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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2018

Reflexiones apresuradas sobre la crisis en curso
Hay un gran desorden bajo el cielo la situacin es excelente?

Martn Mosquera
Revista Intersecciones


I

La situacin actual es visiblemente inestable, frgil, incierta. Cualquier anlisis corre el riesgo de envejecer rpidamente. Se superponen varios factores causantes de inestabilidad social y poltica: el agravamiento de la crisis econmica, la conflictividad social en aumento y la (ahora un poco opacada) operacin Centeno de consecuencias polticas y judiciales crecientes. Nos acercamos a momentos decisivos de la secuencia poltica inaugurada por el macrismo, donde se pondr a prueba la plausibilidad de su objetivo estratgico: infringir una derrota a las clases populares que le permita una reestructuracin regresiva del capitalismo local. Estamos, entonces, ante una batalla social y poltica de proporciones. Los acontecimientos pueden precipitarse, ya sea por razones econmicas, polticas o sociales. Una mayor convulsin econmica, un estallido social o un gran giro poltico en caso de una detencin de CFK no pueden descartarse. Todo esto habla de la densidad del momento poltico.

Como dijimos en un documento anterior (posterior a las jornadas de diciembre): las clases dominantes tienen la iniciativa, pero no logran asentar, por el momento, una nueva hegemona ni estabilizar una nueva correlacin de fuerzas entre las clases. An en este marco defensivo para las clases populares, las transformaciones neoliberales son ralentizadas por la resistencia social. Las polticas del gobierno avanzan, pero pierden paulatinamente su base de masas y se enfrentan a situaciones recurrentes de movilizaciones sociales de envergadura, aunque sin que emerja un bloque poltico y social alternativo. Definimos esta situacin como inestabilidad hegemnica [1].

La megadevaluacin del jueves pasado concret un salto cualitativo dentro del cuadro recin descripto. La falta de dlares, el nivel de endeudamiento, la desconfianza de los mercados, y, por ende, la enorme fragilidad externa y el riesgo de nuevas corridas cambiarias, colocan al pas en una coyuntura crtica y al borde de una crisis de mayores proporciones. El gradualismo precedente estall para no volver y afrontamos una verdadera terapia de choque sobre las clases populares que se confirma en los anuncios recientes que reestructuran ministerios, recortan subsidios y, sobre todo, establecen el objetivo de dficit cero en materia fiscal. Las sucesivas corridas cambiarias pareceran situar al gobierno en una situacin de incertidumbre y desorientacin, al lmite de perder el control definitivamente. En este contexto, tambin florecen las internas en la coalicin gubernamental: entre el ala poltica y el ala tcnica, entre el PRO y sus aliados radicales y Carri, entre el gobierno y buena parte de los factores de poder que le dieron sustento (el grupo Clarin, por ejemplo).

En esta crisis econmica y poltica, el macrismo toca nuevamente el lmite que condicion estructuralmente todo su gobierno. Al estar situado sobre relaciones de fuerza sociales desfavorables para la aplicacin de un violento plan de ajuste, el conjunto de medidas que aplica son experimentadas como fuertemente lesivas por las clases populares, a la vez que resultan insuficientes para "los mercados" y para la necesaria reestructuracin social que necesita la acumulacin capitalista en nuestro pas.

Las clases dominantes necesitan una transformacin regresiva que solo encuentra equivalentes en las grandes conmociones que siguieron a 1976, 1989 o 2001. Pero las relaciones de fuerza actuales suponen un desafo real a su concrecin. Se abren, tal vez, dos hiptesis a futuro. O bien, el macrismo concreta sbitamente una cada brutal del poder adquisitivo (va una violenta crisis inflacionaria), y liquida su capital poltico en el intento, (y, tal vez, un futuro gobierno puede recoger los xitos de la transformacin social kamikaze perpetrada por el macrismo); o bien la reestructuracin necesaria es de tal magnitud que logra ser ralentizada por la resistencia social y nos espera un ciclo prolongado de inestabilidad social, poltica y econmica (que trascender al actual gobierno).

