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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2018

Politizar a la Universidad

Ricardo Orozco
Rebelin


El presente ao, a propsito de la conmemoracin de la masacre estudiantil de 1968, el andamiaje administrativo de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico se ha dedicado a desplegar una serie de estrategias culturales, artsticas, acadmicas, literarias, etc., orientadas hacia el trabajo de la memoria colectiva que los mexicanos, en general; y la comunidad estudiantil, en particular; tienen en torno de aquellos acontecimientos que en Octubre prximo cumplen cincuenta aos. Pero lo ha hecho en un sentido en el que lo que en aquel momento fue un movimiento que trascendi a la propia institucionalidad de las entidades escolares involucradas, hoy quede reducido justo a eso: a un recuerdo que hay que preservar como un pasado, quiz no tan distante, al cual se le debe rendir culto, pero siempre teniendo como lmite la precaucin de no buscar (re)vivirlo y actualizarlo en el presente como una prctica tica y poltica ineludible.

En este sentido, desde principios del ao, los mexicanos y las mexicanas han asistido a un magno esfuerzo de la Universidad de representaciones de la memoria histrica del 68, saturadas de solemnidad y de discursos plagados del lenguaje revolucionario, crtico y abiertamente contestatario de quienes cinco dcadas atrs se indignaron y actuaron no nicamente en contra de los atropellos cometidos por el gobierno en turno sobre los estudiantes y los recintos a los que acudan a tomar clases, sino en contra, tambin, de un sistema poltico obsesionado con la idea de despolitizar a las masas, obsesionado con el objetivo de hacerlas simples receptoras de su poder y consumidoras insaciables de las mercancas ofrecidas por el capitalismo como aspiracin existencial.

La solemnidad en curso, por supuesto, no hace sino excluir la necesidad de la autocrtica sobre el camino andado, sustituyndola por la autocomplacencia que produce el saberse herederos de aquel pasado glorioso en el que se rompieron las cadenas de una sociedad a la que incluso se le expropi el derecho legtimo de reivindicar el recuerdo de su propia participacin histrica en cada bao de sangre, en cada guerra y cada crisis que se vivi en el pas. Y los discursos vigentes, por profundos que sean sus parafraseos de las consignas de ayer, por extensa que sea su labor de recuperar los reclamos que hicieron eco lo mismo entre estudiantes que entre trabajadores, entre mineros que entre mdicos, entre oficinistas que entre ferrocarrileros, entre hombres que entre mujeres, entre jvenes que entre adultos, entre el Mxico profundo que al finalizar la guerra civil se urbaniz que entre el Mxico moderno que naci con espritu estadounidense; y por ms sistemtico y reiterativo que sea su empecinamiento en despojar a la ciudadana de su combatividad para apropirsela y adjudicrsela a las clases que hoy administran el Estado; siguen siendo discursos vacos de todo contenido: apenas formas aparentes de la pretensin de Ser agentes de cambio.

Hace aos que intereses propios y ajenos a la conduccin de la Universidad la mantienen asediada, buscando constituirla como un mundo, un universo por completo aptico y desconectado de la realidad de violencia, desigualdad y explotacin generalizadas que se viven, da con da, en todos los rincones de la geografa nacional. Hoy, la norma que dicta los estndares de calidad educativa, cientfica y humanstica, de la institucin son los estndares propios del neoliberalismo ms atroz. Hoy, el xito de sus estudiantes se mide en su eficiencia terminal, sin importar que el trnsito de su vida universitaria se reduzca al superficial objetivo de obtener un ttulo o un grado nobiliario que le conceda la ilusin de tener un estatus superior en sociedad. Hoy, la calidad de sus profesores se mide por la cantidad de su produccin en revistas y libros, con independencia de que el volumen producido no pase de ser un exhaustivo ejercicio de regurgitamiento y reciclamiento de espacios comunes e ideas trilladas que por lo rebuscado de su redaccin se aprecian como contenidos crticos, aunque no lo sean.

Hoy, y desde hace muchos aos, la convivencia de la comunidad universitaria, dentro de sus instalaciones, se est viendo empujada cada vez ms hacia un puro reflejo mecnico de asistencia a aulas sin que ello se traduzca en el cultivo autocrtico de una cultura poltica activa. El avance del neoliberalismo sobre la Universidad se ha cristalizado, cada vez con mayor fuerza, en el sometimiento del universitario a una carencia de prctica poltica en su comunidad; y ello no slo en lo que concierne a los asuntos propios de la misma, sino, ms an, en todo lo que se refiere al rumbo de su sociedad.

Por eso no sorprende ver que hoy el conservadurismo ms retrograda se personifica en esas figuras tambin llenas de solemnidad autodeclarada que reducen la prctica pedaggica a aquello que sucede en un saln de clases: como si con el simple hecho de tomar un aula de la materia que sea el alumno ya est poniendo en juego la irrenunciable exigencia de posicionarse en los asuntos que le competen, por cuanto integrante de una sociedad que cada vez asla e individualiza ms a sus integrantes, reafirmndolos como meros consumidores de un cmulo inagotable de mercancas.

