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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2018

Despus, nadie sabe nada de nada

David Fernndez
La Directa

Traduccin del cataln para Rebelin de Carlos Riba Garca


A Miquel Grau lo mataron en octubre de 1977 en la calle, en el espacio pblico, mientras pegaba carteles de la Diada del Pas Valenciano. Cuando estaba en eso, desde un balcn le arrojaron un ladrillo a la cabeza. Quien lo hizo, muy cercano a la ultraderechista Fuerza Nueva, fue condenado a 12 aos de prisin por homicidio. Pero, en 1979, Adolfo Surez lo indult parcialmente. En 1982, ya estaba en la calle.

A Javier Verdejo, militante andaluz de la Joven Guardia Roja, lo mataran los disparos de un subfusil de la Guardia Civil mientras intentaba pintar Pan, Trabajo, Libertad en una pared del gora pblica de las plazas de Almera. Solo alcanz a escribir Pan, T.... Se trataba de la funesta noche del 14 de agosto de 1976. Los responsables de su muerte, garantes de la neutralidad, fueron juzgados. En ese momento, unos versos de Juan de Loxa lo dejaron plasmado: Pan y Trabajo, siempre se escapa el tiro pa los de abajo.

A Javier Vinader lo tuvieron exiliado, condenado y encarcelado ya en democracia y hasta 1984 por no haber renunciado a desvelar las conexiones directas del las cloacas de Estado con la ultraderecha ms oscura y criminal. En La aznaridad, el ltimo libro que nos dej Vzquez Montalbn, Manolo sealaba con lucidez: Los ms pacficos se convierten en los ms violentos porque desconfan de su propia voluntad de violencia. Esto viene a cuento de los hechos impunes, las represiones anteriores y los dichos vigentes, no solo como imprescindible acto de memoria histrica y casi tambin por pura lgica preventiva, sino y sobre todo como consecuencia de la ltima embestida contra los lazos amarillos. Esta polmica pret-a-porter para pirmanos que nunca han sido bomberos y epgono testosternico del lema-insignia bsico de un desbocado nacionalismo espaolista: A por ellos. Solo faltaba la siniestra incontinencia verbal del flamante portacoz del PP, Pablo Casado, que todo podra acabar en lazos negros. La cultura del miedo, las amenazas nada veladas y la represin inquisitorial siempre van de la mano.

Sea donde sea, la persecucin del diferente, la proscripcin del disidente y la hostilidad institucional o civil para con el divergente constituyen el ncleo central de cualquier autoritarismo. La razn de Estado da mucho juego, y desplegar la porra extensible de la extrema derecha siempre tan funcional a los intereses del sistema para atemorizar a la calle no es nada novedoso. La hemeroteca dara para mucho: desde la transicin, que fue de todo menos pacfica 188 muertos como consecuencia de la violencia institucional hasta recordar que hace nada de tiempo y en prime time electoral de los das que precedieron al 21-D, Mariano Rajoy llamaba por telfono a un ultra del Bages para solidarizarse con l. A Susana Griso no s si habr que darle una medalla de oro por presentar anteayer a un militante de extrema derecha con patibulario currculum como un meritorio ciudadano ecologista. De lo que no tenemos la menor idea la otra cara de la moneda es de cmo se ha forjado la impunidad en la que han quedado las ms de 140 agresiones ultras perpetradas entre octubre y diciembre del ao pasado, aquellas en las que se rompieron los cristales de Catalunya Rdio, se agredi a periodistas y se golpe a inmigrantes. All donde la arbitrariedad y el doble rasero del Estado brillan como garantes de la impunidad.

