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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2018

Cuaderno postcrisis 10
A diez aos del crac financiero

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

Hace diez aos, el sistema financiero se tambale. Y con l, tembl el complejo entramado de la economa capitalista mundial. La crisis de los grandes bancos mundiales provoc una recesin sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y sus efectos se extendieron paulatinamente a muchos espacios del planeta. Lo que comenz poniendo en evidencia las fragilidades, las irresponsabilidades y la criminalidad inherentes al modelo neoliberal, se acab convirtiendo en un ajuste que ha debilitado las condiciones de vida de mucha gente, los derechos laborales y los servicios pblicos en muchos pases. Las lites capitalistas consiguieron externalizar gran parte de los costes del mal que ellos haban generado hacia el conjunto de la poblacin, y tuvieron xito en conseguir que las polticas econmicas desarrolladas por los Estados y los organismos internacionales no supusieran un viraje profundo en la dinmica iniciada a mitad de la dcada de 1970.

Las crisis, los auges y recesiones, son inherentes a la historia del capitalismo. Que las crisis se manifiesten en primer lugar en la esfera financiera tambin es habitual. El sector financiero constituye el segmento ms especulativo, inestable y voltil de la economa capitalista, y es all donde se manifiestan con mayor intensidad las convulsiones ssmicas de la economa mercantil. Un sector financiero, por cierto, cuyo gigantismo se haba desarrollado al calor de las polticas neoliberales, las potencialidades de las nuevas tecnologas de la informacin, y la globalizacin. Un sector que haba propiciado, a la vez, una alarmante situacin de endeudamiento global y un enorme potencial para el desarrollo de enriquecimiento rentista de las lites mundiales. El endeudamiento era en parte un propio subproducto de la liberalizacin financiera. Pero era tambin el resultado de las contradicciones puestas en marcha por el modelo neoliberal: la necesidad de promover el crecimiento del consumo en un contexto de salarios congelados (o a la baja), la necesidad de mantener vivo el comercio internacional en un mundo con pases con balanzas comerciales permanentemente deficitarias, la necesidad de mantener un sector pblico enfrentado a demandas crecientes y recortes de impuestos

Y, pese a ello, la crisis cogi por sorpresa a los grandes lderes econmicos. Y a la mayor parte de la academia universitaria, ms atenta a desarrollar un anlisis formalista que a analizar el funcionamiento del capitalismo real. Un capitalismo que, ms que confiar en la capacidad autorreguladora del mercado para salir de la crisis, opt por una intervencin pblica masiva para evitar el colapso. Bast una quiebra bancaria la salida normal en una sociedad de mercado para forzar a los gobiernos a financiar masivamente al sistema financiero y evitar su quiebra sistmica. Confundir el capitalismo moderno con el mercado es un error. El capitalismo real es una compleja combinacin de mercados, empresas (en muchos casos enormes organizaciones verticales que expanden su poder ms all de los lmites formales de la propia empresa a travs de complejas redes interempresariales) y un sector pblico imponente. Sin este tercer factor, la crisis de 2008 posiblemente hubiera sido un proceso mucho ms catico de lo que realmente ha resultado.

II

La crisis, que puso en evidencia las debilidades y defectos de las polticas neoliberales y los gravsimos problemas generados por la financiarizacin econmica, no ha servido para reorientar el funcionamiento global del sistema. Ms bien al contrario. El sistema financiero ha sido salvado a costa de la sociedad (y ha aumentado la concentracin bancaria). El nivel de endeudamiento global ha seguido creciendo (aunque en algunos pases parte del endeudamiento privado se ha endosado al sector pblico). El proceso de financiarizacin se ha visto favorecido por las heterodoxas polticas monetarias adoptadas por la Reserva Federal y el Banco Central Europeo con el pretexto de evitar el colapso econmico. Se han seguido implementando reformas laborales orientadas a desmantelar normas que en el pasado operaban como garantas de derechos sociales y acotaban el poder del capital. En algunos pases se han impuesto polticas de austeridad que han implicado graves costes sociales y un desmantelamiento de los servicios sociales.

Han aumentado las desigualdades de renta y la minora del 1% (o el 5%) ha acumulado riqueza a expensas del resto. En una visin mundial este dato cabe matizarlo. Como explica el detallado trabajo de Branko Milanovic (Global Inequality, Harvard University Press 2016), en su conjunto, la desigualdad de renta mundial entre individuos ha disminuido, fundamentalmente por efecto del crecimiento de la economa china, que ha mejorado la renta de millones de personas. Pero este mismo autor seala dos hechos cruciales. De un lado, el estancamiento absoluto y la prdida relativa de la renta de la mayora de la poblacin de los pases desarrollados. Del otro, que a pesar de la mejora de la poblacin china (y parte de la India), la renta media de los pases ricos (incluso la de la mayora de sus pobres) sigue siendo mucho mayor que la de estas nuevas capas emergentes de asiticos beneficiados por la globalizacin. Los impactos de la crisis han tenido dimensiones de gnero, clase y pas.

