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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2018

Sobre la relacin entre Hegel y Marx

Carlos Prez Soto
Herramienta


No hay aval textual suficiente como para establecer de manera rigurosa qu pensaba Marx de las ideas de Hegel. No hay ninguna manera satisfactoria de resolver el asunto de la relacin entre ambos con rigor cientfico y filolgico. La conclusin obligada de este hecho es que la relacin entre Marx y Hegel solo puede ser establecida a travs de una hiptesis poltica. Una hiptesis que nos sirva para potenciar polticamente nuestras luchas desde un fundamento postulado. Un fundamento que no se puede deducir directamente desde ambos autores. Desarrollo los antecedentes que llevan a esta conclusin, recomiendo una manera especfica de postular esta relacin. Postulo una relacin determinada entre Marx y Hegel, al servicio de la poltica del presente.

1. Una cuestin de mtodo

La nica manera de saber qu pensaban Hegel y Marx es recurrir a lo que escribieron. A lo que escribieron ellos. No a lo que relatan sus amigos o discpulos. Menos an a lo que otros, ni siquiera amigos o discpulos, dicen que pensaban, o afirman haberles escuchado. Si se trata de rigor acadmico, la nica fuente que podemos usar es lo que ellos escribieron, seamos redundantes, directamente, personalmente.

Pero el rigor acadmico exige ciertas condiciones. Una de ellas es que no podemos considerar todo lo que escribi un autor de la misma manera, o con el mismo grado de importancia. Si vamos a usar los textos como evidencia de lo que pensaban, es necesario aceptar que no todas esas evidencias tienen el mismo nivel, la misma calidad probatoria. No puede ser lo mismo un apunte de lectura, ocasional, provisorio, incluso juvenil, que una obra revisada y publicada formalmente. No puede considerarse del mismo nivel un pronunciamiento ocasional hecho al calor de una carta, o de un panfleto polmico, que una obra sistemtica, redactada con nimo programtico.

Convengamos en que es necesario hacer una jerarqua en los textos disponibles. Si queremos saber lo que un autor pensaba sobre un tema especfico nuestra primera fuente debera ser (a) los textos que revis para publicar y public efectivamente. Solo si no encontramos en ellos lo suficiente podemos recurrir, solo en segundo lugar, a (b) los manuscritos que escribi de manera sistemtica pero que por alguna razn dej sin publicar. Si an no es suficiente podramos buscar, pero solo en tercer lugar, en (c) los manuscritos que escribi en calidad de apuntes, sin haberlos sistematizado, pensando en desarrollos posteriores o mayores.

En realidad, nuestras fuentes, en nombre del rigor acadmico, deberan parar all. Es muy obvio, sin embargo, que la tradicin, ansiosa por saber hasta el ltimo detalle de los pensamientos de los autores que ama, ha recurrido a otros tipos de materiales escritos, mucho ms precarios, e incluso frecuentemente dudosos. Es el caso, en particular, con Marx. Seamos pacientes ante tales ansiedades y concedamos que se pueda recurrir a ellos pero solo en un lugar subordinado. Es as que se ha recurrido (d) a pronunciamientos contenidos en cartas, (e) a apuntes de lectura, (f) a pronunciamientos fragmentarios, contenidos en apuntes que refieren a un tema distinto e, incluso (g) a apuntes registrados por alumnos o discpulos a partir de lo que habran escuchado de los autores y, en un caso extremo, rayano en lo curioso, (h) a testimonios formulados por otras personas de lo que habran escuchado decir a estos autores en conversaciones informales. [1]

Lo lamento, pero si queremos mantener un mnimo rigor acadmico, estamos obligados a considerar que este tipo de materiales, justamente en el orden decreciente en que los enumero, no pueden ser considerados como testimonios de primer orden del pensamiento de un autor. Lo lamento en realidad, particularmente en el caso de Marx, por sus adoradores, y por los acadmicos que siguen sus ideas revestidos de obsesin filolgica y preciosismo erudito. No, no son aceptables. Bueno, tengamos piedad, ocasionalmente recurriremos a ellos pero en el carcter y orden que hemos establecido.

2. Los textos

Y entonces cules son los textos en que se pueden fundar seriamente nuestras hiptesis sobre lo que pensaban Hegel y Marx?

En el caso de Hegel parece ser bastante claro. En primer lugar, (a): La Fenomenologa del Espritu (1807); la Ciencia de la Lgica (1812-13-16); La Enciclopedia de las Ciencias Filosficas, en compendio (1830); Los Lineamientos Fundamentales para la Filosofa del Derecho, en compendio (1821). Es bastante, casi demasiado. Pero, aun as, podremos recurrir con cierta confianza, en segundo lugar, (b): a los artculos reunidos en 1901 como Escritos Juveniles, o a artculos publicados en revistas filosficas durante su vida, como La diferencia entre los sistemas de filosofa de Fichte y Schelling (1801). Y, todava, en tercer lugar, (c): a manuscritos que poseen un carcter bastante elaborado, como el llamado Filosofa Real (1805-6), o el muy til texto que rene algunos de sus Escritos sobre religin (entre 1817 y 1830), publicado recientemente en castellano. Dado este abundantsimo material, la mayor parte an no explorado o comentado de manera exhaustiva, no necesitaremos, en el caso de Hegel, recurrir a notas o apuntes provisorios, o a cartas ni, mucho menos, a los apuntes de sus estudiantes. Ni, por supuesto, a lo que una multitud realmente increble de crticos dicen que dijo, suponen que dijo o, incluso, sospechan que habra dicho. Una moda respecto de la que, como es visible en el caso de los comentaristas post estructuralistas franceses o analticos ingleses actuales, nadie parece tener el menor rubor en practicar [2] . [3]

En el caso de Marx el panorama en trgicamente distinto. Como es sabido, la publicacin de una edicin realmente crtica de sus obras, acadmicamente rigurosa, sin grandes ideologismos ni propsitos pedaggicos, est an en curso. Se cree que solo estar completa hacia 2020. Por supuesto eso no significa que no tengamos ya un conjunto de texto ampliamente respetable. El problema es ms bien el carcter de esos textos. Su origen, el modo y propsito con que fueron escritos, el modo y propsito con que fueron publicados.

Es notorio que en la tradicin marxista los textos de Marx han sido considerados con una reverencia difcilmente compatible con un examen acadmico e incluso, frecuentemente, difcilmente compatible con una consideracin racional. Como ningn otro autor, salvo personajes como Pablo de Tarso o Gautama Buda, Marx es el escenario de toda clase de preconceptos y prejuicios, curiosamente mucho ms abundantes entre sus partidarios que entre sus detractores. Enumeremos algunos.

