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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2018

El bello barrio de la UP: Sobre el tiempo histrico en la poltica chilena

Rodrigo Karmy Bolton
El Desconcierto


La experiencia del tiempo de la UP desafi el orden de las cosas, ese crucial pacto oligrquico que, en sus diversas versiones, ha hecho que el poder poltico y el poder econmico se anuden en una misma mano.La Unidad Popular fue la amenaza de su destruccin.


Cundo llegar el socialismo ()

 Mauricio Redols, Tangolpeando

En una reciente entrevista en La Tercera, el poeta Mauricio Redols afirm que el Frente Amplio cree que invent hasta el caf con leche. Sus dichos no son los del juglar que est con el poder, sino de aqul que ha hecho de su arte y de su vida un denodado trabajo de resistencia contracultural. Por eso, hay que analizar sus palabras as como su vasta obra musical y potica- atendiendo al espesor histrico y poltico que stas traen consigo.

1.- Que el FA crea que haya inventado el caf con leche y que, segn Redols, les falte calle pone en juego el modo de comprender la dimensin temporal de la poltica. Que el FA crea que haya inventado todo, y que sea representado por un caf con leche le muestra como una fuerza renovadora que, sin embargo, vive exclusivamente de su novedad sin necesidad de acudir a la secreta pulsacin del pasado y absolutamente afincado en los cafs y no en los flujos por los que trasunta la potencia popular. Sin duda, el FA se articula como la novedad, el pjaro nuevo que ha sido invitado a la fiesta de los disfraces en los que la oligarqua juega con su botn. Pero si el FA es slo novedad es porque su marca temporal se basa exclusivamente en el optimismo del presente. El pasado parece contemplarse opaco y el futuro apenas tiene algn esbozo de proyecto.

Es claro, sin embargo, que el presente les organiza en la coyuntura, pueden reaccionar frente a la agenda de otros, pero son incapaces de colocar su propia agenda. Un presente cronolgico es necesariamente un efecto de la escisin producida por el poder. Y es un presente exento de experiencia en el que slo importa la posicin en un hoy preso de la dinmica del tiempo, absorbido por una cronologa que no le pertenece, una temporalidad exenta de historicidad. Con la alta votacin expresada en las pasadas elecciones, el FA crey haber ganado.

Pero la volatilidad de la votacin y la alta probabilidad de que muchos de sus votantes apuntaran a Piera en segunda vuelta- no consolida una fuerza, mucho menos a una coalicin poltica. Estar slo en el presente cronolgico les hace perder el juego, porque trayendo la soberbia de quien vive el da a da, parece no conocer nada del pasado. Como deca Carlos Ruiz en una reciente entrevista, ello redunda en el sntoma del micrfono fcil y rpido, sin romper sus lgicas, las formas en las que se ha urdido la poltica del espectculo meditico. Hay que actuar en el da a da y agotarse en su temporalidad vaca. No hay conexin entre la facticidad del ahora y la memoria histrica del pueblo chileno, no parece haber un puente entre la intensidad de un pasado cargado de promesas y una actualidad que slo puede ofrecer el ms penoso futuro.

2.- Pero si el FA est marcado por un excesivo compromiso con el presente sin aferrar en l la potencia del pasado, es porque los restos de la Nueva Mayora son los que an le conservan, pero en la forma de un museo. Hablan de las glorias de ayer, de cuando ya no tan jvenes pudieron organizar la Concertacin de Partidos por la Democracia y, como dicen ellos, derrotar a Pinochet. Ellos hicieron una poltica de viejos, aferrada al presupuesto de una fbula que, en su tonalidad moralizante, no dejaba de repetir un haba una vez bajo cuyo espectro poda llegar el lobo feroz con la casacada de militares y agentes de la CIA dispuestos a matar.

La ex Concertacin y la posterior Nueva Mayora versin populista soft de la primera- se organiz enteramente en torno a un pasado enteramente mtico. Hicieron del pasado cronolgico un verdadero museo en orden a moralizar al pas contando sus ancdotas de juventud que no podan repetir al precio de que los militares nuevamente se alzaran con el poder. La marca temporal que llevaron consigo fue la de un pasado exento de redencin, escindido totalmente del presente. Y es curioso: antes fue la Concertacin la que operaba en el presente sin mirar al pasado (tal como lo hace hoy el FA).

