemente bastante razonable para la mayor parte de la poblacin hondurea, dado que la Constitucin vigente se aprob en los aos ochenta durante la dictadura militar y no es que fuera muy proclive a las medidas democrticas que se diga. Sin embargo, bajo nuestro punto de vista, no tena ningn sentido redactar una nueva Constitucin puesto que, muy probablemente, la nueva carta magna prohibira las bases militares extranjeras en el terreno nacional, como en el caso de otras aprobadas en el siglo XXI en pases con gobiernos de izquierdas en Amrica Latina. Podr usted imaginar que el Pentgono, entre otros, no tena intencin de perder su mayor base militar en Centroamrica, sobre todo tras quedarse sin su base en Manta, Ecuador, despus de que el Gobierno de Rafael Correa introdujera esta prohibicin en su nueva Constitucin de 2008. (Y Correa tuvo adems la insolencia de restregrnoslo en las narices, diciendo que nos dejara tener una base en Ecuador si les dejbamos tener una base suya en Miami).

PUESTO QUE ERA DEL DOMINIO PBLICO QUE SABAMOS QUE EL GOLPE IBA A TENER LUGAR, EL MERO HECHO DE NO CONDENARLO ERA UN MENSAJE SUFICIENTEMENTE CLARO

La segunda razn favorable al golpe en Honduras fue que, desde nuestro punto de vista, Zelaya formaba parte de una alianza de todos los gobiernos de izquierda incluyendo a Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Nicaragua, en ese momento; El Salvador tambin acababa de elegir a su primer presidente de izquierdas y Michelle Bachelet, la socialista moderada chilena, se alineaba prcticamente siempre con los otros gobiernos de izquierdas en materia de asuntos del hemisferio. Es decir, aunque pueda parecer que un pas pobre y con poco poder de influencia como Honduras no es relevante en el contexto ms amplio de las cosas, cualquier jugador de ajedrez sabe la importancia que tienen los peones en una partida, sobre todo si uno los puede comer sin sufrir prdidas materiales o perjudicar su posicin. Y Zelaya se haba unido a una subseccin de pases ms de izquierdas todava, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA), con Venezuela, Bolivia y Ecuador a la cabeza. No obstante, en aquel momento todos estos pases seguan una poltica exterior bastante parecida, denominada por los ms lenguaraces como antiimperialista. Huelga decir lo que eso significa para nosotros.

En todo caso, nuestra labor diplomtica fue vital para que el golpe fuera un xito. La percepcin del golpe no sera positiva: el presidente Zelaya fue sacado de su casa a primera hora de la maana el 28 de junio de 2009, en pijama, puesto rumbo a Costa Rica, con escala en nuestra base militar al sur de Comayagua para repostar. Pero tuvimos la cautela de no respaldar el golpe, a la par que dejbamos caer a quien prestara atencin a estos asuntos que contaba con nuestra bendicin. En su primera declaracin, la Casa Blanca no conden la accin militar e hizo un llamamiento a todos los actores polticos y sociales en Honduras a respetar la democracia. Puesto que era del dominio pblico que sabamos que el golpe iba a tener lugar con antelacin, el mero hecho de no condenarlo era un mensaje suficientemente claro para quienes entienden el lenguaje diplomtico del siglo XXI. La cuerpos diplomticos y de inteligencia de todo el hemisferio lo interpretaron como un indicio de nuestro apoyo al golpe, y a partir de ah, todos los acontecimientos fueron predecibles y previstos.

Hillary Clinton, secretaria de Estado en el momento del golpe, resuma en su libro Decisiones difciles, publicado en 2014, lo que hicimos: En los das siguientes [despus del golpe] habl con mis homlogos de todo el hemisferio, incluida la secretaria [Patricia Espinosa] en Mxico. Nosotros establecimos las estrategias de un plan para restaurar el orden en Honduras y garantizar que elecciones libres y limpias se celebren rpidamente y de manera legtima, lo que hara que la cuestin de Zelaya fuese irrelevante. Detrs de todo ello hubo mucho trabajo diplomtico. Tenamos que convencer al menos a una parte del mundo, incluyendo a los medios, de que lo mejor para Honduras era aceptar sin ms que el presidente democrticamente electo se hubiera marchado y de que, a pesar de la represin ejercida por el Gobierno golpista arrestos masivos, violencia por parte de las fuerzas de seguridad, supresin de los medios de la oposicin, escuadrones de la muerte era preciso convocar elecciones lo antes posible, pero evitando el regreso de Zelaya.

FINALMENTE, COMO DESTACABA CLINTON, PUDIMOS EVITAR LA VUELTA AL PODER DE ZELAYA Y LEGITIMAR LAS ELECCIONES QUE CONSOLIDARON AL GOBIERNO POSTERIOR AL GOLPE: PARA MUCHOS, UNA DICTADURA

Algunos republicanos en el Congreso contribuyeron a la estrategia adoptando una posicin mucho ms dura que la nuestra, que, en comparacin, pareca moderada. Apoyaron abiertamente el golpe y culparon a Zelaya de pretender utilizar el referndum para prolongar su permanencia en el Gobierno, y convertirse en un dictador como Hugo Chvez. Desde el Departamento de Estado tambin estbamos presionando a Zelaya para que no convocara el referndum. (El tope de una legislatura de mandato impide la acumulacin de poder y el giro sustancial de las polticas de cualquier presidente; son hombres de paja desde el minuto uno.) El caso es que, en realidad era imposible que Zelaya gobernara otra legislatura por una cuestin cronolgica, independientemente del referndum. Adems, no era vinculante y ya era demasiado tarde para que Zelaya pudiera cambiar la Constitucin antes de las siguientes elecciones. La aprobacin de una nueva Constitucin podra incorporar que los futuros presidentes pudieran gobernar durante dos legislaturas, pero no Zelaya. Sin embargo, la mayor parte de los medios adoptaron el relato, lo cual nos permiti que su destitucin pareciera un hecho ms aceptable.

Finalmente, como destacaba Clinton, pudimos evitar la vuelta al poder de Zelaya y legitimar las elecciones de noviembre de ese ao, que consolidaron al gobierno posterior al golpe, y que para muchos era una dictadura. Todo ello a pesar de que la OEA y la UE se negaron a enviar observadores durante la convocatoria electoral, y aunque la gran mayora de gobiernos del hemisferio no la reconocieran. Pero nosotros nos impusimos y mediante un ejercicio cuidadoso y persistente de diplomacia logramos que la situacin se normalizara.

