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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2018

El pacto oligrquico: Sobre dictadura, continuidades y 1925

Rodrigo Karmy Bolton
El Desconcierto


Si algo ha estado en juego en las ltimas dos administraciones ha sido la pregunta acerca de cmo renovar el pacto oligrquico frente a su crisis de legitimidad. Y la receta que han probado las dos coaliciones ha sido la misma, pero con diversa intensidad: neoliberalismo 2.0, uno de tipo progresista, otro de tipo conservador, uno que apuntaba a la ciudadana y otro a la gente, dos formas precisas de despolitizacin.

Una de las distinciones ms pregnantes que el pormenorizado y no menos polmico estudio de Carl Schmitt publicado bajo el ttulo La dictadura (1921) fue diferenciar entre la dictadura comisarial y la dictadura soberana. Comisarial dir Schmitt definir a una dictadura erigida para resguardar una Constitucin que se ve bajo amenaza, pero que no funda una nueva. Soberana, en cambio, define aquella dictadura que, junto con suspender el ordenamiento jurdico en su totalidad, instaura uno enteramente nuevo. Ser en la nocin moderna donde Schmitt se apropiar de un trmino tcnico, propio de la tradicin democrtica, como es el de poder constituyente para identificar en l la agencia que instaura y conserva el nuevo orden jurdico-poltico. Pero ms an: que la dictadura pinochetista haya sido soberana significa que la fuerza de su misterio resida en el misterio de su fuerza: la decisin. Y qu es la decisin? Nada ms que un acto performativo por el que se es capaz de declarar el estado de excepcin. En otros trminos, un acto capaz de ejercer el ms incondicional poder de muerte sobre la poblacin.

Como ha mostrado Renato Cristi, cuando desde 1973 tiene lugar la dictadura encabezada por Pinochet, fue Jaime Guzmn quien hizo uso de este singular trmino para, en un gesto que reedita la operacin schmittiana, darle legitimidad civil a la dictadura consumndola en la redaccin del nuevo texto constitucional de 1980 que terminar rigindonos hasta la fecha. El gesto de Guzmn consisti en salvar a la dictadura ofrecindole una salida poltica al identificar al otrora poder constituyente con la Junta Militar. Con ello, Guzmn garantizaba el que no haba sido Pinochet y sus secuaces sino Allende y sus demcratas quienes haban terminado por destruir la Constitucin de 1925. Frente a tamaa (y supuesta) destruccin, Guzmn propone a la dictadura como instancia de Restauracin de aquella larga tradicin democrtica que habra sucumbido en manos del socialismo. El relato impuesto hace de la izquierda la culpable de la debacle poltico-institucional, de Allende el catalizador del hundimiento de la Repblica. Los militares y la derecha, en particular, habran venido slo a Restaurar a una Repblica que, en su perspectiva, jams debera haber sido violada.

Justamente de eso se trata. De la instauracin y renovacin del pacto oligrquico de Chile. La Constitucin de 1925 fue la institucionalizacin de dicho pacto posterior a varias crisis polticas para la poca desarrollista del capitalismo. La Constitucin de 1980 (y las reformas constitucionales que le siguieron a principios de los 90 hasta la sustitucin de la firma de Pinochet por la de Lagos en el ao 2005) fue su renovacin para la poca neoliberal. El pacto oligrquico desde 1990 se llam transicin y su crisis aunque una crisis desatada slo a nivel social en el 2011, pero no necesariamente a nivel cupular- da lugar a la posibilidad de su extensin con los gobiernos de Bachelet II y Piera II.

Cada uno propuso dos frmulas diferentes para el perodo post-transicional: la primera intent solucionar la crisis de pacto recurriendo a la relacin directa con la ciudadana en la que se jug una suerte de neoliberalismo social (suponiendo que la desconexion entre oligarqua y ciudadana se arreglaba acercando al poder a la gente); la segunda, intenta solucionarlo radicalizando el ideologema neoliberal bajo lo que Piera llam segunda transicin, donde la ciudadana termina definitivamente atomizada bajo la figura del bien de consumo. En ambos se trata de un neoliberalismo 2.0 que ya no necesita de su impronta ideolgica norteamericana, sino que su racionalidad asume su carencia de contenido pudindose adaptar a diferentes contextos culturales sin problemas.

En efecto, si algo ha estado en juego en las ltimas dos administraciones ha sido la pregunta acerca de cmo renovar el pacto oligrquico frente a su crisis de legitimidad. Y la receta que han probado las dos coaliciones ha sido la misma, pero con diversa intensidad: neoliberalismo 2.0, uno de tipo progresista, otro de tipo conservador, uno que apuntaba a la ciudadana y otro a la gente, dos formas precisas de despolitizacin.