La crisis, en suma, no ha generado ni una refundacin del capitalismo ni una reorientacin sustancial. Ms bien ha servido para implementar polticas que han reforzado las tendencias anteriores. Se han introducido soluciones de emergencia, que han servido para apedazar y apuntalar una economa llena de contradicciones. El sistema no ha se ha derrumbado, pero las soluciones adoptadas prometen la reaparicin de muchos problemas graves en el futuro prximo. Algunos, como el aumento de la pobreza, ya son visibles.

Si a la crisis econmica en trminos convencionales sumamos las cuestiones relativas a la crisis ecolgica la situacin es an ms dramtica. Mientras proliferan las evidencias de los efectos del cambio climtico, los diez ltimos aos no han aportado cambios sustanciales en la organizacin de la actividad econmica. El nico cambio palpable es el crecimiento de las energas renovables a costa de las tradicionales en la produccin de electricidad. Se trata de una de las adaptaciones tericamente ms fciles de realizar para las economas capitalistas. Al fin y al cabo, el cambio tcnico y la sustitucin de materiales ha formado siempre parte de la dinmica de acumulacin. Y de ello ya han tomado buena nota los grandes grupos energticos, que ya estn focalizando sus inversiones hacia las nuevas energas. La idea de que basta con sustituir una energa por otra no slo es atractiva para las empresas capitalistas, sino tambin para la mayora de la poblacin rica a la que se le promete que podr mantener las mismas pautas de consumo (y adems sin contaminar) simplemente cambiando el mix energtico. Algo que es ms que dudoso si se considera la crisis ecolgica en su conjunto. Ni est claro que las energas renovables puedan garantizar el mismo flujo de energa barata que el petrleo y el carbn (sobre todo si se tiene en cuenta el ciclo completo de consumo energtico que incluye la produccin de equipos e infraestructuras renovables), ni mucho menos se puede reducir el problema ambiental a una sola cuestin. Aunque tuviramos un suministro ilimitado de energa, el impacto sobre los ciclos vitales de la mayora de especies, sobre los suelos frtiles, sobre los ciclos del agua, el uso del espacio o la creciente demanda de minerales acabaran por generar (si no lo estn haciendo ya) otro tipo de tensiones. Las sociedades capitalistas que han experimentado niveles de consumo impensables en otras pocas son como una especie de plaga que devora todo lo que considera necesario para su continuidad y, a diferencia de otras especies, utiliza el cambio tcnico como mecanismo de mutacin cuando ha agotado alguno de sus inputs esenciales. El problema es que las dimensiones del planeta son las que son, y no parece racional pensar que este movimiento no tendr fin.

La crisis ha generado mucho sufrimiento y, en los pases desarrollados, ha acelerado las tendencias a la degradacin de las condiciones de vida y trabajo de gran parte de la poblacin. Las respuestas a la crisis han reforzado el poder de las lites dominantes sin abrir vas slidas para afrontar los problemas endmicos de inestabilidad o desigualdad, ni para afrontar en serio los retos que plantea la crisis ecolgica.

III

Todo lo anterior no tiene nada de original. Es un resumen apresurado de lo ocurrido en la ltima dcada, sin entrar en mucha profundidad. La pregunta verdaderamente relevante es por qu ante tamao desastre no se ha configurado una propuesta mnimamente slida para, cuando menos, propiciar alguna poltica nueva. Hay un vaco enorme entre la evidencia (incluso en los medios convencionales) del tamao de las desigualdades y los peligros de la crisis ambiental y la inexistencia de propuestas de cambio movilizadoras. El auge de las propuestas derechistas y el repliegue hacia lo nacional-identitario en casi todos los pases desarrollados tiene una de sus bases en esta falta de alternativas a la hegemona capitalista. Una hegemona que se ha consolidado menos por mritos propios que por el fracaso de sus presuntos oponentes. Este debera ser el ncleo de trabajo de cualquier persona interesada en afrontar en serio los problemas de la sociedad actual, especialmente de aquella gente que lleva aos peleando en mil y una resistencia a los impactos del capitalismo. Y, ms especialmente, entre la gente con capacidad tcnica e intelectual para hacerle frente.

Hay que empezar por reconocer los problemas bsicos que impiden pensar alternativas. Considero al menos tres tipos de cuestiones.