La historia del xito de nuestra estrategia en Honduras no termina aqu: el mes de noviembre pasado, el Partido Nacional en el Gobierno durante el golpe anunci la reeleccin de su candidato presidencial en unas elecciones que muchos incluyendo esta vez a la vasta mayora de los periodistas internacionales vean como robadas. Luis Almagro, nuestro firme aliado a la cabeza de la OEA dio un paso poco habitual y pidi que volvieran a convocarse las elecciones. Pero, una vez ms nuestra diplomacia se impuso. Pedimos a Mxico que fuera el primer pas en reconocer las elecciones, y as fue; nosotros seguimos su ejemplo. El asunto no tard en enterrarse, junto con las noticias sobre los asesinatos polticos y la represin bajo el gobierno de Hernndez, por no mencionar las conexiones con los traficantes de drogas. Y, por supuesto, Almagro y la OEA no tardaron en retroceder en sus posiciones. (Aportamos ms del 40% del presupuesto de la OEA, entre otras muchas vas de influencia con las que contamos all).

Concentracin en las puertas de la OEA por el asesinato de Berta Cceres. / DANIEL CIMA

El asesinato de la activista ecologista Berta Cceres fue un quebradero de cabeza para nuestras relaciones pblicas. Haba sido galardonada con el Goldman Prize tan solo un ao antes, y contaba con apoyos de mbito internacional, por lo que obviamente su muerte ocup las noticias en mucha mayor medida que la de cientos de ecologistas y otros activistas y lderes disidentes asesinados, con total impunidad, desde el golpe. Adems, cuatro de los nueve arrestados acusados de participar en el crimen estaban vinculados al Ejrcito, institucin en la que hemos invertido mucho. En marzo, tuvo lugar el arresto del supuesto autor intelectual del crimen que, lamentablemente, era un oficial de inteligencia afn a nuestra embajada. Todo ello provoca el envo de diversas cartas por parte de muchos miembros del Congreso y propuestas de medidas legislativas pero, gracias a nuestra diplomacia pblica, se pudieron minimizar los daos y seguimos con el control de la situacin. Parafraseando a Franklin Delano Roosevelt, puede que Hernndez sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta, y Honduras sigue siendo nuestro, como lo fuera en la dcada de los ochenta, cuando lo utilizbamos como base de operaciones de nuestras guerras para mantener en nuestra rbita a Nicaragua y El Salvador.

Por supuesto, Honduras es un pas pequeo y pobre, pero como ya he mencionado, tiene una importancia estratgica para nuestras bases militares y es clave en nuestra estrategia general de control de las Amricas. No obstante, en los ltimos aos nuestra estrategia de contencin y retirada nos ha resultado tambin beneficiosa. Veamos por ejemplo el caso de Brasil, el segundo pas del hemisferio en trminos econmicos y demogrficos, con una extensin territorial mayor que EE.UU. continental. En 2002, se produjo la toma de poder del izquierdista Partido de los Trabajadores, y Lula da Silva obtuvo la presidencia despus de cuatro intentos. Su Gobierno haba obtenido tanta popularidad que no solo result reelegido y abandon su cargo despus de ocho aos de gobierno con el apoyo del 87% de la poblacin, sino que su sucesora, Dilma Rousseff, tambin result electa y reelecta.

BRASIL ES NUESTRO, INCLUSO MS NUESTRO QUE DURANTE LA DICTADURA MILITAR QUE CONTRIBUIMOS A INSTAURAR EN 1964

Sin embargo, miren cul ha sido su suerte: Dilma Rousseff fue destituida en 2016 y Lula est encerrado en una celda de 3 x 4 metros, acusado de corrupcin y blanqueo de dinero. Brasil es nuestro, incluso ms nuestro que durante la dictadura militar que contribuimos a instaurar en 1964. A fin de cuentas, se trataba de un Gobierno desarrollista y nacionalista, que nos desafiaba con el desarrollo de su propia industria tras las barreras proteccionistas; en cambio, en la actualidad, sus lderes hacen todo lo que est en su mano para obtener inversin extranjera y pretenden librarse de todas las empresas de propiedad estatal que puedan mediante privatizaciones.

Si apostamos por los nuevos lderes brasileos no ha sido por razones corporativas, como defienden muchos de nuestros adversarios. Nuestros intereses son mucho ms amplios y son geopolticos mientras EE.UU. siga siendo la nacin indispensable. Y Brasil siempre ser un pas influyente, a pesar de su lamentable gestin econmica durante casi cuatro dcadas; por lo tanto, necesitan un gobierno de nuestro equipo. De hecho, Brasil mejor su influencia en el mbito internacional bajo el Gobierno de Lula. En 2010 se produjo un incidente que ilustra muy bien por qu es tan importante mantener nuestra influencia en Brasil y en Amrica Latina en general, y en particular, lograr que su poltica exterior sea coherente con la nuestra. Ese es el objetivo que no debemos perder de vista, y no su propia poltica econmica interna y ni siquiera sus polticas hacia las corporaciones estadounidenses.

En mayo de 2010, Lula se uni a Turqua, Irn y Rusia para llegar a un acuerdo de canje de combustible nuclear con la intencin de intentar resolver nuestro conflicto nuclear con Irn. Si bien el presidente Obama haba pedido a Lula mediar en otro momento para alcanzar este tipo de acuerdo, lo cierto es que en ese preciso instante, no nos interesaba. No me voy a adentrar en las razones, tan solo decir que los comunicados de prensa que afirmaban que habamos cambiado de opinin debido a las elecciones en ciernes en EE.UU. eran ms que exagerados. En todo caso, el malestar de los brasileos fue bastante explcito puesto que comunicaron a los medios la anterior iniciativa de Obama y, en respuesta a nuestra negacin de la misma, publicaron la carta en la que se planteaba la propuesta. Huelga decir el malestar que este episodio provoc en Washington, tanto fuera como dentro del Gobierno, y lo cierto es que a partir de ese momento las relaciones con Brasil ya nunca fueron lo mismo. Obviamente, nuestra oposicin puso fin al acuerdo, de modo que no hubo que lamentar muchos daos. Sin embargo, he querido llamar la atencin sobre este episodio fundamentalmente para insistir en la importancia de evitar que este tipo de gobiernos se desven cuando empiezan a poner en prctica sus propias polticas exteriores, pueden daar enormemente nuestros intereses ms relevantes, en este caso en Oriente Prximo a pesar del hecho de que, salvo Cuba durante la crisis de los misiles, ningn pas latinoamericano ha supuesto una verdadera amenaza directa a nuestra seguridad.

