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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2018

Cosas que es mejor callar
La volatilizacin del lenguaje en la era internet

Jos M. Camblor
Mientras tanto


La primera vctima de las redes sociales es la verdad.

Wittgenstein deca que era mejor guardar silencio sobre aquellas cosas que no podan ser aprehendidas a travs del lenguaje como Dios, el mundo, etc., y eso lo haca en una poca en la que las gentes mantenan cierta vocacin de construir en comn un discurso para llegar a la verdad. Probablemente si el filsofo viens levantara la cabeza en los albores de este tercer milenio, se quedara perplejo al ver no solo que ese prudente silencio ha desaparecido, sino lo que lo ha sustituido. Pues en este tiempo atropellado en que vivimos parece que el lenguaje est perdiendo en el discurso pblico y no solo de forma coyuntural su funcin esencial: la capacidad para comunicarse de una manera razonable con los dems.

Puesto que las visiones del mundo se sostienen en diferentes relatos, es tan importante el contenido que estos tengan como la forma en que se expresen. El marco actual del discurso pblico se ha transformado de tal manera que el nfasis y la onomatopeya tienen ms peso que lo dicho y, si lo que se quiere es dialogar, cada vez tiene menos sentido decir algo y acaso si bien por otras razones a las aducidas por Wittgenstein acabar siendo mejor callarse. Si la verdad est hecha de matices, qu sentido tiene tratar de participar en una conversacin cuyos interlocutores no tienen tiempo para detenerse a distinguir las tonalidades? En este mundo de apelacin continua a la emotividad y a las consignas, si uno desea comunicarse eficazmente solo podr hacerlo a travs del lenguaje vehemente y simplificador que las redes sociales imponen. En caso contrario, en el mejor de los escenarios, el mensaje se decodificar como dbil o banal, y, en el peor, se perder irremisiblemente en el sumidero de las ondas electromagnticas sin ser atendido por nadie. Si alguna vez fue cierto que la verdad nos iba a hacer libres, lo que ha hecho el nuevo paradigma comunicativo ha sido confinarnos en una enorme prisin.

Tal estado de cosas se ve favorecido por la idea generalizada de que la verdad es algo evidente y que no hay ms que mirar en torno nuestro para hacernos con ella. Segn esto, todos conocemos de manera natural la verdad. Sin embargo, si eso fuera as, la posibilidad de compartir esa verdad de forma intersubjetiva no ofrecera obstculo alguno, pues no habra ms que exponerla, que hacer un gesto ostensible con la mano y sealar he aqu la verdad. Pero esto (debera ser obvio) no es as. El hecho de que mi conviccin se oponga a tu certeza requiere siempre un trabajo de elucidacin, un camino que ambos hemos de recorrer. Pero en el nuevo paradigma, nadie est dispuesto a dar ni siquiera un paso en esa direccin y asombra ver no solo que todo el mundo est convencidsimo de la verdad de sus planteamientos, sino tambin de que se considere que basta escribir unos pocos caracteres para evidenciar tal verdad.

Nuestra comprensin del mundo es ineludiblemente subjetiva y, por la propia naturaleza de las cosas, no podemos acercarnos a l sino desde el pre-juicio, es decir, desde todos aquellos esquemas mentales que nos han ido construyendo a lo largo de nuestra vida como individuos y a travs de los que registramos y procesamos las cosas. Como consecuencia de la evolucin de nuestro aparato perceptivo-cognitivo, el mundo, que en realidad es polidrico, nos presenta, al igual que la luna, nicamente uno de sus lados. El torrente de percepciones que nos asalta es solo una infinitsima parte de lo que hay. Solo vemos un minsculo rango de longitud de onda del espectro electromagntico, o solo omos unas frecuencias limitadsimas de la infinitud de oscilaciones acsticas que vibran a nuestro alrededor. Si percibiramos el mundo como cualquier animal de otra especie, participaramos de universos inimaginables para nosotros que nos haran pensar que la realidad es algo muy diferente de lo que creemos.

