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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2018

Nicaragua y la responsabilidad de la izquierda

Varios autores
Pblico.es


La revolucin sandinista acab en 1979 con dcadas de tirana e intervencionismo yanqui en Nicaragua, iniciando un fecundo periodo de justicia y progreso social, que concit la admiracin y solidaridad de la izquierda a escala mundial, movilizando a miles de internacionalistas en su defensa y apoyo. El FSLN (Frente Sandinista de Liberacin Nacional) fue la organizacin que lider ese proceso, y Daniel Ortega su mximo representante.

Hay por ello quien desde la izquierda sostiene que criticar al FSLN y a Ortega en este momento solo servira para abrir fisuras frente al imperialismo, siendo lo revolucionario enquistarse en un relato propio de los aos 80 evitando condenar al gobierno de Ortega. Mientras tanto all se suceden los asesinatos, secuestros, el terrorismo de Estado.

Est bien no coincidir con el enemigo, pero no a costa de negar la realidad porque no encaja con nuestro relato. No se trata ahora de criticar al FSLN o lo que quede de l, sino denunciar a un gobierno autoritario y criminal; no se trata de defender la revolucin sandinista de los aos 80, cuyos logros no pueden ignorarse no es ese el tema-, sino comprender que el gobierno Ortega-Murillo ya no pertenece al campo de la izquierda; no se trata de enzarzarse en anlisis geoestratgicos, sino de solidarizarse con el pueblo nicaragense que sufre la brutal represin.

El debate en el seno de la izquierda debe sustentarse en datos contrastados a partir de los muchos testimonios directos que llegan desde Nicaragua, empezando por las y los protagonistas de las luchas, y siguiendo por los informes de los organismos de derechos humanos. Solo as evitaremos que se cumpla la profeca de que lo que venga despus de Ortega ser peor, pues quin va a confiar en una izquierda que se neg a denunciar la barbarie, que durante 10 aos no se interes por Nicaragua, y a ltima hora calla y titubea ante la barbarie?

Para este debate, las personas firmantes adelantamos nuestra posicin de forma sinttica:

El contexto sociopoltico

  1. El FSLN entra en un proceso de descomposicin desde la prdida del poder en el ao 90, con la famosa piata, lo que supuso aos despus la escisin del MRS Movimiento de Renovacin Sandinista-perseguido y finalmente ilegalizado por el gobierno Ortega-Murillo.
  2. La recuperacin del poder por el FSLN en el ao 2006 refleja la profundidad del sentimiento sandinista entre la poblacin, pero su programa socialista, cristiano y solidario supuso el abandono de toda intencin de transformacin social. La recuperacin del poder se bas en la alianza con la iglesia ms reaccionaria del Cardenal Obando, en el pacto anticonstitucional y antidemocrtico con la derecha corrupta de Arnoldo Alemn, y en el coqueteo de la nueva burguesa del FSLN amamantada por Ortega, con el COSEP (empresariado).
    • 2.1 Esta alianza del orteguismo con la iglesia y el poder econmico nunca mereci mayor inters para muchos analistas de la izquierda europea. Ahora, en cambio, cuando la cpula eclesistica se opone al gobierno lo ven algunos como seal del carcter revolucionario de Ortega. De la misma manera que la alta burguesa nicaragense est buscando acomodo al margen del orteguismo, indicara el carcter anticapitalista del programa del gobierno. Lo que no supone contradiccin alguna con el hecho de que la familia Ortega-Murillo sea una de las ms ricas de la economa nica.
    • 2.2 El discurso oficial en estos doce aos de poder desptico sigui la retrica antiimperialista, al tiempo que, en la prctica, por una parte, las empresas norteamericanas han podido extraer los recursos que han querido del pas, y el FMI ha impuesto cmodamente sus polticas ultraliberales.
    • 2.3 En cuanto a la situacin de las mujeres en el orteguismo, resulta especialmente grave la decisin del FSLN, en su oportunista aproximacin a la jerarqua eclesial, de promover la abolicin, en 2006, del derecho al aborto teraputico vigente en el pas desde 1837, que pas a prohibirse incluso en los casos de peligro de la vida de la madre, en los que el embarazo es producto de violacin, ante malformaciones graves en el feto, etc. Informes posteriores de organizaciones de derechos humanos, y de defensa de la mujer y la infancia, han alertado de las dramticas consecuencias que esta legislacin est teniendo en un pas con un alto ndice de violencia contra la mujer, de violaciones y de matrimonios forzados de mujeres adolescentes.
  3. La realidad es que, tanto la deriva ideolgica del rgimen orteguista hacia el esoterismo evanglico, como, sobre todo, su poltica econmica y social, han sido consistentemente conservadoras y antidemocrticas, por mucho que se aderezaran eventualmente con programas clientelares y asistenciales financiadas con los recursos venezolanos, mientras estos fluyeron al pas. La caracterizacin de un rgimen como de izquierdas, o progresista, no puede sostenerse en su retrica, sino en sus hechos; una camarilla que conculca los derechos y libertades, que se aferra al poder, que negocia con los recursos y la soberana del pas, que se enriquece y ocupa con familiares y amigos todos los resquicios del poder poltico, meditico y econmico, que financia, arma y moviliza a grupos paramilitares para que siembren el terror entre la poblacin, no es un rgimen ni de izquierdas ni progresista.

