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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

De la nacionalizacin del antifranquismo al derecho a decidir: un pertinaz extravo en la izquierda

Martn Alonso
Rebelin


Segn el hilo narrativo de estas pginas, el secesionismo cataln del procs comparte, a pesar de la diferencia enorme que supone la violencia, varios elementos significativos con el abertzalismo del conflicto como muestra la estrecha colaboracin entre sectores de ambos lados de los Pirineos: la asuncin del derecho a decidir un trmino engendrado al albur de las expectativas decrecientes de ETA como buque insignia de las reivindicaciones y la movilizacin de un victimismo producto de la deformacin de la historia. Las diferentes expresiones del victimismo, que alcanzan su formulacin superlativa en la invocacin del genocidio en ambos espacios, se ejemplifica en la tesis espuria de la opresin nacional sufrida en el franquismo. Tal cosa ha sido posible por un proceso de nacionalizacin del antifranquismo que se opera a partir de los aos 60, poco despus de que la izquierda, que es quien haba puesto los muertos, los presos y los torturados, presentara desde el PCE la idea de la reconciliacin nacional. Y que se prolonga hoy. Naturalmente este relato no hubiera cuajado sin la contribucin de una parte de las izquierdas autctonas y el desistimiento de las otras. El franquismo como capital negativo, como deuda histrica impagada e impagable del Estado, a estas comunidades prsperas, es el argumento principal y recurrente en las reivindicaciones soberanistas. La nacionalizacin del antifranquismo es una pieza crucial para entender algunas de las principales disfunciones de la Espaa democrtica, en especial esa extraa situacin en la que los supuestos oprimidos resultan ser los ricos y los que disfrutan mayor reconocimiento y poder, incluida la polica autonmica. Vemoslo a lo largo de cuatro apartados.

El derecho a decidir, producido en Euskadi, patentado en Catalua

La falta de atencin a la conexin vasco-catalana en la construccin de un relato justificador del secesionismo es llamativa. No solo por las afinidades discusirvas, tambin por la estrecha colaboracin entre los nacionalistas de ambos lados. Borroka da bide bakarra!!! / La lluita es l'unic cam!!! titulaba un medio abertzale. Y segua: Pararemos el golpe de estado y acabaremos con la monarqua neofranquista! ( https://www.lahaine.org/borroka-da-bide-bakarra-la , 21/09/2017). E l profesor nacionalista vasco Mario Zubiaga resume as la conexin: Las primeras referencias en la prensa vasca aparecen en los noventa del pasado siglo: el derecho a decidir es todava un sinnimo del derecho de autodeterminacin. Posteriormente, lo que era una mera licencia estilstica se convierte en eufemismo en el proyecto del Lehendakari Ibarretxe. La innovacin discursiva debuta en el mbito jurdico de la mano del artculo 13 de su propuesta de nuevo estatuto. Una vez frustrada esa va, el trmino es acogido en Catalunya, donde se convierte en bandera movilizadora por medio de la Plataforma pel Dret a Decidir (PDD). A partir de ah, acadmicos vascos y catalanes, entre los que destaca Jaume Lpez, han impulsado una rica evolucin doctrinal ( Gara , 05/02/2015). El medio elegido dice algo. Unos cuantos aos antes el mismo autor haba descalificado las movilizaciones de Ermua en respuesta al asesinato de Miguel ngel Blanco con este argumento: No era fcil encontrar ciudadanos que pudieran expresar su opinin en euskera ( Egin , 16/07/1997).

Hay muchos ejemplos de la fertilizacin cruzada entre ambos espacios. En direccin sur, una cierta batasunizacin del procs en sus ltimos compases; en direccin norte la cadena humana de Gure Esku Dago en junio no solo mimetizaba la de la Diada de 2013 sino que mezclaba ikurrias y esteladas. Pero hay ms. El 22 de febrero de 2017 Juan Jos Ibarretxe organiz una conferencia en San Sebastin en la que intervino Artur Mas. Se titulaba El derecho a decidir. El proceso en Catalunya. El verano siguiente asegur en Barcelona que al PNV y al soberanismo cataln nos une la idea de que nuestros pueblos existen y tenemos derecho a decidir. Desde Euskadi os miramos porque os queremos. Nuestra suerte es compartida (El Correo, 20/07/2017).

