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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2018

El clima cambia y el tiempo pasa

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Tantos entendidos no pueden estar equivocados. El cambio climtico representa un hecho, aunque augustos personajes tales Donald Trump, presidente de EE.UU., la mayor potencia mundial, una de las dos ms colosales contaminadoras, cierre los ojos ante la evidencia y haya retirado a su pas del Acuerdo de Pars sobre la transformacin en curso, aprobado nada menos que por 195 naciones, en diciembre de 2015, y que tena (tiene) como fin ir reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero a partir de 2020, para nosotros una fecha un tanto tarda.

Tarda por el ms que tangible agolpamiento de los entuertos. Con colegas zahores, recordemos los desastrosos terremotos en Japn, Hait, China, Chile, Indonesia, Pakistn, Mxico; las inundaciones en Bolivia, Colombia, Venezuela, Brasil, Guatemala, Australia, Vietnam, Bangladesh, Filipinas, Mali, Nger, Burkina Faso; los enormes incendios en Rusia, Portugal, Amrica del Sur, Asia; las desproporcionadas nevadas en los Estados Unidos, Mxico, Europa; la perceptible elevacin del nivel del mar, que acarreara la desaparicin de islas y amplias extensiones de tierra.

No en vano 375 miembros de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, incluidos 30 premios Nobel, en una carta publicada en el portal Climate Interactive, denunciaron que esa decisin traer graves y largas consecuencias para el clima de nuestro planeta y el incumplimiento del Acuerdo empeorar claramente las perspectivas de calentamiento global.

Hasta de cuentos chinos, o de los chinos, ha juzgado el magnate y mandatario los argumentos resumidos con pleno rigor en la capital francesa, tratando de enmascarar con esa salida de tono, esa astracanada, ese pujo en buen cubano, los verdaderos intereses, cortoplacistas, de su negativa. Pero como ms rpido se alcanza a un mentiroso que a un renco, la verdadera razn de la medida la aclar el hombre, con estrechos nexos con compaas internacionales, al sealar que abandonar el Acuerdo de Pars ayudar a las industrias de petrleo y carbn; no queremos que otros pases se ran de nosotros. No lo harn. Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburg, no a los de Pars".

Como evoca un analista, innmeros investigadores aseguran que poderosas firmas relacionadas con los hidrocarburos ejercieron gran influencia sobre la Casa Blanca. Se estima que este ao, el gigante estadounidense producir 9,5 millones de barriles diarios con la peligrosa tcnica de fracking, proceso que segn los expertos produce contaminacin de la atmsfera, de las aguas subterrneas, emisiones de gases de efectos invernadero (metano), sismicidad inducida, daos acsticos e impactos al paisaje. Parece que todos los riesgos son aceptables siempre y cuando el pas pueda alcanzar la autosuficiencia energtica y disminuir las importaciones de crudo.

Ese mtodo, explica el observador, consiste en extraer gas atrapado en el subsuelo, para lo cual se fracturan las rocas de esquisto (pizarra), ubicadas entre 4 000 y 5 000 metros de profundidad y entre 1,5 y tres kilmetros de longitud horizontal. Para que fluya el gas o petrleo, se inyecta agua a presin, as como varios productos qumicos con altos riesgos de contaminacin de los acuferos. Desde 2005, cuando comenz esa tcnica a gran escala, cerca de un billn de litros de agua dulce se han utilizado; alrededor de 146 hectreas de suelo degradadas; 100 millones de toneladas mtricas de equivalente de CO2.

Es este, a no dudarlo, uno de los detonantes de una metamorfosis con la que estn vinculadas nueve de cada diez catstrofes naturales, segn la Oficina de Naciones Unidas para la Reduccin del Riesgo de Desastres y el Centro de Investigacin de la Epidemiologa de los Desastres. De ah, conforme a plausibles informes, la mayor frecuencia de las sequas, las olas de calor, las inundaciones, junto con impactos sobre la salud humana, la extincin de las especies, la degradacin del hbitat y una menor productividad de las cosechas.

