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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2018

El nacional-populismo de Torra-Puigdemont

Antonio Antn
Rebelin


La derecha independentista catalana es nacionalista y neoliberal. Sus expresiones polticas neoconvergentes, desde el PDeCAT y Junts per Catalunya hasta el actual proyecto de la Crida Nacional per la Repblica, bajo el liderazgo de Carles Puigdemont, han acentuado a travs del procs su proyecto independentista. Han promovido una fuerte polarizacin frente al Estado espaol, un nacionalismo radical no inclusivo y en confrontacin con la otra mitad de la sociedad catalana no independentista. As mismo, han generado una gran activacin movilizadora, discursiva y retrica.

Paralelamente, las derechas unionistas del Partido Popular y Ciudadanos, estn intentando consolidar un movimiento nacionalista de carcter espaolista y conservador, dentro y fuera de Catalua, para oponerlo al proceso independentista. El anterior Gobierno de M. Rajoy se ha caracterizado por sus polticas socioeconmicas neoliberales y regresivas, as como por el inmovilismo institucional y las medidas autoritarias y represivas respecto del conflicto cataln. Adems de su rigidez neocentralista y antinacionalista (perifrica), su ltimo giro de gran nacionalismo exclusivista dirige su mirada contra la inmigracin.

La confrontacin institucional-nacionalista, dirigida por ambas derechas, ha pasado su fase ms lgida. Algo ha empezado a cambiar en los dos conglomerados no homogneos. Por un lado, el desalojo del poder gubernamental del PP de Rajoy, con una crisis de poder y relato de las derechas, tentadas de profundizar un giro derechista y de nacionalismo reaccionario. As mismo, el nuevo Gobierno socialista, cuyo presidente Pedro Snchez ha sido investido por las fuerzas alternativas y nacionalistas, ha abierto un nuevo clima poltico, con expectativas de un talante ms social y un abordaje ms dialogante de la cuestin territorial.

Adems, superando el bipartidismo, persiste una gran corriente popular crtica, representada por Podemos, Izquierda Unida y sus aliados y convergencias (catalana, gallega, valenciana y agrupaciones municipalistas), con un proyecto de pas de pases diferenciado, democrtico y plurinacional y una apuesta decidida por la democracia social y econmica; es decir, existe una tercera posicin distinta a la de las dos derechas y susceptible de colaboracin y competencia con el proyecto socialista para promover un cambio de progreso en Espaa.

Por otro lado, se ha iniciado en el bloque independentista una reflexin interesante para reajustar su estrategia a la nueva realidad y a sus dificultades para imponer de forma unilateral la Repblica. Dejo al margen la valoracin detallada de las posiciones de Esquerra Republicana de Catalunya, ms realistas en la bsqueda de salidas a la cuestin nacional y con mayor sensibilidad en lo social y que, segn algunas encuestas, puede acceder al liderazgo independentista en el medio plazo. Y me centrar en la crtica al sector hoy dirigente del procs y liderado por Puigdemont / Torra: su intensificacin nacionalista e independentista busca mantener su hegemona y esconder su responsabilidad en la grave cuestin social existente en Catalua. Es, pues, una estrategia instrumental de una lite gobernante para conservar su poder institucional y econmico, sus polticas neoliberales y su hegemona poltico-cultural.

Su fragilidad es que no responde a la diversidad nacional catalana ni a las necesidades socioeconmicas de la mayora social. Tampoco se asienta en una valoracin realista de las relaciones de fuerzas en Espaa y Europa. El objetivo real no sera la construccin de una Repblica independiente (el fin) en pugna con el Estado espaol sino alimentar un procs (el medio) con la combinacin de un discurso de emplazamiento rupturista y una gestin autonmica adaptativa y ventajosa, que garantice la autntica finalidad de mantener su hegemona institucional y la continuidad de sus polticas neoliberales con la subordinacin de las capas populares y los dems agentes sociales y polticos. 

Tras esta pequea sntesis del contexto, el objeto de estas reflexiones es la valoracin de los fundamentos ideolgico-polticos del nacionalismo cataln representado por el liderazgo de C. Puigdemont, en el marco del conflicto nacional y social en Catalua y Espaa.