El derecho a decidir (dad) nace en los aos finales del siglo. El atentado de Hipercor, el ms letal de ETA, haba alentado la formacin del Pacto de Ajuria Enea, que constituy el empeo ms eficaz contra la banda. Las movilizaciones de Ermua alentaron al PNV de Arzalluz, que viendo peligrar su hegemona prepara un frente nacionalista que se plasm en la denominada va Ollora, por el nombre de su impulsor, miembro del PNV y de Elkarri. Al pacto democrtico de Ajuria Enea le sustituy el pacto nacionalista de Estella (1998). Que Ezker Batua se apuntara a esa operacin es difcil de explicar. Tan difcil que destacados lderes de CCOO del P.V. como Santi Bengoa (12 aos al frente de CCOO de Euskadi, amenazado por ETA), se dieran de baja en el PCE. El pacto parta del supuesto de un conflicto histrico como origen de la violencia etarra y de la consiguiente necesidad de un dilogo sin condiciones porque la responsabilidad estaba repartida. El tercer espacio, con Elkarri y su lder Jonan Fernndez a la cabeza, apuntal esta visin desde la tesis del empate infinito y el corolario de la equidistancia, una frmula improcedente para conflictos con actores totalitarios y que ha contaminado a buena parte de los movimientos sociales (empezando por el pacifista que no supo distanciarse y enfrentarse a ETA en las movilizaciones de Lemniz o de Leizarn a pesar de los asesinatos y los atentados). La cristalizacin de la va Ollora se encuentra en la ponencia soberanista del PNV del ao 2000 titulada Ser para decidir, cuya msica informa el Plan Ibarretxe, ahora reverdecido en los dos extremos espaoles de los Pirineos.

La iniciativa frentista vasca tendra su apuntalamiento del lado cataln ese mismo 1998 con la Declaracin de Barcelona (PNV, CiU, BNG) a favor de un Estado plurinacional de tipo confederal, por un lado, y el seminario UNESCO sobre la aplicacin del derecho a la autodeterminacin como contribucin a la prevencin de conflictos, organizado por el telogo Flix Mart, Director del Centro Unesco de Catalua, Presidente del Instituto Linguapax y un estrecho colaborador de Elkarri y Herria 2000 Eliza, por otro. El apoyo de estas instituciones y otras cercanas como Ciemen fue determinante, primero para dar vuelo a los planteamientos del tercer espacio y luego, cuando se frustr el plan Ibarretxe, para aclimatar el dad en suelo cataln. Por eso no es de extraar que fuera la sede de Ciemen el lugar en el que se present Otegi al salir de prisin. Dicho de paso, estas organizaciones sirven para mostrar el papel de ciertos sectores de la sociedad civil, ms all de ANC y mnium, particularmente los vinculados a la Iglesia, al servicio de las reivindicaciones etnicistas, del obispo Setin a Montserrat. Ms llamativo es que esta sensibilidad haya calado en organizaciones tan materialmente alejadas de estos supuestos como los sindicatos; pero su presencia en la manifestacin secesionista de abril no deja lugar a dudas al respecto.

Es importante sealar que la colaboracin vasco-catalana fue muy activa durante los aos de ETA y que, a pesar de su persistencia, el terrorismo etarra no fue percibido dentro de la categora poltica que le corresponda: no como el brazo liberador de un pueblo oprimido sino como una organizacin totalitaria, militar y con claros tintes etnicistas y xenfobos. En los antpodas ideolgicos del credo igualitario, democrtico e internacionalista de la izquierda. Esto remite a la distorsin cognitiva fundamental de los ltimos aos de la dictadura, prorrogada a lo largo de la transicin y persistente durante las dcadas democrticas. El terrorismo, completado con la violencia callejera (kale borroka) y las formas sutiles de silenciamiento mantuvo amedrentada y, por tanto en condiciones de desigualdad en la competencia electoral y en la vida social, a una gran parte de la poblacin del Pas Vasco, la que no sintonizaba con el esencialismo abertzale. La antimovilizacin y la exclusin son los mecanismos sin los cuales resulta imposible entender las ltimas dcadas de historia vasca y el ltimo lustro de historia catalana.