Actualmente, la diferencia principal entre la actual crisis y las de 1989 y 2001 se encuentra en el terreno poltico: la fuerte colaboracin por parte del peronismo y la CGT. Si en aquellas crisis el peronismo, llegado a cierto punto, decidi embestir de frente contra el gobierno, para proponerse como piloto de tormentas, hoy la mayor parte del PJ se propone cubrir polticamente al macrismo. Esto responde a tres razones fundamentales: en primer lugar, el peronismo hoy no cuenta con un liderazgo solvente como el de Menem en 1989 o Duhalde en 2001. En segundo lugar, ninguna fraccin de la poltica burguesa quiere lidiar con un nuevo 2001, que ponga en riesgo la gobernabilidad y presione por grandes concesiones sociales. Finalmente, el peronismo quiere que el actual gobierno vaya lo ms lejos posible en el ajuste para proponerse, en un segundo momento, como gestor de la cierta estabilidad y el modesto reimpulso econmico que podra emerger del actual shock contra las clases populares.

Un escenario optimista para el gobierno es que logre estabilizar el programa de ajuste evitando una gran convulsin econmica (default, hiperinflacin) y/o un estallido popular. En cualquier caso, no va a poder evitar un deterioro social maysculo (mejor dicho, su objetivo es estabilizar la situacin econmica por medio de una devaluacin del salario y un ajuste en el sector pblico para achicar el dficit). Por ello, en la mejor de sus hiptesis, deber enfrentar las prximas elecciones presidenciales en condiciones de gran deterioro poltico (y tal vez con nuevo candidato o en acuerdo con un sector del peronismo). Una crisis no es garanta, por s misma, de derrota poltica del gobierno, ni, mucho menos, de giro a la izquierda de la sociedad. Pero aun un escenario de regresin social controlada pone muchos obstculos para los intentos reeleccionistas del gobierno. No puede descartarse que una victoria provisoria del gobierno, si lograse estabilizar el ajuste evitando una catstrofe econmica o una gran movilizacin de masas, sea luego compensada con una sancin electoral de la poblacin. Sin embargo, el objetivo estratgico para las clases populares no radica fundamentalmente en las prximas instancias electorales, de las cuales no es razonable esperar que surja un gobierno popular (a menos que se tenga una visin alucinada de las relaciones de fuerza polticas o una expectativa ingenua en el peronismo). Es necesario, ms bien, quebrar por medio de la movilizacin el intento de gestionar ordenadamente la crisis.

La crisis abre un momento de incertidumbre radical. Una crisis de magnitud es un punto de inflexin y el origen de una redefinicin global de las correlaciones de fuerza entre las clases. El paisaje social y poltico que deje como resultado no puede preverse. As como hay un uso capitalista de la crisis por parte de las patronales (ataque al salario ante el temor de despidos, etctera), tambin existe un aprovechamiento poltico por parte de los gobiernos. La crisis puede empujar a la gente a la lucha pero tambin achata expectativas sociales y puede generalizar un pnico disciplinante. La catstrofe hiper-inflacionaria de 1989 gener una desorganizacin social que legitim el giro neoliberal posterior de Menem. Incluso es posible una combinacin de ambas reacciones: el 2001 fue la respuesta a la crisis proveniente de la recesin iniciada en 1998, pero el mayor golpe al salario se produce luego de las jornadas de diciembre, con la devaluacin de 2002, y gener una reaccin relativamente menor. En tanto lucha de clases condensada, el resultado de la crisis no puede anticiparse.

II

No debemos perder de vista, en medio de la crisis, el creciente protagonismo del Poder Judicial que hemos visto durante los ltimos meses. Tal vez responda a una tendencia de largo plazo: el endurecimiento autoritario de un rgimen poltico cada vez ms dbil en su dimensin consensual. La operacin abierta en torno a los cuadernos de Centeno nos coloca ante un fenmeno nuevo, de alcance regional, que tal vez podramos denominar bonapartismo judicial. Con el pretexto de la lucha contra la corrupcin, el poder judicial se eleva como rbitro respecto al rgimen poltico, violentando o llevando al lmite el procedimentalismo formal democrtico (llegando al punto, en Brasil, de perpetrar un golpe institucional). En alianza con los grandes monopolios mediticos, este bonapartismo se propone tutelar el rgimen poltico, deteriorando derechos democrticos elementales y actuando en beneficio de intereses hostiles a las clases populares.