Obviamente, es un ejemplo de los muchos problemas que nos caus el Gobierno del PT. Hay que decir que son buenos diplomticos y que el ministro de Asuntos Exteriores brasileo es un profesional y uno de los ms competentes de Amrica del Sur. Llegu a conocerle bastante bien, no solo como subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental sino como embajador de Brasil entre 2010 y 2013. En algunas ocasiones nos ayudaron, sobre todo cuando lideraron la ocupacin de Hait por parte de la ONU en 2004, despus de que logrramos librarnos del presidente Aristide (por segunda vez; el primer golpe que contribuimos a sacar adelante fue en 1991). Retomar este instructivo episodio ms adelante.

Bush y Lula durante su visita a Petrobras en marzo de 2007./ AGENCIA BRASIL

Lula mantuvo una buena relacin con el presidente Bush, mejor que con Obama, a pesar de las muchas diferencias con el PT. Es preciso tenerlo en cuenta en el proceso de negociaciones del Gobierno de Trump con Andrs Lpez Obrador (AMLO) quien, como Lula, probablemente marcar un rumbo de moderacin y pretender conciliar las demandas de la mayora de sus votantes con la lite tradicional de su pas. Las relaciones entre el presidente Obama y Dilma se agriaron un poco en 2013 cuando los documentos de Snowden revelaron que Brasil era el objetivo prioritario de espionaje de EE.UU. en Amrica Latina, incluyendo el control de las llamadas personales de Dilma, o algo ms peliagudo, el espionaje de Petrobas, la compaa nacional petrolfera brasilea. Un caso de espionaje industrial para muchos en el pas. La reaccin de Dilma fue cancelar el viaje que tena planeado a EE.UU. y dar un discurso en la Asamblea General de la ONU bastante hostil hacia nosotros, que mantuvimos la calma y no emitimos respuesta alguna.

LO MS RELEVANTE FUE EMITIR LA SEAL A TODOS LOS ACTORES MS IMPORTANTES DE BRASIL, INCLUYENDO LOS MEDIOS, DE QUE APOYBAMOS LA DESTITUCIN DE DILMA

En 2014, durante la segunda legislatura de Dilma, arranc la profunda recesin de la economa brasilea. La oposicin aprovech su descenso de popularidad y se esforz por poner fin a su mandato, algo que logr dos aos ms tarde. Su destitucin no fue provocada por ningn acto que constituyera un crimen en Brasil sino que fundamentalmente fue una maniobra contable que tambin haban utilizado anteriores presidentes y gobernantes, y que nada tena que ver con la corrupcin u otros delitos. Por supuesto, no tomamos posicin en este caso y declaramos pblicamente que se trataba de un asunto interno. Pero tuvimos oportunidad de contribuir al cambio de rgimen de muchas maneras relevantes, en alguna medida de forma similar al caso del golpe en Honduras en 2009. En este sentido, lo ms relevante fue emitir la seal a todos los actores ms importantes de Brasil, incluyendo los medios, de que apoybamos la destitucin de Dilma. Tuvimos oportunidad de dejarlo bien claro en el momento de la visita a Washington de Aloysio Nunes, el presidente del Comit de Relaciones Exteriores del Senado en Brasil, justo despus de que la Cmara de Diputados del Congreso Nacional de Brasil votara la destitucin de Dilma. Aquella votacin fue un espectculo bochornoso; los miembros ms beligerantes del Congreso expresaron su nostalgia por la dictadura militar e incluso uno de ellos lleg a alabar a los funcionarios responsables de las torturas que sufri la propia Dilma en el pasado. Aquello provoc que una parte de los medios internacionales, bastante hostiles a Dilma y al PT, reconsideraran el sesgo de sus informaciones. No obstante, yo me entrevist con Nunes, que lideraba la iniciativa de destitucin en el Senado brasileo. Dada mi posicin en aquel momento (el nmero tres en el Departamento de Estado) y que para muchos, yo era responsable de nuestra poltica en Brasil, todos entendieron que aquella reunin con l era como mnimo una muestra de nuestro apoyo a la destitucin.

El Secretario de Estado John Kerry respald esta opinin unos meses ms tarde, el 5 de agosto, en una rueda de prensa conjunta con Jos Serra, el entonces ministro de Exteriores de Brasil, en la puerta de la embajada de Estados Unidos. Sus declaraciones iban encaminadas a fortalecer la relacin entre EE.UU. y Brasil y velar por la cooperacin en una serie de asuntos, como no haban podido hacer en los ltimos aos (ya se encarg de destacarlo Kerry). Pero el Senado brasileo tena que votar an la destitucin de Dima (su Constitucin es similar a la nuestra, la Cmara vota la destitucin, y el Senado destituye al presidente). De modo que la conferencia de prensa con Serra supona otro indicio evidente de nuestra inclinacin por la destitucin de Dima.

HEMOS PODIDO CAMBIAR EL RUMBO DE LA HISTORIA EN HAIT, HASTA EL PUNTO DE QUE NO PARECE PREVISIBLE QUE PUEDA LLEGAR A ELEGIRSE A NADIE QUE NO CUENTE CON NUESTRA APROBACIN

Como ya he comentado anteriormente, a pesar de nuestras diferencias, Brasil nos apoy en el golpe de 2004 en Hait. Habamos aprendido la leccin tras el golpe de Venezuela de 2002 que dur 48 horas. Y, en parte, la responsabilidad de que as fuera, como probablemente ya sepa usted, se debi a la celebracin de la cumbre del Grupo de Ro de 19 pases latinoamericanos justo despus del golpe, en la cual se aprob una resolucin reprobatoria del golpe. Si bien algunos pases latinoamericanos hubieran querido apoyarnos, eso les habra puesto en una situacin delicada dada la sacrosanta soberana nacional histrica en la regin y que nuestro apoyo al golpe se haba hecho pblico. (Esta es otra de las razones por las que conviene ser ms cauteloso y diplomtico con respecto a los comentarios pblicos, como lo fuimos en el caso del golpe en Honduras. Las declaraciones pblicas del presidente Trump sobre las potenciales acciones militares de EE.UU. en Venezuela, o por parte de otros oficiales que apoyan el golpe militar en el pas, son innecesarias y, en mi opinin, contraproducentes).