Fueron los nacionalistas los mrtires de la dictadura?

En su prefacio al libro de Gisle Halimi sobre el proceso de Burgos, calific Sartre de pueblo mrtir al vasco. Asuma as la tesis del genocidio que haba elaborado el nacionalismo ya al final de la guerra pero sobre todo en el exilio. Algo parecido ocurri en Catalua donde Josep Benet patent la idea del genocidio cultural que Torra extendi hasta 1714 al referirse al Born como la zona cero de los catalanes. Victimismo militante, irredentismo emocional y falsificacin histrica se trenzan.

Si arrancamos de la Guerra Civil, debemos recordar donde se reclutaron mayoritariamente carlistas y requets, la rendicin de los batallones vascos en Santoa, el tercio de Montserrat, el papel de los Gom, Pla y Deniel y Tusquets, o los catalanes de Burgos. Sin entrar en detalles. La Antiespaa no era la Espaa nacionalista sino la Espaa roja. La represin se ensa con ella. En Bilbao muchos juicios contra nacionalistas ni siquiera se instruyeron, como ha estudiado el historiador Javier Gmez Galvo y la represin en el Pas Vasco no lleg a la dcima parte la de Andaluca. En 1944 no quedaba ningn nacionalista vasco en prisin. Slo desde finales de los 60, con motivo de las movilizaciones obreras y los atentados de ETA, la situacin empez a cambiar. Pero esa memoria se ha borrado. Nada menos que el decano de la escuela de negocios y economa de la Universidad de Deusto, Guillermo Dorronsoro, es capaz de explicar a Sean Coughian, corresponsal de educacin de la BBC ( https://www.bbc.com/mundo/noticias-36550903 , 17/06/2016), que por su historia en referencia al franquismo los vascos tienen la capacidad de movilizarse y generar apoyo pblico. Esta visin autocomplaciente se traslada luego a la tesis elkarriana de la movilizacin ejemplar de la sociedad vasca contra ETA. Falsedad sobre falsedad.

El mismo trato preferencial tuvieron los nacionalistas catalanes segn el testimonio del tristemente famoso comisario franquista Antonio Juan Creix, en palabras de Antoni Batista: [A finales de los 50] Creix continuaba implacable con los comunistas, pero comenz a bajar la guardia con catalanistas, estudiantes e intelectuales (https://www.sapiens.cat/epoca-historica/historia-contemporania/guerra-civil-i-franquisme/antonio-juan-creix-el-gran-torturador-franquista_10386_102.html, 21/06/2018).

Que estos datos hayan quedado opacados es un buen ejemplo del xito de la nacionalizacin mental. Que queda de relieve en una noticia reciente referida a las estribaciones del franquismo. Un medio vasco titulaba: Europa pide a Espaa que restae las heridas del 3 de marzo en Vitoria (El Correo, 12/07/2018). El artculo responda a la presencia de una delegacin vasca en la Eurocmara en relacin a los cinco trabajadores asesinados en 1976. La reclamacin entraba en el cors victimista de Espaa contra Euskadi y mostraba el empeo de, adems de distorsionar, internacionalizar el victimismo. Quines presidan la delegacin? Gorka Urtaran (alcalde del PNV en Vitoria) y Mirren Larrion (portavoz municipal de EH Bildu). Ninguna presencia de la izquierda. Y represe la diferencia entre estos nombres y los de los asesinados a los que reivindicaban: Pedro Mara Martnez, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, Jos Castillo y Bienvenido Pereda. Un buen ejemplo de cmo una reivindicacin obrera es instrumentalizada por el nacionalismo y blandida como agravio ante la mirada internacional. Y para la cuestin del doblete que sirve de hilo conductor: el Ayuntamiento de Vitoria presidido por Gorka Urtarn homenaje en marzo de 2016 a Llus Llach por haberles dedicado una cancin en 1976. Slo por eso sabiendo que Llus Llach compone hoy con Guardiola y Piqu la triada ms glamurosa del procs y que entonces era parlamentario de Junts pel Si? (Urtaran tena previsto nombrar a Llach hijo adoptivo pero no tuvo los votos necesarios; Llach haba estado esa maana en la prisin de Logroo para asistir a la salida de Otegi).

