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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2018

La verdad sobre Cuba no puede ser administrada

Raul Garcs
Cubadebate


En un discurso memorable en el ao 2005, Fidel Castro advirti que uno de los errores que cometimos como pas socialista fue pensar que alguien saba, a ciencia cierta, cmo se construa el socialismo, que alguien tena una frmula, que podamos convertir la experiencia sovitica en una serie de leyes y escribir en manuales invulnerables cierta interpretacin del marxismo-leninismo.

Hoy sabemos y lo sabemos muy bien que el socialismo no es una frmula mgica ni una pocin que pueda construirse con un grupo de ingredientes predeterminados. El socialismo es el resultado de una prctica social diversa que ha generado mltiples experiencias, modelos, formas de organizacin poltica, maneras de conquistar el poder. El socialismo real? del que ya casi nadie se acuerda, el modelo chino? el ecuatoriano? el venezolano? No ha habido socialismo resultado de una evolucin natural del desarrollo de las fuerzas productivas. Toda prctica socialista se ha tenido que forjar en medio de la confrontacin para desplazar a la burguesa del poder, en medio de una profunda lucha de clases, en medio de batallas simblicas violentas entre el nuevo orden y el precedente.

Debiramos reconocer que el liberalismo ha sido ms o menos exitoso en posicionar determinadas invariantes de esa batalla simblica y presentarlas, no como conceptos o formas de pensamiento ajustados a determinadas coyunturas y a determinadas formas de organizacin poltica que es la forma de organizacin poltica liberal, sino venderla como verdades universales, como definiciones ahistricas, que trascienden el tiempo y que son perfectamente aplicables a cualquier poca, circunstancia o geografa.

En realidad, aunque las definiciones de derechos humanos, sociedad civil, libertad de expresin, libertad de prensa, se presentan muchas veces como resultado de profundos consensos y no se apellidan, lo cierto es que la libertad de expresin liberal, la libertad de prensa liberal y la sociedad civil liberal as como sus orgenes, debates y aparatos deliberativos estn profundamente enraizados en el liberalismo.

Nosotros, desde el socialismo, a mi juicio, hemos cado en una trampa: dedicarnos a responderles a los otros, ms que a encontrar alimento terico y fundamento para nuestras propias interpretaciones de estos temas. Esto, por supuesto que tiene sus causas, en esa lgica de confrontacin que comentaba al principio, en la que ha tenido que sobrevivir nuestro socialismo, y en el encuadre de un modelo de discurso pblico que, acostumbrado a generarse dentro de una plaza sitiada, termina siendo ms reactivo que proactivo. Se concentra ms en combatir en medio de contingencias comprensibles, que en hacer ciencia sobre nosotros mismos.

Lo primero que quiero defender del libro de Rodolfo y de Elier es que expone sin complejos, sin pedir perdn, sin esconderse detrs de retricas o artilugios, nuestra posicin sobre cinco temas polmicos de la sociedad cubana: el sistema poltico, el sistema de prensa, los derechos humanos, la sociedad civil y las relaciones Cuba-Estados Unidos. Lo hace de manera sencilla, fcilmente comprensible, para que todos podamos involucrarnos en una discusin que no corresponde a los intelectuales, ni a la clase poltica, ni a los jvenes universitarios. Le corresponde a toda la sociedad.

La verdad sobre Cuba no puede ser administrada, ni segmentada por cuotas que se distribuyen mensualmente como en una libreta de abastecimientos. La verdad sobre Cuba, para que se expanda, tiene que brotarnos de las entraas y esparcirse por todas partes: tienen que verla en el aeropuerto Jos Mart los cientos de miles de norteamericanos que estn viajando a este pas expuestos hoy predominantemente a anuncios de Habana Club u otros productos cubanos, o percibirla en los hoteles de la Isla quienes contactan directamente con nuestros servicios, o notarla en Facebook o en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana, a travs de la inteligencia, audacia, osada y espontaneidad de nuestros jvenes. Si el discurso de la comunicacin poltica nuestra no se parece a nosotros mismos, a nuestra alegra, a nuestro sentido del humor, a nuestro carcter provocador frente a las cosas, es difcil que conecte con las audiencias en Cuba y, menos an, con quienes nos miran desde el exterior.

