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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2018

Prostitucin & Regularizacin
La prostitucin no es sindicable

Llus Rabell
https://lluisrabell.com

Sobre el rechazo del Ministerio de Sanidad ,Politica social e Igualdad de Espaa de la solicitud de OTRAS como sindicato de trabajadoras sexuales.



Aparte de la cuestin catalana, pocos temas suscitan debates tan encendidos como el de la prostitucin. La decisin ministerial de rechazar la inscripcin de OTRAS como sindicato de trabajadoras sexuales ha desatado una oleada de airadas reacciones en las filas de una parte significativa de la izquierda y del feminismo. As, hemos escuchado enrgicas protestas, acusando al gobierno del PSOE de coartar el derecho de asociacin, cerrando el paso a la auto-organizacin de las mujeres y violando sus derechos de sindicacin.

Sintindolo mucho por esas voces que se han alzado en nombre de los derechos de las trabajadoras sexuales voces entre las que se cuentan las de no pocas amigas y compaeras polticas debo decir que, en esta controversia, es a mi entender el gobierno quien se sita ms a la izquierda, en una posicin ms acorde con la defensa de los intereses de las mujeres empezando por aquellas que se hallan inmersas en el mundo de la prostitucin y ms respetuosa hacia el sindicalismo de clase.

Hay una gran confusin en el enfoque de la cuestin. El gol por la escuadra no se lo han colado tanto al gobierno como a la opinin pblica. Y no lo ha hecho ningn colectivo de mujeres, sino la poderosa industria del sexo, interesada en promover un nuevo marco jurdico, ms ventajoso para la expansin de sus negocios, que comporte la legalizacin de la prostitucin. Eso es lo que realmente est en juego y es precisamente lo que queda hbilmente embrollado por la polmica.

Veamos. No toda actividad humana es sindicable. Nunca ha podido haber un sindicato de esclavos lo que no quiere decir que, a lo largo de la historia, los esclavos no se hayan rebelado y auto-organizado. Pero, cuando lo han hecho, ha sido para abolir su esclavitud, no para negociar el nmero de latigazos que se les podan administrar. La accin sindical requiere una existencia jurdica formal de igualdad. Y la necesidad de esa accin sindical radica en el hecho de que, a pesar de dicha igualdad jurdica, se da una desigualdad social entre los poseedores de los medios de produccin y aquellos que slo disponen de su fuerza de trabajo. En ese sentido, la tradicin socialista habla de la condicin de la clase obrera como de una esclavitud asalariada. Pero Marx distingua muy bien entre la situacin del proletariado industrial y la de los esclavos de las plantaciones. Tanto es as que la I Internacional apoy firmemente a Lincoln, que distaba mucho de ser socialista, en la guerra civil americana. En el largo camino hacia la emancipacin, el movimiento obrero requera la abolicin de la esclavitud para progresar en su organizacin.

Hoy asistimos a una intensa batalla ideolgica para que aceptemos la prostitucin como un trabajo, como una mera prestacin de servicios. La constitucin y el reconocimiento de sindicatos de prostitutas certificara, pues, la legitimacin de la prostitucin como una actividad profesional ms. Pero se es, al mismo tiempo, el taln de Aquiles de la argumentacin. Porque no puede darse una accin sindical por debajo de un umbral de reconocimiento de derechos humanos, cuya ausencia constituye la caracterstica fundamental de la prostitucin. La prostitucin se basa en una desigualdad estructural entre hombres y mujeres; desigualdad que una sociedad democrtica no debera admitir. La prostitucin es un privilegio masculino y funciona como un comercio entre hombres: unos hombres por medios diversos, combinando violencia, engao, opresin racial y explotacin de situaciones de pobreza condicionan a unas mujeres, las deshumanizan y las ofrecen como mercanca a otros hombres. Esa es la realidad. Por supuesto, no slo hay mujeres en situacin de prostitucin. Tambin hay hombres, personas transexuales Pero los clientes son siempre hombres. El consumo femenino de sexo de pago es irrelevante. La prostitucin quizs sea la ms genuina de las instituciones patriarcales.