Pero despus de su derrota electoral es ella, ahora en versin ex Nueva Mayora, la que mira exclusivamente hacia el pasado intentando defender las infinitas razones de porqu finalmente- la Concertacin habra sido la coalicin mas exitosa de la historia de Chile. A esta luz, podramos decir que el FA est funcionando como el reverso especular de la Nueva Mayora: si para el primero el tiempo es nada ms que presente y pura novedad, para el segundo, el tiempo es nada ms que un pasado estetizado que no deja de glorificarse y defenderse (defender el legado de Michelle Bachelet, por ejemplo). Si para el primero todo est por hacer, para el segundo casi todo ya est hecho. Sin caf con leche ni siquiera con empanadas y vino tinto- la ex Nueva Mayora vive de su muerte. Nada ms tiene que ofrecer al pas porque su propuesta asuma un lmite que tena que ver con la frmula que constituy la columna vertebral de todo su proceso: la justicia en la medida de lo posible, lo cual significaba: gobernar a la medida de la oligarqua.

La Nueva Mayora fue una deriva de un populismo soft en el que Bachelet intent sortear la transversalidad de la clase concertacionista que an yaca apernada a los diversos partidos de la coalicin, poniendo en juego a su figura en directa relacin con la ciudadana para intentar resolver la acuciante crisis de legitimidad que ya se haba anunciado, es porque Bachelet fue al protestantismo como Aylwin lo haba sido al ms estricto catolicismo: relacin directa con la ciudadana, versus, relacin cupular, amplificacin de la gobernanza neoliberal en la primera, restriccin de la misma para garantizar los equilibrios con los otrora enclaves autoritarios, legados por el pinochetismo, en el segundo.

En cualquier caso, sea en su versin catlica (Concertacin) o protestante (Nueva Mayora), el concepto de tiempo experiment una mutacin decisiva: de haber mirado hacia un futuro infinito (la transicin) se pas a mirar un pasado autocomplaciente (la ex Nueva Mayora). Nunca la Nueva Mayora pudo abrir el umbral de tiempo que requera para gestar sus cambios, no porque no quiso, no porque otras fuerzas se lo impidieron, sino por que, en cuanto protestantismo de la ex Concertacin no se haba desprendido de la fbula que haba dado consistencia al anterior perodo. Pues el futuro cronolgico se identificar con la experiencia de tiempo que ya no identifica al progresismo neoliberal, sino a la actual derecha poltica.

3.- En la derecha poltica, nada es pasado ni presente, sino todo es siempre futuro. Su defensa incondicionada de las AFP metaforiza el problema: se trata de ahorrar para el futuro (sacrificarse, por tanto), condicionar el arribo de los tiempos mejores y de ofrecer al pas un conjunto de reformas que garanticen el futuro. Todo es futuro, significa asumir un optimismo por el progreso que, el lxico ideolgico de la derecha denomina crecimiento y que, a su vez, implica imponer a toda costa un dar vuelta la pgina respecto del pasado y eventualmente otorgar libertad condicional a violadores de DDHH. Se trata de un futuro cronolgico (que hace aos haba posibilitado la convergencia entre la Concertacin y los poderes de la derecha poltica), escindido de todo pasado y de cualquier presente.

Como un reverso especular de la ex Nueva Mayora que estetiza el pasado, para concebir un futuro asinttico, la derecha poltica estetiza el futuro para alejarse del pasado oscuro. Un pasado que debe tratarlo ambiguamente como todos fuimos responsables o hubo polarizacin para que el empate calce y la neutralizacin tenga efecto. La derecha pretende traernos los tiempos mejores, segn el slogan de Piera, sobre el cual se solventar la segunda transicin. No hay caf con leche sino imitacin de la antigua Concertacin y, por tanto apropiacin de su otrora concepcin del tiempo histrico. El progreso est hoy en la derecha poltica, tanto como el olvido de los asesinatos en masa definidos con precisin por la dictadura cvico-militar, aquella que posibilit la coincidencia entre el poder poltico y el econmico, entre la decisin soberana y la acumulacin del capital.

Tiempos mejores o segunda transicinson los trminos clave de la concepcin del tiempo histrico de la actual derecha poltica, aquella que ha terminado triunfando no slo a nivel electoral, sino tambin a nivel poltico pues pudo consolidar sus instituciones y su orden de las cosas (desde la Constitucin hasta su sistema econmico). Slo los vencedores gozan del futuro. Y de un futuro que, sin embargo, no puede jams llegar al presente porque se articula cronolgicamente.