Se razona como si Marx siempre tuviese razn, como si sus anlisis y estimaciones fuesen siempre correctas, hasta el punto que, con absoluta impunidad, se suelen usar sus pronunciamientos para dirimir discusiones: si Marx lo dijo, tiene que ser as. Se razona como si el pensamiento de Marx fuese siempre consistente. Aun en los casos en que se postula que habra cambiado de opinin de manera importante, (como en las tesis de Althusser), se mantiene la hiptesis de su completa coherencia para el perodo que se ha decidido corresponde autnticamente a su pensamiento.

Se apela a los trminos usados por Marx como si siempre los usara de la misma manera e, incluso, como si los usara siempre de manera tcnica. Es el caso de lo que habra querido decir con expresiones como modo de produccin, clase social, ideologa, comunismo, democracia. El absurdo de esta prctica queda flagrantemente de manifiesto en las recurrentes tesis de grado en Ciencias Sociales, muy tpicas en los aos 60 y 70, que llevan ttulos como El concepto de clase social en Marx o La idea de modo de produccin en Marx. La constatacin es invariable, y la conclusin es increblemente cmica. Constatacin: Marx usa estas expresiones de muchas maneras distintas. Conclusin: el problema es muy complejo

Se argumenta habitualmente como si todas las ideas de Marx pudiesen aplicarse con xito, y con productividad, a toda situacin social o perodo histrico incluso a las pocas posteriores a su paso hacia el infinito. De esta manera, por un lado, se suelen construir antologas con todos los pronunciamientos que se puedan encontrar en sus obras sobre temas que realmente nunca trat de manera sistemtica o detenida. Compilaciones como Escritos de Marx y Engels sobre pedagoga, o Escritos de Marx y Engels sobre literatura o, incluso, Escritos de Marx y Engels sobre matemticas. Pero, adems, por otro lado, se hacen extrapolaciones y largusimas analogas que permitan obtener un eventual pronunciamiento de Marx sobre temas o situaciones que decididamente no conoci, ni pudo conocer: lo que Marx habra dicho sobre Internet, lo que habra opinado sobre el feminismo radical, lo que se sigue de sus palabras acerca de la catstrofe ecolgica global. Es decir, un uso del argumento de autoridad simplemente grosero convertido en elemento central de una tradicin intelectual.

Desde luego, una diferencia flagrante entre Hegel y Marx es que mientras en Hegel se puede constatar una increble consistencia terminolgica, aun a travs de largos perodos de tiempo, en Marx es absolutamente habitual que escriba de manera coloquial, que use los mismos trminos en sentidos distintos, que abandone unos trminos y sin embargo los reemplace por otros (como es el caso de enajenacin y fetichismo). En realidad, el nico campo en que Marx usa una terminologa permanente, con nimo tcnico, con preocupacin por la precisin conceptual, es en sus escritos econmicos. Ni en sus comentarios filosficos, o histricos, ni en sus opiniones polticas, mantiene una costumbre tan sana. La razn es fcil de imaginar y, correspondientemente, difcil de aceptar para sus adoradores: Marx nunca pens que estaba elaborando una doctrina sistemtica, completa, que diera cuenta de todos los aspectos de la realidad histrica y social. Solo trat de hacer una tarea con ese carcter, y se la agradecemos enormemente: una crtica de la economa poltica clsica que llevara a una crtica estructural de la economa capitalista.

Aun as, cules son los textos de Marx que podran servir como fundamento para saber lo que pensaba? No son pocos: (a)El Manifiesto Comunista (1848); La Contribucin a la Crtica de la Economa Poltica (1859); El Capital, Volumen I (1867), La miseria de la Filosofa (1847), La lucha de clases en Francia (1850); El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Desgraciadamente, tendramos que agregar a esta lista de primer orden tambin el curioso texto Herr Vogt (1860), al que se dedic de manera obsesiva durante ms de un ao, dejando de lado durante todo ese tiempo incluso sus estudios y escritos de economa poltica.

Por supuesto, podremos usar tambin (b): La guerra civil en Francia (1871); Trabajo Asalariado y Capital (1847); Salario, Precio y Ganancia (1865). Incluso, en el orden que hemos definido como (c): Crtica del Programa de Gotha (1875); Crtica de la Filosofa del Derecho de Hegel, [solo la Introduccin](1843); Notas sobre Wagner (1880). Desgraciadamente, de acuerdo con nuestro criterio acadmico, y a lo expuesto en el punto anterior, NO podemos integrar a este listado dos textos que han generado verdaderos ros de tinta: los Manuscritos Econmico-Filosficos de 1844, y el legajo llamado La Ideologa Alemana (1845-6) [4] .

3. Lo que Marx pensaba de la filosofa de Hegel

En sentido estrictamente histrico y poltico esta es la cuestin que realmente nos interesa. Cuando decimos qu pensaba Marx de Hegel reunimos varias preguntas estrechamente relacionadas, preguntas que de algn modo son equivalentes. Cmo usa Marx la filosofa de Hegel? En qu sentidos le resulta til? para qu aspectos de su obra? Qu cosas en la filosofa de Hegel son las que Marx acept, y cules son las que rechaz? Qu significacin poltica atribua Marx a Hegel?

Junto a estas preguntas se acumulan muchas otras: qu entenda Marx por dialctica? qu papel especfico le atribuye a la Lgica de Hegel? En una versin ms cercana a los usos de la ciencia: cul era el mtodo de Marx? en qu consiste el carcter dialctico de su mtodo?

Desgraciadamente, si abordamos el problema con rigor acadmico y filolgico, el panorama, respecto de todas estas preguntas, es desolador. Examinemos un ejemplo. El 14 de enero de 1858, en medio de la redaccin del enorme conjunto de apuntes que son conocidos hoy como Grundrisse [5] , Marx escribe, en una carta dirigida a Engels: En el mtodo me ha sido de gran utilidad haber ojeado la Lgica de Hegel. Freiligrath encontr algunos volmenes que originariamente pertenecieron a Bakunin y me los envi como presente.

Este pronunciamiento ha sido invocado innumerables veces por los defensores del carcter hegeliano o, al menos, dialctico del pensamiento de Marx. Advirtamos incluso que se trata de una de las principales, de las ms importantes citas que se invocan al respecto. Sin embargo, examinmoslo de cerca, con un nimo menos exaltado, ms crtico.

a. Se trata de un pronunciamiento ocasional, meramente incidental, casi anecdtico, mencionado un poco al pasar en el contexto de una carta.

b. Qu quiere decir Marx con la expresin haber ojeado (sic) la Lgica de Hegel? Por supuesto, cualquiera que siquiera haya echado una mnima ojeada del texto puede darse cuenta que es bastante difcil obtener de l algo medianamente til, sobre todo de algo que pueda entenderse como un mtodo.

c. Qu parte de la Lgica oje Marx? Para cualquiera que conozca el texto debe ser evidente que podran obtenerse sugerencias o conclusiones muy diferentes si uno se hace cargo de la Doctrina del Ser que si prefiere asumir la Doctrina de la Esencia. Deberamos creer que oje los tres volmenes completos? Con qu grado de detenimiento o detalle lo hizo? Lo conoca previamente (de tal manera que ya le resultara familiar)?

d. Pero, lo ms importante, en qu aspecto preciso de su mtodo influy esa lectura?

