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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2018

Uruguay
Pas serio, de frgil economa, arrastrado en el ro de la globalizacin

Eduardo Camn
Rebelin


Uruguay siempre ha aceptado de buen grado la inversin extranjera directa, otorgando tratamiento nacional o preferencial a las empresas extranjeras que se instalan en el pas sin ningn tipo de discriminacin. Esta dinmica de inversiones va acompaada por un marco de seguridad jurdica y estabilidad poltica,adems de un soporte innegable de nuevas tecnologas e infraestructuras de todo tipo.

Durante la ltima dcada, Uruguay ha tenido un crecimiento superior a la media del continente, gracias a la inversin extranjera, especialmente europea y espaola en particular, centrada en la banca, los servicios, y las fbricas de celulosa. La cifra de inversin extranjera directa en el pas respecto al PIB es del 5,3%. Y solo Chile estara por delante, lo que ha generado una certeza cuasi infalible e incluso dogmtica del equipo econmico liderado por el contador Danilo Astori.

En la representacin popular, la idea ms generalizada del fenmeno es simple: Un pas rico, un organismo internacional, o unos fondos de inversin, nos presta capital. Con esos prstamos, generamos infraestructuras, construimos una carretera, ampliamos nuestras fuentes de energas y ms comnmente pagamos deudas viejas.

En una palabra, sin tales prstamos no podramos hacer frente a nuestras obligaciones, ni mejorar nuestros servicios, ni producir ms en los campos, ni crear nuevas empresas. Es decir, no podramos desarrollarnos. Pero miremos un instante a nuestro alrededor y ordenemos los hechos, o es que los orientales seguiremos mintindonos, tomando los deseos por realidades y arropndonos con grandes y vacas palabras.

En un mundo en donde la economa esta globalizada y la poltica fraccionada, el choque entre estos dos movimientos contrapuestos solo puede conducir a las parlisis y al conflicto.

En tal marco cabra preguntarse qu sentido tiene seguir discutiendo sobre las facetas, angulosidades y minucias del pensamiento poltico de la izquierda progresista cuando la puesta en prctica se ha hecho imposible porque los instrumentos antiguamente capaces de llevarlo adelante por las organizaciones polticas nacionales han quedado rehenes de la lgica instrumental de un capitalismo transnacionalizado.

Se nos podr decir que el tiempo transcurrido por el gobierno del progresismo ha sido escaso, comparado en trminos histricos para que realicemos valoraciones que condenan, pero despus de tres gestiones progresistas, ya no son las seales gubernamentales los que nos preocupan y nos llevan a opinar, sino los hechos, cuyos riesgos nos involucran a todos, y benefician a unos pocos.

Cobra el hecho anotado ms significacin cuando se le examina a la luz de otras realidades. Si una parte fundamental de la tradicin de la izquierda ha sido la crtica cultural, no deberamos olvidar que son las razones de la poltica sobre las de la economa, la que llev a la izquierda a las altas esferas del Estado.

Asumido este rol que ha sido por la expresin de la voluntad popular, el desafo real esperado era la intervencin pblica para contrapesar el poder de la minora propietaria de la riqueza. He ah, sin la pueril pretensin de pretender ser analistas infalibles, es que destacamos, sumaria y tal vez arbitrariamente algunos aspectos principales, sobre los cuales los gobiernos progresistas han hecho hincapi.

Modificacin de la estructura agraria, reforma de la enseanza, planificacin de la economa: Tres directivas definidoras sobre las cuales el gobierno viene desarrollando sus principales lneas de trabajo, ms all de que a unos le parecer poco; a otros mucho. Esto es inevitable. Pero estas tres directivas que destacamos bastaran, si, juntamente con la concepcin general a que responden, sirvieran para lograr la coincidencia.

En primer trmino, la produccin agropecuaria, para la que estamos, por diversas razones demogrficas, climticas, geogrficas, etc. especialmente dotados, se cumple con ajuste a una estructura que es insuficiente y que lo ser cada da ms, porque sus mejoras se han hecho en trminos de competitividad. Cambiarla no significa copiar lo ajeno, que responde a otras necesidades y realidades, sino hacer que la estructura sea productiva y eficiente.

Pero cambiar, no es, andar abrazado a las culebras, con el sombrero en mano, mendigando prstamos del extranjero. De poco sirve proclamar el principio y defenderlo si la fuerza a fin de cuentas har lo que le venga en gana o lo que se ajuste a las necesidades del mercado global. En este sentido se est entregando soberana y patrimonio, basta con mirar quines son los dueos del campo.

