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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2018

A dnde van las palabras que no se quedaron?

Ariel Dacal Daz
La Tizza


Todo proceso de reforma parte de acumulados, nunca de cero. Por esa razn, si bien es imprescindible analizar los aadidos que trae el proyecto de Constitucin cubana, tambin lo es observar las omisiones respecto a lo que ya estaba.

Que la actual Carta Magna est en despedida no se explica solo por el nuevo momento histrico y por la adecuacin a las transformaciones realizadas. Tambin por los ajustes tcticos y estratgicos en la comprensin sobre los horizontes de la Revolucin, los sujetos que la componen, la relacin entre ellos y el entorno global que la condiciona.

Coloco mi atencin en aquellas palabras constituyentes de 1976, y omitidas ahora, las que no sucumbieron ni en el ao 1992 ni en el 2002. Palabras que hablaban de sentidos, de posicionamientos, las que referan haca dnde, cmo, para quines y en qu condiciones internacionales se constituy aquel proyecto de pas.

En la Ley de leyes ahora propuesta, el Estado no ratifica estar consciente de que los regmenes sustentados en la explotacin del hombre por el hombre determinan la humillacin de los explotados y la degradacin de la condicin humana de los explotadores.

El Partido, fuerza superior que organiza y orienta los esfuerzos comunes, no declara ms el objetivo final de edificar la sociedad comunista, como orden que supere aquellos regmenes. Tampoco se destacan como sujetos del proceso a los obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales.

Este no ser un Estado socialista de trabajadores.

Qu sucedi con aquellas palabras/sentidos de alto calibre? Pasaron de moda? Ya no sirven para explicar la realidad? Fueron un error? Acaso describen un horizonte demasiado ancho en un mundo demasiado hostil? No podrn ser pronunciadas por ahora? Quedan agazapadas para volver en otro momento histrico?

Los pocos y tenues argumentos esgrimidos para explicar por qu no estn ms refieren que los tiempos han cambiado, que debemos ser prcticos y no tericos, debemos parecernos ms al mundo; y, adems,tcnicamente ya estaban fuera de los documentos de la reforma y el Parlamento no se refiri a ellas en los debate previos. Para redondear, aparece una idea lapidaria: nadie sabe qu es el comunismo.

Me atrevo a afirmar que no son muchas las personas que vemos en estas omisiones un problema de fondo. Es asombroso que cientos de miles de miembros del PCC y de la UJC no se den por enterados, o que noten la omisin como algo natural y dialctico. Smese que en la sesin plenaria del Parlamento donde se debati el proyecto, donde el 96% de sus miembros pertenecen a las filas de esas organizaciones nominalmente comunistas, solo se escuch a dos personas extraarse de que no apareciera la palabra comunismo en la nueva Constitucin, y solo dos defendieron consagrar las potestades de los trabajadores/as en las decisiones econmicas.

Nada es de extraar. Los sentidos primeros de esas palabras han sido trastocados por dcadas. Las palabras mismas fueron adormecidas desde los aos 90. Estn olvidadas por el desuso. No se re-significaron desde otras maneras de hacer poltica directamente por el pueblo en su condicin dual de productor/ciudadano. Por el contrario, algunos referentes concretos y cotidianos con el que muchas personas las relacionan no motivan suficientemente salir a defenderlas. Al mismo tiempo, tales palabras/sentidos no son muy bien vistas en el entramado de instituciones y relaciones internacionales en las que el Estado cubano se inserta.

Si bien no deja de ser dramtico que los trabajadores y las trabajadoras no salgan a luchar por ellas, por sus significados primigenios, es un hecho que la clase trabajadora no hace poltica para s, capacidad atrofiada por aos. La conciencia de clase es un amasijo complejo y contradictorio dentro de un escenario donde la utopa colectiva y dignificante cedi paso a la utopa de la prosperidad individual. Escenario donde la lucha entre socialismo y capitalismo pas de moda, o al menos sus postulados generales parecen quedar lejos de los apuros por reproducir la vida cotidiana, cada vez ms asumida como un asunto personal.

El problema no se reduce a que la gente sea mala o buena, a qu est cansada o aptica, ni a que detrs de los cambios haya, o no, malas intenciones.

El problema est en los prolongados dficits de la poltica revolucionaria, de su raquitismo clasista, democrtico y liberador. Para ser ms exacto, en los lmites revolucionarios de las polticas en curso, tanto doctrinales como organizativos.