Desgraciadamente, para todas y cada una de estas preguntas, y a varias otras por el estilo que podramos formular, solo tenemos una respuesta: no lo sabemos. En ninguna parte de su extensa obra Marx explica qu ley de Hegel, con qu detalle, con qu propsito concreto y, sobre todo, nunca explica claramente en qu sentido sus eventuales lecturas de Hegel le resultaron tiles.

Consideremos otro ejemplo, el llamado Manuscrito de Kreuznach, escrito en 1843, que fue publicado por Riazanov en 1927 con el ttulo Crtica de la Filosofa del Estado de Hegel, un apelativo notoriamente grandilocuente si tenemos en cuenta que:

a. contiene solo apuntes de su lectura de la Filosofa del Derecho (1821) de Hegel;

b. contiene solo comentarios y notas fragmentarias en torno a los pargrafos que van desde el n 260 hasta el n 311, es decir, en torno a 51 pargrafos de un libro que tiene 360;

c. fue escrito a los 25 aos, en un perodo de su vida que an sus ms fervientes partidarios consideran aun como radical democrtico.

El problema se repite una y otra vez. Marx alude a la filosofa de Hegel de manera general, sin entrar en argumentos y desarrollos especficos, lo hace siempre en cartas, en apuntes que nunca public, lo hace casi siempre de manera casi anecdtica [6] , al pasar, sin ninguna argumentacin filosfica contundente. En el extremo, en diciembre de 1875, en una carta a Joseph Dietzgen, Marx afirma que le gustara escribir un breve tratado en que podra explicar de manera simple y directa qu es la dialctica. Nuestro problema, por supuesto, es que nunca lo escribi.

Se pueden revisar uno a uno los pronunciamientos de Marx buscando algo ms que eso, buscando esta preciada quimera: qu es lo que Marx pensaba sobre Hegel. Mi conclusin, sin embargo, es la siguiente: carecemos, en trminos bastante radicales, de un aval textual suficiente como para resolver ese problema de manera objetiva. Todas las referencias en los manuscritos de Marx sobre el asunto:

a. o provienen de textos no publicados;

b. o resultan pronunciamientos fragmentarios, incidentales, no especficos;

c. o carecen del desarrollo sistemtico que permita entender claramente su sentido real;

d. o son de una generalidad tal que de ellos podran seguirse mltiples interpretaciones.

No sabemos de manera precisa qu ley Marx de Hegel, con qu detenimiento lo hizo, qu significaron para l esas lecturas. Y es necesario decir tambin, aunque los adoradores se ofendan, que no podemos asegurar que Marx haya entendido claramente el sentido de las ideas de Hegel, su lugar en la tradicin filosfica, o su propsito y contenido poltico real. Cuando se tiene una experiencia medianamente habitual con los textos de Hegel, uno se siente frecuentemente sorprendido cuando lee lo que Marx afirma sobre las nociones de espritu, o de idea, de dialctica, de trada dialctica, o con la interpretacin que esboza (en un apunte extremadamente fragmentario) sobre la Fenomenologa del Espritu. Ocurre con frecuencia, de manera flagrante, que lo que Marx parece entender en los textos de Hegel simplemente no corresponde a lo que el consenso ms mnimo de hegellogos dira al respecto. No hay que ser demasiado perspicaz para sospechar que sus ideas sobre Hegel parecen proceder ms bien de Ludwig Feuerbach que de Hegel mismo [7] .

4. Un problema filolgico, un problema poltico

La situacin es esta: no hay aval textual suficiente para saber qu es lo que Marx pensaba de la filosofa de Hegel. Este es un problema que no puede ser resuelto de manera acadmica, filolgicamente rigurosa. No podemos saber de manera objetiva en qu sentidos Marx us lo que saba de Hegel, de qu maneras esos conocimientos le sirvieron para elaborar sus propias ideas, qu habra rechazado y qu habra aceptado de la lgica hegeliana.

Es muy notorio, sin embargo, que durante ciento cincuenta aos se han formulado una y otra vez afirmaciones, hiptesis e incluso teoras enteras sobre tal relacin. Se trata de un problema que ha estado presente en todas las pocas y en todos los lugares en que se han propuesto desarrollos del marxismo. Qu decir de tales formulaciones? A la luz de lo que he establecido en los prrafos anteriores, algo muy claro, que dista mucho de ser evidente: se trata de hiptesis que solo pueden ser respaldadas polticamente. Digmoslo una vez ms: hiptesis que no pueden ser contrastadas de manera estricta con los textos de Marx.

Y ese carcter hipottico les quita mritos? No, absolutamente no. Lo que hace es, simplemente, indicar que su mrito hay que buscarlo en sus consecuencias, en sus contextos y propsitos polticos, no en LA PALABRA. Lo que hace es indicar que en el marxismo hay que terminar de una vez por todas con la psima tradicin de discutir a partir de gruesos argumentos de autoridad. Por supuesto que Marx es y debe ser reconocido como uno de los mximos tericos de nuestros tiempos, pero, que me perdonen los fieles incluso Marx podra estar equivocado [8] .

El problema de la relacin entre Hegel y Marx es y, dado los materiales con los que contamos, no puede ser sino un problema poltico. Y aunque haya sido presentado una y otra vez de un modo distinto, la verdad es que siempre ha sido resuelto de esa manera. Siempre las hiptesis que se han levantado en torno a l han estado motivadas, y han sido legitimadas, por razones polticas. Muchas veces incluso por circunstancias polticas extremadamente inmediatas y contingentes, sin siquiera una perspectiva muy ambiciosa desde un punto de vista doctrinario.

5. Un problema abiertamente poltico: cuestiones de mtodo

Dejemos atrs esas pretensiones. Dejemos atrs esa ansiedad por ampararnos en la autoridad de los textos. Pensemos polticamente, como siempre lo hemos hecho, pero sin el paraguas de la cita textual como autoridad.

Establecer una relacin entre la filosofa de Hegel y la teora poltica de Marx puede ser til para darle fundamento doctrinario a una gran perspectiva histrica y poltica. Podemos hacer eso independientemente de si estos autores hubiesen estado de acuerdo o no con el uso que hacemos de sus ideas. Y, por supuesto, sabemos que Hegel no habra estado de acuerdo. Para establecer esta relacin de una manera productiva, no atada al academicismo, es necesario usar nuestra erudicin sobre ambos autores de una manera completamente distinta a la que ha sido predominante hasta hoy en la tradicin marxista. Establecer sus condiciones bsicas explcitamente.

