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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2018

El historiador falleci despus de 50 aos dedicados al oficio y una treintena de libros publicados
Josep Fontana, un compromiso con la poltica y con la historia

Enric Llopis
Rebelin


A diferencia de lo que sucedi en 1968, el sistema es ahora incapaz de integrarlos ofrecindoles (a los jvenes) unas compensaciones adecuadas. Como los trabajadores de 1848, los jvenes de esta nueva revuelta tienen muy poco que perder y un mundo nuevo que ganar. El futuro est en sus manos. As finalizaba el historiador Josep Fontana el libro de 1.022 pginas Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945 (Pasado&Presente, 2011). Tena entonces 80 aos. Se refera en el texto al movimiento del 15-M en Espaa, a quienes en Gran Bretaa se enfrentan a la polica y asaltan los comercios, a las Primaveras rabes en Tnez y Egipto y a los estudiantes chilenos que defendan en la calle la enseanza pblica; pero tambin a las revueltas que en 2011 se produjeron en el frica Subsahariana, en pases como Gabn, Camern, Burkina Faso, Costa de Marfil o Djibouti. Y detall la conclusin que un grupo de jvenes revolucionarios panafricanos de Senegal extrajo, en mayo de 2011, de las protestas globales: todas ellas rechazaban el neoliberalismo.

Catedrtico emrito de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y con cerca de 30 ttulos publicados, Josep Fontana falleci a los 86 aos el pasado 28 de agosto. Fue testigo de un siglo. Tena 14 aos al terminar la Segunda Guerra Mundial y con 85 public El siglo de la revolucin. Una historia del mundo desde 1914 (Crtica). Respecto a su compromiso poltico, la Editorial El Viejo Topo caracteriza a Fontana como historiador marxista y militante en la resistencia democrtica al franquismo, enrolado en las filas del PSUC entre 1956 y comienzos de la dcada de los 80. Adems particip en la revista cultural y poltica (clandestina) Nous Horitzons, vinculada a la formacin comunista. En 1966 fue apartado de la enseanza durante dos aos por la dictadura; en las elecciones municipales de mayo de 2015, cerr la lista de Barcelona En Com encabezada por la actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau- junto a la activista de 95 aos Mara Salvo, expresidenta de la Associaci Catalana dexpresos poltics y torturada durante la dictadura.

Tras publicar La formaci duna identitat. Una histria de Catalunya (Eumo, 2014), Fontana afirm en una entrevista en El Peridico (Mil aos nos han ido haciendo diferentes, octubre 2014) sobre el conflicto entre el estado espaol y el independentismo: Lo nico que es seguro es que no saldr ninguno de los dos extremos. En la conferencia Espaa y Catalunya: 300 aos de Historia (Sin Permiso, 2013), resalt la existencia de una corriente poderosa y profunda de conciencia colectiva que nos ha permitido preservar la identidad y la lengua contra todos los intentos por negarla; entre los ejemplos histricos de afirmacin de la catalanidad, Josep Fontana citaba la milicia nacional armada de Barcelona principalmente menestrales- que en 1841 participaron en el intento de derribar la Ciutadela barcelonesa, construida por orden de Felipe V de Borbn; porque somos libres, porque somos catalanes, fue una de las justificaciones de los milicianos.

A partir de su tesis doctoral, en 1971 el historiador public La quiebra de la monarqua absoluta 1814-20. La crisis del Antiguo Rgimen en Espaa, revisado en ediciones posteriores. Una ojeada global a los ingresos fiscales de la monarqua espaola en el siglo XVIII muestra claramente el fracaso de la Hacienda del absolutismo, afirma Fontana en la introduccin del libro. Una de las consecuencias fue el gran agujero de la deuda pblica, que se multiplic por cuatro en la segunda mitad del siglo XVIII sin que la monarqua fuera capaz de afrontarlo.

Los efectos del endeudamiento, aade el investigador, se concretaron -a partir de 1808- en una sucesin de suspensiones de pagos, cortes de cuentas y reduccin de intereses sin acuerdo previo con los tenedores; a ello se agregaron factores como la cada de los precios agrarios tras las guerras napolenicas (a partir de 1815), que afectaron especialmente a la monarqua hispnica; y las guerras de independencia en las colonias americanas (en 1824 se produjo la derrota espaola en Ayacucho). Perdidos los mercados coloniales, el Antiguo Rgimen no tena nada que ofrecer a la burguesa industrial, escribe en Cambio econmico y actitudes polticas en la Espaa del siglo XIX (Ariel, 1973); los fabricantes observaron entonces que vivan en un pas atrasado, sometido a unas oligarquas de carcter feudal. En la citada obra, el que fuera catedrtico de las universidades de Valencia y Autnoma de Barcelona resalta que -a diferencia del modelo francs- en Espaa el Antiguo Rgimen se liquid mediante un pacto entre la burguesa liberal y la aristocracia latifundista, con el arbitraje de la monarqua; se sacrific al campesinado, gravemente perjudicado por las apropiaciones de tierras y bienes comunitarios. La reforma agraria liberal se hizo en buena medida para preservar los derechos de los propietarios, conclua el historiador en una conferencia en la Universitat de Valncia en 2014.