En todo caso, nuestra experiencia en Venezuela nos sirvi para no repetir errores, y en Hait tenamos preparada la votacin en la ONU para apoyar un operativo militar antes de que se produjera la destitucin de Aristide. Dos meses despus, impulsamos una nueva misin de la ONU (MINUSTAH) con tropas brasileas a la cabeza. Durante la ocupacin del pas, se produjeron miles de asesinatos de personas desarmadas favorables a Aristide y cargos del gobierno constitucional fueron encarcelados. Pudimos sacar adelante la iniciativa a plena luz del da, no como en 1991, cuando tanto el respaldo de Estados Unidos al golpe como los escuadrones de la muerte posteriores fueron encubiertos. Y hemos podido cambiar el rumbo de la historia en Hait desde entonces, hasta el punto de que no parece previsible en el futuro que pueda llegar a elegirse a nadie que no cuente con nuestra aprobacin. (De hecho, el 80% de la poblacin haitiana ya ni siquiera se molesta en participar en las elecciones nacionales.) Hemos recibido muy pocas crticas por nuestros actos all, incluso despus de que logrramos que la OEA revertiera los resultados en las elecciones de 2010 sin que se realizara siquiera un recuento ni un anlisis estadstico del voto; un caso sin precedentes en la historia de la observacin electoral. Tras el terremoto devastador de 2010, cuando Hait estaba en una situacin de particular vulnerabilidad, amenazamos a los lderes recalcitrantes con cortar toda ayuda, extremadamente necesaria entonces, si no aceptaban la decisin de la comisin de la OEA, que por supuesto estaba plagada de aliados nuestros. Habamos amenazado previamente al presidente Preval con abandonar el pas como en el caso de Aristide en 2004.

Ofrezco esta pequea parte de la historia de nuestro papel en Hait porque sirve para ilustrar una vez ms el poder de la diplomacia, no solo en la construccin de la ocupacin de la ONU con Brasil a la cabeza, sino durante aquellos cuatro aos previos al golpe. Durante cuatro aos logramos convencer a casi todos los gobiernos del mundo para que interrumpieran el envo de ayuda internacional a Hait, sin la cual la supervivencia del Gobierno electo estaba en juego. Para ello, tuvimos que convencer primero a la OEA de que cambiaran la inicial declaracin positiva de la misin de observacin de las elecciones de 2000 que haban descrito como un gran xito para la poblacin de Hait, que sali a votar ordenada y masivamente para elegir a sus gobiernos local y nacional. Aquella declaracin revisada se convirti en la base de nuestra campaa para destituir al Gobierno. A continuacin, fundamos una gran coalicin de grupos de la oposicin y anunciamos que la financiacin internacional no se restablecera hasta que el Gobierno no alcanzara un acuerdo con la oposicin. Al mismo tiempo, le dijimos a la oposicin que no alcanzara semejante acuerdo, y que el Gobierno acabara cayendo, como por supuesto pas.

Algunos han afirmado que la nica razn por la que este tipo de tcticas nos permitieron salirnos con la nuestra es porque Hait es un pas pobre, y su poblacin negra. Indiscutiblemente, algo tuvo eso que ver, como confirmara cualquier conocedor de la historia de la implicacin de EEUU en Hait desde que los marines norteamericanos ocuparan el pas desde 1915 a 1934. Pero tambin se trata de un pas que se fund gracias a una revuelta de los esclavos, y con una poblacin capaz de echar a Duvalier, el dictador respaldado por EE.UU.; que eligi en dos ocasiones, y por una amplia mayora, a un sacerdote populista radical que no respetaba nuestros intereses; y en el que poda estallar la revuelta en cualquier momento sin mucha clase media con algo que perder si no ramos capaces de manejar con cuidado la situacin en momentos decisivos.

Todos los antecesores del presidente Trump fueron capaces de entender estas caractersticas especficas de Hait en el momento de sendos golpes de Estado apoyados por los presidentes Bush, y la intervencin en 2010-2011 bajo el Gobierno del presidente Obama. El presidente Clinton tambin supo comprender esto muy bien: aunque los acontecimientos acabaran encajonndole, sobre todo por el Congressional Black Caucus, y acabara restableciendo a Aristide en el poder con el ejrcito de Estados Unidos en 1995. Pero oblig a Aristide a aceptar importantes condiciones a cambio de su regreso. Una, que mantuviera al tristemente clebre ejrcito de Hait, fundamentalmente una fuerza represiva, para enfrentarse a la amenaza de una posible insurreccin. Por desgracia, Aristide reneg de esta promesa y aboli el Ejrcito. Pero, como habr podido comprobar, nuestro nuevo Gobierno all est intentando recuperarlo, si bien desafortunadamente incluyendo a algunos de los asesinos en masa de los aos noventa, y que dejar va libre a las crticas de nuestros oponentes.

Los presidentes de UNASUR en la foto de familia de la cumbre de Brasilia de 2008. / AGENCIA BRASIL

Retomemos el marco ms amplio. Los gobiernos de izquierdas cambiaron los usos y costumbres del hemisferio en materia internacional hasta el punto de minar seriamente nuestro poder de influencia. Por ejemplo, establecieron la UNASUR como organizacin multilateral independiente dominada por los entonces gobiernos de izquierdas, incluyendo los de los pases ms grandes como Brasil, Venezuela y Argentina. Impidieron nuestros intentos de enfrentar este desafo por parte de la izquierda en numerosas ocasiones. En 2009 quisimos ampliar nuestra presencia militar en Colombia a causa de la creciente amenaza que suponan estos gobiernos. El presidente colombiano, lvaro Uribe, era un aliado acrrimo de EE.UU. y a quien habamos brindado nuestro apoyo con miles de millones de dlares en ayuda militar (si bien l de por s tena ya fuertes vnculos con los crteles de la droga y los paramilitares que haban asesinado a decenas de miles de civiles). Acept nuestra peticin de buen grado, pero se filtr a la prensa el acuerdo militar entre Colombia y EE.UU., en el que se detallaban nuestros planes de ampliar el acceso de Estados Unidos a siete bases militares colombianas.

