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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2018

Comisin de la Verdad y otras ocurrencias

Alfons Cervera
Infolibre


Los que an recordamos los prodigiosos das vividos en abril de 1931, de cmo no cabamos de contentos, saltbamos de placer; el jbilo colectivo, el holgarse, el bao de alegra, las demostraciones de regocijo al sacar los presos de las crceles, los abrazos, las lgrimas que nos saltaban al ensanchrsenos el pecho, las mil ilusiones, la bulla, la animacin que producan todas las esperanzas permitidas, jams podremos resignarnos a la prdida de aquel Paraso entrevisto. Esto lo escribi Max Aub el 14 de abril de 1962, en su exilio mexicano. La alegra dur poco, apenas cinco aos con el cerco siempre encima de las derechas polticas, los militares facciosos, los ricos y la Iglesia. En julio de 1936 lleg el golpe de Estado fascista que abri las puertas a la guerra larga. Tres aos despus, en abril de 1939, la guerra termin y con ella no lleg la paz, sino la victoria. La victoria del fascismo. Al revs de cmo acab la Segunda Guerra Mundial, con la derrota del fascismo italiano y el nazismo alemn, en Espaa la derrotada fue la Segunda Repblica.

La razn que defenda el maestro Juan de Mairena en sus lecciones haba perdido la guerra. Llegaba en los versos de Antonio Machado ese tiempo de mentira, de infamia. A Espaa toda, / la malherida Espaa, de Carnaval vestida. La victoria aquella, la fascista de hace casi ochenta aos, no se ha acabado. O al menos, no se ha acabado del todo. Ha habido tanto por hacer que no se ha hecho, tanto por decir que no se ha dicho, tanto por escribir que apenas si traspas a duras penas las fronteras rabiosamente lcidas del exilio Ochenta aos han pasado desde entonces y ahora mismo no sabemos qu hacer con el llamado Valle de los Cados. Parece ser que con Franco s que sabemos lo que se va a hacer: sacarlo de su tumba faranica. No est nada mal esa conclusin despus de cuarenta y tres aos de democracia. Lo nuestro con la memoria democrtica no es precisamente de rcord en las Olimpiadas de la historia. Espero que esa exhumacin no tenga que hacerse en la clandestinidad de la noche ni por encapuchados, como se han venido haciendo algunos apartamientos de smbolos franquistas en los ltimos tiempos y como se hicieron los de las estatuas del dictador en los aos ochenta del pasado siglo. Pero despus de sacar a Franco, qu?

Despus de sacar a Franco, ni se sabe. Las opiniones son para todos los gustos: lugar de reconciliacin, cementerio civil a la inglesa, museo de la Memoria, una especie de Museo de la Ilustracin para que se sepa que en ese sitio se cometi una de las mayores atrocidades contempladas en la historia del horror, dinamitarlo sin ms explicaciones, dejarlo como est y que se vaya cayendo de viejo, como las mansiones que saca Edgar Allan Poe en sus relatos Opiniones que van y vienen sin que ninguna de ellas tenga la ms mnima posibilidad de establecerse como definitiva. Una tormenta de ideas, parece ese ir y venir por los medios de comunicacin y los partidos polticos, incluido el propio Gobierno y su partido. Y todo ese titubeo viene de una duda casi angustiosa: para hacer algo con ese monumento a la vergenza hay que saber antes lo ms importante, lo nico importante: qu se hace con las treinta mil personas enterradas en los stanos de ese monumento? Y es ah donde pinchamos en hueso, donde nos perdemos en soluciones posibles o imposibles, en deseos llenos de esperanza y realidades que a veces se pegan puetazos con esos deseos, en un montn de sueos que tanta gente lleva aos soando en las noches desapacibles del silencio y el olvido. Hablemos, pues, de los muertos. Y no slo del muerto.

Y ahora, la ltima aportacin del presidente del Gobierno. Viajar es aprender a mirar de otra manera lo que tenamos visto mil veces antes del viaje. Por eso ha regresado de su periplo latinoamericano Pedro Snchez lleno de novedades en los asuntos de la memoria. La principal de esas novedades es la creacin de una Comisin de la Verdad. Pues adelante con los faroles. Total, qu pasa con aadir una ms a la larga lista de ocurrencias que estamos prodigando unos y otros respecto a lo que tenamos que llevar ya cuarenta aos discutiendo. Una Comisin de la Verdad es algo que no se inventa de la noche a la maana. Es de creacin compleja y de funcionamiento ms complejo todava. Hay que acotar tiempos y espacios de investigacin, urdir estrategias contra los engaos y las presiones que prodigarn sin tregua los defensores directos e indirectos de la dictadura, trabajar un espacio sin trampas ideolgicas que confundan los hechos histricos y el papel que en esos hechos jugaron los protagonistas en el lado de los verdugos y las vctimas De repente, ya lo del Valle de los Cados pasa a un segundo plano. Ahora toca hablar de la Comisin de la Verdad. Estamos como siempre: en ningn sitio. Los franquistas se pasean con el pecho inflado por las televisiones en vez de estar en la crcel si la Ley de Memoria fuera una ley como la democracia manda y no una insuficiente que quiso contentar, una vez ms, a los herederos del franquismo.

Lo poco que he ledo sobre esa Comisin de la Verdad anunciada por Pedro Snchez despus de caerse del caballo en la televisin chilena me gusta poco. Segn el presidente del Gobierno, esa Comisin ha de ser lo ms plural posible, que estn incorporadas todas las perspectivas histricas sobre la Guerra Civil y la dictadura franquista. No s qu entiende Pedro Snchez por pluralidad cuando estamos hablando o eso creo de rigor histrico y no de una simple discusin en la mesa de un caf o una tertulia televisiva prefiero, en todo caso, las discusiones en la mesa de un caf. Y tampoco entiendo por qu seguimos juntando casi siempre interesadamente y otras veces por torpeza lo que fue la Guerra Civil que vino despus de un golpe de estado fascistacontra la Repblica legtimamente instituida y una de las dictaduras ms sangrientas que ha dado la historia contempornea del terror.

Lo que hace falta de verdad es una poltica democrtica coherente con la propia historia de la democracia, una poltica capaz como escriba Mario Benedetti de convertir el miedo de tantos aos en coraje, una poltica que no sea lo que dice un personaje de Max Aub a otro hablando de las guerras y lo que viene luego: Al fin y al cabo hiciste lo que la inmensa mayora: conformarte con lo que te dieron, sin aadir nada. Pues ya es hora de que aadamos lo que es el derecho humano a la memoria, la justicia y la reparacin que se merecen quienes dieron su vida por la libertad en la guerra y en la dictadura. Un derecho que nos obliga a situarnos frente a ese franquismo que sigue campando a sus anchas como si no llevsemos ya cuarenta y tres aos de democracia. O no llevamos ya cuarenta y tres aos de democracia? A lo mejor podemos crear una Comisin de la Verdad para obtener una respuesta clara. Y no crean que lo digo rindome. Para nada me ro. Para nada.

Texto publicado originalmente en Infolibre



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