En primer lugar, est el dilema entre crecimiento y ajuste ecolgico. Tradicionalmente, la izquierda se situaba en lado del crecimiento. Y, an ahora, muchas de las propuestas de los partidos de izquierda se sitan en una ptica post-keynesiana. El problema de las polticas expansivas de este tipo choca no slo con la necesidad de llevar a cabo una reconversin ecolgica, sino tambin con una cuestin ms inmediata: el sujeto pblico que las puede llevar a cabo. En el contexto de globalizacin actual, las polticas expansivas de corte nacional estn expuestas a mltiples problemas. Y, hoy por hoy, la izquierda no tiene capacidad de intervenir con xito en estructuras supranacionales donde estas polticas seran realizables. Y la creciente consciencia ecolgica de una parte de la izquierda les ha hecho perder su atractivo. Hay que reconocerlo estamos atrapados en una trampa siniestra: si se acelera el crecimiento, se agravan los problemas ecolgicos; si la economa se contrae, en el contexto actual, se genera un grave problema social. Un dilema que no se puede resolver con eslganes simplones, sino que exige la elaboracin de propuestas que combinen una poltica seria de ajuste ecolgico, de reduccin de las desigualdades y de reforma institucional.

En segundo lugar, est la cuestin del sujeto. El planteamiento clsico se basaba en lo que ahora se conoce como el problema del 1% (la lite capitalista) enfrentado al 99% (la clase obrera). La realidad es por desgracia ms compleja. Las sociedades capitalistas desarrolladas tienen mayor diversificacin social, en la que existen estratos diferenciados por motivos de posicin laboral, nivel educativo, renta, etc. Aunque la crisis ha frenado expectativas y debilitado estatus, las diferencias persisten e impiden establecer alianzas mayoritarias en temas como los impuestos, la estructura salarial o las regulaciones ambientales. Adems las enormes diferencias existentes entre los distintos pases en temas como la renta, los servicios pblicos, o el sistema fiscal, operan como otro elemento de diferenciacin y abren un espacio a las polticas reaccionarias. Construir una alternativa exige entender esta estructura social y analizar cules son las mediaciones que pueden permitir acumular un mayor nmero de fuerzas.

La tercera cuestin es la de qu tipo de modelo plantear tras las fallidas experiencias soviticas. Marx y Engels se opusieron con buenas razones al socialismo utpico que propugnaba la construccin de una sociedad ideal basada en las ideas de pensadores bienintencionados. Una sociedad no se crea de la nada, independiente de las dinmicas sociales imperantes. Se centraron ms bien en desarrollar la crtica de la sociedad capitalista, aunque no rehuyeron hacer propuestas concretas (el mismo Manifiesto Comunista introduce un programa reformista bastante concreto). Cuando los bolcheviques tomaron el poder tampoco tenan una idea clara de cmo organizar la economa, aunque ya se pensaba en algn tipo de planificacin para combatir la tendencia al descontrol de la economa capitalista. El debate de los aos posteriores a la revolucin, los vaivenes entre la economa de guerra, y la NEP indican la complejidad de la cuestin. Aunque finalmente se sald con el desastre estalinista por todos conocido. Tampoco la experiencia china se salv de desastres y vaivenes para culminar en una variante peculiar de capitalismo con una pesante presencia estatal. Seguramente era inevitable que los intentos de instaurar un modelo alternativo al capitalismo experimentaran enormes dificultades y vas muertas (aunque posiblemente las cosas hubieran ido mejor si no se hubieran impuestos opciones autoritarias que bloquearon la posibilidad de un debate racional). Pero tanto estas experiencias como las que conocemos de la diversidad de las economas capitalistas reales pueden constituir un importante punto de partida para repensar una alternativa social. Los utopistas decimonnicos tenan slo la referencia de sus propias elucubraciones mentales. Pero hoy, en cambio, contamos con una panoplia de experiencias econmicas, de una enorme diversidad de instituciones y regulaciones que pueden servir de base para elaborar no un nuevo proyecto utpico, pero s un marco de referencia en el que situar la transformacin social. La lucha contra el capitalismo no sirve de nada si se limita a la denuncia de sus males. Requiere proponer formas diferentes de organizacin social. Y stas deben partir del conocimiento de las experiencias sociales de los dos ltimos siglos, de los xitos y los fracasos. Pero exige un esfuerzo colectivo de construccin de propuestas transformadoras.

IV

En 2008 se pusieron de manifiesto muchos de los peores aspectos del capitalismo neoliberal. Diez aos ms tarde, estamos ms o menos en la misma situacin, pero en muchas partes del mundo los problemas sociales y ecolgicos se han agravado. Y existen nuevas amenazas que conducen a la barbarie. Por eso es tan necesario contar con alguna hoja de ruta que nos permita salir de esta situacin. No la hemos tenido en el momento de la crisis (lo que facilit que se acabara imponiendo la salida neoliberal). Y seguimos sin tenerla, demasiado ensimismados en cultivar las diferencias. Demasiado incapaces de construir un mnimo esquema a partir de las cosas que conocemos o deberamos conocer. Urge una reconstruccin del pensamiento crtico que vaya ms all de la denuncia. Que aporte respuestas que nos alejen del mundo de la desigualdad insoportable, la catstrofe ambiental, la exclusin social y el autoritarismo que dominan el ambiente.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-171/notas/a-diez-anos-del-crac-financiero




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