Una pregunta es central para desagregar este asunto: quines y desde dnde se tom la decisin de dar este giro? Acaso la clase trabajadora, organizada polticamente, consciente de sus desafos histricos y cotidianos, renuncian a un Estado que la proteja como prioridad, que la potencie como clase y que se amolde a sus intereses?Acaso sustituy su derecho constitucional a participar en la elaboracin y ejecucin de los planes productivos, por una participacin activa y consciente en lo establecido por el Estado que la representa?

La respuesta es no.

Mrese otra perspectiva Quines redactaron durante cinco aos las pautas del proyecto constitucional? Un pequesimo comit de altos funcionarios del Estado que, adems de hacerlo a puerta cerrada, solo pretendan corregir los lmites constitucionales padecidos por el proceso de reforma. Quines integraron la comisin parlamentaria para redactar el proyecto? Esencialmente personas con cargos directivos, miembros de un Parlamento compuesto por dirigentes en poco ms del 70%. Quines valorarn oportunamente las propuestas surgidas en la consulta popular?

Quienes han tomado estas decisiones pertenecen al sector que histricamente se erigi en representante poltico y administrativo de la clase trabajadora, del pueblo dueo de los medios de produccin que la Revolucin arrebat a los explotadores: llmesele burocracia, funcionariado, dirigentes o vanguardia (aun cuando estos trminos no significan lo mismo).

Ese grupo social que en 1976 declar constitucionalmente realizar la voluntad del pueblo trabajador, afianzar la ideologa y las normas de convivencia y de conducta propias de la sociedad libre de la explotacin del hombre por el hombre; declara hoy un Estado organizado con todos y para el bien de todos, el cual acta en representacin y beneficio del pueblo como propietario y busca fortalecer la unidad nacional conciliando los intereses de los ciudadanos. En estos nuevos derroteros, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, trabaja por preservar y fortalecer la unidad patritica de los cubanos.

Qu significa conciliar los intereses de los ciudadanos? Qu significa la unidad patritica? Nada ms y nada menos que poner de acuerdo a ciudadanos/as cuyos lugares socioclasistas son desiguales. Unos/as se apropian del trabajo ajeno, otros/as administran los recursos y las polticas, y otros/a solo cuenta con su fuerza de trabajo. Estos ltimos, la compleja y heterognea clase trabajadora, contar ahora con menos potestades en medio de dos fuegos: la incipiente burguesa nacional, por un lado, y la fortalecida burocracia empresarial estatal junto a la contradictoria burocracia sindical, por el otro.

En la prctica, el Estado actual se erige en rbitro poltico, doctrinal y jurdico de un orden que pretender conciliar, armonizar y estabilizar las relaciones entre quienes explotan y quienes son explotados, y donde la clase trabajadora seguir representada por un grupo social ajeno a ella, el mismo que, paso a paso, sustituy el inevitable repliegue tctico del proyecto revolucionario socialista cubano en los aos 90, por una visin estratgica de construccin del socialismo clasista, donde el Estado conciliar los intereses de los ciudadanos y distribuir las riquezas con equidad y justicia social.

En la reconfiguracin, el Estado no se plantea la prioridad del mundo del trabajo. No se plantea constitucionalmente el fomento y desarrollo de instalaciones y planes vacacionales, la organizacin de crculos infantiles, seminternados e internados escolares, casas de atencin a ancianos y servicios que facilitan a la familia trabajadora el desempeo de sus responsabilidades. No postula ms el reconocimiento del trabajo voluntario, no remunerado, realizado en beneficio de toda la sociedad, en las actividades industriales, agrcolas, tcnicas, artsticas y de servicio, como formador de la conciencia comunista del pueblo trabajador. Tampoco mantiene un amplio sistema de becas para estudiantes y trabajadores, ni propicia que los trabajadores se incorporen a la labor cientfica.

Un trmino que condensa el nuevo momento consagrado en la propuesta de Constitucin es el de construccin del socialismo. En la visin de Marx (la que parece haber pautado el texto constitucional de 1976) socialismo significa perodo de transicin al comunismo, no un fin en s mismo (como parece consagrar la actual propuesta). Al mismo tiempo, el revolucionario alemn comprenda que el socialismo constituye, necesariamente, una sociedad contradictoria y conflictiva en el empeo de superar las relaciones productivas (materiales y espirituales) generadas por el capital y forjar nuevas relaciones que asuman como centralidad el trabajo, en l se crea no solo lo que comemos o vestimos sino que nos creamos y creamos aquello en lo que creemos.