As que el inefable Donald borr de un plumazo la promesa de Barack Obama de entregar tres mil millones de dlares al Green Climate Fund, que ayuda a los pases pobres a luchar contra el cambio climtico y a adaptarse a ste. El sustituto en la Oficina Oval se ha convertido, por antonomasia, en uno de los sumos culpables de la posibilidad de que, dado el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, para el 2100 la temperatura media global aumente entre 3,7 y 4,8 grados respecto a los niveles preindustriales, con la consiguiente aceleracin de sismos, huracanes, tornados, derretimiento de glaciales, plagas infecciosas El Apocalipsis?

Ya est aqu

Confesemos harto difcil resumir la cantidad de evidencias de la hecatombe en curso, y ojal que conjurable en su totalidad. En los ltimos tiempos, el ocano Atlntico ha sido escenario de peligrosos fenmenos: transitaron por l simultneamente tres poderosos huracanes, que dejaron una indita secuela de suelo arrasado, tragedias materiales y humanas. Baste acotar que en los Estados Unidos hay quien desbarra? sobre el siglo que se necesitara para la recuperacin de la neocolonia caribea. Jos y sobre todo Irma asolaron las islas de San Martin, Antigua y Barbudas, y provocaron numerosos daos en Puerto Rico, Repblica Dominicana, Cuba, mientras Katia arremeta contra Mxico.

Con su andar demoledor, Irma lleg hasta territorio norteamericano, y unido al Harvey, que semanas antes penetr por Texas con enorme cantidad de agua y viento, costar a EUA 290 000 millones de dlares, equivalentes al 1,5 por ciento del producto interno bruto (PIB), segn la cita que la digital Rebelin hace del servicio meteorolgico privado Accuweather.

Lo cual nos pone en una disyuntiva prctica: tratar de descifrar si la renuencia de Trump obedece a una personalidad frvola, que acusan sus exabruptos, desplantes, paranoia tuitera, narcisismo o que en l puede ms el presentismo inherente al sistema que lo prohija Aunque nos inclinamos por lo segundo. Porque de tonto ni una hebra de su extico peluqun. El viejo Donald debe de tener conocimiento (lo tendr?; esperemos que s) de que la accin climtica es buena para la economa, y que los Estados Unidos tienen mucho que perder si no toman las medidas para reducir el riesgo y el impacto de la transformacin, como ha dejado claro una nota para IPS de Tharanga Yakupitiyage, quien alude a la conclusin del Fondo Universal Ecolgico, el cual detalla la repercusin gravosa de la falta de accin, y urge a disear polticas para un futuro sostenible.

No es una cuestin ideolgica, sino de buen olfato para los negocios, dijo a IPS el expresidente de la Asociacin Estadounidense para el Avance de la Ciencia, James McCarthy, uno de los autores de un estudio que estima que los daos causados por los tres huracanes arriba mentados y los incendios forestales ascienden a 300 000 millones de dlares, alrededor de 70 por ciento de lo que consumieron los 92 eventos climticos de la postrera dcada. De acuerdo con los Centros Nacionales para la Informacin Ambiental, de la Administracin Nacional Ocenica y Atmosfrica, se multiplic por 2,5 el nmero de eventos que implicaron perjuicios y prdidas por 1 000 millones de dlares en el ltimo decenio.

Sucede que, al quemarse los combustibles fsiles, como el carbn, el petrleo y el gas natural, ms de 80 por ciento de la energa primaria generada y usada en este pas, liberan grandes cantidades de dixido de carbono a la atmsfera y aceleran la variabilidad climtica. La regulacin del volumen de emisiones contaminantes redujo la contaminacin area en 35 por ciento, o casi en 67 000 millones de dlares al ao, pero la quema de combustibles fsiles todava tiene un elevado costo para la salud, que asciende a 240 millones de dlares al ao. De seguirse usando, las prdidas econmicas podran llegar a los 360 000 millones de dlares al ao, o 55 por ciento del crecimiento de Estados Unidos en la prxima dcada. Segn el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climtico, un impuesto a las emisiones de carbono podra generar unos 200 000 millones de dlares en la prxima dcada. La iniciativa ha sido controvertida porque se teme que las empresas trasladen el costo a los consumidores aumentando el precio de la gasolina y de la electricidad. Pero McCArthy seal que la poblacin ya soporta ese peso en trminos de los daos que dejan eventos climticos extremos y de los gastos que implica el aire contaminado.