El develamiento de los vnculos ntimos entre el poder poltico y el empresariado no deja de tener un aspecto positivo. Puede servir para denunciar la corrupcin estructural del capitalismo, sobre todo en un pas dependiente como el nuestro. Sin embargo, hay que tener claridad respecto a la naturaleza definitivamente reaccionaria de toda la operacin. Un sector de la izquierda considera que estas denuncias de corrupcin son el ariete para denunciar de conjunto a la casta poltica y se esperanza con un lava jato hasta el final, del cual la detencin de los dirigentes kirchneristas sera solo el primer paso. Aqu se abre una polmica importante, que puede volverse central en caso de detencin de CFK. Es preciso advertir no solo que estas operaciones cumplen un papel distractivo respecto al deterioro social y la crisis econmica, sino que el desarrollo de esta mquina de guerra judicial/meditica responde a intereses hostiles a las clases populares y apunta a deteriorar los derechos democrticos en un sentido reaccionario. Tambin hay que ser consciente de que, en muchos casos, los mani pulite(s) configuran condiciones favorables para la emergencia de demagogos populistas autoritarios (como Berlusconi y Salvini en Italia, o Bolsonaro en Brasil). Un sector de la izquierda, que se entusiasma con las denuncias de corrupcin, las detenciones de dirigentes kirchneristas y este tipo de descomposicin de la clase poltica, puede terminar colocada como extrema izquierda del bloque neoliberal (en un sentido similar al 2008 con la crisis del campo pero en una situacin, tal vez, de mayor trascendencia todava). El caso de Brasil y las diferencias en la izquierda ante el golpe institucional y la detencin de Lula son evidencia de la conmocin que puede estar en puertas.

La inestabilidad de la situacin poltica obliga a jugar con algunas hiptesis. Hasta ahora, el impedimento para una detencin de CFK era doble: 1) en primer lugar, el temor al rechazo social que puede generar (seguramente superior al que suscit la detencin de Lula en Brasil); 2) en segundo lugar, el gobierno parecera necesitarla como competidora, para garantizar la divisin del peronismo e intentar aprovechar el voto rechazo que genera su figura. Pero qu pasara con este segundo factor en caso de que la figura de Macri entre en un ocaso irremediable? Si bien el primero sigue vigente, y cualquier detencin sera una operacin de alto riesgo (la combinacin de crisis econmica y CFK presa puede ser explosiva), puede haber sectores tentados a quitar de la cancha a CFK como nica forma de permitir que emerja alguna candidatura proveniente del PJ o algn acuerdo de unidad nacional. Por ahora, el mismo Pichetto se mantiene firme en el rechazo a cualquier desafuero sin sentencia firme, pero ya est en marcha un proyecto de Ley que impedira presentarse a personas condenadas en segunda instancia (ficha limpia, presentado por la ahora afamada diputada Lospennato). Por otra parte, como se pregunta el periodista Carlos Pagni: "Pichetto puede resistir la presin que hace la opinin pblica para que Cristina sea despojada de los fueros. Pero, podr resistir la de su propio partido, que tambin la necesita presa?" (Carlos Pagni, La Nacin 23 de agosto) [2].

Una detencin de CFK sera un salto en la injerencia anti-democrtica del bonapartismo judicial e impactara decisivamente en la situacin poltica. Al igual que en Brasil, la diferenciacin poltica estricta respecto al liderazgo de CFK debe ir acompaada de una oposicin cerrada a este posible salto cualitativo del endurecimiento estatal-autoritario orientado a perseguir judicialmente a opositores sociales y polticos.

Vale la pena advertir que el Gobierno mantiene un papel ambiguo frente al fenmeno desatado por los cuadernos. Lo apuntala y aprovecha, hasta cierto punto, pero no se siente cmodo con las denuncias que lo tocan de cerca (Calcaterra, IECSA, Franco Macri). Esto parece mostrar que el poder de liderazgo de Macri sobre su bloque socio-poltico es limitado, y que el bonapartismo judicial se eleva, tambin, por encima de su competencia y autoridad (lo cual parece dar razones a la pista china que sugirieron varios analistas, es decir, que esta denuncia tiene su origen en el Departamento de Estado norteamericano y sea un captulo de la guerra comercial entre EEUU y China). El Gobierno intenta contener la causa de los cuadernos para que los efectos no lo toquen de cerca, ms an considerando que las denuncias de corrupcin impactan ms severamente en su base social que en la del kirchnerismo. Las denuncias de coimas en el Senado en el 2000 fue una herida de la que nunca se recuper el gobierno de la Alianza, que haba sido encumbrado con promesas de regeneracin moral e institucional. El gobierno intenta surfear exitosamente la aparicin explosiva del tema, pero no parece controlarlo punto por punto (Ver Porqu cambi la postura del gobierno respecto a los cuadernos, La Nacin [3]).