En primer lugar, es necesario leer y entender a Hegel y a Marx independientemente, por s mismos, tratando de establecer su coherencia propia e interna ms all de si estamos o no de acuerdo con ella.

Es necesario, en segundo lugar, y solo desde esa lectura independiente y global, establecer hiptesis sobre la coherencia global de sus ideas, ms all de sus pronunciamientos contingentes, aislados, sobre situaciones polticas inmediatas, o de sus prejuicios o dichos sobre este o aquel asunto, ms bien propio de su poca que de nuestros problemas. Hay que asumir que las hiptesis globales posibles, sobre todo en el caso de Hegel, son muchas. Y que deberemos escoger polticamente qu Hegel puede resultarnos til, y cual no.

Es necesario, en tercer lugar, solo desde esas hiptesis globales, establecer cules son las diferencias entre Hegel y Marx. Las diferencias que hacen que nos digamos marxistas y no hegelianos. Las que hacen que Hegel no sea un simple precursor de Marx y que Marx no sea un simple continuador de Hegel. Entender las diferencias sin el nimo de corregir a uno a partir del otro sino simplemente para establecer con mayor claridad cules pueden ser no solo los mritos sino, tambin, los lmites de su relacin.

Solo entonces, desde esa lectura global, general, hay que buscar qu puede ser til en la filosofa de Hegel para enriquecer y formular de una manera doctrinaria profunda las teoras de Marx. Es decir, se trata de hacer una relacin no acadmica, no filolgica, sino instrumental. Una relacin no contingente, no de pronunciamiento particular a pronunciamiento particular, sino una conexin entre ideas generales. No una relacin de superficie, que tengamos que estar avalando cada vez con el vicio acadmico de la nota a pie de pgina, sino una relacin profunda entre un sistema de ideas y otro.

6. Sobre las diferencias

Para cualquier hegellogo contemporneo es bastante claro que la distincin entre un presunto ncleo racional de la dialctica y su, tambin presunto envoltorio mstico tiene muy poco que ver con la filosofa de Hegel. Procede de una mala comprensin de la lgica hegeliana por Feuerbach, es asumida sin ms por Marx, Engels, Lenin e incluso por el filsofo profesional que fue Lukcs, y no contribuye en absoluto a una diferenciacin realmente fundada entre ambos filsofos. Casi ni es necesario agregar que la famosa distincin entre filosofas materialistas e idealistas que tanto gustaban a Engels y a Lenin no resiste el menor anlisis filosfico competente [9] .

Mi opinin es que la gran diferencia, flagrante y de muchos modos definitiva, se encuentra en otro punto: la estimacin que ambos autores hacen de las posibilidades del Estado de Derecho burgus.

Hegel cree que la nica manera de mediar en la conflictividad esencial que caracteriza a la sociedad humana es un Estado de Derecho que est atravesado por el espritu de la religiosidad cristiana. Un Estado de Derecho construido racionalmente, teniendo a la vista la sabidura contenida en la tradicin y el espritu del pueblo. Y una religiosidad cristiana laica, secularizada, que sea capaz de aportar el sentimiento de comunidad necesario para que la razn abstracta no sea puro arbitrio.

Por un lado, a Hegel le interesa superar la dicotoma entre la razn y la naturaleza y, con ella, todas las teoras que apelan a la naturaleza humana como principio explicativo. Por otro lado, le interesa mostrar a la razn misma como apetente, y a su operacin interna como negativa, para criticar desde all las ingenuidades meramente moralistas del idealismo kantiano.

El resultado de estas operaciones es una imagen plenamente historicista, en que la sociedad humana est atravesada por una conflictividad esencial, que proviene del orden ms ntimo de lo real, y en que la libertad debe ser considerada como un espacio pleno de deseo y contraposicin, y a la vez inseparable de las situaciones histricas y sociales que la enmarcan, y en que puede desenvolverse.

Se podra decir que con esto Hegel le ha dado a la violencia un papel esencial y objetivo en la historia. Esencial, porque la contradiccin, que la anima, est arraigada en el orden mismo del Ser. Y objetivo, porque su realidad excede largamente a las voluntades individuales, y slo puede ser contenida en un espacio social, a travs de mecanismos que exceden tambin a las buenas o malas voluntades individuales empeadas en ello. La situacin general, estructural, de la condicin ms profunda de la sociedad humana est bellamente expuesta en su anlisis de la eticidad griega [10] (Fenomenologa del Espritu, VI. A.). Y se ha podido decir, con profunda razn, que en ella est contenida una imagen trgica de la historia.

Por supuesto, la proposicin hegeliana respecto de este carcter profundo y objetivo de la violencia no es, ni puede ser, que sea extirpable de la historia humana ni por un acto supremo de la voluntad, ni siquiera por un proceso asinttico que apunte hacia una reconciliacin sin conflicto. La violencia no puede ser suprimida. Pero puede ser eficientemente mediada. El conflicto y el mal pertenecen al orden ms ntimo de la libertad, pero se puede lograr una sociedad en que la libertad no se destruya a s misma. Como he indicado, la clave y la posibilidad de estas mediaciones residen, para Hegel, en la construccin de un Estado de Derecho profundamente humanizado por la piedad cristiana. Un Estado de Derecho que conjugue a la vez el poder ordenador de la razn y el sentimiento de comunidad que puede surgir de un cristianismo secularizado, libre del racionalismo catlico y del sentimentalismo romntico.

Sostengo que el rasgo ms profundo y dramtico del marxismo, la idea de lucha de clases, proviene directamente de ese papel trgico que Hegel le atribuy a la violencia en la historia. Por supuesto el material emprico a partir del cual Marx formula esa idea es la violencia desatada de la explotacin capitalista, que en su poca va progresivamente llenando el continente europeo de deshumanizacin y miseria. Las iras de Marx proceden de las mismas realidades flagrantes que las de Balzac y Dickens.

Pero, la radicalidad con que las piensa (la lucha de clases es el motor de la historia), y la mayor radicalidad an de la salida que propone (slo la dictadura revolucionaria del proletariado puede suprimir la dictadura de la burguesa), tienen su raz en una lgica en que la violencia no es simplemente la expresin de una mala voluntad, o de una falta de disposicin moral, sino que es un dato objetivo en que se expresa una situacin objetiva que, tal como en Hegel, excede la mala o buena voluntad particular de aquellos a los que involucra.

Por eso el mtodo de Marx consiste en un anlisis de clases sociales, no de agentes individuales. A Marx, en manifiesto contrapunto con los dems crticos de izquierda de su poca, no le interesa por qu o cmo ste o aquel burgus explota a tales y tales obreros y se hace rico, lo que le interesan son los mecanismos a travs de los cuales la burguesa, como clase, aumenta su riqueza apropiando el trabajo del proletariado considerado como clase.