LOS GOBIERNOS DE IZQUIERDAS CAMBIARON LOS USOS Y COSTUMBRES DEL HEMISFERIO EN MATERIA INTERNACIONAL HASTA EL PUNTO DE MINAR SERIAMENTE NUESTRO PODER DE INFLUENCIA

Los gobiernos de la UNASUR, que se reunieron en Argentina en 2009, mostraron su inmediata oposicin y declararon pblicamente que no podran utilizarse las bases militares para mandar operativos desde Colombia, algo que apoy tambin este pas. Obviamente, ese era el objetivo principal del acceso a las bases militares por parte del personal del ejrcito de Estados Unidos, incluyendo hacer frente a las amenazas planteadas por los Gobiernos anti americanos.

UNASUR, liderada por los gobiernos de izquierda, cambi los usos y costumbres de las relaciones internacionales en el hemisferio hasta el punto de que incluso Manuel Santos, el anterior ministro de Defensa de Uribe, restableci las relaciones con Venezuela inmediatamente despus de asumir su cargo en 2010. Las relaciones entre Colombia y Venezuela (y con otros pases) se haban deteriorado gravemente despus de que Uribe bombardeara e invadiera Ecuador en marzo de 2008 para atacar los campamentos de las FARC con base all. Al verse forzado a elegir entre la coalicin de izquierda, integrada por los gobiernos antinorteamericanos de Sudamrica, y EE.UU., opt por los primeros.

Pero Santos no tard en volver a nuestro lado cuando recuperamos el control de esa regin y, revirtiendo por completo la situacin de derrota de 2009, a finales de mayo Colombia se convirti en socio global de la OTAN, el primero en Amrica Latina. Esto tuvo unas implicaciones significativas para nuestro poder de influencia en Amrica Latina, como podr imaginarse. El 17 de junio, Ivn Duque, el sucesor de Uribe elegido a dedo, obtuvo una cmoda victoria en las elecciones presidenciales. Colombia es nuestra.

EL 17 DE JUNIO, IVN DUQUE, EL SUCESOR DE URIBE ELEGIDO A DEDO, OBTUVO UNA CMODA VICTORIA EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES. COLOMBIA ES NUESTRA

Otro cambio institucional rebelde orquestado por los gobiernos de la izquierda durante sus aos lgidos fue la creacin de la CELAC, que incluye a todos los pases del hemisferio salvo EE.UU. y Canad. En parte, se form en respuesta al xito de nuestras labores diplomticas con motivo del golpe en Honduras, cuando evitamos que la OEA jugara un papel ms relevante a la hora de restablecer el gobierno electo, que era lo que queran la mayor parte de los pases de la OEA. Durante algunos aos, la CELAC sirvi como lugar de encuentro de las naciones latinoamericanas y caribeas para acordar algunas posiciones comunes antes de incorporarse a la OEA para luchar contra nosotros. Como es obvio, ya no supone ningn tipo de amenaza, ahora bien convendra tener en cuenta que cuando los chinos visitaron este hemisferio en 2015 para reunirse con lderes latinoamericanos para abordar el tema de los prstamos y de la inversin extranjera, fue a travs de la CELAC.

Argentina ha sido otro de los pases ms determinantes a la hora de influir en la rebelin antinorteamericana durante la primera dcada del siglo XX. De 2003 a 2015 estuvieron en el gobierno los Kirchner, populistas de izquierda, primero Nstor y despus su mujer Cristina Fernndez. Ambos mantenan una relacin bastante buena con Chvez, que prest 6 mil millones de dlares a Argentina para que saldara la deuda con el FMI (a quien culpaban de su crisis entre 1998-2002). Sin embargo, este vnculo entre presidentes izquierdistas estaba mediado por algo ms que los petrodlares. La historia tiene su importancia. Los Kirchner tenan amigos que haban sido encarcelados o asesinados durante la dictadura de 1976-1983 que nosotros respaldamos; revocaron la impunidad de los oficiales del Ejrcito responsables de estos asesinatos y ms de 650 fueron condenados. El encarcelamiento de Lula se produjo bajo la dictadura que Estados Unidos ayud a llegar al poder con el golpe de 1964; su sucesora, Dilma Rousseff pas an ms tiempo en la crcel y fue adems vctima de torturas. Evo Morales, de Bolivia, declar que haba sido torturado en presencia de agentes de la DEA antes de ser presidente; Pepe Mjica, de Uruguay, pas 13 aos en prisin bajo la dictadura respaldada por EE.UU. Y, quienes no haban sufrido las consecuencias directas de la violencia ejercida por estos gobiernos auspiciados por Estados Unidos, eran conscientes del dolor provocado por esta parte de la historia.

FUERON DIVERSOS LOS MECANISMOS POR MEDIO DE LOS CUALES FUIMOS CAPACES DE CONTRIBUIR A LA CADA DEL KIRCHNERISMO EN ARGENTINA

Fueron diversos los mecanismos por medio de los cuales fuimos capaces de contribuir a la cada del kirchnerismo en Argentina. Si bien es cierto que a Argentina le fue extremadamente bien bajo el gobierno de los Kirchner hasta 2011, se produjo una desaceleracin econmica a partir de entonces y su balanza de pagos empez a sufrir las consecuencias. No podan pedir prstamos a los mercados internacionales por su impago de 95.000 mil millones de dlares. Impedimos su acceso al mercado de divisas que tanto necesitaban recibir de los prestamistas multilaterales, incluyendo el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. Entonces, sucedi que en 2014 recibimos una ayuda muy especial por parte de las autoridades judiciales de EE.UU., cuando el juez Thomas T. Griesa tom la decisin tan controvertida y sin precedentes de prohibir a Argentina el pago de ms del 90 % a sus acreedores, los titulares de bonos reestructurados ante el impago de la deuda del pas. El resto corresponda a la deuda con los acreedores que jams aceptaron la reestructuracin, entre los que se incluyen los fondos buitre, hedge funds, que compraron los bonos moratorios por una fraccin mnima de su valor nominal dentro de una estrategia legal prolongada con el fin de anteponer una demanda para recuperar su valor nominal total.