Esta dilisis de la historia que ha permitido la nacionalizacin del antifranquismo tiene su punto de inflexin en el Proceso de Burgos, que tuvo una rplica parcial en la Asamblea de Montserrat. Vale la pena transcribir las palabras con que las que lo formula el historiador Javier Corcuera: Burgos es el comienzo de la nacionalizacin del antifranquismo: ETA demuestra la desmesura de la opresin hecha a los vascos como tales, porque nadie, en caso contrario se jugara la vida por nada; simtricamente, por parte de los partidos de izquierda no nacionalistas, ETA es ocasin de intentar conquistar carta de ciudadana vasca que rompiera el histrico foso entre nacionalismo y socialismo, y que posibilitara la ampliacin del movimiento contra el rgimen. En esa dinmica, la lucha emprendida desde organizaciones obreras (que en lo fundamental haban sido las nicas actuantes hasta entonces) se convierte en lucha de los obreros vascos, o sea, en lucha de los vascos, o sea, en lucha vasca contra el franquismo, o sea, en lucha que demuestra la vitalidad de los vascos contra la opresin nacional, o sea, de una opresin tan grave que ha dado lugar al nacimiento de ETA.

El anlisis de la usurpacin es impecable. Solo que no fue el comienzo. Diez aos antes Josep Benet haba puesto en marcha la Campanya Jordi Pujol a partir de Els Fets del Palau, destinada a subrayar que la principal oposicin al franquismo vena de los nacionalistas catlicos. As lo refleja esta carta al senador demcrata norteamericano John Brademas recogida por Jordi Amat en la que seala que Els Fets eran: La manifestacin externa de que la poltica de oposicin, en Catalua, est llevada y realizada en gran parte por las nuevas generaciones, las que no intervinieron en la guerra civil, y que en esta oposicin hay grupos de catlicos jvenes que combaten en vanguardia. Es el pas joven que lucha contra el viejo y por razones biolgicas, al menos, son los que triunfarn. El compromiso histrico entre Montserrat (al que tan vinculado estaba Benet, el terico del genocidio cultural, el muidor de la campaa Volem bisbes catalans! e impugnador de Sol Tura) y el PSUC (Enric Juliana dixit ) explica que Benet fuera cabeza de lista del PSUC a la Generalitat. El proceso de nacionalizacin del PSUC sigue una pauta que acaba desalojando de la direccin a los castellanohablantes, como ha explicado con detalle Thomas Miley. Un proceso paralelo ocurre en el PSC. Y por arrastre en las cpulas sindicales. Aqu no cabe ms que el apunte, pero sin esa nacionalizacin de la esfera semipblica en el sector de la izquierda no estaramos donde estamos, ni el apoyo electoral a los partidos de izquierda donde est.

Pero conviene mirar al plano general, bien perfilado en estas palabras de Jos Mara Ruiz Soroa en Pardines. Cuando ETA empez a matar: Sucede adems que la represin franquista prcticamente consigui desarraigar mediante una represin salvaje las memorias socialistas, comunistas o anarquistas de la sociedad vasca, mientras que la levedad de la represin con el nacionalismo permiti la conservacin familiar y privada de su memoria particular. El aserto es aplicable al nacionalismo cataln. Los nacionalistas no fueron ms vctimas del franquismo que lo fueron de ETA.