La enorme, la abismal, diferencia entre el clculo de Marx y el de Hegel, sin embargo, queda establecida, sobre esta base comn, en torno a la posibilidad de mediar socialmente la violencia, en particular, de realizar esa mediacin en el marco de un Estado de Derecho, an bajo las condiciones complejas y prudentes que Hegel le impone.

Hegel, como es propio de lo mejor que puede haber en el conservadurismo, desconfa del principio revolucionario. Y tiene una violentsima revolucin a la vista. Sin embargo, las razones profundas de su desconfianza no tienen que ver slo con esta cuestin emprica. En el fondo lo que Hegel teme es el rasero abstracto y nivelador de la razn ilustrada que, pretendiendo hacer borrn y cuenta nueva, slo consigue el terror y el despotismo. Esa desconfianza es la que deja consignada en su anlisis de la libertad absoluta y el terror (Fenomenologa del Espritu, VI. B. iii) [11] .

Lo que Marx tiene enfrente, en cambio, es la violencia burguesa de la explotacin, que se traduce en deshumanizacin y miseria. Pero, tambin en su caso, las razones de su ira revolucionaria no provienen slo de esta cuestin emprica, sino de la idea y de la constatacin de que el Estado de Derecho, que debera ser el espacio para negociar y mediar las diferencias, en realidad favorece sistemticamente a la burguesa. La favorece, por decirlo de algn modo, estructuralmente, ms all de que haya o no leyes particulares que favorezcan a los trabajadores. Y la favorecen, en buenas cuentas, porque ha sido construido por ella misma, como mecanismo de legitimacin y defensa, primera ante los poderes feudales, y ahora ante las demandas del proletariado.

Lo que para Hegel es la garanta posible de una paz capaz de mediar la violencia esencial, para Marx no es sino la institucionalizacin de esa misma violencia apareciendo falsamente como paz. Si Hegel tiene razn, la violencia revolucionaria es histricamente contraproducente, riesgosa e innecesaria. Si Marx tiene razn, la violencia revolucionaria es un derecho que surge del carcter estructuralmente sesgado del propio Estado de Derecho.

Para entender cmo, sobre esta lgica trgica comn (el papel esencial y objetivo de la violencia en la historia), se puede llegar a dos tipos de conclusiones tan distintas, no basta con pensar que el punto de vista de Marx est sostenido en el aserto empricamente constatable de que el derecho burgus favorece sistemticamente a la burguesa. Si esto fuese cierto cabra esperar que una vez consumada la revolucin comunista se diera paso a una sociedad perfectamente reconciliada, sin ninguna conflictividad esencial. Y esa ha sido la esperanza implcita del marxismo ilustrado por ms de un siglo. Es decir, una imagen del comunismo como un reino de felicidad roussoniana consumada.

Mi opinin es que tal perspectiva no slo incurre en una profunda ingenuidad, sino que tambin en una estimacin simple, simplsima (justamente: Ilustrada), de la condicin humana. Y, desde luego, implica un enorme retroceso respecto de la complejidad alcanzada en el pensamiento hegeliano.

Sostengo que la diferencia abismal entre Marx y Hegel hay que buscarla ms bien en qu aspecto y nivel de la violencia histrica es el que preocupa a cada uno. Creo que Marx funda su razonamiento en lo que se podra llamar violencia histrica excedente [12] y lo que, como contrapunto, se podra llamar dimensin esencial de la violencia. Es decir, entre aquella conflictividad esencial que Hegel reconoce en la ndole misma del Ser y, por consiguiente, de la libertad, y aquella que proviene de la institucionalizacin de condiciones histricas superables.

A pesar de la extrema lucidez respecto del carcter disgregador y centrfugo del racionalismo ilustrado, y de sus posibles consecuencias polticas, Hegel es testigo an de la sobrevivencia en los territorios alemanes de lo que podran considerarse vestigios de unas sociedades an congregadas por el sentimiento de comunidad. O, ms bien, pone todo su entusiasmo de intelectual burgus en creer que tales vestigios existen. Esa es la componente romntica que est asumida en su pensamiento.

Marx, en cambio, est frente al resultado brutal de ese racionalismo abstracto y nivelador y, aunque slo es testigo de sus consecuencias extremas en Inglaterra, es capaz de vislumbrar su extensin catastrfica hacia todo el planeta. Que es, ni ms ni menos, lo que ocurri de manera inexorable durante los ciento cincuenta aos posteriores.

Es esta experiencia de Marx la que le permite cambiar de manera dramtica la estimacin que Hegel haba hecho sobre la realidad de las instituciones, en particular sobre el significado profundo del Estado de Derecho. Para Hegel el derecho, tal como antes la religin, es de alguna manera expresin del espritu del pueblo. Y contiene, en conjuncin con aquella, una amplia posibilidad de contencin de la conflictividad que es propia e inalienable de ese espritu. Ya por el slo emerger hacia el elemento de la representacin, el derecho es mediacin en la negatividad intrnseca de lo social. Y por eso, sin trampa ni artificio, se puede llamar a esa negatividad conflictividad y no simplemente violencia. El efecto de la institucionalizacin de aquello que resulta representado en el derecho puede ser netamente positivo para la comunidad como conjunto si se sabe moderar o limitar de manera adecuada las locuras ilustradas.

Para Marx, en cambio, la comunidad no slo est en conflicto, sino que est radicalmente dividida por una lucha objetiva en torno al producto social. Si mantenemos la terminologa de Hegel, ante esta situacin lo que emerge desde el espritu de un pueblo dividido no es simplemente expresin, como si hubiese un fundamento social comn que pudiera expresarse, sino legitimacin de posiciones de poder al interior de esa lucha. Con esto la institucionalizacin de esas operaciones de legitimacin deja de expresar un cierto equilibrio entre poderes contrapuestos, y ms bien consagra directamente, y de manera desnuda, el dominio de un bando por el otro. Y es por esa relacin de poder sin equilibrio real, sin contrapeso real, que se puede hablar ahora de violencia, muy por sobre la conflictividad bsica, y a pesar de la apariencia de paz que proporciona. Desde el punto de vista de Marx, bajo el Estado de Derecho burgus la clase dominante llama paz a algo que no es sino la institucionalizacin de su violencia.

O, en resumen, postulo que la diferencia crucial entre las filosofas de Marx y Hegel tiene que ver con un asunto especficamente poltico. No se trata de una diferencia filosfica en el sentido propio de este trmino, sino de una estimacin, de una confianza, favorable o adversa, respecto de unas determinadas maneras de organizar y llevar adelante las iniciativas polticas que puedan contribuir a superar las contradicciones del capitalismo que ambos ven, cada uno a su manera, como contradicciones profundas, graves, estructurales.