En 2014, Argentina haba llegado a un acuerdo con el Club de Pars integrado por acreedores gubernamentales y estaba a punto de recuperar su capacidad de prstamo en el mbito internacional. Pero el requerimiento de Griesa fue un duro golpe en un momento de vulnerabilidad. Retir la orden en cuanto el conservador Mauricio Macri fue elegido presidente y declar: La eleccin del presidente Macri cambi todo.

Hemos de admitir que no fue una buena decisin por parte de Griesa desde el punto de vista de la estabilidad del sistema financiero internacional. Supuso que aquellos gobiernos que haban alcanzado acuerdos con ms del 90% de sus acreedores tras una situacin de impago podran ver sus acuerdos anulados aos ms tarde por las acciones legales de los fondos buitre. Por esta razn, y porque el Departamento del Tesoro de EE.UU., principal agente en la toma de decisiones del FMI fuera de Europa, no se coordin con nosotros, el FMI anunci en julio de 2013 que presentara un escrito en nombre de Argentina en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Sin embargo, se retract una semana ms tarde. Cuando un periodista pregunt por las razones para este desconcertante cambio de opinin, el portavoz del FMI, visiblemente molesto, respondi: Tendr usted que pedirle explicaciones al Tesoro norteamericano.

Traigo este episodio a colacin porque muestra lo importante que es tener en cuenta las diversas ramificaciones de nuestro Gobierno a la hora de pergear nuestra poltica exterior. Logramos contribuir a la cada del kirchnerismo en las elecciones de 2015, si bien estuvo a punto de ganar un mejor candidato presidencial de su bando. Pero ahora tenemos a Mauricio Macri de presidente, un slido aliado de EE.UU. aos ha. En 2009 se reuni conmigo y con nuestra embajada en Buenos Aires para alertarnos de que estbamos siendo demasiado blandos con los Kirchner, sobre todo tras la humillacin que haba sufrido el presidente George W. Bush en el Mar del Plata. En la actualidad, forma parte de nuestra coalicin de gobiernos de derechas en la regin y est contribuyendo a derrocar al Gobierno venezolano, en la cuerda floja a causa de la hiperinflacin y una crisis profunda.

CHVEZ ERA EL QUE PRINCIPALMENTE GRITABA A LOS VIENTOS LO QUE EL RESTO DE PRESIDENTES DE IZQUIERDAS, O NO TAN DE IZQUIERDAS, PENSABAN Y SENTAN

Podra contarle mucho ms acerca de Venezuela pero voy a intentar ser breve en ese sentido. Como ya sabr, durante la mayor parte de el siglo XXI su cambio de rgimen ha sido el objetivo nmero uno o dos en el mundo (tan solo precedido por Irak o Irn en algunos momentos). Claramente, el pas fue el principal instigador de la rebelin latinoamericana, aunque era Chvez el que principalmente gritaba a los vientos lo que el resto de presidentes de izquierdas, o no tan de izquierdas, pensaban y sentan. Adems, ejerca su cargo sentado sobre 500.000 millones de barriles de petrleo, la mayor reserva petrolfera del mundo. Cuando intentamos librarnos de l con el golpe militar de 2002, muchos pensaron que lo que queramos era obtener su petrleo, pero por supuesto estaban equivocados. De hecho tanto Chevron como Exxo Mobil, nuestras mayores compaas petrolferas, mantenan una buena relacin con Chvez durante la mayor parte de su mandato, y lo que queran es que le dejramos en paz. Haban invertido mucho all, y les segua resultando rentable incluso despus de que Chvez incrementar la parte para el gobierno, como hizo todo el mundo tras el aumento de los precios del petrleo a partir de 2002.

Sin embargo, nosotros tenemos una visin geoestratgica y cualquier pas que disponga de tal cantidad de petrleo tender a convertirse en una potencia en la regin y a gozar de una cierta independencia, por lo tanto, es fundamental que su Gobierno est de nuestro lado. De modo que forramos de dinero a la oposicin que durante los primeros cuatro aos de su mandato tena una estrategia de derrocamiento militar, como dira uno de sus lderes ms intelectuales. Afortunadamente, los medios tanto de Estados Unidos como internacionales estaban totalmente de nuestro lado, de modo que durante ms de una dcada y media nuestra implicacin en el golpe ha sido tratada como una mera acusacin por parte de una fuente desacreditada, fundamentalmente el propio Chvez, aunque tambin por parte de su sucesor, Maduro, an ms desprestigiado. Obviamente, todos los reporteros de Caracas saban que era cierto, pero se abstuvieron de comunicarlo. Incluso cuando nuestro propio Departamento de Estado reconoci que el Gobierno estadounidense estaba proporcionando formacin, asesoramiento institucional y otro tipo de apoyo a personas y organizaciones activamente implicadas en el golpe militar. O cuando se divulgaron los documentos de la CIA que mostraban que tenamos informacin anticipada sobre el golpe y que habamos apoyado su xito con falsas declaraciones durante los acontecimientos que tuvieron lugar. Este no es ms que uno de los miles de ejemplos en los que los medios nos han brindado su apoyo en nuestra ardua tarea, pero creo que ilustra con mayor claridad que otros hasta qu punto es importante nuestra diplomacia pblica, incluso a pesar de que el golpe fracasara por un error de planificacin. El xito de nuestra estrategia supuso que Chvez siempre apareciera ante la opinin pblica como el agresor cada vez que denunciaba la intervencin de EEUU, incluso a la par que estbamos lanzando decenas de millones de dlares a los grupos de la oposicin (contando solo con la cuanta que era de dominio pblico), y no cesbamos en el empeo de intentar aislar a su rgimen en el mbito internacional.

EL XITO DE NUESTRA ESTRATEGIA SUPUSO QUE CHVEZ SIEMPRE APARECIERA ANTE LA OPININ PBLICA COMO EL AGRESOR CADA VEZ QUE DENUNCIABA LA INTERVENCIN DE EE.UU.