Sin llegar al extremo de otros nacionalismos excluyentes, xenfobos y autoritarios de varios pases europeos o al antagonismo total con otras naciones o sectores de distinto origen tnico-cultural, esos rasgos de confrontacin nacionalista-institucional de ambas derechas se pueden interpretar bajo la lgica de un nacionalismo no inclusivo, tambin llamado etnopopulismo, basado en el conflicto nosotros / ellos que busca la supremaca nacional en una sociedad plural. Es una polarizacin nacional singular, vinculada a la realidad plurinacional espaola, aunque ms cerca del populismo autoritario y de derechas de C. Schmitt que del populismo democrtico y de izquierdas de E. Laclau.

Este ensayo explica en qu sentido se puede hablar de etnopopulismo para analizar el nacionalismo radical de Puigdemont y la actual lite dirigente del bloque independentista, as como la reaccin espaolista de las derechas unionistas; por qu la lgica populista es incapaz de ofrecer una salida al conflicto social y nacional en Catalua, y cules son las principales limitaciones del enfoque nacional-populista y las estrategias polticas que priorizan la independencia y esa construccin nacional.

La conclusin es clara: es necesaria una tercera opcin poltica, integradora-transversal en lo nacional e igualitaria-solidaria en lo social, junto con el desarrollo de una teora social, crtica y realista, para garantizar la superacin de esa dinmica de confrontacin hegemonizada por ambas derechas exclusivistas, neoliberales y regresivas y abrir una nueva etapa de cambio de progreso, democrtico y solidario, en Catalua y en Espaa.

 

El populismo como lgica de antagonismo y construccin discursiva

 

Comienzo por precisar algunos conceptos. Popular es distinto de populista. Algunos autores lo confunden y a todo tipo de descontentos sociales y movimientos populares y nacionales los llaman populistas. Desde el poder establecido para descalificarlos. Desde mbitos progresistas para visibilizar y reconocer un proceso que, dada la crisis y confusin de distintas formulaciones de izquierda, en una situacin de orfandad terica, anuncia dos rasgos bsicos: su carcter popular y su tendencia ascendente.

La palabra popular tambin est sujeta a la disputa por su significado. Incluso derechas europeas han formado el Grupo Popular en el Parlamento europeo y en Espaa se llaman Partido Popular. No obstante, todava en el lenguaje habitual la palabra popular se asocia a la gente comn, a los de abajo, a las clases trabajadoras y capas medias (estancadas o descendentes), diferenciados de las lites dominantes y oligarquas. Es menos confusa y tiene menos contraindicaciones que el significante populismo, y es ms flexible y realista para describir el actual proceso sociopoltico que el convencional de clase social homognea, el de individualismo liberal o el de la fragmentacin postmoderna.

Sin embargo, populista no tiene solo esa acepcin sociodemogrfica e indefinida polticamente, sino que posee un sentido terico de antagonismo e idealismo discursivo, como preponderancia constructiva de la poltica y el sujeto. Tambin tiene un sentido poltico ms polismico y problemtico al estar asociado a todo tipo de corrientes sociopolticas, desde la extrema derecha a la extrema izquierda pasando por el centro y el nacionalismo. Adems, incorpora no solo a movimientos populares (de capas dominadas) sino a procesos de composicin mixta, popular y oligrquica o de clases dominantes, as como nacionalistas (o neo-imperialistas).

Por tanto, para el enfoque populista la palabra pueblo (o nacin) y popular no hace referencia a la pertenencia (real) a una situacin o estatus social y econmico de subordinacin. Tampoco a una experiencia relacional y cultural de la gente comn o popular de subalternidad y en conflicto con las capas dominantes (sean el 1% o, ms realista, el 20%) con unos intereses, demandas y expresiones sociopolticas y culturales diferenciados.