7. Sobre lo que tienen en comn

Sostengo en cambio que, si consideramos directamente, de manera independiente, las obras de Hegel y Marx, se puede ver que comparten una perspectiva filosfica radicalmente historicista. Una perspectiva en que se puede pensar al sujeto histrico como una realidad sustantiva, real y efectiva, transindividual, que en Hegel es el espritu del pueblo y en Marx son las clases sociales. Una realidad histrica en que impera la negatividad, en que el conflicto tiene un carcter constituyente. La obra de todos y cada uno en Hegel, la lucha de clases en Marx [13] .

Una comunidad de ideas mucho ms sutil, que es necesario postular de una manera especial o, para decirlo de manera directa, que es necesario simplemente postular, sin la esperanza de encontrar una continuidad de textos que la verifiquen y avalen, consiste en suponer que la manera en que Marx piensa la negatividad como elemento constituyente o, en lenguaje marxista, la manera en que Marx piensa el operar de la contradiccin en los procesos sociales, corresponde a la forma en que Hegel ha descrito la accin de la reflexin determinante y la accin de la contradiccin en la Ciencia de la Lgica. No tenemos ningn pronunciamiento explcito de Marx al respecto. Incluso cuando miramos los apuntes fragmentarios de Lenin sobre los textos correspondientes, desgraciadamente, no encontramos nada que est a la altura del tratamiento hegeliano [14] .

Pensar que el pensamiento de Marx sigue las formas y modalidades del pensamiento de Hegel en este mbito significa pensar que la Lgica de Hegel puede ser considerada tambin como la lgica subyacente en la obra de Marx. No necesitamos textos que legitimen esta perspectiva. Lo que necesitamos es considerar las consecuencias que acarrea, los rendimientos polticos que hace posible. Y eso no puede ser sino una decisin poltica.

8. Un marxismo hegeliano [15]

Sostengo que toda la argumentacin anterior presupone, y a la vez conduce a la nocin de inventar de nuevo el marxismo de Marx. Romper con el pasado y a la vez levantar el imaginario bolchevique de que cambiar las leyes de la realidad misma es posible. Olvidarse de cien aos de marxismo real para hacer que el marxismo sea posible. Recoger todo lo que sea til en el marxismo de papel desprendindolo de su contexto de elaboracin para orientarlo radicalmente hacia el futuro. Ir ms all del pasado tristn a la vocacin de futuro que caracteriza a la voluntad revolucionaria en un gesto eminentemente poltico, ms all de la lamentacin y la eterna reevaluacin masoquista, que slo es capaz de sealarnos los fracasos que se produjeron en situaciones histricas que ya no existen.

Un marxismo que pueda pensar sin rubor la posibilidad material del comunismo, es decir, de una sociedad en que se haya superado la divisin del trabajo, sin tener que someter esta idea a los supuestos ilustrados de la felicidad general, o de la transparencia general de los actos, o al totalitarismo romntico de la comunin mstica. Que pueda pensar el comunismo como una sociedad en que no todos sern felices, y no todos lo sabrn todo, pero en que llegar a ser feliz o avanzar en el conocimiento no requerir cambiar las estructuras de la historia. En que las causas del sufrimiento estarn completamente al alcance de los seres humanos, no para su eliminacin abstracta, sino para dominarlas y removerlas donde quiera que aparezcan. Donde el sufrimiento y la ignorancia no desaparecen de manera absoluta, sino que se convierten en problemas inter subjetivos, propios de la libertad humana, ms que en estructuras permanentes que nos niegan.

Una teora que sea a la vez anti capitalista y anti burocrtica, que sabe reconocer no slo el burocratismo de baja tecnologa, ya derrotado, imputable a los soviticos, sino ms bien el de alta tecnologa, que est revolucionando el mundo, y que tiene en los intelectuales y acadmicos aliados tan eficaces. Un marxismo cuya crtica a la modernidad no se limite solamente a la crtica del racionalismo verticalista y homogeneizador de la Ilustracin, sino que es capaz de ver el reverso irracionalista y voluntarista del Romanticismo. Y que es capaz de criticar tambin el nuevo racionalismo diversificador de las nuevas formas de dominacin, tanto como la prdica de la contingencia y la resistencia en lo meramente particular de los neo romanticismos.

Sostengo que esto es posible si podemos reinventar el marxismo sobre la base de la doble operacin de leer hegelianamente a Marx y leer de manera marxista a Hegel. Hegeliana por la idea de que es posible una lgica ms compleja que la lgica de la racionalidad cientfica, una lgica que es a la vez la forma del pensar y la forma de la realidad. Una lgica material, u ontolgica.

Pero una reinvencin marxista, y no slo hegeliana, en cambio, por la premisa de que la historia humana es todo el ser, toda la realidad. Una premisa ontolgica que no admite exterior divino o natural alguno, que requiere pensar toda diferencia como diferencia interna. Una premisa que puede llamarse, propiamente, humanismo absoluto. Marxista, y no slo hegeliana, por la nocin de que la materialidad de la historia humana, y el origen de toda realidad, residen en las relaciones sociales de produccin. Lo que obliga a un concepto generalizado de produccin, ontolgico, en que toda produccin es produccin del ser mismo.

Recoger de Hegel la premisa de que la realidad debe ser pensada como negatividad, y la negatividad debe ser pensada como sujeto. Pero marxista, y no slo hegeliana, por la nocin de sujeto dividido en s, en que se ha hecho completamente inmanente toda nocin de Dios. En que Dios somos nosotros.

Ms all de los academicismos, la esencia de un marxismo de tipo hegeliano debe ser la doble operacin de leer a Hegel desde Marx y a Marx desde Hegel. La diferencia esencial entre ambos est en la completa humanizacin (lo que Feuerbach llam inversin), y la materializacin (Marx) de la dialctica. La continuidad esencial est en una lgica (no un sistema, o un mtodo, como dicen los manuales) en que el Ser es entendido como sujeto.

Si pensamos en sus consecuencias tericas, quizs las diferencias ms visibles con el marxismo clsico seran el paso del materialismo dialctico a una dialctica materialista; el paso de la crtica del capitalismo a la comprensin del capitalismo tardo como poca de la emergencia del poder burocrtico; el paso del mesianismo teleolgico fundado en una idea ilustrada de la historia a la postulacin de una voluntad revolucionaria no teleolgica, que asume la complejidad de su propia enajenacin posible.