La cantidad de energa y materia que tenemos delante es percibida por nuestro organismo como conjuntos discretos, como objetos separados e individualizados y en reposo o movimiento, segn unos parmetros muy especficos que son los que nuestras herramientas cognitivas son capaces de reconocer y concretar. Donde yo veo un objeto individual y definido (una silla) hay mucho ms. Y tambin algo menos, puesto que hay una elaboracin mental en mi percepcin: el sobreentendido de que eso sirve para sentarse, por ejemplo. En algunos casos, la nica manera de aproximarnos a la realidad es puramente intelectual, a travs de teoras matemticas con las que tratamos de explicar los fenmenos ms escurridizos, ocultos a nuestras facultades perceptivas. Otra limitacin es nuestro tamao especfico, que nos veta la parte macroscpica y microscpica de la realidad y sus leyes particulares, y solo podemos vislumbrar una pequea porcin de las mismas por medio de dispositivos tecnolgicos. Adems, el limitadsimo tempo humano nos impide concebir intuitivamente las velocidades a las que interacta la materia y la energa o incluso a las que suceden nuestros procesos biolgicos internos.

Muchas de estas cosas las sabemos desde Kant, pero ahora, sabemos tambin que nuestras propias estructuras mentales tienen mecanismos que crean la realidad al gusto del consumidor, y, sin que lo advirtamos, la tamizan con disonancias cognitivas. Por ejemplo, modifican nuestra memoria para eliminar recuerdos desagradables o que no concuerdan con los posicionamientos que mantenemos. O vemos figuras donde no las hay, es decir, se recompone en nuestro cerebro la imagen que recogemos con la retina para hacernos ver lo que nos puede interesar ver o para facilitar su comprensin. Existen infinidad de experimentos que demuestran este procesamiento de los datos de los sentidos y de la memoria que nos hace creer que vemos y recordamos cosas que ni existen ni han existido nunca. Esos sesgos psicoafectivos no solo cocinan los hechos para hacernos digerir mejor el mundo o para favorecer nuestros intereses y convicciones, sino que tambin los distorsionan y redimensionan segn el dictado de nuestras emociones y provocan que una misma realidad sea vista de manera diversa por personas distintas, y hacen, por ejemplo, que los miembros de una pareja en medio de un proceso de divorcio recuerden pasados completamente diferentes y que la mitad de un campo de ftbol est convencida de que se ha producido un penalti y la otra mitad de que no se ha producido.

A esa reinterpretacin fisiolgica de las cosas debe aadirse el arsenal interpretativo cultural a travs del cual tenemos que pasar para llegar a la realidad, que depende no solo de su interaccin con las caractersticas fsicas que nos conforman (nuestro sexo, nuestra raza, nuestra complexin, nuestra capacidad o incapacidad fsica) o con nuestra biografa personal (nuestros traumas, nuestros complejos, nuestras experiencias, nuestra educacin sentimental), sino tambin con el imaginario colectivo existente en las coordenadas espacio-temporales en que estamos insertados y con nuestro encaje convencional en la sociedad determinada en que vivimos (nuestra clase social, nuestra tradicin cultural, nuestro rango profesional, nuestro rol de gnero, etc.).

Esto debera ser suficiente para ser cautos y saber que nosotros construimos internamente la realidad a travs de infinitas operaciones inconscientes, que la realidad es aquello en lo que estamos instalados al ser parte de ella, pero no lo que creemos aprehender, al igual que una gota de agua nunca podr imaginar el ocano del que forma parte. O, por poner otro smil, no podremos ver nunca la realidad de igual manera que nunca podremos ver nuestra propia fisonoma (nuestra cara, nuestros ojos); lo nico que podremos ver es una imagen de nosotros en un espejo o en una fotografa. Esa imagen, que no somos nosotros, que no participa de nuestras propiedades y nuestros sentimientos, y que, incluso, vemos invertida, es lo mximo que podremos ver nunca de nuestro rostro y es una buena metfora de lo que es nuestra percepcin de la realidad: una imagen inexacta y superficial, una mera apariencia de lo que de verdad hay. La realidad es lo que est a este lado del espejo; lo que sabemos de ella es lo que parece estar al otro. As que podra decirse que el mundo en el que vivimos se compone de dos cosas: una, lo que acontece y otra, de lo que tenemos noticia, esto es, lo que procesamos. Esto ltimo es un constructo mediatizado por infinitud de factores psico-fisiolgicos y culturales.