Para el enfoque populista son significantes cuyo significado se ha construido discursivamente por el relato, los mitos o la adhesin poltica promovidos por una lite. Es decir, el pueblo cataln sera no el que vive y trabaja (e interacta) en Catalua, concepto inclusivo con su ciudadana civil y social reconocida, sino las personas que son (esencialmente) o se sienten (subjetivamente) catalanes nacionalistas (independentistas), excluyendo de ese significado a los no nacionalistas.

Con la prioridad de ese discurso y el consiguiente esfuerzo de socializacin cultural o nacionalizacin identitaria, el etnopopulismo o el nacionalismo exclusivista puede construir una realidad virtual de cierre identitario, despreciando la realidad real de la interaccin social concreta de la gente y su conformacin sociopoltica a travs de su experiencia relacional, sus vnculos sociales o su prctica poltico-cultural e interpretativa.

Por tanto, es insuficiente esa lgica procedimental de lo poltico como construccin discursiva del sujeto. Del determinismo esencialista o estructuralista se pasa a la indeterminacin posestructuralista. Supone un reduccionismo del mbito propio de lo social y la relacin de fuerzas sociales, polticas y estructurales, segn los contextos y trayectorias. Para esa versin idealista postmoderna es secundario la propia experiencia de subordinacin de la gente, sus prcticas sociales y culturales, vividas e interpretadas. Lo importante sera la intensificacin de la nacionalizacin del relato, controlando, eso s, todos los aparatos de poder cultural, meditico e ideolgico. La deriva peligrosa es el fanatismo y la imposicin autoritaria de una doctrina y su aplicacin.

Hay que precisar bien el carcter sustantivo de cada tendencia sociopoltica llamada populista, en los ejes principales en que se han dividido los campos poltico-ideolgicos en los ltimos siglos: autoritario, reaccionario, regresivo, segregador y dominador, o bien, democrtico, progresista, igualitario, solidario y emancipador. Entre esos dos campos hay zonas intermedias, pero no vale la transversalidad como opcin global. Existen intereses compartidos y objetivos comunes de toda la humanidad. Pero, en situaciones de desigualdad y dominacin la solucin no es el consenso centrista. La actitud cvica debe ser la confrontacin frente a las oligarquas poderosas, opresoras o lites dominantes, en defensa de las capas subalternas, oprimidas o populares, con unos valores de igualdad, libertad y fraternidad.

En definitiva, la teora populista es una lgica poltica basada en dos elementos: el antagonismo entre dos polos (nosotros / ellos; abajo / arriba), y la construccin de la poltica y del sujeto social a travs, sobre todo, del discurso de un liderazgo. O sea, al igual que el marxismo clsico, conserva la dialctica hegeliana; pero a diferencia de su materialismo, da un vuelco hacia el idealismo (hegeliano o postmoderno) en la interpretacin y la configuracin de la poltica. Hay una minusvaloracin de la realidad social, que se considera fragmentada y pasiva, y una infravaloracin de la interaccin sociopoltica y cultural y la experiencia de los distintos actores. No se valora suficientemente la relacin de fuerzas y las condiciones sociohistricas, econmicas y estructurales de los actores concretos. Las bases sociodemogrficas y sus intereses son secundarios. La realidad se construye con el discurso (de la lite), con los mitos y relatos que, en la medida que hay gente que los asume, permiten la constitucin del pueblo. Es la poltica, entendida como discurso de una lite (o representacin popular), el agente activo.

Con ocasin de la crtica acertada al marxismo mecanicista o el determinismo economicista (no tanto al determinismo poltico-institucional y tnico-cultural que suelen practicar), el enfoque populista se pasa al extremo contrario del constructivismo idealista, basado en la voluntad y la subjetividad, hacia el culturalismo como palanca transformadora a gestionar desde las instituciones pblicas conquistadas desde esa hegemona cultural previa.