La operacin de los cuadernos y la crisis econmica contribuyen a la posibilidad de que nos encontremos, antes de lo previsto, con una nueva crisis de representacin". Debemos estar atentos, por un lado, al deterioro del Gobierno en las clases medias a partir de los casos de corrupcin, los tarifazos en los servicios pblicos y la recesin econmica; pero tambin, por otro, a las seales que pudimos percibir estos ltimos aos sobre la fragilidad de la identidad peronista tanto en sectores de la clase obrera formal (que vot mayoritariamente por opciones anti-kirchneristas, como puede verse en cualquier anlisis demogrfico electoral) como tambin en sectores del precariado informal, fuertemente dependiente de la ayuda social estatal, donde las identidades polticas son marcadamente inestables. Contra el supuesto de una identidad substancial y duradera del peronismo como ideologa de clase, estos fenmenos evidencian que las identidades de las clases populares son ms inestables, fragmentarias y plurales de lo que la referencia a un mtico y eterno sujeto nacional-popular suele suponer. De conjunto, parecen acumularse componentes de una posible crisis de representacin poltica de gran escala, lo que hay que saber leer conjuntamente con el atenuante de la dura pervivencia poltica del liderazgo de CFK en ciertas franjas sociales.

III

Asistimos a una creciente polarizacin social y otra poltica, que no se superponen punto por punto. Por un lado, se acumulan fuertes luchas callejeras (movilizaciones feministas, rebelin universitaria, conflictos obreros como el de Astilleros o de la Linea 60, etctera), lo que habla de la persistencia de un nivel de movilizacin social indito en nuestro pas, que representa una dura barricada contra los planes del gobierno. Especialmente, asistimos a un histrico ciclo de movilizaciones feministas, que introduce a una nueva generacin a la lucha social y cuenta con una sensibilidad espontnea decididamente anti-neoliberal y significativas expresiones radicales o anticapitalistas. Por otro lado, no hay que subestimar al sector social que se expres en la marcha del 21A que reclam la detencin de CFK. Se trata de una franja social que precede a Cambiemos y se fue politizando en el ciclo de movilizaciones anti-kirchneristas (2008, 2012, 2014), con anclaje en sectores medios y populares (es decir, no se reduce a las clases altas). Lejos de ser un gobierno "desideologizador", el actual Gobierno excita permanentemente la polarizacin precedente y encuentra una base de masas (aunque no mayoritaria) que legitima y reclama el endurecimiento estatal-autoritario. Aunque minoritario social y culturalmente, ante un posible fracaso del gobierno de Cambiemos, este ncleo duro puede radicalizarse en un sentido derechista autoritario. Sobre todo en caso de regreso al gobierno del peronismo, o, ms aun, ante un posible fracaso de un futuro gobierno peronista en gestionar las dificultades econmicas presentes.

La situacin en el movimiento social describe una gran inquietud por abajo, junto a una ausencia de direccin del conflicto. En esta ausencia se combina una actitud extremadamente colaboracionista por parte de la direccin de la CGT (que solo encuentra equivalente con la que le ofreci al gobierno de Menem); un incipiente y balbuceante polo sindical de oposicin, que incluye a franjas importantes de la burocracia (en torno a la confluencia del moyanismo, la corriente federal y las CTA); el sector de la economa popular que consolid posiciones y recursos, pero perdi gimnasia de confrontacin directa con el Estado; y un explosivo movimiento feminista, transversal y radical, pero sin capacidad de oficiar de direccin estable del bloque social de oposicin al gobierno. En este contexto de debilidad de las mediaciones polticas y sindicales tradicionales, hay que prestar atencin a la posibilidad de que la irrupcin de un gran movimiento social adquiera formas ms espontneas, ciudadanas, tal como ha sido en el ltimo ciclo internacional de movilizaciones (indignados en el Estado espaol, Nuit Debout en Francia, ocupacin de la Plaza Sintagma en Grecia, insurrecciones en los pases rabes). Es decir, un tipo de movilizacin caracterizado por la entrada a la lucha de nuevas generaciones, la ocupacin de espacios y plazas, el protagonismo de sectores medios asalariados y pauperizados, la utilizacin de redes sociales y la aparicin de herramientas de auto-organizacin que cumplen un papel estratgico para desbordar a los aparatos tradicionales. Sin ir ms lejos, el antecedente de este ciclo internacional fue el 2001 argentino.

