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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2018

Los lazos de la discordia

Antonio Santamara
TopoExpress


La escalada de tensin en torno a los lazos amarillos muestra cmo aumenta la polarizacin en la sociedad catalana que se est trasladando de los mbitos polticos e institucionales a las calles y que se exasperar en un otoo muy caliente.

Este verano, a despecho del clima de cierta distensin motivado por la investidura de Pedro Snchez y por los vagos intentos de reconstruccin de los marcos de dilogo poltico e institucional entre los ejecutivos espaol y cataln, ha estado dominado por la creciente espiral de tensin en torno a los lazos amarillos. Una dinmica muy inquietante en la medida que la confrontacin se traslada del terreno poltico al social, incubando el huevo de la serpiente de la confrontacin civil, pues la violencia verbal o simblica suele preceder a la violencia fsica, como de hecho ocurri en el incidente del Parc de la Ciutadella o la agresin al cmara de TeleMadrid confundido con un operador de TV3.

El movimiento de los lazos amarillos surgi a raz del encarcelamiento de los presidentes de mnium Cultural y ANC, Jordi Cuixart y Jordi Snchez, y se extendi con el ingreso en prisin y la huida al extranjero de los lderes independentistas. El lazo amarillo es un smbolo de origen anglosajn que conoci una gran difusin durante la crisis de los rehenes en la embajada norteamericana de Irn (1979-1981). Ahora bien, si en Estados Unidos el lazo amarillo simboliz la unidad del pueblo norteamericano para lograr la libertad de los rehenes, aqu expresa la profunda divisin de la sociedad catalana entre partidarios y contrarios a la independencia.

El objetivo de la difusin de los lazos amarillos en los espacios institucionales y las calles es doble. Por un lado, mostrar la ocupacin del espacio pblico para dar la imagen de que el conjunto de Catalunya apoya la causa secesionista. Por otro, extender la tesis de la existencia de presos polticos, lo cual implica una impugnacin al sistema democrtico espaol equiparado a Turqua o Kazajstn. Justamente, esta ocupacin simblica de los espacios institucionales y de la va pblica ha sido percibida como una ofensa por sectores de la poblacin que se organizaron para retirar dichos lazos. Primero de modo semiespontneo en torno a las llamadas Brigadas de Limpieza, y luego con el apoyo poltico de Ciutadans.

En este punto debe realizarse una distincin. La presencia de lazos amarillos, esteladas, pancartas alusivas a la libertad de los presos polticos en edificios pblicos o la orwelliana megafona en la plaza del Ayuntamiento de Vic, resulta claramente incompatible con la neutralidad exigible a los espacios institucionales, como dictamin el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) a finales de julio contra el Ayuntamiento de Sant Cugat. Una sentencia que instaba a la retirada de smbolos partidistas en los edificios institucionales que no ha sido cumplida, pues stos continan figurando tanto en ayuntamientos como en dependencias de la Generalitat.

Otra cuestin es la que atae a la va pblica, que siempre ha sido un espacio de expresin de las ideas polticas va pancartas, carteles, manifestaciones o mtines. No obstante, en este caso asistimos al deliberado objetivo de monopolizacin simblica de las calles, lo cual ha provocado la reaccin contraria. Podra argirse que no es equivalente una accin positiva (poner lazos) con otra negativa (quitarlos); ahora bien, la libertad de expresin puede ejercerse en ambos sentidos como ocurre con la quema de fotos del Rey o las pitadas a los himnos nacionales que, ms all de la valoracin que nos merezcan, deben considerarse manifestaciones legtimas de este derecho fundamental.

Frente a esta compleja colusin de derechos, hemos asistido a dos contradictorias tomas de posicin del poder poltico. Por un lado, la Fiscal General del Estado, Mara Jos Segarra, quien, desde una concepcin demoliberal, asegur que no es delito ni quitar ni poner lazos amarillos, al tratarse de una concrecin de la libertad de expresin. Por otro, la perspectiva autoritaria del president vicario de la Generalitat, Quim Torra, quien en un artculo en El Peridico de Catalunya, basndose en el mito de un sol poble, acus de fascistas a quienes quitaban dichos lazos, lo cual resulta abusivo, ya que ciertamente participan algunos fascistas en estas acciones, pero no todos los que quitan estos lazos son ultraderechistas. Tambin anunci que los Mossos dEsquadra tomaran medidas represivas contra ellos. Acto seguido, bajo el paraguas legal de la denostada Ley Mordaza, la Conselleria de Interior de la Generalitat procedi a la identificacin con amenazas de multa de hasta 300.000 euros a quienes realizasen dichas acciones. Finalmente, la fiscala del TSJC ha abierto una investigacin sobre las mencionadas identificaciones, entre ellas la del periodista Arcadi Espada, lo cual ha conducido a que stas dejen de realizarse.