Los colectivos que defienden la legalizacin de la prostitucin siempre andan exigiendo que distingamos entre prostitucin forzada, resultado de la trata, y voluntaria. Una exigencia exclusivamente dirigida, por cierto, al feminismo abolicionista, nunca a los clientes. Pero la cuestin de la libertad no es pertinente cuando hablamos de prostitucin. Sobre todo si la disociamos del verdadero problema, que es de la igualdad. Vale la pena recordar que la abolicin de la esclavitud americana no consisti en decir que los negros que quisieran podan abandonar los campos de algodn de los terratenientes sureos. Lincoln no ahond en la subjetividad de Kunta Kinte, ni del To Tom. Plante que ningn ciudadano tena derecho a poseer, comprar o vender a otro ser humano. En eso consiste la abolicin de la esclavitud y, cabe esperar, de esa forma persistente de esclavitud que constituye la prostitucin: la supresin de un privilegio. Una supresin jurdica que, aunque no suponga ni mucho menos la desaparicin de aquella relacin de opresin, s obliga a los poderes pblicos a trabajar para su erradicacin y representa, en ese sentido, un progreso inestimable para la humanidad.

Pero, volvamos al sindicalismo. Lo que est en cuestin no es que las mujeres inmersas en el mundo de la prostitucin se organicen cosa que no topa con ningn impedimento jurdico, sino con las condiciones de violencia, el frreo control de las mafias proxenetas y los estragos fsicos y psicolgicos que padecen esas mujeres. En el mejor de los casos, podramos imaginar asociaciones de ayuda mutua. Pero en ninguna circunstancia podra hablarse de sindicatos.

En distintos pases existen organizaciones que se presentan como sindicatos de trabajadoras sexuales. En general, esas entidades se caracterizan dicho de modo suave por la escasa presencia de mujeres en sus filas y por el hecho de concentrar su actividad en una propaganda de los parabienes de la prostitucin, recusando de manera calumniosa del pensamiento abolicionista. No tengo noticia de que, en parte alguna, dichos sindicatos hayan negociado ningn convenio, contrato laboral o mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres cuyos intereses dicen defender. Y es que, sencillamente, eso no es posible. Cules seran los trminos de un convenio del ramo de la prostitucin? En qu consistira un Estatuto de la Trabajadora Sexual? Por ejemplo cul sera la edad legal para empezar a ejercer la prostitucin? Habra una formacin profesional y contratos de aprendizaje? Cmo se estableceran las tablas salariales? Por el nmero y la naturaleza de los servicios? Tendran derecho las mujeres a rehusar clientes o a rechazar determinadas prcticas? Tendran, por ejemplo, la obligacin de seguir ejerciendo durante la menstruacin o durante el embarazo? Se reconoceran las enfermedades sexualmente transmisibles como enfermedades profesionales? Pero, sobre todo, si algo semejante llegase a plasmarse en un papel, alguien cree posible el control, por parte de la Inspeccin del Trabajo, de un convenio incluyendo algn lmite a la explotacin de las mujeres? Si consideramos la experiencia de Alemania, con una amplia red de millares de burdeles, la patronal proxeneta puede dormir tranquila. La legalizacin no ha supuesto una mejora en la proteccin de las mujeres. Al contrario, al fomentar la demanda, se ha incrementado la trata procedente sobre todo de Europa del Este para satisfacerla. Y, con todo ello, los circuitos ilegales de prostitucin.

Bajar de la nube de los discursos de auto-consumo y aterrizar sobre el arduo terreno de la articulacin prctica de las mejoras materiales no hay nada ms prctico y concreto que el sindicalismo , nos lleva a darnos de bruces con la realidad: un mundo donde la integridad y la dignidad humanas son pisoteadas, negadas por la propia naturaleza de la relacin que se establece en la prostitucin. Lo que hace que no sea sindicable. Situndonos en un elemental enfoque sindical, una supuesta actividad profesional que, como es el caso de la prostitucin, conlleva los niveles de mortalidad, drogodependencias y enfermedades que certifican la OMS y multitud de estudios incluidos los de pases donde, legalizado, el comercio sexual se expande debera ser tan proscrita como antao lo fue el trabajo infantil en las minas de carbn. Sin contar con las consecuencias de normalizar la prostitucin desde el punto de vista de los derechos de las mujeres en el mundo del trabajo.