Operacin Ogro contra el proceso 1001

Lo que llamo teorema de Hoffer consiste en neutralizar una reivindicacin social mediante otra de carcter identitario. Como se ha sealado ms arriba, el Proceso de Burgos, que concit un apoyo lgico de toda la izquierda dentro y fuera de Espaa sirvi para poner el foco en ETA a la que se atribuy un protagonismo contra la dictadura en perjuicio de las luchas obreras. Seguramente la expresin ms ajustada de quienes fueron los principales protagonistas del antifranquismo fue el Proceso 1001, contra los dirigentes de CC.OO. Relanse sus nombres, para hacer un equivalente con las movilizaciones de Vitoria sealadas. Recordemos que los elegidos para asistir a la reunin por Catalua y que se libraron casualmente de la detencin eran Cipriano Garca (Ciudad Real), Armando Varo (Melilla) y Jos Luis Lpez Bulla (Granada). El representante vasco, Pedro Santisteban Hurtado, fue detenido y form parte de los Diez de Carabanchel.

El Proceso 1001 haba suscitado un enorme inters nacional e internacional; pona el foco de la lucha antifranquista en su punto tras el Proceso de Burgos. Prueba de ese inters es que la plaza de las Salesas de Madrid estaba llena el 20 de diciembre de 1973 poco antes de las 10 cuando deba comenzar el juicio. Pero el juicio se suspendi y la plaza fue desalojada porque media hora antes ETA haba hecho explotar el coche de Carrero Blanco. Hay quienes sostienen que fue una coincidencia; desde CCOO se sostiene que ms bien que se busc la coincidencia en lo que sera una jugada maestra de vampirizacin. Con independencia de las intenciones, ETA consigui al menos dos cosas en detrimento de CCOO: atraer la atencin de los medios que se haban desplazado a Madrid con motivo del juicio embriagados por la resonancia mundial de su acto, escribe Sergio Vilar en Historia del antifranquismo y poner en cuestin la tesis en que legitimaba su accin terrorista, a saber, que no era posible acabar con la dictadura por la va pacfica. Como ha sealado Nicols Sartorius, uno de los procesados, ETA se apropiaba as el protagonismo de la oposicin al franquismo, truncaba la movilizacin en curso y castigaba a los sindicalistas con el aumento de penas (algo avalado por otros testimonios). Como ha recordado Jaime Cedrn, de CCOO de Madrid, estaba prevista la llegada del Secretario de Justicia del Gobierno de Kennedy y la de Marlon Brando, pero el asesinato trastoc esos planes. Pero sin duda lo importante para ETA estaba en que, como seala Sartorius, de las dos formas de oposicin al franquismo, una pacfica y democrtica y otra violenta, ese da esta segunda forma cercen momentneamente las posibilidades de la primera (El Pas, 19/12/1998). Por si quedarn dudas sobre la sensibilidad obrerista, los asesinatos de miembros de CCOO durante la democracia (Antonio Jos Martos en Barcelona, Francisco Medina, Ramn Daz, Mximo Casado, Jos Luis Lpez Lacalle fundador de CCOO o Juan Mara Jauregi en el Pas Vasco) dejan poco espacio para ellas. Los secretarios generales de las veintitrs federaciones de CCOO, con Marcelino Camacho al frente, condenaron una vez ms a ETA tras el asesinato de Francisco Media (El Pas, 26/06/1979). Podramos continuar con los afiliados a UGT.

Es significativo que desde sectores nacionalistas se haya omitido esta lectura en beneficio de aquella otra que seala, como Iaki Anasagasti, que el atentado fue la puntilla para el franquismo. Esta lectura es congruente con la ceguera ante un factor fundamental: la presin adicional que supuso para la transicin la accin terrorista de ETA, que multiplic los asesinatos de 11 en 1977 a 68 en 1978. La estrategia continu despus de las elecciones, siendo 1980 con 98 el ms letal de la historia de ETA (vsperas del 23-F). Porque -y la incapacidad de entender esto es un baldn que se sigue arrastrando entre parte de las izquierdas- ETA necesitaba hacer descarrillar la transicin e impedir la consolidacin democrtica, por la sencilla razn de que un rgimen democrtico mostraba la desnudez totalitaria de su credo. Por eso Telsforo Monzn afirmara en 1977 que la guerra no haba terminado la guerra y muchos aos se mantiene la cantinela de la baja calidad de la democracia espaola y la necesidad de acabar con el rgimen del 78. El procs bebe del mismo manantial.