El trmino transicin justamente da la medida para apuntar a esta singular experiencia del tiempo, en el que no se trata de transitar desde la dictadura a la democracia, sino desde el mal gobierno al buen gobierno, desde un gobierno que no fomenta el crecimiento a otro que lo impulsa al modo en que slo la derecha neoliberal saber hacerlo: acelerando las formas de acumulacin y legalizando por todas las vas posibles el pillaje organizado, imparable desde la dictadura de Pinochet. El futuro es de los vencedores, nunca de los vencidos. Estos ltimos no tienen futuro que reclamar slo un pasado que redimir en las entraas del presente. Nada ms, nada menos.

4.- Cuando Redols subraya que al Frente Amplio le falta calle mostrando con la figura del caf con leche su ethos temporal (justamente el signo maanero, aqul que se toma al desayuno) mostraba exactamente el punto en el que su coalicin, al optar por la va electoralista termin asumiendo la concepcin de una historia sin historicidad, de unos cuerpos sin imaginacin, de un ritmicidad exenta de poltica. Sostenerse slo en la novedad del caf con leche les vuelve parte de la fiesta oligrquica y sus disfraces, pero les anula para actuar polticamente, neutralizndoles para aferrar para s el carcter intempestivo de un presente.

Sea el tiempo cronolgico la temporalidad propia de los vencedores, sta se halla dividida en un presente (el FA), un pasado (Nueva Mayora) y un futuro (derecha poltica). Pero jams encontramos a un presente que sea a la vez pasado y por venir. No encontramos la intensidad de una experiencia del tiempo histrico capaz de desafiar el orden de las cosas. Y, sin embargo, una experiencia como esa, en la que advienen cuerpos inundados de imaginacin, donde los pueblos encuentran su potencia, la encontramos en un momento decisivo de la historia de Chile: la Unidad Popular.

Esta ltima no fue slo el acontecer de ciertos partidos polticos, ni una coyuntura abierta simplemente por el contexto de la guerra fra. Ante todo, fue un proceso en el que lo social y lo poltico se volvi inescindible y donde la historia fue baada por el flujo de la historicidad. Slo en dicho proceso, el presente y el pasado asumieron una inmanencia slo ah encontraron su mixtura- sin precedentes, habitando las calles que Redols extraa en la actual configuracin del Frente Amplio. Porque tampoco se trata de una obsesin por la calle en s. Mas bien, como dira el Mono Gonzlez en una reciente entrevista en El Desconcierto en la que deca: () pintamos por los muertos que nos gritan que debemos luchar y por eso debemos seguir luchando por lo que crearon ellos. Se trata de concebir la calle a la luz de la epifana en la que se intersectan pasado y presente, muertos y vivos en una constelacin imaginal absolutamente indita.

La experiencia del tiempo de la UP desafi el orden de las cosas, ese crucial pacto oligrquico que, en sus diversas versiones, ha hecho que el poder poltico y el poder econmico se anuden en una misma mano. La Unidad Popular fue la amenaza de su destruccin, la vibracin que atraves las superficies de la vida social abriendo posibilidades que no existan (como por ejemplo la apuesta por una segunda independencia de Chile traducido, en parte, por la nacionalizacin del cobre), imaginando as, otro mundo en el seno del mundo, otras calles en medio de las calles. Ah estuvo lo intempestivo de su propuesta: que la Unidad Popular trajo consigo un tiempo inactual con su propio tiempo siendo el comienzo de una nueva poca histrica. No necesitamos caf con leches, bast el flujo de la imaginacin popular abierta por un largo proceso histrico por el que se fueron creando lazos entre diversos actores de las sociedad chilena que terminaron por constituir el soporte imaginal por el que organizaciones sociales y partidos polticos pudieron caminar juntos.

Slo en la experiencia de la Unidad Popular, la duea de casa y el intelectual podan luchar juntos, poblar un mismo discurso en el que el trmino compaero era la signatura de un mundo radicalmente comn. A la Unidad Popular no le faltaba calle, tena exceso de ella, porque calle era igual a imaginacin, lugar que el egiptlogo Furio Jesi podra perfectamente calificar como el de la propaganda genuina (propaganda que interrumpe el continuum de la simbologa capitalista). Al punto esto fue as que el nombre grandes alamedas condensa lo que habra sido tal experiencia, un bello barrio, tal como el que rememora Redols en uno de sus poemas, el barrio bello de la UP.

http://www.eldesconcierto.cl/2018/09/11/el-bello-barrio-de-la-up-sobre-el-tiempo-historico-en-la-politica-chilena/



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