Chvez era un duro contrincante, ya que la situacin econmica del pas fue relativamente buena durante su ltimo ao de mandato (2012) y logr que por primera vez millones de venezolanos tuvieran acceso a la sanidad, las pensiones, la educacin superior y la vivienda pblica. (Obviamente, durante todos esos aos los principales medios se encargaron de describir a Venezuela como un fracaso del populismo. Y, a pesar de que la mayor parte de los venezolanos se informaban a partir de fuentes controladas por la oposicin, la mayor parte del hemisferio fuera de las fronteras venezolanas compr el relato de que la Venezuela de Chvez era una dictadura).

Chvez no ces en el intento a escala internacional de convertir en realidad su sueo bolivariano de unidad de los pases latinoamericanos contra EE.UU., y prest decenas de miles de millones de dlares a pases como Brasil, Argentina y a estados Caribeos a travs de su programa Petrocaribe. En algunos casos, la cuanta de la ayuda por parte de Venezuela al resto de pases latinoamericanos probablemente super la nuestra. De modo que, durante los aos de bonanza, la mayor parte de los gobiernos del hemisferio adoraban a Chvez tanto como la mayora de los venezolanos, incluso a pesar de que la mayor parte de la poblacin latinoamericana, que solo acceda a la versin que los medios divulgaban de la realidad venezolana, no tuviera muy buena opinin de l.

La situacin se deterior despus de su muerte en marzo de 2013 y la situacin econmica inici un largo declive que ha desembocado en la peor crisis en la historia de Latinoamrica. Es innecesario que te cuente lo mal que estn las cosas all en la actualidad dada la hiperinflacin y la caresta de medicamentos y alimentos.

Por eso me opuse al embargo financiero del Gobierno de Trump impuesto sobre Venezuela antes de su anuncio pblico el 24 de agosto del ao pasado. No es que no comparta sus objetivos de librarse de esta maldicin, hemos trabajado incansablemente para llevarlos a buen puerto durante casi dos dcadas. No obstante, el embargo es innecesario llegados a este punto y Maduro puede recurrir a l para explicar las razones de tanta escasez, a la que obviamente contribuye. Dado que no pueden acceder a prstamos, tuvieron que recurrir al pago de sus bonos en 2017. No pueden reestructurar su deuda. Se ha cortado el acceso a muchos crditos, incluso aquellos que no han resultado prohibidos por la orden del ejecutivo de Trump, y ello contribuye al colapso de la produccin petrolera y a la escasez de medicinas y alimentos.

Es excesivo. Este tipo de intervencin otorga credibilidad a la victimizacin por parte del Gobierno entre una minora de la poblacin venezolana. Y para mucha gente a lo largo del mundo este embargo empeora la crisis humanitaria. Afortunadamente, nuestra paciente construccin de una diplomacia pblica ha permitido que los medios hayan ignorado el impacto del embargo en igual medida que ignoraron nuestros mecanismos de intervencin previos. Y son los medios los que determinan lo que cree la mayora de la gente, sobre todo si tiene que ver con algo que no experimentan directamente. Pero, el embargo es totalmente innecesario porque la espiral de declive de la economa se produce por s sola.

QUIZ NO PUDIRAMOS DESTITUIR A CHVEZ, PERO S DEMONIZARLO. HASTA EL PUNTO DE QUE SU COMPAA RESULTARA TXICA PARA LOS POLTICOS DEL HEMISFERIO ASOCIADOS CON L

Las amenazas emitidas por el Gobierno de Trump, o por parte del senador Rubio, influyente asesor en esta materia, son tambin innecesarias y contraproducentes. Incluyendo las insistentes declaraciones de Rubio sobre que las sanciones van dirigidas a propiciar un cambio de rgimen y no a presionar al Gobierno para restablecer la democracia, que es el mensaje emitido por el portavoz de nuestro Departamento de Estado. Y, la amenaza del presidente Trump de una accin militar es intolerable; viola la Carta de la ONU e incluso ha avergonzado a nuestros aliados ms cercanos en la regin, que han expresado su oposicin a estas declaraciones.

Lidiamos con Chvez cuando estaba en lo ms alto de su ejercicio del poder y de influencia en la regin, cuando la mayor parte de los gobiernos de Amrica del sur eran sus aliados. No hay mal que por bien no venga. Quiz no pudiramos destituirle pero s demonizarlo hasta el punto de que su compaa resultara txica para los polticos del hemisferio asociados con l. Y nos servimos de esa toxicidad para contaminar e incluso derrocar a los candidatos presidenciales en una serie de elecciones, incluyendo las de Nicaragua, El Salvador, Per y Mxico. Ganamos las elecciones en Mxico en 2006 por los pelos, por unos escasos 0,6 puntos porcentuales, en unas elecciones en las que el recuento de la mitad de las urnas dio problemas, es decir, el nmero de votos emitidos ms los votos en blanco no correspondan con el nmero de votantes registrados. Y una de las razones por las que ganamos fue porque los medios atacaron sin descanso la candidatura izquierdista de Andrs Lpez Obrador (AMLO), vinculndole con Chvez (incluso a pesar de que en este caso no haba conexin alguna entre ellos).

Lpez Obrador sostiene una papeleta del partido MORENA, poco despus de su fundacin en 2013.

La victoria de AMLO ha sido aplastante y su partido, que ni siquiera exista hace apenas siete aos, ha obtenido la mayora en el Congreso. Esto supone una enorme prdida para nosotros. Es obvio que sus programas poltico y econmico son moderados, y estoy seguro de que podramos llegar a un acuerdo razonable sobre el NAFTA. Sin embargo, es un independentista populista y nacionalista como los que nos han estado dando la lata en Suramrica y Centroamrica y no apoyar nuestra poltica exterior como lo hace el actual gobierno, y eso es lo verdaderamente importante. Ya ha quedado suficientemente claro que no nos va a prestar ayuda en absoluto para cambiar el rgimen ni en Venezuela ni en Nicaragua, por ejemplo. Y, en este sentido, le pido que me excuse, voy a decir una obviedad: los ataques verbales a Mxico por parte del presidente Trump, su propuesta de muro que pagarn los mexicanos, y otras expresiones pblicas de hostilidad, probablemente han contribuido a explicar el meterico ascenso del nuevo partido de AMLO. Por no mencionar el fracaso a largo plazo de nuestra poltica de seguridad en el pas, la militarizacin de la guerra contra la droga y otros errores cometidos por anteriores administraciones, sobre todo en materia de poltica econmica y que se remontan a los aos ochenta. Y el intento de culpar del xito de AMLO y Morena a la supuesta interferencia de Rusia, por parte del general McMaster y otros, no logr engaar a muchos mexicanos, aunque les diera bastante juego en casa.