Los ricos acumulan los agravios y escriben la historia

Se dice que la historia la escriben los vencedores. En los tiempos posmodernos parece que hay que invertir los trminos: los vencedores son quienes consiguen establecer su su historia como versin cannica del pasado. Una de las piezas que ayuda a penetrar esta mistificacin es la constatacin de que las preferencias secesionistas se acumulan en el vrtice de las variables estratificacionales: renta, nivel de estudios, lugar de residencia, apellidos nativos (origen). Para poner cifras del CEO del ao pasado: solo el 32% de los catalanes con ingresos inferiores a 900 son independentistas frente al 54% de los que ganan ms de 4.000.

No parece este un dato irrelevante cuando hablamos de izquierda y derecha, de arriba y abajo. Que la agenda tnica haya desbordado a la social es un buen indicador de quienes son los vencedores. Que una alcaldesa de la nueva izquierda como Ada Colau asegure que el 22 de octubre pasado fue el da ms terrible de los ltimos 40 aos (TV-3, 22/10/2017), da cuenta de la magnitud de los estragos cognitivos que provoca el nacionalismo, como anticipaba el juego de palabras del ensayo de Mario Onainda (Los perjuicios que causan los prejuicios nacionalistas). La incapacidad para identificar la naturaleza de ETA es heredera en parte de la deriva de los ltimos aos del franquismo cuando la izquierda confunde las reivindicaciones identitarias (comprensibles en la dictadura) con el programa de la democracia y la emancipacin. Y esto mismo explica una segunda ceguera no menos cargada de consecuencias: la que impidi percibir y responder a la patrimonializacin nacionalista por la que abertzales y catalanistas modelaron las instituciones autonmicas a su medida. As se mantiene el tab de la virginidad democrtica de la inmersin lingstica; porque no se ha calibrado en su justa medida el calado de la homogeneizacin nacional (Gleichschaltung).

Si hay un rasgo que caracteriza los anlisis desde una perspectiva social es la prioridad que conceden a los factores estructurales. Si ordenamos las regiones por el PIB per cpita, Catalua se sita en cuarto lugar (28.590 euros), con un 19,3 % por ciento por encima de la media, slo detrs de Madrid, el Pas Vasco y Navarra. De modo que de acuerdo con estos datos las comunidades nacionalistas que se quejan del trato de Espaa figuran entre las ms ricas. La correlacin positiva entre opresin y riqueza es indita en los anales histricos y solo explicable por la poderosa ingeniera social que manejan los tribalismos plutocrticos. Esto resulta ms visible en trminos comparados.

Podemos fijarnos, en primer lugar, dentro del mismo marco estatal en la otra comunidad histrica, Galicia: ocupa el 10 lugar en PIB per cpita, situndose en un 10,9% por debajo de la media. El dato no resulta probablemente irrelevante para entender cmo en Galicia no ha arraigado el dad, pero es indispensable cambiar la lente que han patentado los supuestos agraviados para percibir el contraste.

Vayamos con otro dato: uno de los argumentos reiterados del agravio nacionalista es el centralismo y la falta de reconocimiento de las identidades nacionales vasca y catalana. Aqu la comparacin tiene que ser internacional. Podramos comparar los niveles de autogobierno o de reconocimiento de la lengua y otras particularidades entre la parte de estos territorios situados en Espaa con la contraparte francesa. (Y recordar al respecto la declaracin de Macron en Crcega en febrero: hay una lengua oficial, y es el francs. No hace falta detenerse mucho pues es notable la diferencia. Sin embargo, la accin de ETA se ha concentrado en el sur, mientras sigue usando del norte como plataforma propagandstica, como en los actos de Cambo o la siniestra escultura del hacha en Bayona. Lo mismo pasa con el procs: nada parecido en el norte cataln. Sin embargo, segn el ndice de Autoridad Regional (RAI, por sus siglas en ingls), Espaa es el segundo pas ms descentralizado (33,6 puntos), solo precedido por Alemania (37). Suiza ocupa el sptimo lugar con 26,5 puntos y Francia el 16 con 20 puntos. Tambin aqu fallan las explicaciones estructurales. Veamos algo sobre la renta. En trminos comparados y con datos del INSEE, la Catalua norte ocupa el puesto 88 entre 100 unidades territoriales. Los ingresos medios por hogar son en Perpignan de 2067 euros brutos por mes para una media de 2520 en Francia (datos de 2012). De modo que la comparacin es doblemente elocuente tanto en trminos internos como cruzados. No me alargar con el caso vasco, pero como pista resear el acuerdo en abril pasado del Gobierno Vasco y la Oficina Pblica de la Lengua Vasca para dedicar 1.930.000 euros para impulsar el euskera en Iparralde (Euskadi Norte) durante 2018. Estar computado como ayuda al desarrollo?

