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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2018

Otra historia del 68 en Chicago

Harold Meyerson
The American Prospect / Sin Permiso


Puede que quienes siguen esta columna tuvieran la esperanza de que conservase bastante autocontrol como para no infligirles otro ms de los inacabables recordatorios del cincuenta aniversario de 1968 a los lectores incautos.

Pues se equivocaron ustedes. Ah va:

Hace cincuenta aos esta semana, en la ltima noche del cataclismo de la Convencin Demcrata que dej el orden del New Deal hecho permanentemente trizas, yo estaba sombramente sentado en el pasillo de un piso del Hotel Conrad Hilton de Chicago, cuartel general de la Convencin, el hotel en el que se domiciliaba el personal de la campaa de Eugene McCarthy [el candidato de los contrarios a la guerra], el hotel que daba a lo que quedaba del Parque Grant despus de que la polica anduviera por all desbocada las dos ltimas tardes.

Tena abundante compaa sombra. Este piso (lo recuerdo como el 15, pero Jamie Galbraith insiste en que era el 14) era el del personal ms joven, entre el cual, con 18 aos, yo era el ms jovencito. Las despedidas tristes y el humor apocalptico estaban a la orden del da, o para ser ms exactos, de la noche. Despus de dedicar muchos meses a una campaa presidencial centrada en acabar con nuestra horrenda guerra en Vietnam, nos quedaba poco salvo nuestra amistad y algunos ardores polticos modestamente mejorados para demostrarla. McCarthy no haba conseguido la designacin como candidato, haba muerto Bobby Kennedy, la propuesta de un plan de paz en el programa del partido haba sido rechazada por la mayora de los delegados de la Convencin nombrados maquinalmente (la era de las primarias y los caucus no haba empezado de verdad); los manifestantes contra la guerra en los parques a los que la mayora de nosotros se haba unido cuando podamos hurtar r algunos momentos durante la semana haba sido apaleada, pateada y arrojada a los furgones policiales por la pasma de Chicago, la cual, al haberse quedado sin manifestantes, segua alegremente desmandada golpeando a quienes pasaban ignorantes de todo por delante del hotel, y todo esto se transmita al pas en televisiones de pantallas partidas en una mitad, los polis atacando a cualquier cosa que se moviera (el informe oficial del gobierno sobre la Convencin denominara su conducta revuelta policial ); en la otra, los discursos para la designacin del candidato en el auditorio de la Convencin. Al apoyar la designacin de un candidato, competidor tardo, por la paz [Hubert H. Humphrey], Abe Ribicoff, antiguo miembro del gabinete de JFK y gobernador de Connecticut, declar: Si George McGovern fuera presidente, no tendramos estas tcticas propias de la Gestapo en las calles de Chicago. Una de las muchas cmaras que acechaban en el recinto de la Convencin mostr al alcalde de Chicago, Richard Daley, dando brincos y chillndole a Ribicoff; no haba ningn micrfono cerca de l para radiar lo que estaba diciendo, pero hasta el ms novicio lector de labios poda descifrarlo: Que te den, jodido judo, que te den.

Ay, recuerdos.

Pues bien, en las sombras postrimeras de esos festejos, los chicos de McCarthy estaban tirados en las alfombras del pasillo y por las habitaciones, tocando la guitarra, cantando, sin tener ni idea de qu lgubre futuro le esperaba al pas, pero bastante seguros de que sera nefasto. El nimo era afligido y dulce.

Y entonces, quines aparecieron ante nuestros deslumbrados ojos sino los polis de Chicago, saliendo en tropel de los ascensores de servicio. Su cuento (que no se molestaron en contarnos, los polis de Chicago no daban explicaciones en aquellos das, y tampoco parecen darlas hoy en da) era que alguien les haba tirado algo desde una ventana del hotel, y que proceda de nuestra planta. Blandiendo la porra, cargaron por los pasillos, desalojaron las habitaciones y los corredores, golpeando a un par de tipos que ofreci algo de resistencia, y nos arrearon hasta los ascensores, cupiramos o no. Aunque en aquellas poca yo estaba como un palillo, me asom lo bastante, con todo, desde uno de los ascensores atestados para que la puerta no se cerrara, as que un poli me ech hacia atrs atizndome en el pecho con la porra. La puerta se cerr, y abajo que nos fuimos, saliendo disparados en el vestbulo como los ocupantes de la escena del camarote de Una noche en la pera.

Mi historia sobre el Chicago del 68.

La guerra todava coleaba con furia intilmente, lo mismo que las manifestaciones antibelicistas cada vez mayores. As que, una ltima ancdota, solo sea porque si acaso porque es menos deprimente: sta de la inmensa manifestacin en el National Mall [de Washington] en protesta por nuestra invasin de Camboya, y la muerte de los estudiantes en Kent State [en la Universidad del Estado de Ohio] en mayo de 1970. Haba hecho dedo con un amigo entre Nueva York y el Distrito de Columbia y haba vuelto a hacerlo de regreso en una ranchera llena de sedicentes cineastas independientes de Greenwich Village (todos los cineastas de Greenwich Village eran independientes en 1968). Las decenas de miles de manifestantes que haban llegado de Nueva York emprendieron entonces el regreso, lenta y luego glacialmente, por la I-95. En alguna parte del norte de Maryland, el trfico acab por detenerse por completo. En las primeras horas de un atardecer clido, con el sol todava por ponerse, seguimos sentados, y as nos quedamos. Las ventanillas estaban bajadas, los chicos que se haban manifestado hablaban con los chicos de los coches de al lado. Alguien abri la puerta de un coche, sali, anduvo hasta el coche siguiente y le pas a una persona un canuto. Luego otra persona hizo otro tanto, y otra, y otras ms, y en pocos momentos, todo la I-95 pareci iluminarse. No era el socialismo en un solo pas, a buen seguro, sino la contracultura, los 60, en una autopista federal.

Tengo otras historias sobre los aos 60, pero ah lo dejo.

 
Harold Meyerson: columnista del diario The Washington Post y editor general de la revista The American Prospect, est considerado por la revista The Atlantic Monthly como uno de los cincuenta columnistas mas influyentes de Norteamrica. Meyerson es adems vicepresidente del Comit Poltico Nacional de Democratic Socialists of America y, segn propia confesin, "uno de los dos socialistas que te puedes encontrar caminando por la capital de la nacin" (el otro es Bernie Sanders, combativo y legendario senador por el estado de Vermont).
 
Fuente del artculo original: The American Prospect
Traduccin: Lucas Antn
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/otra-historia-del-68-en-chicago
 


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