Pero, tambin, sus diferencias ms visibles respecto de las diversas recomposiciones post marxistas que circulan en la discusin actual seran el nfasis en la nocin de sujeto, y en su voluntad posible y su enajenacin, frente a la crtica de la idea de sujeto; la confianza en la posibilidad de una ontologa en que la sustancia es entendida como sustancia tica e histrica, frente a la desconfianza hacia toda ontologa; su idea de una poltica fundada en la autodeterminacin, en la libertad auto determinada, en la historicidad de las leyes, frente a una poltica fundada en la memoria, en el acontecimiento, o en la impugnacin contingente; la nocin de que una revolucin, como cambio global en el modo de producir la vida, es necesaria y posible, frente a la idea de la poltica como construccin de hegemonas parciales y contingentes.

Hay dos consecuencias polticas principales que se pueden seguir de una reinvencin hegeliana del marxismo. Una contra el liberalismo, en cualquiera de sus formas. Otra contra las filosofas post modernas, en cualquiera de sus formas. La primera es la crtica radical a la idea de naturaleza humana, sea entendida de manera etolgica, como incompletud en el lenguaje, o como falta constituyente. La segunda es la crtica radical a la reduccin de la poltica a poltica local, ya sea como resistencias impugnadoras, o como construccin de hegemonas parciales.

Pero es esencial tambin, en el plano poltico, ir ms all de la enajenacin tradicional del movimiento popular, que ha inscrito permanentemente sus reivindicaciones en el horizonte de posibilidades del sistema de dominacin. Cuando la dominacin clsica poda dar homogeneidad y aumento en los niveles de consumo, el movimiento obrero pidi igualdad y consumo. Ahora que el sistema de dominacin puede producir y manipular diferencias, la oposicin pide el reconocimiento de las diferencias. Siempre, la mayor parte de la oposicin, se ha limitado a pedir lo que el sistema puede dar, y no ha dado todava. La poltica revolucionaria no puede conformarse con ser el arte de lo posible, debe ser el arte de lo imposible, debe pedir justamente lo que el sistema no puede dar.

Hoy, ante un sistema capaz de dominar en la diversidad, ante la realidad de la inter dependencia desigual, del dominio interactivo, de las diferencias enajenadas, lo que cabe pedir es, justamente al revs, universalidad. Cabe luchar por el reconocimiento humano global, por la constitucin de una humanidad comn. Los derechos globales de los hombres no pueden ser satisfechos por la creacin de mercados sectoriales, de espacios de consumo diferencial.

De los que se trata no es de anular las diferencias en la universalidad, como en la mstica, o de hipostasiar las diferencias, como en el extremo liberal que es el pluralismo de la indiferencia. Se trata de producir un universal internamente diferenciado. Reivindicaciones globales, para todos los seres humanos, que contengan el reconocimiento de sus diferencias. Se trata, pues, de una revolucin. Se trata de volver a ser comunistas.

Reinventar el marxismo pensando en el siglo XXI, no en los traumas y las nostalgias del siglo XX. Pensando en la necesidad de la revolucin en una sociedad globalizada, no en las componendas sindicales o acadmicas defensivas, que se refugian en el rescate de lo particular sin entender que lo particular no es contradictorio en absoluto con la nueva dominacin.

Un marxismo post ilustrado y post romntico. Con horizonte comunista y voluntad revolucionaria. Que se puede sentir y saber, pensar y actuar, argumentar y promover, soar y vivir. Un marxismo bello, en fin, para una sensibilidad nueva, para el futuro.

Bibliografa

- Terrell Carver & Daniel Blank: A political history of the editions of Marx and Engelss German Ideology Manuscripts, Palgrave Macmillan, New York, 2014.

- G. W. F. Hegel: Fenomenologa del Espritu, traduccin de Wenceslao Roces, FCE, Mxico, 1966.

- G. W. F. Hegel: Ciencia de la Lgica, traduccin de Flix Duque, I. 1. El Ser (1812), 2. La Doctrina de la esencia (1813) y II. 3. La Doctrina del Concepto (1816), Abada Editores, Madrid, 2011, 2015.

- G. W. F. Hegel: Enciclopedia de las Ciencias Filosficas (1830), traduccin de Ramn Valls Plana, Alianza, Madrid, 1997.

- G. W. F. Hegel: Fundamentos de la Filosofa del Derecho (1821), edicin de K.H. Ilting, traducida por Carlos Daz, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1993

- Carlos Marx: Herr Vogt, (El seor Vogt (1860), traducida por Gabriela Moner, publicada por Juan Pablos Editor, Mxico, 1977.

- Ludwig Feuerbach: Tesis provisionales para la reforma de la filosofa (1842); Principios para una filosofa del futuro (1843), traducidas por Eduardo Subirats, Editorial Labor, Barcelona, 1976.

- Gustav A. Wetter: El Materialismo Dialctico (1952), Taurus, Madrid, 1963.

- G. A. Wetter y W. Leonhard: La Ideologa Sovitica (1962), Herder, Barcelona, 1964.

- Josefo Lenidas: Los escandalosos amores de los filsofos, Zigzag, Santiago de Chile, 1965.

 

Santiago de Chile, 5 de noviembre de 2017. Carlos Perez Soto es Profesor Universidad Catlica de Valparaso.

Notas

[1] Demos algunos ejemplos indicativos de cada uno de estos tipos de materiales. En (d), la citadsima carta de Marx a Pavel Annenkov, Bruselas, 28 de diciembre de 1846, en que critica a Proudhon, que se puede encontrar en http://hiaw.org/defcon6/works/1846/letters/46_12_28.html . En (e), los conocidos Manuscritos Econmico Filosficos de 1844, de Marx que, como es sabido, no son sino apuntes a partir de sus lecturas de los economistas ingleses. En (f), las recurrentes menciones que Marx hace de Feuerbach en la famosa serie de manuscritos que Engels titul La Ideologa Alemana. En (g), el caso de los extraordinarios libros de Hegel publicados por sus discpulos como Lecciones, en la primera edicin de sus obras completas, sin advertir al lector que se trataba solo de apuntes de sus alumnos, tomados de sus clases. En (h), el famoso pronunciamiento de Marx tout ce que je sais, c'est que je ne suis pas marxiste , que est contenido en una carta de Federico Engels, dirigida a Conrad Schmidt, Londres, 5 de agosto de 1890, que se puede encontrar en https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e5-8-90.htm .