Sin embargo, haciendo galas de tozudo pragmatismo, el principal inquilino de la Casa Blanca ha cometido no solo la asaz errnea salida del Tratado de Pars, sino que se ha explayado hasta deshacer diversas importantes normas de proteccin ambiental, entre ellas el Plan de Energa Limpia, que procura reducir la propagacin de carbono de las centrales de generacin elctrica en toda la Unin. Algo que no solo compromete el futuro (y el hoy) de Norteamrica, sino del mundo en pleno.

Por qu esa miopa?

Ocurre que el cambio climtico es buena porcin del sndrome, pero la dolencia es el capitalismo (de ah, la actitud del entrampado Trump). Algo que asevera con superlativa propiedad, en conversacin con Gorka Castillo, de CTXT, Jorge Riechmann, profesor de Filosofa Moral en la Universidad Autnoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista y miembro de Ecologistas en Accin. En su libro Autoconstruccin, acerca del que nos habla en la citada entrevista, el acadmico nos provee de un manojo de agudas reflexiones sobre un modo de vida que dirige a la humanidad hacia el despeadero.

Califica el pensador el siglo XXI como la era de la gran prueba, ya que somos la primera generacin que entiende perfectamente lo que est pasando con el clima y posiblemente seremos la ltima que pueda evitar la catstrofe hacia la que nos dirigimos.

Riechmann censura sin ambages la mercadotecnia del buenismo, de la que hace galas el Sistema, convocando a cumbres en las que a muchos se les llena la boca con compromisos medioambientales y energas verdes, y luego estigmatizan a los movimientos conservacionistas como ingenuos apestados. La realidad que dibuja es desoladora. Pero no le cabe la resignacin. An podemos actuar contra este modelo de produccin salvaje porque no est sujeto a ninguna ley fsica, como lo est la naturaleza, que impida cambiarlo. Y aqu nos contagia de su esperanza.

Proclama que s, que tiene solucin el orbe. Lo que no tiene sentido es intentar salvarlo interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productiva. Ambas variables caminan de la mano aunque no valga slo con esto. Por nuestro comportamiento depredador con los recursos naturales y la biosfera habra que hablar tambin del extractivismo y, a mi modo de ver, tambin del exterminismo, una nocin acuada por el historiador britnico E. P. Thompson para explicar la estructura del mundo a finales del siglo pasado, cuando las dos superpotencias nucleares enfrentadas amenazaban con aniquilar cualquier rastro de vida en el planeta.

En una apasionada arremetida contra el rgimen universalizado, nuestro hombre refiere que la medida referencial del triunfo es el PIB. Es la locura tpica de una cultura denegadora como la nuestra. Digo denegar porque va ms all de ignorar lo que pasa y es no ver lo que tenemos delante de los ojos. Significa que no nos hacemos cargo de las consecuencias de seguir chocando contra los lmites biofsicos de manera violenta. Nos hacen creer que vivimos en una especie de Tierra plana en la que podemos avanzar de manera infinita porque los recursos naturales son inagotables y la capacidad de absorcin de la contaminacin es ilimitada. Esto es una fantasa porque las leyes de la naturaleza, de la fsica, de la dinmica de los seres vivos nunca podremos cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones al respecto.

Para el catedrtico, el calentamiento global, constituyendo una realidad devastadora, supone solo la manifestacin de otras dinmicas que deberamos atajar si ansiamos evitar la ruina. Nuestro principal problema ambiental es la extralimitacin ecolgica, el choque de las sociedades industriales contra los lmites biofsicos de la Tierra. Si utilizamos la herramienta de la huella ecolgica como indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana podemos observar que, en la actualidad, consumimos los recursos inexistentes de 1,5 planetas Tierra. Y eso a pesar de las carencias y desigualdades que asolan a buena parte de la humanidad. Dicho de una forma ms didctica: si quisiramos generalizar al resto del mundo el modo de vida de los espaoles necesitaramos tener tres planetas como la Tierra a nuestra entera disposicin. Y si quisiramos generalizar el de EE.UU., que muchas veces ponemos como ejemplo de xito, necesitaramos seis. Es una locura que emana de esa construccin econmica de tierra plana de la que hablaba antes.