El momento actual

  1. El levantamiento popular de los tres ltimos meses ha sido liderado por jvenes estudiantes, a los que se sumaron los pobladores de los barrios populares, un levantamiento espontneo, autoconvocado y pacfico, fruto del descontento largamente incubado, y sin una direccin poltica ni un programa de cambio.
    • 1.1 Este levantamiento vino precedido de dos aos de luchas campesinas contra el canal transocenico y contra otros proyectos extractivos, luchas campesinas apoyadas por sectores urbanos y ecologistas. El proyecto del canal, principal catalizador de la oposicin, es fiel imagen de una poltica que apuesta por los megaproyectos de un capitalismo decadente, al margen de cualquier consideracin ecolgica, social, econmica, o ni siquiera mercantil.
    • 2.2 De hecho, el primer detonante de esta revuelta popular fueron las protestas, sobre todo estudiantiles, por la inaccin del gobierno frente a un prolongado incendio en la reserva natural Indio-Maz. Tras el estallido posterior (insistamos en su carcter pacfico) por las pensiones, el gobierno ha entrado en una espiral de terrorismo de Estado utilizando tanto sus fuerzas policiales como los grupos militantes afines y las bandas de marginales armadas y financiadas.
  2. Sofocada aparentemente la rebelin a tiros, tras cerca de 400 asesinatos, cientos de detenciones y desapariciones y miles de personas heridas, en estos momentos el gobierno Ortega-Murillo se emplea en una represin selectiva y ms discreta, pero igualmente arbitraria, de la disidencia: redadas, depuraciones (a mediados de agosto ha habido 135 mdicos despedidos, segn Human Rights Watch), procesamientos La continuidad de la represin bloquea la va del dilogo nacional al que el gobierno se haba comprometido.

El papel de la izquierda

  1. La izquierda del estado espaol no ha expresado, en general, una posicin clara ante la situacin nicaragense. Las cpulas polticas callan mientras en la segunda fila se fabrican algunos textos y comunicados que llaman a las bases a no dejarse abducir por la manipulacin internacional para debilitar un bastin de la izquierda latinoamericana. Parece que basta con su discurso antiimperialista para seguir considerando a Ortega uno de los nuestros, criterio que recuerda a Roosevelt con relacin a Somoza (es nuestro hijo de puta), y que supone renunciar a los principios polticos en beneficio de una complicidad de mafia, casta o secta.
    • 1.1 Se han difundido algunos posicionamientos pro Ortega-Murillo sustentados en razonamientos tan simples como alejados de la realidad y de los valores de la izquierda. Valgan como ejemplos extremos: El imperio contra Nicaragua (10-06-2018), firmado por el responsable de relaciones internacionales del PCE; Sobre Nicaragua y el feminismo (10-07-2018), comunicado del rea de feminismo del PCE.
    • 1.2 Al tiempo, se silencian o ignoran las denuncias de antiguos referentes sandinistas como Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Sergio Ramrez, Dora Mara Tllez, Mnica Baltodano, Henry Ruiz o Edmundo Jarqun, solo por citar algunos, todos ellos participantes en las luchas e insurreccin antisomocista, y del primer gobierno revolucionario presidido por Daniel Ortega, as como de la gran mayora de representantes de la cultura, como Carlos Tunnermann, Alejandro Serrano Caldera, los hermanos Meja Godoy han sido todas estas personas compradas por la CIA, o han sucumbido a la lgica imperialista?
    • 1.3 Se ignoran o desprecian tambin en muchos casos los testimonios de los protagonistas directos de las luchas. Es el caso de las estudiantes nicaragenses que han recorrido Europa para explicar la situacin en aquel pas (Caravana Informativa de la Solidaridad Internacional para Nicaragua), contando por cierto con el respaldo de representantes de la emigracin nicaragense, que, obviamente viven aquellos hechos con particular intensidad y proximidad. Es justo reconocer a este respecto el apoyo a las compaeras nicaragenses de algunas formaciones del campo de la izquierda en nuestro pas, como los sindicatos UGT y CCOO en Madrid.
  2. La cuestin nicaragense no es una ancdota poltica, es una piedra angular sobre la que demostrar nuestro compromiso con esos valores que precisamente definen al bando progresista y de izquierdas, tan elementales como la democracia, los derechos humanos, la justicia social y la defensa del planeta. Una izquierda que no sepa leer la realidad en esos trminos, y que frente a la verdad elija la lealtad retrica a unas siglas corrompidas y la complicidad de casta no tendr ninguna autoridad para proponer.
  3. Como es lgico, la derecha nica y sus aliados internacionales aprovechan la desafeccin popular hacia el rgimen para preparar su vuelta al poder sin intermediarios orteguistas. Si buena parte de la izquierda internacional, y la espaola en particular, se inhibe en relacin a las justas luchas democrticas actuales en Nicaragua y en la defensa de la poblacin que se moviliza desarmada frente a la represin estatal, no deber extraarse de que este proceso espontneo sea pasto fcil de oportunistas y derechistas.
  4. Debemos reconocer y celebrar, por lo dems, que no toda la izquierda se haya mostrado dogmtica e insensible ante estos hechos. Un ejemplo entre otros muchos es la Declaracin urgente por Nicaragua, del 17 de julio pasado, firmada por intelectuales y activistas latinoamericanos, de la que extraemos esta sentencia: No hay peor imperialismo que el colonialismo interno que se torna violencia opresiva revestido con retrica anti-imperial.
Ver lista de firmas: http://es.scribd.com/document/388070351/Firmas-Carta-Abierta#from_embed

Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/15039/nicaragua-y-la-responsabilidad-de-la-izquierda/


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