Quiere decir esto que la verdad es inalcanzable? No. Podemos hacer afirmaciones correctas sobre lo que hay. El hecho de que nuestros dispositivos tcnicos funcionen con tanta precisin parece prueba suficiente de que los fundamentos cientficos en que se basan son descripciones exactas de la realidad o, por lo menos, enormemente aproximadas. Lo que se trata de decir aqu es que, en general, no experimentamos esa verdad inmediatamente tal como nos parece de manera intuitiva, sino que de lo nico de lo que tenemos noticia directa es de las imgenes mentales y representaciones que nos hacemos de la realidad, de unos estados internos de consciencia (que tienen que ver con cosas variables, que no controlamos, como redes neuronales, sinapsis, cantidades determinadas de hormonas y otras substancias en sangre, as como impulsos elctricos y liberacin de neurotransmisores), por lo que, la mayora de las veces, el nico modo de conseguir verdad es a travs de la interposicin entre la realidad y nosotros de una serie de instrumentos y procedimientos objetivos que eliminen sesgos, prejuicios y falacias y nos permitan acceder a ella de una manera lo ms aproximativa posible.

Pero si todo el mundo parece estar de acuerdo en que hay una realidad fuera de nosotros que de alguna manera podemos aprehender, entender y compartir, una verdad a la que podemos llegar si no pensramos que podemos encontrarla juntos, no nos molestaramos en discutir con quien no opinara como nosotros, por qu nos negamos a transitar ese camino que nos llevara a converger en ella? Por qu no utilizamos los instrumentos epistemolgicos de que disponemos para apartar la niebla que la envuelve? Alguien religioso podra acabar esta discusin simplemente diciendo que los caminos del Seor son inescrutables (y las religiones pueden adoptar muchas formas: nacionalismos, ideologas econmicas, visiones del mundo totalizadoras...). Pero qu tiene que decir a esto la gente que en teora no est dispuesta a que el dogma gue su criterio?

Esta desconfianza creciente en una verdad comn no dogmtica y en un medio universal para encontrarla (el mtodo cientfico, el razonamiento lgico, la observacin emprica y desapasionada), que pareca haber perdido fuerza tras la noche del medievo, empez probablemente a resurgir con eso que ha venido a llamarse la posmodernidad y su puesta en cuestin del saber y de la ciencia. Y no es que sus postulados no aportaran en s conocimiento sobre el mundo, sino que esa propensin que tenemos los humanos de rechazar las medias tintas y los matices nos llev al extremo de encumbrar sin reservas las nuevas ideas y rechazar en bloque las antiguas.

La posmodernidad tuvo el gran acierto de desenmascarar ciertas verdades admitidas por todos, sealando que eran meros constructos, es decir, neg su supuesta naturalidad, poniendo de manifiesto su relacin con mecanismos invisibles de dominio. Se descubri, entre muchas otras cosas, que no era una prerrogativa de Dios el verbo performativo, el hgase la luz, sino que tambin lo posean las personas, y que la mera pronunciacin de palabras creaba situaciones determinadas y estableca relaciones de subordinacin entre unos y otros. De igual manera, se puso de relieve la violencia simblica del medio sobre los individuos y el control sobre los cuerpos por parte del poder, mostrando la naturaleza convencional de algunos hechos biolgicos, y se cuestion el concepto de cordura y de locura, as como lo artificial de las construcciones de gnero. Se refut la supuesta universalidad de los metarrelatos o explicaciones totalizadoras, rebajndolos a simples puntos de vista, como la visin de un varn blanco heterosexual de clase media, la superioridad de la civilizacin occidental, e incluso la propia historicidad y arbitrariedad en la construccin de la ciencia, arguyendo que no eran ms que narrativas dominantes, que, de igual manera que eran as, podan haber sido de otra forma.