Por tanto, la lgica populista ofrece un rasgo comn dialctico-procedimental antagonismo e idealismo discursivo, pero no es una ideologa poltica como el socialismo, el liberalismo, el republicanismo, el conservadurismo o el nacionalismo. Y es compatible con (casi) todas ellas. As, como estrategia y teora poltica es incompleta o ambigua y necesita explicitarse acompaada con partes, ms o menos eclcticas, de esas ideologas tradicionales. Junto con el carcter de cada uno de los dos polos dominantes y dominados (y otros intermedios o mixtos), el tipo de interaccin y los objetivos de su trayectoria dan lugar a distintos populismos, algunos antagnicos entre s, precisamente por lo sustancial, por su distinto sentido poltico o nacional y su actitud ms radical (hacia un extremo u otro) o ms moderada (centrista o transversal).

 

La lgica populista, incapaz de ofrecer una salida al conflicto en Catalua

 

En lenguaje de E. Laclau (y de C. Schmitt), el choque en Catalua sera entre dos nacionalismos o etno-populismos excluyentes y polarizados, construidos discursivamente, que han sido capaces de arrastrar y representar a sectores populares relevantes, para recomponer su doble hegemona cultural e institucional, con su representacin poltica respectiva. Sera un perfecto ejemplo de validez de la lgica dialctica del antagonismo (populista, nacionalista o marxista) para explicar los procesos polticos. Aparte del populismo de derechas y el populismo de izquierdas, tendramos el populismo de confrontacin nacionalista o, ms bien, los nacionalismos de confrontacin populista. Todo bajo la dialctica del antagonismo nosotros / ellos y la supremaca del discurso en su construccin, es decir, de la dialctica de contrarios y el idealismo hegeliano o postmoderno en la conformacin de ambos sujetos.

Sin embargo, la tesis aqu mantenida matiza esa interpretacin y es la contraria en su conclusin normativa: la incapacidad de la lgica populista para explicar y ofrecer una salida de progreso al conflicto nacional y social en Catalua y con el resto de Espaa. Ese es el enfoque relevante para las fuerzas del cambio y sectores progresistas y alternativos.

Por supuesto, esa dinmica de polarizacin contiene elementos de antagonismo y se puede interpretar desde diversas teoras del conflicto social y poltico, incluido el enfoque populista de derechas. Pero ambos actores principales, el bloque independentista Junts per Catalunya / ERC / CUP y las derechas espaolistas Ciudadanos y PP reniegan de esa nominacin y esa teora explicativa y legitimadora. Su retrica dominante es nacionalista y liberal, junto con formas rupturistas.

Aparte de la insuficiencia del pensamiento liberal, hay que superar el discurso de clase y el discurso de nacin, pero tambin la interpretacin populista que, afortunadamente, tiene poco peso entre las fuerzas del cambio en Catalua. La mirada principal durante el procs ha sido la nacionalista de ambos lados, que, aunque con rasgos comunes, no hay porqu asimilarla a la teora populista. Dicho de otra forma, la lgica populista, la dialctica idealista de lucha de contrarios, hegeliana o postmoderna, tiene cierto parecido con (parte de) la realidad, pero es abusivo encajar toda la lucha nacionalista (o la lucha de clases y popular) bajo ese enfoque extremo, antagonista e idealista, con polos abstractos. Tampoco sirve para explicar bien la realidad catalana y menos para aportar una estrategia igualitaria y emancipadora.

Podramos decir que su lgica de confrontacin tiene ms que ver con la polarizacin poltica y discursiva de C. Schmit, como idelogo del populismo de derechas (extremo), con la supremaca e imposicin tnica y nacional frente a los otros, que del populismo de izquierdas (o socialista, progresista y de clases dominadas) de E. Laclau y Ch. Mouffe, con su dicotoma abajo / arriba o democracia / oligarqua. O sea, la confrontacin entre nacionalismos autoritarios y xenfobos, dominantes en el centro y este de Europa, as como la experiencia nefasta en la I Gran Guerra mundial, los nazi-fascismos de los aos treinta y cuarenta del siglo pasado o las guerras de los aos noventa en la antigua Yugoslavia, estn asociadas ms a la versin del nacionalismo excluyente o etnopopulismo de extrema derecha que al populismo de izquierda. Pero, son, sustantivamente, conflictos (tnico)nacionalistas (o inter-imperialistas).