[2] Desgraciadamente, a pesar de que son de pblico y amplio conocimiento, debo intercalar aqu una nota ms extensa de lo que debera ser prudente, citando las ediciones de cada uno de los libros que he mencionado. Un vicio academicista fcil de impugnar, pero difcil de evitar. Al menos, lo que enumerar son solo las ediciones en castellano que estn disponibles hoy en da. Fenomenologa del Espritu, traduccin de Wenceslao Roces, FCE, Mxico, 1966; Ciencia de la Lgica, traduccin de Flix Duque, I. 1. El Ser (1812), 2. La Doctrina de la esencia (1813) y II. 3. La Doctrina del Concepto (1816), Abada Editores, Madrid, 2011, 2015; Enciclopedia de las Ciencias Filosficas (1830), traduccin de Ramn Valls Plana, Alianza, Madrid, 1997; Fundamentos de la Filosofa del Derecho (1821), edicin de K.H. Ilting, traducida por Carlos Daz, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1993; El joven Hegel, ensayos y esbozos (1792-1800), traduccin de Jos Mara Ripalda, FCE, Mxico, 2014; Diferencia entre los sistemas de filosofa de Fichte y Schelling (1801), traduccin de Mara del Carmen Paredes Martn, Tecnos, Madrid, 1990; Filosofa Real (1805-6), traduccin de Jos Mara Ripalda, FCE, Mxico, 1984; Escritos sobre Religin (1817-1830), traduccin de Gabriel Amengual, Sgueme, Salamanca, 2013.

[3] El caso de los Fundamentos de la Filosofa del Derecho (1821), editado por K.H. Ilting, consignado en la nota anterior, es particularmente notable. Ocurre que Hegel le pidi al editor del libro que imprimiera dos ejemplares adicionales, para su uso personal y exclusivo, en que el texto est impreso pgina por medio, mientras las pginas intermedias estn en blanco. Esto le permiti contar con un amplio espacio en blanco para intercalar notas, correcciones y breves comentarios frente a cada pargrafo. Este ejemplar, mitad impreso y mitad manuscrito de puo y letra por Hegel, se conserva. La edicin de Ilting lo registra tal cual, con todas las anotaciones incluidas. Contamos en este caso, no solo con el texto impreso, sino incluso con comentarios directos del propio autor. Una verdadera joya. Una circunstancia que nos permite, de paso, este atentado contra el buen gusto y la formalidad acadmica que Usted, amable lector, est leyendo: una nota a pie de pgina que versa sobre los contenidos de otra nota a pie de pgina.

[4] Perdone el lector que me produzca una sensacin de infinito aburrimiento y fastidio tener que citar las respectivas ediciones de cada uno de estos textos. Como se sabe, son abundantes, no presentan grandes problemas de traduccin, y estn ampliamente disponibles en varios sitios en internet, por ejemplo, en www.marxists.org/espanol. Solo me detendr en la curiosa y encantadora (considerada con una perspectiva de 150 aos) obra Herr Vogt, publicada como El seor Vogt, traducida por Gabriela Moner, publicada por Juan Pablos Editor, Mxico, 1977.

[5] Carlos Marx, Materiales fundamentales para la crtica de la economa poltica (1857-58), publicados por primera vez en 1939, en el MEGA I, edicin a cargo de Pavel Veller.

[6] Ver, por ejemplo, las famosas palabras finales en la segunda edicin de El Capital, fechadas el 24 de enero de 1873.

[7] Por supuesto, como es de esperar, esta sospecha se agudiza radicalmente cuando leemos directamente a Ludwig Feuerbach. Un sano ejercicio que la enorme mayora de los marxistas simplemente no ha hecho. Considrense como mnimo, las Tesis provisionales para la reforma de la filosofa (1842) y los Principios para una filosofa del futuro (1843), escritas justamente en la poca de mayor acercamiento de Marx a sus ideas. Ambas estn publicadas en castellano, traducidas por Eduardo Subirats, en Ediciones Liberales, Editorial Labor, Barcelona, 1976.

[8] Tengo que ser sincero, y puedo decirlo sin pudor: es difcil describir la sensacin de incomodidad, la sensacin de estar traicionando algo sagrado, que me produce sostener esta afirmacin y esta posibilidad maligna. Con igual sinceridad y falta de pudor puedo decir, sin embargo: trabajo incansablemente para superarla.

[9] Se pueden examinar, en ambos casos, las agudas crticas hechas por el jesuita Gustav Wetter. Se pueden encontrar en Gustav A. Wetter: El Materialismo Dialctico (1952), Taurus, Madrid, 1963. Se puede ver, tambin, G. A. Wetter y W. Leonhard: La Ideologa Sovitica (1962), Herder, Barcelona, 1964.

[10] G. W. F. Hegel, Fenomenologa del Espritu (1807), traduccin de Wenceslao Roces (1966, revisada en 2002), FCE, Mxico, 1966, seccin Espritu A., La Eticidad, pgs. 261-286.

[11] G. W. F. Hegel, Fenomenologa del Espritu (1807), traduccin de Wenceslao Roces (1966, revisada en 2002), FCE, Mxico, 1966, seccin Espritu B. La Cultura, iii. La libertad absoluta y el terror, pgs. 343-350.

[12] Como cualquier conocedor notar, sigo en esta distincin la diferencia formulada por Herbert Marcuse, en Eros y Civilizacin, entre represin excedente y represin primordial, es decir, entre los componentes meramente histricos y superables de la represin y aquellos originarios que permiten la produccin de la complejidad del aparato psquico. Ver Herbert Marcuse, Eros y Civilizacin (1953), traducido por Juan Garca Ponce, Seix Barral, Barcelona, 1968.

[13] La expresin la obra de todos y cada uno aparece en el anlisis que hace Hegel de los efectos del individualismo moderno en una seccin de la Fenomenologa del Espritu que lleva el significativo ttulo de El reino animal del Espritu. En este anlisis Hegel anticipa de manera clara y contundente la constatacin que Marx hace en El Capital: que la accin racional de cada capitalista conduce inexorablemente a la crisis general. Dicho de manera simple, que cuando en el marco de la sociedad burguesa sumamos una accin racional, a otra y a otra y a otra, el resultado no es ms racionalidad sino, exactamente al revs, la irracionalidad general. Se trata de una de las mejores exposiciones de lo que en Hegel se podra llamar enajenacin, en el sentido que la tradicin marxista ha dado a este trmino. Ver, G. W. F. Hegel, Fenomenologa del Espritu (1807), traduccin de Wenceslao Roces (1966, revisada en 2002), FCE, Mxico, 1966, seccin Razn C., La Individualidad, a. El reino animal del Espritu, pgs. 232-246.

[14] Los textos correspondientes de Hegel se pueden encontrar en, G. W. F. Hegel, Ciencia de la Lgica, traduccin de Flix Duque, Abada Editores, Madrid, 2011, I. 2. La Doctrina de la esencia (1813), Captulo segundo. Las esencialidades o las determinaciones-de-reflexin, pgs. 456-495.

[15] Recurro en este apartado final a la Introduccin de la primera edicin de mi texto Proposicin de una Marxismo Hegeliano (Editorial ARCIS, Santiago de Chile, 2008), cuya segunda edicin, completamente reformulada, ha sido publicada por Ceibo Ediciones, Santiago de Chile, 2017.

Fuente: https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=2885

 



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