Obviar estas comprensiones ha reducido el alcance revolucionario de las polticas socialistas. Por ejemplo, mucho se ha hablado sobre el papel de los incentivos morales y materiales para aumentar la productividad de los trabajadores/as y su nivel de conciencia, pero poco sobre los incentivos polticos, tales como el control democrtico de la economa, el Estado y la sociedad, mediante los cuales estos/as crean, deciden y controlan las polticas, sin opresin ni tutelaje de clase social alguna.

Como recuerda el filsofo cubano Jorge Luis Acanda, es slo mediante la participacin y el control de su vida productiva que la gente desarrolla un inters y un sentido de responsabilidad por lo que hacen para ganarse la vida cotidianamente. La democratizacin de la produccin, tanto de la artstica, como de la pedaggica, como de la econmica, es un proceso profundamente cultural, y por ello poltico.

Es cierto que el mundo realmente existente condiciona el alcance de los proyectos progresistas, y, sobre todo, de aquellos con matriz anticapitalistas. Es cierto que en circunstancias tales los horizontes tienen que ser ajustados y el deber ser emancipador no es la mejor poltica, la ms viable. Otra cosa bien distinta es desechar el horizonte y convertir la necesidad en virtud. Otra cosa es no pretender, en las nuevas circunstancias, los mismos objetivos, lo que significa no poner a prueba la creatividad revolucionaria para acumular fuerzas y experiencias.

La gran osada de Cuba ha sido asumir como desafo histrico un proyecto liberador socialista en clave comunista. Para ser ms preciso, ha sido una osada enorme enfrentar a fuerzas que proclaman, divulgan y reiteran que ir en contra de los designios del capital, en general, y de Estados Unidos en particular, es un sinsentido.

Es precisamente por eso que perder las coordenadas (palabras/sentidos) dentro de un escenario histrico adverso es peligroso polticamente para el proyecto liberador de la clase trabajadora, la nica que ha pretendido superar todas las formas de explotacin y alcanzar la entera dignidad del ser humano. Pretensin esencial que, por cierto, se conoci como comunismo.

La transicin socialista, forma poltica de ese proyecto, consiste en una lucha constante por la edificacin de espacios, instituciones y prcticas sociales antagnicas con aquellas que reproducen el dominio de la burguesa o la inoperancia de la burocracia. Significa una transformacin total del sentido comn, de lo que siempre se ha considerado como natural y lgico.

La comprensin anterior permite asegurar que la garanta del socialismo no radica en una manera nica de organizacin poltica revolucionaria, ni en una unidad nacional abstracta, sino en la capacidad de crear, defender y potenciar relaciones democrticas populares que propicien que el mundo del trabajo y su ciudadana administren la vida material y espiritual, privada y pblica.

Hacia dnde, para quines y con quines, son pautas de un horizonte que deben quedar bien definidas, sobre todo cuando las circunstancias obligan a repliegues tcticos (por ahora) como lo es la conciliacin de clases y convivir con relaciones socioproductivas explotadoras. Repliegues que corren el riesgo de trastocarse en estratgicos (permanentes) y ser presentados como estado ideal.

Hay palabras que arropan sentidos esenciales. El uso o desuso de ellas tambin es una posicin poltica ante la realidad. Apurarse en barrerlas como hojas secas es una actitud poltica. Luchar por sus contenidos y formas revolucionarias, aun en escenarios que no lo aconsejan, tambin lo es. Solo mediante la posesin directa de su propiedad social, las trabajadoras y trabajadores se preguntaran a dnde van las palabras que no se quedaron? y saldran a luchar por ellas, por lo que representan en su vida cotidiana.

Ariel Dacal. Historiador y educador popular. Trabaja en el Centro Martin Luther King Jr., de la Habana. Es coautor, junto a Francisco Brown, del libro "Rusia: del socialismo real al capitalismo real" (2006).

Fuente: http://medium.com/la-tiza/a-d%C3%B3nde-van-las-palabras-que-no-se-quedaron-52c0582a0486



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