Por otra parte, de qu derechos hablan quienes arguyen que habra que reconocer la prostitucin como un trabajo? Hablan acaso de la regularizacin administrativa de tantsimas extranjeras pobres que nutren los contingentes de mujeres prostituidas en los clubs de carretera y las calles de los polgonos? Nadie lo desea tanto como las abolicionistas! Porque nada facilitara tanto la salida de la sordidez de la prostitucin por parte de esas mujeres como disponer de papeles. Hablamos de cobertura social? Nada impide a una mujer que ejerza la prostitucin inscribirse en la seguridad social en rgimen de autnoma, cotizar y acceder a las prestaciones correspondientes. Si eso no ocurre, no es porque alguna ley lo prohiba, sino porque las mujeres que se encuentran en situacin de prostitucin no gozan de la libertad y el desparpajo de quienes hablan en su nombre como supuestas sindicalistas y que empiezan por minimizar el fenmeno de la trata y el control mafioso como si fuesen algo residual. Las leyes de extranjera, las violencias de los proxenetas, la ignorancia, las adicciones, la prdida de autoestima y de autonoma personal En una palabra: la propia realidad destructiva del mundo de la prostitucin es lo que aleja a las mujeres incluso de derechos que, formalmente, ya tienen.

Pero, aparte de lo dicho, an nadie ha formulado, ni concebido, un derecho sindical propiamente dicho susceptible de implementarse en las relaciones laborales del pretendido trabajo sexual. Slo escuchamos discursos sobre el empoderamiento que hacen las delicias de una izquierda de matriz postmoderna que se ha socializado muy poco en el mundo del trabajo y de un feminismo sin arraigo de clase. Sera muy recomendable recuperar la memoria histrica y la continuidad de movimientos feministas tan ejemplares como el que representaron en su da las Mujeres Libres de la CNT. En los aos treinta y en plena guerra contra el fascismo, no disponan todava de las herramientas conceptuales y los descubrimientos que ha ido forjando el feminismo en dcadas ulteriores. Sin embargo, s entendieron como nadie la solidaridad con las mujeres prostituidas, a quienes vean como las hijas ms humilladas y oprimidas de la clase obrera y a quienes haba que devolver a un lugar digno de la sociedad. Y eso, levantndose contra los privilegios y el dominio de los hombres empezando por los de la propia CNT. (Ver el magnfico trabajo de Nekane Jurado, Lucharon contra la hidra del patriarcado: Mujeres Libres, editado por Eusko Lurra fundazioa).

En resumen: no es el derecho de asociacin lo que est amenazado por el gobierno, sino el derecho de las mujeres a no ser prostituidas lo que est en peligro ante el podero de las industrias del sexo. Unas industrias que generan enormes beneficios y que quieren seguir expandindose. Y unas industrias que despliegan campaas publicitarias muy eficaces, con mensajes especficos para seducir a cada colectivo de las bondades de una prostitucin adaptada a sus respectivas ideas. Ante las feministas, se evoca el derecho al propio cuerpo. A los anticapitalistas, se les habla de auto-organizacin. A los sindicalistas, de derechos laborales. En Alemania hubo hace algn tiempo una campaa promocional, ofreciendo descuentos a los clientes que acudiesen al burdel en bicicleta. Quin dijo que la prostitucin est reida con la ecologa? Si hemos de atenernos al revuelo que se ha formado estos das e incluso a las dudas aparecidas en las filas de algn sindicato de clase hay que reconocer que esas maniobras de confusin funcionan.

En la prostitucin, los nicos derechos que prevalecen son los de proxenetas y puteros. Para que triunfen los de las mujeres son necesarios cambios legislativos que nos saquen del actual limbo jurdico. Pero no en el sentido que querran los proxenetas, deseosos de instalarse en el panorama social como respetables empresarios. Necesitamos con urgencia una legislacin inspirada en el modelo abolicionista feminista nrdico, que despenalice y proteja a las mujeres y, por el contrario, castigue la compra de servicios sexuales. Sin demanda, no habra prostitucin, ni trata. A no ser que creamos que la prostitucin constituya un derecho del hombre.

Fuentes:

https://acciofeminista26n.files.wordpress.com/2011/10/mostra3-llibre-abolicio_nomc3a9s_lectura.pdf

https://lluisrabell.com/2018/09/02/la-prostitucion-no-es-sindicable/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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