En el plano poltico, tanto la crisis econmica como el bonapartismo judicial contra el kirchnerismo tienden a contribuir a la polarizacin entre el gobierno y CFK. Por el momento, no hay espacio para una nueva fuerza poltica burguesa capaz de terciar en la disputa, aunque no puede descartarse esta posibilidad en el mediano plazo, siendo que la polarizacin actual ( entre dos minoras intensas) convive contradictoriamente con un fuerte desgaste de uno y otro.

Cmo colocarse ante el debate electoral que se viene y la polarizacin entre el gobierno y CFK? Debemos ser cuidadosos en este punto, y articular inteligentemente objetivos de corto y largo plazo, mantener la lucidez y no abandonarnos al posibilismo, pero tampoco desconocer de forma sectaria lo que se condensa en una posible derrota electoral del gobierno.

La cuestin de derrotar al neoliberalismo planteado como un a todo o nada contra Macri desarma a la militancia para enfrentar el verdadero problema que tiene delante. Una orientacin poltica reducida al cualquier cosa menos Macri puede oficiar de referencia mnima provisoria para sectores desorientados de la izquierda, pero no delimita los contornos de una poltica genuina de oposicin y de construccin de alternativa. Un antimacrismo indiscriminado puede quedar con el pie cambiado ante las modificaciones que va delineando la dinmica actual. En primer lugar, porque si se desarrollara un declive ms pronunciado del gobierno, la atencin de las clases dominantes va a volcarse hacia algn sector del peronismo (o hacia un acuerdo gubernamental e, incluso, electoral entre el PRO y el PJ Federal). Un antimacrismo ingenuo puede convertirse en este caso en el ala izquierda de una experiencia continuista, como fue la Alianza respecto al menemismo (y repitiendo el lamentable papel del FREPASO). En segundo lugar, es importante identificar el agotamiento de las condiciones econmicas que permitieron el dbil estado de compromiso de clase que caracteriz al kirchnerismo. El ciclo de expansin econmica iniciado con el duhaldismo se enfrent desde 2011-2012 a los tpicos cuellos de botella de la economa dependiente argentina. Un regreso del kirchnerismo al gobierno no puede homologarse a una recreacin del periodo precedente, porque los condicionamientos objetivos y la presin hacia el ajuste van a continuar en cualquier gobierno que no se proponga embestir de frente contra el gran capital (el actual acuerdo con el FMI, por caso, es de 36 meses y los vencimientos ms significativos de deuda son para 2020 y 2021). Cada sector poltico puede tener ms o menos compromisos con los sectores populares, lo que puede conducir, en principio, a una mayor o menor agresividad contra los derechos sociales. Pero cualquier gobierno que suceda al macrismo deber dar cuenta de la incapacidad estructural del capitalismo argentino para seguir integrando demandas populares y la necesidad de emprender un camino de ajuste, aunque tal vez de forma ms moderada o con otro ritmo [4].

Para ubicarnos inteligentemente en esta coyuntura, debemos evitar el sectarismo rutinario de las organizaciones ultra-izquierdistas, pero sin recaer en ninguna concepcin etapista vulgar. Una cosa es reconocer que los cambios en la superestructura poltica impactan en las condiciones de lucha y ofrecen diferentes contextos y oportunidades. Algo diferente es suponer que el gobierno de Macri es expresin del capital financiero y que es plausible regresar a un modelo neodesarrollista o a otra alianza de clase basada en el capital productivo, las pymes, etctera. Como sealamos, e l objetivo de generar mejores condiciones de explotacin de la fuerza de trabajo expresa los intereses del conjunto del capital (el ltimo periodo de gobierno de CFK, sobre todo el ajuste de 2014, es tambin expresin de esta tendencia  [5] ).

Esto no lleva a desconocer el impacto poltico que significara una derrota electoral del gobierno de Macri, menos si es en manos de una opcin que programticamente afirme oponerse a sus polticas. Pero lo que genera mejores condiciones para la lucha es la derrota poltica de la variante ms agresiva de las clases dominantes, no necesariamente las caractersticas intrnsecas del gobierno que surja como su relevo. Y la conciencia de las dificultades y las probables decepciones de cualquier nueva secuencia peronista/populista obliga a combinar eventuales consignas de votos contra la derecha con una firme independencia poltica.