Asimismo, cuando hace ms de cuatro dcadas el discpulo de Pierre Vilar, Vicens Vives y Ferran Soldevila analizaba los orgenes del movimiento obrero en Espaa, seal el camino que recorrieron inicialmente, entre 1856 y 1868, las asociaciones obreras junto al republicanismo. Despus el movimiento que reuna al proletariado industrial, los braceros campesinos y los artesanos de oficios tradicionales se hizo autnomo y declar apoltico, con lo que manifestaba su rechazo a la poltica oficial. En Cambio econmico y actitudes polticas en la Espaa del siglo XIX, Fontana destaca que en 1857 la provincia de Barcelona representaba un tercio de la produccin industrial del estado espaol. La jornada de trabajo en la industria algodonera (que empleaba a cerca de 100.000 obreros, de los que entre el 10% y el 20% eran nios) oscilaba entre las 12 y las 15 horas diarias; el texto inclua el testimonio de un notable industrial y dirigente de la conservadora Lliga de Catalunya, Ferran Alsina, quien caracteriz los centros de trabajo de la poca como de escasa capacidad, mal ventilados, faltos de luz y casi siempre hmedos en exceso, a lo que se agregaba la explotacin laboral infantil.

El catedrtico de Historia e Instituciones Econmicas dedic una parte de su obra a la reflexin historiogrfica. En La historia de los hombres: el siglo XX (Crtica, 2002) se opona a una imposible neutralidad acadmica o postmoderna, que por otra parte no impedir que los poderes sigan haciendo un uso adoctrinador de la Historia. Aada que el historiador trabaja siempre con la mirada puesta en el presente, y que lo esencial no eran el mtodo y la teora, sino contribuir a un mejor entendimiento del mundo para mejorarlo; se apoyaba para reforzar esta idea en una carta del marxista francs Pierre Vilar, redactada en febrero de 1957: Si no creyese a la ciencia histrica capaz de explicacin y de evocacin ante la desgracia y grandeza humanas, no pasara mi vida en medio de cifras y legajos. Otro referente que menciona es Marc Bloch, quien tambin defenda la Historia como un esfuerzo para conocer mejor; por lo tanto una cosa en movimiento. Bloch fue uno de los fundadores de la Escuela de los Annales, particip en la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y muri fusilado por la ocupacin nazi en 1944.

A los dos historiadores franceses Fontana una la figura de E. P. Thompson, autor de La formacin histrica de la clase obrera en Inglaterra (1963). Thompson combati el marxismo estructuralista de Althusser, estudi las costumbres en comn de los siglos XVIII y XIX y en los aos 80 del siglo pasado milit en el pacifismo; los medios acadmicos le miraron con recelo y se sintieron aliviados cuando no mostr ninguna voluntad de hacer carrera, destac el investigador cataln. Josep Fontana fue partidario asimismo de la Historia Total (y alejada del eurocentrismo) que defendieron Hobsbawm y Vilar; tambin carg contra la aspiracin a una historia postmoderna y huidiza de la realidad, y reprodujo algunas de las crticas a Foucault: Haca unas teorizaciones expresadas en lenguajes codificados y con un vocabulario esotrico, apto slo para los iniciados.

Frente a las especializaciones desmesuradas, en Lofici dhistoriador (Arcadia, 2018) resume 50 aos de acercamiento a mltiples campos de estudio. As, incluye un artculo sobre los efectos de la Revolucin Rusa, tangibles en la obsesin anticomunista que atraves a las clases dominantes de todo el mundo y alcanz, por ejemplo, a la II Repblica espaola. Fontana avala esta tesis con la carta que el embajador Estadounidense en Espaa, Irwin Laughlin, remiti al Departamento de Estado a los dos das de proclamarse la Repblica: El pueblo espaol, con su mentalidad del siglo XVII, cautivados por falsedades comunistoides, ve de repente una tierra prometida que no existe; () y si la dbil contencin de este gobierno deja paso, la muy extendida influencia bolchevique puede capturarlos; la profesora de la Universitat de Valncia, Aurora Bosch, destaca en el artculo Washington y las posibilidades de la II Repblica espaola, 1931-1936 una misiva fechada en 1930 de Laughlin al secretario de Estado, Henry Stimson, en la que afirmaba que el PSOE planeaba una Repblica similar a la de la Unin Sovitica, si bien es cierto que ms moderada. La historiadora agrega que The Washington Post suspiraba por un Mussolini espaol que evitara la inestabilidad y el comunismo, una posicin que no comparta The New York Times.

En otro captulo del libro, Fontana se centra en la burguesa catalana beneficiada por el franquismo, lite que incluye a industriales y financieros como Jaime Castell Lastortras, to del actual presidente de la CEOE, Juan Rosell, y empresario que tuvo el control del Banco de Madrid, el Banco Cataln de Desarrollo y el peridico Tele Exprs; o a Manuel Ortnez Mur, empresario del textil, representante de la banca suiza y especialista en evasin de capitales, resalta el historiador. Pero Josep Fontana no perda de vista el presente. En las ltimas pginas de Por el bien del Imperio, critica la irracionalidad del sistema con los datos de la ONU sobre el hambre en el mundo. El pasado 11 de septiembre Naciones Unidas inform de que 821 millones de personas padecen una carencia crnica de alimentos o estn subalimentadas, registro que ha aumentado durante los ltimos tres aos y se sita ya en los niveles de hace una dcada.

Fuente de la imagen: Universidad Pompeu Fabra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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