La tensin por esta cuestin subi un gradiente ms con la supuesta agresin de un miembro de mnium Cultural a una mujer de origen ruso cuyo marido milita en Cs, que estaban retirando lazos amarillos en el cntrico Parc de la Ciutadella en Barcelona. Esto motiv la respuesta de la formacin naranja con la retirada de lazos en Alella, protagonizada por Albert Rivera e Ins Arrimadas y la manifestacin en el Parc de la Ciutadella de repulsa a la agresin que paradjicamente acab con otra agresin a un cmara de TeleMadrid.

Polarizacin imparable

Esta escalada muestra que la tendencia imparable e inquietante a la polarizacin de la sociedad catalana se est trasladando del Parlament a las calles.

Por un lado, se observa con preocupacin el comportamiento de un president de la Generalitat que proviene del activismo independentista, cuyas acciones y declaraciones persiguen mantener el conflicto nacionalitario y que no ha manifestado el ms mnimo inters por gobernar para el conjunto de ciudadana, sino, si hemos de creer en sus alegatos, de implementar la Repblica catalana cuando vislumbre la menor oportunidad para ello. Una conducta que no resulta extraa, pues segn Torra en Catalunya viven catalanes tnicos y espaoles que residen en Catalunya, tachados de colonos. En este sentido han de interpretarse sus alusiones a un sol poble.

En cualquier caso, esta gesticulacin no logra ocultar la ausencia de una perspectiva estratgica tras el fiasco del pasado mandato para conseguir el objetivo de la secesin. Ello mientras se multiplican las divisiones entre ERC, un sector de PDeCat y Carles Puigdemont, quien con la constitucin de la Crida Nacional per la Repblica pretende absorber a ambas formaciones en una suerte de frente nacional. Este vaco estratgico, indicado por influyentes periodistas e intelectuales del mbito independentista, como Francesc-Marc lvaro o Ferran Requejo, intentar ser soslayado por Quim Torra en la anunciada conferencia del 4 de septiembre titulada El nostre moment, donde afirma que trazar la nueva hoja de ruta del movimiento secesionista. Todo esto en el marco de un otoo caliente de movilizaciones en torno al 11 de septiembre, la primera conmemoracin del 1 de octubre, con la propuesta fantasmal de paro de pas de la ANC, y el juicio a los lderes independentistas que previsiblemente tendr lugar en noviembre, en la perspectiva de las elecciones municipales concebidas como una prueba de fuerza del movimiento soberanista. Est por ver si estas acciones estn realmente encaminadas a un segundo intento de proclamar la independencia o se trata de mantener la cohesin de sus bases sociales en momentos de tribulacin, cuando despus de tantas promesas no se ha alcanzado el objetivo del Estado propio.

Por otro lado, Ciutadans busca deliberadamente capitalizar, en Catalunya y en Espaa, la reaccin del nacionalismo espaol frente al desafo independentista. La pobre actuacin del gobierno de Mariano Rajoy y la considerada contemporizacin de Pedro Snchez frente a los secesionistas, alimentan estas expectativas. En detrimento de formaciones como el PSC y los Comunes que, desde la izquierda y sin demasiada fortuna, intentan tender puentes, lo cual se presenta extremadamente complicado en este panorama de polarizacin.

En definitiva, no se vislumbra en el medio plazo ningn sntoma de distensin del conflicto nacionalitario. Por el contrario, con el citado calendario de movilizaciones todo apunta a una profundizacin de la divisin de la sociedad catalana; especialmente, cuando el sector de la misma representado por Ciutadans no desaprovechar ninguna oportunidad para contestar las acciones del movimiento independentista en la infernal lgica de accin/reaccin. Un panorama que compromete seriamente las perspectivas de normalizacin poltica auspiciadas desde el gobierno socialista. No parece que sus ofertas de ampliacin del autogobierno o de recuperacin del Estatut del 2006 tengan ningn inters para los actuales dirigentes de la Generalitat.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/los-lazos-de-la-discordia/



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