No obstante, al menos en el mbito social y en la convivencia ciudadana en Espaa y en Catalua, la intensificacin de la segregacin, el autoritarismo y la supremaca nacional y racista no han llegado a esos extremos de imposicin institucional neofascista o fanatismo identitario generalizado. Por tanto, el populismo de extrema derecha (o la acusacin a ambos de fascismo) tampoco es aplicable al grueso de la gestin de los dos campos en conflicto, los dos bloques de poder representados por Puigdemont-Torra / Arrimadas-Rajoy y Rivera-Casado, aun con excesos verbales de algunos de sus dirigentes. Sera necesario que la dinmica conflictiva subiera otro peldao cualitativo en la agudizacin de la confrontacin nacional y la segregacin sociocultural, cosa hoy improbable, salvo para la deriva antinmigracin.

En consecuencia, polticamente, es contraproducente nombrar igual populismo o establecer un campo comn (emergente) entre fuerzas progresistas (incluso centristas y de izquierda radical) y la nueva extrema derecha o tendencias xenfobas y autoritarias, por el simple hecho de representar una polarizacin de lites nacionales distintas entre s. Algunas coinciden en cierto soberanismo patritico y son opuestas al consenso europeo de la austeridad y a la construccin europea con dficit democrtico y la subordinacin de los pases perifricos bajo la hegemona liberal-socialdemcrata (alemana). Son reajustes y nuevas jerarquizaciones entre las lites polticas nacionales en el proceso de construccin de una nueva clase poltica europea, liberal-conservadora, hegemnica y de matriz alemana.

El motivo de sumarlas para aparentar supremaca histrica o intelectual tiene poco recorrido y credibilidad para definir objetivos, aliados y estrategias, cuando lo sustantivo es el antagonismo tan fuerte entre esas dos tendencias contrapuestas por su modelo social y democrtico. Y, en todo caso, sobre qu estrategia de cambio se implementa para conformar una tendencia contrahegemnica por una Europa ms social y democrtica.

Un ejemplo que explica esos lmites analticos, polticos y tericos del enfoque populista lo tenemos, precisamente, en Catalua, en su interior y en relacin con el Estado espaol. Es uno de los territorios europeos de mayor antagonismo y confrontacin poltica en los trminos nacional-estatal, no en lo social, que ha aparecido subordinado. Se ha conformado una unidad en cada campo nacional-estatalista sin la clsica transversalidad catalanista, entrada en crisis; o sea, esa polarizacin ha conseguido absorber su respectiva transversalidad en lo social (capas trabajadoras, lites acomodadas, poder econmico e institucional), aun con algunas asimetras. Al mismo tiempo, ha habido una dificultad para la alianza social progresista de las capas populares frente a ambos poderes establecidos y transversal y mestiza en lo nacional.

Esa realidad entrecruzada aade complejidad analtica y estratgica. As, el discurso y la identificacin, ciudadana y de las lites, con el enfoque populista son muy pequeos tanto por los dos bloques principales independentista y constitucionalista, cuanto por la tercera posicin, social, integradora y solidaria, de los comunes (y parte del Partido Socialista). Esta tercera identidad poltica tiene fuertes races histricas, culturales y sociopolticas. En los ltimos tiempos se ha tenido que reafirmar en la superacin de los dos bloques nacionalistas en confrontacin, y desarrollar una actitud transversal basada en la convivencia intercultural y diferenciada del exclusivismo de las dos tendencias dominantes. As, la opcin ms unitaria tiene dos componentes: la apuesta por una menor divisin nacional en la sociedad catalana, con la implementacin de una solucin dialogada y democrtica; la prioridad de una agenda social favorable a la mayora de las capas populares.

Esa posicin es lo contrario del antagonismo nosotros / ellos del nacionalismo o etno-populismo de ambas derechas. As, ninguna de las tres tendencias est necesitada de una nominacin populista por mucho que, especialmente, el grupo de poder que representa Puigdemont haya practicado con su procs su particular versin de nacionalismo etno-populista.

Antonio Antn es profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de Frente a la crisis social y nacional Qu pas? (Ed. Rebelin)

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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