Si las variables duras (las condiciones objetivas) no explican la respuesta social, hay que acudir a las blandas, los procesos de ingeniera social que enmarcan la accin colectiva; lo que pone el caso cataln en el rubro de fenmenos como el Brexit, la eleccin de Trump, las ltimas elecciones italianas o el referndum colombiano. Estamos pues ante una mezcla de nacionalismo de ricos y populismo del bienestar. Es el monopolio de capital simblico y la hegemona sobre la infraestructura de resonancia (medios, academia, instituciones) lo que permite explicar el procs como resultado de una nacionalizacin intensiva que se ha traducido en una radicalizacin de los sectores mejor situados y la apropiacin de la calle, con eslganes que hacen pensar en movilizaciones inciviles de infausta memoria.

De modo que es acuciante la tarea de subsanar este desajuste cognitivo heredado del franquismo. No es nicamente cuestin de reparacin de estragos del pasado. Porque los beneficiarios no solo se han servido de esta manipulacin del antifranquismo para blanquear su pasado, sino que la invocan ahora como argumentario para esos proyectos insolidarios enmascarados en la sacarina conceptual del derecho a decidir. Sobre los estragos cognitivos se expres con meridiana claridad un historiador acreditado afincado durante un cuarto de siglo en Barcelona y uno de los firmantes del Foro Babel, Gabriel Jackson: Lo que hace nico el caso vasco, y lo que me choca como historiador, es que el terrorismo poltico vasco de los ltimos 20 aos desafa cualquier explicacin racional, a menos que uno desenrede la historia real de la historia mitificada y de la falsa antropologa. [] cualquier imagen de que los vascos han sido oprimidos (ms que los dems) por los gobiernos espaoles, es, literalmente, mitologa pura (El Pas, 25/01/2000). Si nos quedamos en la manipulacin de la historia y de la antropologa, sus palabras son extensivas a lo que conoce hoy Catalua. Previ lo que ocurrira al mostrarse escptico sobre el encaje de los partidos nacionalistas en el sistema constitucional, porque es imposible satisfacer a estos partidos (El Pas, 20/08/1998).

Pero para el ncleo de este escrito importa recordar a los doblemente perjudicados, por la realidad del franquismo y por el relato nacionalizado del antifranquismo, y lo hago con las palabras del historiador Jos Antonio Prez, de la Universidad del Pas Vasco: Sin embargo, despus de casi cincuenta aos, buena parte de aquellos militantes del movimiento obrero que participaron en las protestas que paralizaron las fbricas desde comienzos de la dcada de los aos sesenta y llenaron la calles -y las crceles- durante las protestas obreras, incluidas las que se organizaron en solidaridad con los procesados en Burgos, viven hoy con una evidente decepcin y con un punto de amargura la apropiacin de la memoria del antifranquismo a la que ha procedido el nacionalismo, presentndose ante la sociedad vasca como el gran artfice y protagonista de aquellos aos en la lucha contra la dictadura. Tambin esto es aplicable a Catalua. Sirvan estas consideraciones de mnima reparacin a ese doble maltrato.

Martn Alonso es autor de El catalanismo, del xito al xtasis (El Viejo Topo, 3 vols. 2014-2017).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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