Todo esto aport conocimiento y nuevas perspectivas al discurso, pero tambin cre la sensacin de que ya no era posible llegar a una verdad comn o conseguirla a travs de un nico medio para todos. Sin embargo, el hecho de que haya cambiado la manera de ver las cosas no implica que la verdad haya dejado de ser una ni que se puedan tomar atajos para llegar a ella. Si bien es cierto que el camino de la ciencia puede estar sembrado de prejuicios, pues los cientficos no dejan de ser humanos, y que la ciencia no se produce en la nada, pues la actividad cientfica est conectada con la gestin poltica y la vida sociocultural, sus resultados finales, siempre sujetos a falsacin, se encargan de cribar los errores gnoseolgicos que se hayan podido cometer. De igual manera, es cierto que la superioridad occidental es un convencionalismo infundado, pero eso no implica que haya que ignorar todas sus conquistas ni que haya que adoptar un nihilismo absurdo que estime igual cualquier cultura por el simple hecho de existir, es decir, que la valore de una pieza, sin distinguir entre sus logros y sus desaciertos. Las diferentes civilizaciones tienen cosas buenas y malas y sealar sus deficiencias no se puede considerar un prejuicio etnocntrico; lo que s lo es, por ejemplo, es decir que la civilizacin occidental es superior a las dems, as, en general, sin especificar en qu. En todo caso, hablar como un todo de civilizacin occidental como de cualquier otra es arriesgado e impreciso, pues engloba cosas muy diversas y a veces irreconciliables, adems de encuadrar en su tradicin a individuos que poco tienen que ver entre ellos, como, por ejemplo, un campesino catlico con diez hijos de la baja Sajonia y un profesor ateo gay de la Universidad de Columbia en Nueva York. Es bastante probable que estos dos individuos tengan en muchos aspectos ms puntos en comn con personas de otras civilizaciones que entre s. Pero, prescindiendo de eso, y de que las civilizaciones no se desenvuelven en compartimentos estancos (a quin debemos la plvora, los espaguetis o la imprenta?), podramos decir que la civilizacin occidental ha aportado al mundo, entre otras cosas, el capitalismo salvaje, el ku klux klan, el nazismo y las ojivas nucleares, pero tambin ha dado a Miguel ngel, a Julie Andrews y a Bach, ha sido pionera en la lucha por los derechos civiles y ha producido a sir Alexander Fleming y con l la penicilina. La civilizacin oriental, por su parte, ha aportado el burka, la shara, el omnipresente made in China, el ubicuo manierismo del manga, pero tambin el papel, la numeracin arbiga, al Mishima literario, el lgebra, el anime de Miyazaki, el cine de Yasujiro Ozu, la escritura o la meditacin.

Pero el posmodernismo se par a medio camino: nicamente desenmascar el eurocentrismo, y, en general, el etnocentrismo occidental. Eso trajo consigo un activismo multiculturalista mal entendido, que, en vez de considerar los aspectos negativos y positivos (desde un punto de vista tico) de cada civilizacin, se posicion a favor de la bondad per se de toda cultura, y nos hizo retornar a una visin romntica de los pueblos, las identidades, y los nacionalismos, es decir, se valor ms la inmanencia de una cultura, su singularidad, que el contenido tico de sus expresiones, cuando son cosas completamente diferentes. O, incluso, se proclam la eticidad de un rasgo cultural por el mero hecho de serlo. El comprensible rechazo a conglomerados polticos supranacionales regidos en ltimo trmino por instancias no democrticas y una reaccin lgica a la globalizacin y la colonizacin de las ciudades por las grandes marcas que fomentan un estilo de vida estandarizado, con la consiguiente uniformidad y prdida de singularidad cultural, ha cruzado la lnea de lo razonable y se ha situado en el otro extremo, echndose en los brazos del tribalismo desaforado.

Asimismo, como no existe ningn metarrelato ni ninguna cultura superior, se dice que tampoco existe una realidad y por ende una verdad que todos podamos compartir, lo que permite que cada uno busque en su interior su verdad y que sta tenga tanto valor como cualquier otra verdad. Si no existe un conocimiento que descanse en una realidad fiable, si no vale ms un saber que otro, por qu no habra yo de fiarme de mis propias intuiciones? Acaso no est lleno de sesgos tambin todo lo dems?

Esta pretericin de la objetividad en favor del propio sentimiento, de lo identitario, de lo mgico ha habido un resurgimiento del cultivo de lo sobrenatural y los aspectos arcanos de las culturas antiguas, unido al propio oscurantismo buscado de propsito por algunos filsofos de la posmodernidad, ha llevado a muchsima gente en pleno siglo XXI a mantener posiciones preilustradas, a sentirse atrada por la sombra y por lo abstruso, y a negarle el derecho a la ciencia o a la razn a tratar de arrojar luz sobre esa penumbra en la que se encuentran tan a sus anchas. Proliferan, por ejemplo, los programas en televisin de echadores de cartas o las tcnicas de medicina alternativa sin que nadie parezca opinar que debera exigrseles a sus promotores que demostraran su veracidad y eficacia, y, en este aspecto, cada vez existen menos diferencias entre las mentalidades de los compradores de un mercado medieval y los consumidores de una urbe corriente del tercer milenio.