En ambos casos se trata del mismo juego para el que el trmino schmittiano neutralizacin queda corto. Pues si bien bajo el paradigma de la transicin ha habido neutralizacin poltica de los opuestos (que han terminado por converger en un solo Partido Neoliberal) sta ltima ha sido la condicin negativa del impulso positivo orientado a la economizacin de la poltica. Tal proceso significa que la poltica ha sufrido una recodificacin bajo el prisma de la nueva gobernanza global caracterstica del capitalismo corporativo-financiero que transforma, va dictadura, al otrora Estado desarrollista del pacto oligrquico clsico en un nuevo Estado subsidiario del renovado pacto oligrquico neoliberal.

Pero, qu implicancia tiene el Estado subsidiario? Ante todo, el que el poder poltico y el poder econmico coinciden entre s. El punto de cruce entre ambos es la decisin soberana de esta singular forma de dictadura fue empujada por el imperialismo de los EEUU, gestada por militares chilenos y capitalizada por los grandes empresarios: segn la ltima encuesta CASEN del 2017 el 10% ms rico tiene 39 veces ms que el 10% mas pobre, configurando as, lo que el economista Hugo Fazio no ha dejado en llamar el mapa de la extrema riqueza.

Es evidente que la acumulacin de tal riqueza no se ha debido ni al emprendimiento, el ingenio ni menos a las aptitudes naturales de quienes ganan ms, sino lisa y llanamente, al saqueo sistemtico y organizado, con asesinatos en masa mediante, impulsado desde el Golpe de Estado de 1973, legitimado por la Constitucin de 1980 y consolidado por la transicin poltica desde 1990. Poder poltico y poder econmico han articulado el actual orden de las cosas. Pero su nudo no es ninguna sustancia, sino una operacin poltica que debe actualizarse todos los das si no pretende sucumbir frente a una posible asonada popular que exija la democratizacin del pas.

Justamente, lo que llamamos pacto oligrquico no es ms que dicha operacin. Ni una sustancia, ni una esencia propia de Chile, sino lisa y llanamente un conjunto de estrategias capaces de conectar al poder poltico con el poder econmico. No hay un detrs al que recurrir, ni un ms all al que apelar, sino tan slo un cmulo de operaciones que funcionan en la superficie de la vida social dividindola en mil pedazos. Fragmentos atomizados, administrados por diversos discursos del saber-poder, que impiden la apuesta por una vida comn. Interrumpir tal funcionamiento significa abrir la posibilidad de desmantelar el pacto que, bajo el actual gobierno de Piera no pretende otra cosa que consumar en su figura la confluencia ltima y primaria de los dos poderes que, al potenciarse mutuamente, se han mantenido en la impunidad.

La reciente propuesta de Renato Cristi y Hugo Herrera desarrollada en su columna 1925: la Repblica que vendr 1/ sostiene que sera necesario prescindir de una Asamblea Constituyente para la redaccin una nueva Constitucin que, sin embargo, tome la matriz de la Constitucin de 1925 en la medida que sta marcara: () un momento axial de nuestra historia republicana, conectando nuestro devenir constitucional con casi toda la historia poltica del pas. muestra exactamente la solucin de continuidad para con el pacto oligrquico de Chile (justamente cuando sealan que conecta con la historia republicana del pas). Incluso cuando los autores llegan a afirmar que el pueblo y ya no la nacin (que se habra formado durante el siglo XIX) se consolida como poder gracias a dicha carta fundamental. Para Herrera y Cristi se trata de que exista pueblo, sin el cual una repblica resulta imposible. Pero un pueblo estatal-nacional que funcione como un marco que no impugna el carcter oligrquico de la posible carta de 1925 reloaded. Aunque el trmino republicano viene a contrarrestar al economicismo neoliberal (ambos autores son anti-neoliberales a su modo), se trata de la apuesta por un pueblo oligrquico para una repblica igualmente oligrquica que, precisamente por eso, los autores pueden decir que conecta nuestro devenir constitucional con casi toda la historia poltica del pas.

1/ Hugo Herrera, Renato Cristi 1925: por la Repblica que vendr. En: http://m.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2018/09/01/1925-por-la-republica-que-vendra/

http://www.eldesconcierto.cl/2018/09/07/el-pacto-oligarquico-de-chile-sobre-dictadura-continuidades-y-1925/



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