En segundo lugar, la reforma de la enseanza se ha transformado en un rgano consultivo, de integracin numerosa, de recursos moderados, mal distribuidos y en el cual confluyen intereses especficos y diversos, pero que no ser capaz de realizar esa obra urgente: recopilar, ordenar, analizar los hechos y darles la solucin adecuada. Tal cual est planteado este rgano, no ha sido ms que un cuerpo que solo pari divagaciones y proyectos. El alto ndice de conflictividad y los desencuentros cada vez ms evidentes avalan esta situacin.

Y en tercer lugar el plan econmico tal vez (y sin tal vez) de esta pequea sntesis de discordancias ministeriales, aqu encuentre la causa fundamental, del discurso gatopardista. En efecto una poltica financiera debe ser la expresin de una poltica econmica. Dicho de otra forma, la poltica financiera es una de las formas de realizacin por el Estado, de una poltica econmica.

Por lo tanto, debe ser una poltica de conjunto que abarque el proceso en su totalidad y que ajuste a esa visin y a esa finalidad comn, las distintas y escalonadas soluciones parciales que los hechos reclamen.

Se nos dice el pas tiene que producir, para producir tiene que trabajar e invertir. Se nos dice que necesitamos capitales extranjeros, asistencia tcnica y econmica, una especie de panacea y verdad axiomtica, pero pocos, muy pocos se plantean el problema en trminos exactos, pocos muy pocos, emiten dudas sobre las ventajas del sistema, o se interrogan sobre las repercusiones de ste, y ahora estamos en ese escenario

No toda inversin por el simple hecho de serlo debe ser justificada. En ese sentido no nos pareci adecuada en su momento la introduccin de parques industriales estilos la planta de celulosa en Fray Bentos, o las zonas francas, o condicionarnos al estallido de una burbuja inmobiliaria en nombre de las inversiones, el mercado, y la creacin de fuentes de trabajo.

Ms grave an es que en la actual coyuntura, el proceso de globalizacin ha supuesto una desarticulacin de las clases sociales. Las nuevas formas de acumulacin y poder pretenden dejar obsoletas las interpretaciones donde el dominio y la explotacin social son origen en una estructura clasista. Ahora son elites independientes, sin conexin ni origen clasista quienes determinan el proceso de acumulacin y reproduccin del capital Por ello, se recomienda que los anlisis de clases deban ser superados en tanto son marginales.

Bajo este enunciado se intenta demostrar que las relaciones sociales de produccin no responden ya a la contradiccin capital-trabajo.Se recrea el proceso de concentracin de la riqueza, y las formas de explotacin de las nuevas elites empresariales, polticas y financieras como si se tratase de un proceso de descomposicin del orden social determinado por la existencia de clases sociales.

Discutir sobre la organizacin poltica es una cosa diferente que sealar la existencia de un orden social fundado en una estructura de clases sociales antagnico y complementario.

Los conceptos de burguesa, proletariado industrial o rural, as como de elites siguen constituyendo el principio sobre el cual analizar el orden social y poltico dependiente del proceso de acumulacin y reproduccin del capital global.

De ah que predominen en aquellos editorialistas y articulistas de los nuevos tiempos, los conceptos genricos como pueblo, nacin, poblacin o consumidores y ciudadanos que en realidad son entidades abstractas donde no se aprecian las diferencias difuminndose las relaciones de clases muchas veces negndola en un conjunto indeterminado de estratos sin vnculo alguno con la configuracin de un proyecto social de dominio y explotacin como lo representa el capitalismo.

Los analistas clasistas no concluyen en otorgar una posicin poltica, revolucionaria o no, a la clase obrera en la lucha contra la explotacin, la democracia y la justicia social. Si bien durante los aos sesenta se produjo esta homologacin, porque su lugar fue la arena poltica, en los talleres y en la movilizacin, y no el simple debate en los pulcros salones de la burguesa acerca de las formas en que se estructura la sociedad contempornea.

Pero las certezas muchas veces se transforman en dudas y estas se hacen realidad cuando los hechos as lo determinan. Poco vali el dogmatismo de la conduccin econmica pretendiendo estar blindado a las inclemencias de los mercados internacionales, y las crisis de nuestros vecinos Argentina y Brasil que desbordan y arrastran nuestras frgiles economas como una rama en el ro.

Tal vez si empezamos por comprender el significado de Jos Artigas, ms all del umbral de su estatua y recurrir a su enseanza aquella que nos recuerda, que es mejor tener alguna defensa a no tener ninguna y es mejor morir peleando que entregarse de antemano, con dulce resignacin, arrullados y anestesiados por el engao del capitalismo globalizador.

Triste papel el de aquella izquierda de soadores -si ya lo s, no se puede hacer otra cosa-trasnochados.

Eduardo Camn. Periodista uruguayo, miembro de la Asociacin de Corresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, www.estrategia.la)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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