Estamos asistiendo a una jivarizacin en la forma de discurrir. El pensamiento mgico e irracional se extiende, y a todo el mundo le parece bien, pues no es ms que otra manifestacin de la libertad de expresin. La democracia ya no implica que cada ciudadano tiene un voto igual (en realidad, gracias a dHondt, hace tiempo que no significa eso), sino que todos tienen el mismo derecho a opinar sobre cualquier tema y esto es lo ms importante sus opiniones tienen el mismo valor que las de cualquiera. Eso, por supuesto, ha fortalecido la pretensin de la religin de que la razn nada tiene que decir acerca de sus postulados y de que la ciencia y las confesiones se mueven en caminos paralelos. Como corolario de esto, se ha puesto de moda la indignacin, como si sta otorgara algn tipo de verdad a los enunciados que acompaa. Por supuesto que en la coyuntura actual existen sobradas razones para indignarse, pero convendra recordar que la indignacin no es ms que una alteracin del estado de nimo de la persona, una reaccin psicofisiolgica que implica la elevacin de los niveles de adrenalina y noradrenalina en sangre, el aumento de la tensin arterial y el ritmo cardiaco y la consiguiente ofuscacin mental que estos procesos internos conllevan. Tan indignado puede sentirse un islamista porque una mujer no vista burka como un estudiante porque recorten la cantidad presupuestaria dedicada a becas. En ambos casos, lo justificado de la indignacin ha de buscarse fuera de la propia emocin, que en ningn caso otorga un gramo de razn a quien la padece. Ahora la fundamentacin de la adhesin a tal o cual forma de pensar no reside en el peso de sus argumentos, sino en la mera voluntad de quien se adhiere a ella. Mi sentimiento religioso, mi sentimiento nacional, mi indignacin ante las injusticias, mi propio sentimiento particular como individuo estn por encima de la crtica y pueden incluso anteponerse a derechos civiles de otras personas, porque quin es quin para juzgar un sentimiento?

Si es cierto que el medio es el mensaje, la corporalidad del soporte clsico de la informacin el papel quiz haya otorgado a su contenido a lo largo de los aos un peso, una entidad, que empez a desaparecer con la llegada del formato electrnico, y ahora, con la implantacin de Internet, se est volatilizando a marchas forzadas. El hecho de buscar un libro, ir a una librera, pasear entre sus estanteras, elegir se y no otro, es casi un ritual que dota de seriedad al mismo acto de la eleccin y constituye una promesa de dicha cuando uno se sumerja en su lectura. Cuando alguien se toma en serio todo eso, en cierta manera, adopta un compromiso consigo mismo. Aquello que sostiene materialmente en sus manos es lo que le va a proporcionar aprendizaje; es, pues, un tesoro. Y hay, por tanto, que dedicarle tiempo. Hoy en da, sin embargo, es cada vez ms difcil que ese ritual se produzca, porque es mucho ms fcil leer, casi sin necesidad de escoger. Uno compra el e-book con que ha sido bombardeado apenas sin advertirlo cada vez que ha entrado en las docenas de pginas web que visita al da y lo lee cuando tiene un poco de tiempo, entre las mil cosas que lee o visiona diariamente (blogs, tweets, posts de Facebook, Instagram, mails, wasaps, revistas en la red, televisin, plataformas digitales, canales de youtubers), que contienen una cantidad de informacin inmensa e inasimilable. El pensar, la comprensin de la informacin, requiere detenerse a reflexionar, pararse a tratar de entender lo que se est leyendo, pero si el curso del pensamiento es continuamente interrumpido para aadir nuevos datos y nueva informacin, que exige a su vez una inmediata respuesta, cmo es posible que pensemos que realmente hemos entendido algo? En realidad, no nos importa. Hoy disponemos de ms informacin que nunca, estamos continuamente asaetados por miles de datos y cada vez sabemos menos. Al conocimiento se le ha negado ya su necesario tiempo de fermentacin. El saber actual es inestable y evanescente, se evapora como el alcohol al contacto con el aire. La gente ya no lee: ahora escanea. Consecuentemente, la otra cara de la moneda es que ya no nos paramos a pensar lo que vamos a decir ni la manera en que lo vamos a formular, puesto que, no bien tratamos de asimilar lo que tenemos delante, ya hemos pasado de pantalla. Al igual que el tiempo devora los segundos a medida que los va produciendo, las emisiones de posts y de tuits llegan casi obsoletos a los terminales receptores y son sustituidos inmediatamente por los siguientes. Qu sentido tiene preocuparse en decir cosas sensatas tras una reflexin madurada si van a caer inmediatamente en el olvido? Se ha apuntado que llegar un da en que las personas no necesitaremos saber qu queremos, pues los big data, la colosal cantidad de datos que nuestras huellas van dejando en la nube, sern suficientes para que la gestin automatizada de todo ese cmulo de particularidades pueda proporcionarnos ms informacin acerca de nosotros que la que nosotros mismos poseamos. Qu sentido tendr entonces querer saber algo? Nos estamos volviendo ms inteligentes o ms perezosos? (hay cifras que apuntan a que el CI de los millennials es superior al de generaciones pasadas y otras a lo contrario). Es cierto que, como apunta James Flynn, las nuevas generaciones estn ancladas en el pequeo y a la vez inabarcable mundo del presente, y han perdido toda dimensin histrica?

