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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2018

Zonas de sacrificio, accin poltica de clase y ecosocialismo

Maximiliano Rodrguez
Rebelin


Existe la idea en la izquierda de que la problemtica medioambiental es una cuestin ajena a las clases sociales. Pareciera que compete a la ciudadana, a la humanidad, a las personas conscientes, etc. Los ms fieles a la ortodoxia, admitiendo la existencia de estas, pero al no calzar con sus representaciones idealizadas, argumentan que en este tipo de problemticas dichas diferencias se diluyen, adquiriendo un carcter indeterminado, aclasista.

Por el contrario, sostenemos que la problemtica medioambiental es una cuestin que involucra especialmente a las distintas clases sociales. Ninguna solucin puede existir al margen de estas, y de sus respectivos intereses y proyectos. Y an ms, en el estadio actual del capitalismo global, la problemtica medioambiental no es sino una expresin de la lucha de clases realmente existente.

Esta es una contradiccin del capitalismo que emplaza directamente a la moderna clase obrera. Golpea sus condiciones de vida, y abre espacio para su constitucin como actor poltico con capacidad de accin colectiva propia, y posibilidad de organizar y aunar extensos sectores populares tras un proyecto de transformacin social.

La izquierda tiene que tomar nota respecto de las nuevas realidades que impone la actual etapa del capitalismo y las formas que adopta la lucha de clases, y debe dar cuenta de estas en lo poltico-programtico. En el asunto medioambiental, el desafo est en la formulacin de un ecologismo obrero. O sea, un ecologismo que se asiente en la moderna clase trabajadora y que adems se inserte en el proyecto emancipador histrico de esta clase: el socialismo.

Este ecosocialismo tiene que diferenciarse de las intenciones, deseos piadosos y asistencialistas reactivos a la emergencia con las vctimas de las desastrosas, e incluso mortales, consecuencias medioambientales del desarrollo capitalista, rechazar la invocacin a principios abstractos de reglamentacin social e idealizaciones romnticas de tiempos pasados de la humanidad; para, en cambio, fundamentarse en las posibilidades que ofrecen el desarrollo de las contradicciones capitalistas y la descarnada realidad de la lucha de clases.

Las zonas de sacrificio del capitalismo chileno

La situacin que actualmente padecen los habitantes de las comunas de Quintero y Puchuncav en la V regin se suma a otros hechos de similar naturaleza que han afectado a distintas localidades del pas en los ltimos aos (Freirina, Chilo). El comn denominador de todos ellos responde a la anatoma especfica que el desarrollo del capitalismo en Chile le ha impuesto a la actividad econmica.

Histricamente, y liberado de toda traba bajo la fase neoliberal, la incesante bsqueda de ganancias ha llevado al gran capital en Chile a afincarse en la explotacin rentista de recursos naturales: minera, pesca, acuicultura, actividad forestal, agroindustria, etc., las cuales le han permitido extraordinarios y permanentes niveles de rentabilidad.

Complementariamente, y parte del mismo complejo industrial, se ha instalado paralelamente a dichas actividades una industria manufacturera procesadora de recursos naturales de escaso valor agregado y altamente contaminante: fundiciones, plantas de procesamiento de pescado y elaboracin de celulosa, etc.

Bajo esta modalidad de acumulacin se han configurado zonas enteras en que, en el altar del crecimiento econmico, sus habitantes son poblacin sacrificable. Si bien no se reconoce oficialmente, para nadie es un misterio que para las propias autoridades hay zonas del pas cuya poblacin debe cargar con los costos medioambientales que el capitalismo chileno genera, incluso a costa de su propia salud. Son las denominadas zonas de sacrificio.

Entre estas comunas se encuentran: Tocopilla, Mejillones y Huasco en zona la norte; Quintero, Puchuncav y Titil en el centro; y Coronel y Hualpn en el centro-sur del pas. Ocho en total.

Trabajadores y zonas de sacrificio

Habitan en estas comunas unas 330 mil personas. Poblacin con altos contingentes de pobreza, que la expone al chantaje econmico del gran capital y sus representantes que les prometen empleos y mejores condiciones de vida.

Desde el punto de vista de la composicin social destaca el marcado sesgo hacia las clases populares de su poblacin, con especial predominancia obrera. Si a nivel nacional la clase obrera, con su grupo familiar incluido, se acerca al 44% de la poblacin total, en las zonas de sacrificio esta proporcin se eleva al 54%.

El 51% de ocupados que habitan en las zonas de sacrificio laboran como obreros, mientras que a nivel nacional es un 42%. Una proporcin importante de estos (42%) se desplaza cotidianamente fuera de estas reas. De este modo, con el flujo de obreros que habita en estas zonas y que se desplaza a trabajar fuera y aquel que, habitando fuera, se desplaza hacia dichas comunas, se tiene que un poco ms de dos tercios (70%) de la clase obrera que se desempea en las zonas de sacrificio corresponde a poblacin lugarea, mientras que el resto es una poblacin obrera fornea.

Las clases sociales ante la cuestin medioambiental

La cuestin medioambiental cruza transversalmente a la sociedad chilena, y seguramente ir cobrando mayor fuerza con el correr de los aos.

Sus impactos son tales que obligan a las distintas clases sociales a tomar posicin. Particularmente amplios sectores de las clases medias se sensibilizan con el tema, que puede llegar a constituirse en uno de los elementos para nuevos arreglos institucionales en el sistema de dominacin burguesa. Arreglos que busquen encausar racionalmente la actividad de los capitales individuales en pos de garantizar la sostenibilidad general de la acumulacin.