Por lo tanto, debo concluir pidindole que peque de exceso de cautela cuando tenga que enfrentarse a este tipo de retos, en lugar de encender las pasiones del nacionalismo y del sentimiento antiamericano que puede cambiar el sentido de la disputa electoral en Amrica Latina. A lo largo del siglo XXI fundamentalmente ha sido la izquierda la que ha enarbolado la bandera de la soberana nacional y de la autodeterminacin, creencias muy enraizadas en los pases en desarrollo, cosas por las que la gente en ocasiones est dispuesta a luchar y a morir, y que tienen una base racional. La democracia en un pas que no es soberano ser muy precaria, en el mejor de los casos, por no hablar de la integridad de sus elecciones, la independencia del sistema judicial o del Estado de derecho a los que pueda aspirar. Muchos son los que atribuyen parte de la explicacin de la inmensa diferencia entre la tasa de crecimiento y los niveles de vida en Asia y en Amrica Latina al grado de soberana nacional. Pero Washington no ha entendido del todo este tipo de creencias ni lo arraigadas que estn entre la poblacin de muchos lugares. Y, all donde ms las hemos subestimado, nos hemos enfrentado a nuestros mayores fracasos y derrotas, desde Vietnam hasta Irak (y lo que probablemente est por llegar en Oriente Medio).

Le hemos dejado una Amrica Latina controlada en su mayor parte por aliados leales a los Estados Unidos: Brasil, Argentina, Per, Chile, Colombia, Honduras y ms. Contamos con los 13 pases del Grupo de Lima que han exigido la imposicin de sanciones financieras contra Venezuela, algo inimaginable tan solo hace unos pocos aos. Ni siquiera en el momento del golpe de Estado en Honduras en 2009, que indign a lderes de todo el espectro poltico, se oa hablar de sanciones, as de fuerte es la tradicin latinoamericana de no intervencin los asuntos de otros Estados.

LE HEMOS DEJADO UNA AMRICA LATINA CONTROLADA EN SU MAYOR PARTE POR ALIADOS LEALES A LOS ESTADOS UNIDOS: BRASIL, ARGENTINA, PER, CHILE, COLOMBIA, HONDURAS Y MS

Logros an ms notables a la luz de las cartas que nos tocaron en la partida de la primera dcada de este siglo. Si tomramos una instantnea del actual paisaje, bien pudiera parecer que es el orden natural de las cosas. Pero espero que vea que no tiene por qu ser as. Cultivamos este delicado jardn a base de paciencia diplomtica, incluyendo la diplomacia pblica necesaria para que nuestro mensaje y nuestra explicacin de toda una variedad de conflictos domine los medios de comunicacin de masas, a veces alcanzando una notable uniformidad. Como ver, tampoco hemos tenido miedo de apoyar o financiar la accin poltica por otros medios cuando ha resultado apropiado: los golpes parlamentarios en Brasil y Paraguay; o los golpes militares y otro tipo de intervenciones en Venezuela, Honduras y Hait. Tambin hemos recurrido a nuestro poder financiero. Y gastamos decenas de millones de dlares anualmente a travs de nuestro Departamento de Estado y de la Fundacin Nacional para la Democracia para apoyar organizaciones polticas pro EEUU. (Podra explicarle otras cosas que hemos hecho en un informe confidencial.) Sin embargo, estos no pueden ser nuestros principales mecanismos de influencia en los aspectos polticos de la regin. La diplomacia, incluyendo la diplomacia pblica, debe de ser siempre el primer recurso.

Pudiera parecer que con los gobiernos de los pases ms grandes de nuestro lado y el liderazgo de instituciones multilaterales (incluyendo OEA, el Banco Interamericano de Desarrollo, e incluso en la actualidad el Mercosur) tan claramente en nuestras manos y en las de nuestros aliados, conseguiramos cualquier objetivo que nos propusiramos alcanzar. Pero, como nos ha demostrado la aplastante victoria de AMLO, la izquierda latinoamericana dista mucho de estar muerta. Incluso en aquellos pases en los que han perdido la presidencia en los ltimos aos, siguen contando con una gran proporcin del voto, mucho ms alta de la que alcanzaran en el siglo XX. Esto en parte obedece a que, salvo contadas excepciones, no les fue mal a sus votantes mientras estuvieron esas fuerzas en el poder: la pobreza en la regin cay de un 44 an 28% desde 2002 hasta 2013, tras una tendencia ascendente en los 20 aos anteriores.

No sabemos cundo llegara la siguiente recesin o crisis econmica ni qu impacto tendr en la regin. El Gobierno de Macri en Argentina ya se enfrenta a profundos problemas econmicos, y la popularidad del presidente ha cado de un 50 a un 30% en pocos meses. El Gobierno brasileo es profundamente impopular y se enfrenta a huelgas, cifras de desempleo de dos dgitos y un lentsimo crecimiento econmico. En el horizonte acechan nubes de tormenta en la medida en que persiste el ciclo de austeridad en la Reserva Federal de EEUU y aumenta la probabilidad de que se frenen en seco los flujos de capital en la regin, con la consiguiente probabilidad de que se originen crisis y recesiones.

La paciencia diplomtica, el ejercicio blando del poder y el cultivo de alianzas fueron nuestras armas ms poderosas para reducir la marea rosa que se haba tragado a buena parte de Amrica Latina durante la primera dcada del siglo XXI. Sinceramente, espero que puedan conservar y construir sobre nuestros logros.

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Marc Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research en Washington DC, y presidente de Just Foreign Policy. Es adems autor de Failed: What the Experts Got Wrong About the Global Economy (2015, Oxford University Press). Aqu la suscripcin a sus columnas de opinin.

Este artculo se public originalmente en ingls, en The Real News Network.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180905/Politica/21481/politica-EE-UU-Latinoamerica-Thomas-Shannon-Honduras-Venezuela-Argentina.htm

 


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