El engao que a nadie engaa de hablar de lazos amarillos para no hablar de los presos, de inventar confrontaciones ciudadanas que nadie espera ni desea y atizarlas para evitar el riesgo de que se produzcan cotiza al alza en la demencial carrera por ver quin la tiene ms larga. En resumen, si todo el relato ficcionado, hiperblico y binario de Ciudadanos fuese real dudo mucho que solo acudieran 600 personas a una concentracin sintomticamente trufada, ciertamente, de elementos de extrema derecha. Incluso un cmara de Telemadrid agredido con la excusa terrible que pensaban que era de TV3. O fallan ellos o falla la realidad, algo que no acostumbra a suceder. Cada uno vivir la feria segn le vaya y uno cree lo confirma viendo la mesa de los protagonistas que el arranque de smbolos amarillos no es ms que otra forma de represin extrajurdica aunque planificada de evitar lo inevitable: la solidaridad con las personas encarceladas y exiliadas. El espacio pblico es la excusa; el objetivo es la ley del silencio. Las imgenes salvando las distancias y constatando las proximidades traen a la retina las de Amanecer Dorado destrozando las paradas de los inmigrantes en los mercados de Grecia. El derecho violento, redentor y feudal que algunos se arrogan para despedazarlo todo, junto con la vergenza de la cobertura oficial y meditica.

Donde quera llegar es que los climas de tensin y los estados de opinin nunca nacen espontneamente. Se crean y despus se descontrolan y acaban inquietando incluso a sus creadores. Despus siempre, indefectiblemente quienes los generaron se desentienden de lo hecho, se olvidan de las amistades peligrosas y, si es necesario, reescriben la historia. Expertos, como dira Juan Gelman, en no recordar nada de lo que han alimentado y perpetrado, y salir bien parados. Pero brindar carta blanca y benevolencia a los reducidos grupos activos de la extrema derecha es una decisin poltica que implica responsabilidades y consecuencias. Blanquearlos como si fuesen dignos ciudadanos ya es algo ms que complicidad. E insiste en ello la Directa quienes estn en la estrategia ultra de la tensin, siendo pocos como son menos de los que pensamos, hacen mucho ruido y se enredan en la telaraa de quienes promueven el odio desde la propia impotencia. Lo trgico es que para hacer dao no es necesario que sean muchos, bien lo sabemos; las 80 vctimas mortales por delitos de odio de los ltimos 40 aos Sonia, Lucrecia, Guillermo, entre ellos nos lo recuerdan permanentemente.

Tambin hay algunas posverdades de manual que no caben en esta columna no, un domicilio particular no es un espacio pblico neutral, tampoco lo son las ruedas de un coche ni un balcn del Ayuntamiento ni la integridad fsica de todo el mundo cuando la perversin equipara el derecho de protestar con el no-derecho de reventar la protesta de los dems, ms incluso separando cualquier debate del contexto en el que se produce y banalizando el sufrimiento ajeno.la prisin y el exilio de los adversarios polticos. En Per combatre aquesta poca (Para combatir esta poca), Rob Riemen se pregunta si acaso habr que esperar un tiempo ms para decir que determinados fenmenos o actitudes son fascistas. Judit Butler recuerda siempre que la poltica de la no-violencia acaba determinndonos y decidimos ser no violentos en un contexto de violencia. Y mientras algunos pocos muy pocos, pero con sorprendentes altavoces de apoyo avivan la violencia de limpiar la calle; lo que sera necesario no olvidar es que a favor de los presos polticos que es lo que simbolizan los lazos amarillos, y que se ha extendido y se extender como una exigencia democrtica est el 80 por ciento de la sociedad catalana, segn la encuesta ms reciente de La Vanguardia. Que este consenso se vea reflejado en el espacio pblico, en los plenos municipales o en las concentraciones casi cotidianas no es ms que una discrepancia solidaria en tiempos de excepcin. Que una minora ultra pretenda envenenarlo todo es propio de manual de estrategia de tensin.

Ahora, cuando este curso que arranca ser ms difcil sin las enseanzas de Eva Serra y las lecciones de Josep Fontana, ser necesario constatar continuidades de dignidad en la propia historia de la resistencia, la que vincula la refrescante tozudez de las abuelas de Alella con un tranquilo carnicero plantado en el medio de la calle. Siempre hemos salido porque los de abajo han abierto siempre lo que los de arriba queran cerrar desde el poder. En un pas con memoria, en 2018 no ser la extrema derecha la que nos haga callar. No nos cansaremos; ya se cansarn ellos... #llibertatspresospoltics #llibertatpresespoltiques

Fuente: http://directa.cat/despres-ningu-no-en-sap-res/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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