Y es que, en efecto, ms all de las coyunturas nacionales que significan los cambios de gobierno a nivel federal (en donde los intereses de la administracin de la Universidad se acomodan segn sople el viento), el mayor peligro al que se enfrenta la Universidad proviene de ese empuje constante que pretende hacer de ella un espacio inmaculado en el que las catarsis que se viven en la cotidianidad del cuerpo social no tengan lugar, no calen hondo en las conciencias de quienes, se supone y en verdad lo son en un pas en donde la educacin superior es un privilegio de las clases medias; y uno que ya no pone en juego ninguna promesa de movilidad social los estratos poblacionales ms privilegiados de Mxico.

Se olvida ya con tanta facilidad y sin tantos tapujos que frente a las mayores crisis de violencia que han asolado a este pas en los ltimos dos sexenios fueron los estudiantes, los acadmicos y administrativos de la Universidad, comprometidos con la construccin de un proyecto poltico diferente, los que se posicionaron al frente de aquellas monumentales manifestaciones que cimbraron la retrica y el anesteciamiento en los que vive ensimismado el poder pblico. Se olvida, sin mayor reparo, que millones de mexicanos son los benefactores directos de aquellas conquistas polticas que los estudiantes conquistaron para su sociedad. Y si hoy algo de aquella historia y de ese compromiso se mantiene, es porque desde esos escasos y siempre asediados sectores se ha decidido resistir: no por el individuo, sino por la colectividad.

Toda prctica pedaggica y educativa debe traducirse en accin poltica directa sobre la sociedad si es que se pretende que los ciudadanos a los que se escolariza no sean simples autmatas del mercado: individuos apticos y desinteresados por todo cuanto no afecte directamente sus intereses personales, cada da ms reducidos y ms fciles de satisfacer por el mercado neoliberal. Y aqu es, por ello, importante el no olvidar que en la historia de Amrica son los momentos de crisis, de protestas y de inconformidad social, los que le han servido a sus pueblos como los principales asideros no slo en trminos de cuestionamiento del estado de cosas imperante, sino de ejercicios pedaggicos del quehacer poltico.

De ah la importancia de observar en las protestas recientes de los universitarios un hecho que no se encuentra aislado de la totalidad social. Y es que s, es cierto, las condiciones de seguridad en las instalaciones de la Universidad se han ido degradando a pasos agigantados. Y s, tambin el modelo educativo y de convivencia entre universitarios ha fragmentado espacios y posicionamientos, ticos y polticos, que antao sirvieron como punta de lanza para lanzar las consignas que hoy ya no resuenan en las calles y las avenidas del pas.

No son estas movilizaciones de la comunidad universitaria un mero capricho de la misma. Y menos an se reducen a la exigencia hoy tan visible de expulsar de la Universidad al grupo de choque por excelencia lo mismo de Rectores que de Directores de Facultades, Escuelas, Preparatorias y Colegios. Lo que hoy est teniendo lugar en la Universidad es reflejo del hartazgo que se vive por causa de la descomposicin del tejido colectivo de la sociedad.

S, son movilizaciones por las universitarias acosadas, violadas y asesinadas en los ltimos aos. Pero tambin son movilizacin por un pasado con millones de casos similares que la memoria colectiva olvid, y por supuesto, por un futuro en el que esos casos sean la excepcin, y no la regla. S, son movilizaciones por la inseguridad y la violencia que los universitarios viven en da a da. Pero lo son tambin por la violencia y la inseguridad con la que se vive en el resto del pas, en donde el morir desmembrado, decapitado o disuelto en aceite es ms sencillo que lograr sacar adelante a una familia que gana el salario mnimo. S, son movilizaciones por las agresiones vividas, a manos de grupos porriles (de choque), el pasado 3 de septiembre, frente al edificio de Rectora. Pero tambin lo son por todos aquellos que en el pas se han inconformado y han actuado frente a un aparato estatal represor, que termin declarndoles una verdad histrica indiscutible.

Queda en el tintero la reflexin sobre por qu se decidi disolver una manifestacin tan pequea, tan concentrada y tan pacfica, por medio de una agresin de proporciones como la observada frente a Rectora. Un movimiento poltico francamente torpe? Un golpe de timn desde intereses opuestos a la administracin en curso? Una advertencia de grupos anquilosados al rgimen federal saliente, de cara a la cercana que se tiene con el gobierno entrante? Quiz, como sucedi con miles de documentos, voces y vidas que se aniquilaron en el 68, jams se sabr ms all de la pura especulacin.

Pero lo que ahora s se sabe es que la inmovilidad no es una opcin. Porque por concentrada y reducida que pueda o no ser la protesta en curso, lo que queda claro es que de seguir por el camino recorrido, por el recurso a renunciar al posicionamiento poltico, por la salida fcil que supone el no tomar una posicin tica concreta frente a la descomposicin de la sociedad, lo nico que se tiene asegurado es ms de lo mismo.

Y hay que aclarar, como reza el viejo adagio de la Revolucin de 1905: Las masas no van a la revolucin con un plan preconcebido de la sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja.

Que la memoria del 68 no sea slo un recuerdo solemne al que se le deba rendir culto, sino una realidad que se debe seguir (re)viviendo y actualizando de manera permanente!

Por mi raza hablar el espritu!

Ricardo Orozco, Consejero Ejecutivo del Centro Mexicano de Anlisis de la Poltica Internacional.

Blog del autor: https://columnamx.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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