A pesar de que la posmodernidad ha abrazado entre otros relativismos el relativismo epistemolgico, segn el cual no existira una verdad nica, sino muchos relatos igualmente vlidos, nadie niega seriamente que no haya narrativas que integren ms verdad que otras por su mayor aproximacin a la realidad, y, por ende, que existe un saber objetivo. No obstante, cada vez son ms las voces que afirman que ya no estamos en el tiempo del conocimiento, tiempo necesitado de sosiego, meditacin y dilogo, sino que ahora vivimos en un tiempo acelerado, efmero, que no casa bien con la bsqueda de la verdad, un tiempo que, paradjicamente, no solo es tiempo de ruido de tweets, de wasaps, de opiniones infundadas, sino que, adems, vuelve a ser tiempo de silencio, pues, a veces, la razn prefiere callar al no hallar cauce sosegado para discurrir, o, al temer no encontrar argumentos como respuesta, sino insultos, troleo y descalificacin.

El fundamentalismo islmico y tambin cristiano parece tener ms salud que nunca. Las ciencias alternativas y la magia se multiplican como setas tras la lluvia. El terraplanismo y el creacionismo ganan terreno cada da. Tambin lo hacen los programas del corazn y las tertulias polticas orientadas por dinmicas de show business, programas todos ellos que llevan la complejidad intelectual a su mnima expresin. El trmino posverdad se ha convertido en un lugar comn. El renacimiento del nacionalismo y de movimientos parafascistas se extiende sin trabas como si la historia no nos hubiera enseado nada. La inmersin en el discurso pblico de la juventud actual se hace a travs de medios instantaneistas que privilegian los juicios rpidos y sin fundamento y la emocin como nica gua, colocando todas las opiniones en el mismo nivel de autoridad...

Que exista un gran nmero de personas que practiquen el pensamiento crtico, que permanezcan fieles a la razn y a un sano escepticismo, y que estn dispuestas a poner en cuestin no solo el mundo, sino sus propias convicciones, no es suficiente. nicamente es suficiente si la masa crtica de esas gentes supera un porcentaje de la poblacin. Siempre ha sido as. Si el 80% de la poblacin de un lugar profesa, por ejemplo, el integrismo wahabita, es irrelevante que el 20% restante est compuesto de premios Nobel: las mujeres vestirn el burka. Quiz cabra, pues, preguntarse: cambiar la composicin de la poblacin mundial hasta el punto de que ya no se alcance esa masa crtica que contenga el derrumbe civilizatorio? Habremos sobrepasado ya ese tiempo en que el dique que contena la barbarie, es decir, el conocimiento, significaba detenerse de verdad en las cosas para tratar de entenderlas?

Si se puede imaginar metafricamente el conocimiento adquirido por la humanidad como el resultado de una conversacin milenaria intergeneracional que ha ido conformando el saber a fuerza de eliminar los argumentos fallidos y privilegiar los acertados, podra decirse que la conversacin ha entrado en un estadio de gritero generalizado, de contaminacin acstica, que impide que la palabra ms sensata se oiga entre el bramido que todo lo llena. En tales condiciones, cada vez es ms difcil pararse a distinguir las voces de los ecos, porque el efecto ms significativo de haber transformado esa conversacin en una chchara ininteligible ha sido vaciar de significado la palabra verdad. A veces, a uno le invade el pesimismo al presentir lo que, en estas condiciones, est por venir, y siente la tentacin de parafrasear a alguno de los personajes de Juego de Tronos cuando mira aprensivamente al horizonte, mientras murmura con un escalofro recorrindole la espalda: Winter is coming.

 

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-171/ensayo/cosas-que-es-mejor-callar

 



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