Entonces llega al meollo. Coincidamos con l en que la mencionada formacin socio-econmica, de dinmica autoexpansiva, deniega cualquier salida alternativa. Para hacer frente al cambio climtico deberamos cuestionarnos antes los resortes bsicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Y aqu se lanza a una quizs demasiado inflamada opinin, puede que digna de otro matiz, aunque lo fundamental, la esencia del estropicio, s es la develada: Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino ms bien ejercicios de diplomacia teatral. Porque confunden a la opinin pblica. La prueba es que los ms grandes expertos en el cambio climtico como James Hansen, a quien podramos considerar el climatlogo jefe del planeta, calific de farsa la cumbre celebrada en Pars. Se intenta poner un lmite a las emisiones a la atmsfera de gases de efecto invernadero pero los lmites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. Aunque el sntoma sea el calentamiento climtico, la enfermedad se llama capitalismo.

Conforme al perito, el proceso de sensibilizacin medioambiental se quebr en los aos ochenta, precisamente con la fase neoliberal. Desde entonces, aduce, se ha experimentado un constante retroceso, a pesar del aumento de lo que algn tcnico denomina sosteni-blabl, es decir, mucho discurso, mucha chchara, mucha propaganda y mucha estrategia de comunicacin sobre energa verde. Pero la realidad vuelve a ser demoledora: la accin brilla por su ausencia y los planteamientos de fondo, incluso aquellos realizados por gente del establishment como Sicco Mansholt, son estigmatizados por rechazar el dogma del crecimiento infinito. Algo inherente a esas fuerzas productivas-destructivas a que aluden insignes seguidores de Marx, complementando al maestro.

A juicio del interpelado, hemos arribado al punto de que lo que hace 30 aos hubieran sido estrategias de cambio gradual actualmente no estn a nuestro alcance. Para hacer frente al calentamiento global necesitamos salir a toda prisa del capitalismo salvaje en el que hoy nos movemos. Los clculos tericos realizados por investigadores canadienses sobre las opciones que asomaran de respetar los lmites biofsicos de la Tierra indican que, por ejemplo, el parque mvil de un pas como Espaa, que tiene 15 millones de coches, debera ser de unos 180 000 vehculos con motor de combustin. Pero claro, eso es inaceptable en trminos industriales. El caso es que, si no se acepta esta realidad, no hay lucha alguna contra el cambio climtico.

O lo que deviene igual: la humanidad estara condenada si no renunciara al estilo de vida capitalista. Y a la pregunta de qu impide trocarlo, el abierto anti statu quo responde algo con lo que tambin comulgamos: Que no nos creemos lo que sabemos. Si furamos capaces de hacerlo, tomaramos decisiones racionales para cambiar un modelo que nos lleva a la destruccin. Para que esto se produzca nos hara falta un enorme ejercicio de reforma intelectual y moral. El problema es que nuestras sociedades estn organizadas contra eso. Fatdicamente, el neoliberalismo se impuso con sus ideas aberrantes de que todo depende de los gustos y preferencias individuales, y que igualdad y libertad son dos principios contrapuestos, cuando una mnima reflexin indica que es una falacia. Necesitamos bienestar humano pero necesitamos que sea compatible con los lmites biofsicos del planeta.

Ahora, el archimencionado Donald Trump estar entre los que comprenden cabalmente lo que transcurre, el raudo acercarse de la debacle? Si resulta as, cmo puede entonces tomar tamaas absurdas decisiones? Ah, el Sistema es tan maquiavlico que no permite a unos cuantos ver ms all de sus narices perdn: de sus millones. Entonces, seamos radicales. Luchemos contra l a brazo partido. S nos concertamos, venceremos.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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