En este contexto, la necesidad de construir una traduccin poltica de las luchas se vuelve tan apremiante a mediano plazo, como improbable en el corto. Si el fracaso de Macri da lugar a una decepcin populista, crecen las posibilidades de que el descontento a largo plazo sea capitalizado por salidas radical-autoritarias. Estamos otra vez llegando a una gran crisis sin un instrumento poltico rupturista que pueda terciar progresivamente en la situacin global, lo cual facilita nuevamente la administracin burguesa de la situacin (como la que permiti el encumbramiento del kirchnerismo luego de 2001).

Se vuelve imperioso entonces llegar con un instrumento poltico adecuado a los siguientes captulos de la crisis, que posiblemente sea prolongada. Al respecto, podemos adelantar dos tipos de indicaciones. En primer lugar, la construccin de una alternativa poltica, en el actual periodo, no puede reducirse a la unidad de los revolucionarios y, mucho menos a la autoproclamacin de alguna pequea organizacin marxista. Es preciso construir una nueva fuerza poltica sobre bases amplias, si se pretende desarrollar un instrumento til que pese realmente en la situacin global. En segundo lugar, y de forma ms concreta, es preciso analizar las condiciones que el post-kirchnerismo nos hereda para la construccin de una nueva sntesis poltica. Posiblemente, en el futuro debamos combinar dos fenmenos contradictorios. Por un lado, una probable crisis de representacin que es terreno favorable para la irrupcin de fuerzas nuevas en el terreno poltico. Por otro lado, todo el periodo kirchnerista nos hereda un conjunto fortalecido de organizaciones reformistas-burocrticas (las diferentes corrientes del kirchnerismo combativo, el triunvirato piquetero, etctera), que probablemente jueguen un papel en un proceso de recomposicin poltica. Una hiptesis ms pura, como podra ser la emergencia de un sector enteramente exterior al sistema poltico pre-existente (al estilo del Podemos espaol o el FA chileno) parece ms improbable. Ms an si reconocemos la existencia de una corriente electoral de izquierda estable en torno al FIT, que monopoliza a los sectores ms conscientes y combativos de la sociedad en beneficio de una poltica sectaria. En resumen, es razonable postular la hiptesis de que una nueva fuerza surja de la conjuncin de estos dos fenmenos: una cierta crisis de representacin que apuntale a sectores exteriores al sistema poltico, junto a la persistencia estable de corrientes reformistas provenientes de la experiencia kirchnerista. Sin embargo, es difcil que se den rupturas o procesos de radicalizacin en sectores de la militancia kirchnerista hasta tanto no se agote la expectativa en CFK o el agobiante posibilismo del todos contra Macri. Probablemente slo del agotamiento de un nuevo ciclo populista/peronista surjan las condiciones para la emergencia de una nueva experiencia de reagrupamiento a gran escala. Si estamos al inicio de un periodo prolongado de inestabilidad hegemnica , esta hiptesis se vuelve relevante para orientarse en las batallas que tenemos por delante.

Notas:

[1] "Estamos frente a en un momento denso de la lucha de clases, donde probablemente se dirima las caractersticas de todo el prximo periodo", con Martn Mosquera, en https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/05/26/Estamos-frente-a-en-un-momento-%E2%80%9Cdenso%E2%80%9D-de-la-lucha-de-clases-donde-probablemente-se-dirima-las-caracter%C3%ADsticas-de-todo-el-pr%C3%B3ximo-periodo-con-Mart%C3%ADn-Mosquera

[2] http://www.lanacion.com.ar/2164902-un-laboratorio-electoral-hiperactivo?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Echobox&utm_source=Facebook#Echobox=1535033077

 [3]  Por qu cambi la postura del Gobierno respecto a la causa de los cuadernos, en https://www.lanacion.com.ar/2166581-por-que-cambio-postura-del-gobierno-respecto

[4] Ver Adrin Piva, Estancamiento, inestabilidad cambiaria y tendencia al ajuste: la vigencia del bloqueo a la ofensiva capitalista contra el trabajo, Economistas de Izquierda - Fundacin Rosa Luxemburgo, 2018.

 [5]  Ver Martin Schorr, Entre la dcada ganada y la dcada perdida. La Argentina kirchnerista. Estudios de economa poltica, Buenos Aires, Batalla de Ideas, 2018.

Fuente: http://intersecciones.com.ar/index.php/articulos/102-hay-un-gran-desorden-bajo-el-cielo-la-situacion-es-excelente-reflexiones-apresuradas-sobre-la-crisis-en-curso


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