Las clases populares, en tanto, son impulsadas a la accin ante la desesperacin por el deterioro de sus condiciones de vida y salud, llegando incluso a la prdida de sus fuentes laborales y de sustento (pescadores artesanales, trabajadores de la industria salmonera).

Para la clase obrera, que sufre con particular fuerza las consecuencias del dao ambiental, esta lucha se constituye en otro espacio de su accin contra el capital. Un mbito ms de su experiencia como actor poltico.

Casos como los de Quintero y Puchuncav literalmente constituyen para la clase obrera, una cuestin de vida o muerte. El capitalismo le pone ante una disyuntiva sin solucin posible en este sistema de dominacin poltico y econmico. Las nicas alternativas reales dentro sus lmites son simplemente una muerte lenta por envenenamiento o la miseria por falta de trabajo.

La alternativa socialista

El desastre ecolgico es la expresin de las contradicciones que desgarran globalmente al capitalismo contemporneo. Su solucin demanda que la naturaleza de dicho rgimen social sea cambiada. Se requiere que la produccin adquiera una forma social distinta a la capitalista, una socialista.

Solo la socializacin de los medios de produccin podr poner a funcionar a la economa bajo un plan global que aproveche los avances cientfico-tcnicos disponibles. Posibilitar adems la puesta en prctica de patrones de produccin y consumo socialmente racionales y que garanticen los equilibrios ecolgicos, despojndolos a su vez del estrecho y peligroso marco al que los constrie la incesante bsqueda de ganancias.

La solucin de la cuestin medioambiental, por tanto, se inscribe necesariamente dentro del proyecto emancipador de la clase obrera. No hay otro actor que pueda dar una respuesta real y definitiva al problema.

Consideraciones para una poltica ecosocialista

Algunas consideraciones acerca del ecosocialismo como programa poltico de los trabajadores.

- Renovacin programtica de la izquierda

Una de los asuntos que el desastre ecolgico del capitalismo ha desnudado con particular crudeza es la obsolescencia del programa industrialista levantado por la izquierda durante el siglo XX. La industrializacin ha dejado de ser una demanda revolucionaria en tanto que lo que hoy enfrenta la clase obrera no es la pobreza derivada de la falta de desarrollo industrial capitalista, sino de las consecuencias que este ltimo impone sobre sus condiciones de vida.

Ya nada soluciona que la produccin pase del capital privado al Estado, para que este a su vez emule y sustituya a la burguesa como agente del desarrollo econmico. De hecho, precisamente los sucesos de Quintero y Puchuncav han develado la responsabilidad de empresas modlicas de la fase desarrollista del capitalismo chileno.

Si alguna vez el desarrollismo burgus y el socialismo pudieron haber tenido puntos en comn en sus respectivas agendas programticas, hoy ya no. Para efectos de la accin poltica de la clase obrera, deben quedar claramente diferenciados el capitalismo de Estado del socialismo.

El industrialismo no constituye una opcin ecolgicamente viable. La reciente emergencia de nuevas potencias industriales ha demostrado que si se replicara el patrn de desarrollo de los capitalismos desarrollados las consecuencias medioambientales seran insostenibles. No resulta ecolgicamente factible que los pases monten individualmente una industria propia a escala nacional a imagen y semejanza de los grandes centros de la acumulacin mundial.

Por lo mismo, el ecosocialismo requiere una perspectiva internacional. La racionalizacin de los procesos de produccin y consumo que este implemente no podrn ser completos si no se llevan a cabo en un marco que traspase las fronteras nacionales, y bajo el principio de una nueva divisin internacional del trabajo que aproveche racionalmente el actual desarrollo de las fuerzas productivas. La tragedia medioambiental encontrar una solucin sostenible y definitiva solo con la integracin econmica de las naciones basada en la complementariedad socialista, en oposicin a la actual integracin de competencia capitalista.

- Conciencia y accin de clase

Otro de los elementos que ha evidenciado la situacin de las zonas de sacrificio ambiental en Chile es la separacin que enfrenta la clase obrera en relacin al lugar de trabajo con el que ella y su ncleo familiar habitan. A partir, entonces, de esta separacin relativa entre las condiciones de vida y las condiciones salariales-laborales, las cuales no tienen por qu tener una conexin directa entre s, bien pueden originarse comportamientos diferenciados -y hasta contradictorios- en el seno de esta.

Precisamente una de las potencialidades de la problemtica medioambiental para la clase obrera es la necesidad que se le plantea a crecientes contingentes de esta de elevarse por sobre la conciencia corporativista-sindical /1, y confluir adems en la accin con otras clases populares.

- Independencia de clase

Finalmente, las organizaciones de izquierda que acten en el seno de los trabajadores deben ante todo velar por preservar su independencia de clase. Esclarecer a ojos de estos los distintos intereses en juego con el fin de que no terminen siendo usados como elemento de fuerza en las pugnas inter burguesas. Evitar que la clase obrera se desgaste y divida intilmente librando una guerra que no es la suya.

www.puntofinalblog.cl



1/De hecho, fue Marcos Varas, presidente del sindicato de ENAP, quien rpidamente sali a deslindar responsabilidades de la estatal en la crisis de Quintero y Puchuncav. Sibilinamente esgrimi la condicin estatal en defensa de esta, deslizando supuestos intereses privatizadores tras las voces del gobierno que la sealaban como responsable. Cabe recordar que los gobiernos corporativos de ENAP y Codelco contemplan la presencia de representantes sindicales en sus respectivos directorios. Varas es precisamente, a parte de presidente del sindicato, miembro del directorio de ENAP.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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