Otra trampa en la que hemos cado a la hora de articular el discurso de nuestra comunicacin poltica es responder a la altisonancia externa con la altisonancia domstica. Si nos dicen que somos una dictadura, alegamos que somos el pas ms democrtico del mundo. Si nos acusan de violar los derechos humanos, aseguramos que Cuba es la nacin donde ms se defienden. Si cuestionan nuestra sociedad civil, replicamos que tenemos la sociedad civil mejor estructurada del planeta. Por ese camino, perdemos la oportunidad de presentarnos como un pas normal, con virtudes y defectos, sometido ciertamente a muchos acosos, pero capaz de sobreponerse a ellos gracias a la inventiva, el entusiasmo y la resistencia de un pueblo extraordinario.

Un mrito de este libro es hablar desde los matices; alejarse de los extremos, de los estereotipos, de las frases hechas y los discursos manidos. En lo que a nuestra prensa se refiere, no tenemos la comunicacin que quisiramos, tenemos la que hemos podido conquistar en medio de las difciles condiciones que han marcado la historia del pas en los ltimos cincuenta aos. Ni tenemos el mejor sistema comunicativo del mundo, ni hemos sabido utilizarlo siempre de la manera ms ptima.

Desde tiempos en que el terico espaol Manuel Martn Serrano escribi su libro La produccin social, en 1976, es una verdad de Perogrullo decir que la comunicacin es un fenmeno mediado, intervenido por las circunstancias econmicas, polticas y culturales que rodean la construccin del discurso pblico. Hemos hablado en las ltimas dcadas, para decirlo en cubano, con la soga al cuello. Miren la reaccin de la prensa norteamericana despus del 11 de septiembre, luego del encuadre impuesto por George Bush en el discurso poltico: o estn conmigo o estn contra m. Miren la reaccin de la prensa norteamericana durante la guerra de Vietnam, o en la del Golfo, o en la de Irak. Judith Miller, en el ao 2003, periodista del New York Times y una de las mayores artfices de la mentira sobre las supuestas armas de destruccin masiva de Sadam Hussein, ha pasado a la historia como una de las mayores decepciones de la libertad de expresin en su pas. Cuando le preguntaron por qu reproduca sin cuestionrselas las historias del presunto armamento qumico iraqu, su respuesta fue de Records Guinness: yo, simplemente, digo lo que me dicen.

En torno a la prensa cubana, no se encontrar en este libro un panegrico. Eso s, hay una comprensin reposada de nuestras mediaciones, de nuestros errores, y de la posibilidad enorme que se abre en lo adelante, despus del contexto del 17 D, de corregir el tiro y hacer los ajustes estratgicos que correspondan, incluso dentro de las condiciones de plaza sitiada prevalecientes an entre nosotros.

Yo, particularmente, quisiera utilizar el libro para subrayar algunas oportunidades que deberamos gestionar a la ofensiva: primero, el hecho de que entendemos la comunicacin hoy como recurso estratgico de desarrollo, que atraviesa todos los procesos de gestin del desarrollo del pas. Hay que potenciar el consenso sobre la base de construir el tejido social comunicativamente. Hay que aprovechar las tecnologas para articular a todos los actores posibles e involucrarlos en la comunicacin del pas, y hay que gestionar un sistema de comunicacin pblico, que es ms que un sistema de comunicacin estatal, que tiene que ver con reivindicar una relacin ms funcional entre las agendas mediticas y las agendas pblicas, que es lo mismo que acercar cada vez ms la prensa a los intereses de los ciudadanos.

Por ltimo, quiero redondear una idea, que ha estado revoloteando en los prrafos anteriores, pero prefiero aterrizarla ahora directamente: si el libro de Elier y Rodolfo fue til siempre, es absolutamente oportuno e imprescindible ahora. En el escenario posterior al 17 de diciembre de 2014, lo que fue la batalla de Playa Girn en 1961 hoy es una guerra de smbolos. Los tanques de guerra actuales son los medios de comunicacin, la blogosfera y las redes sociales. Vienen con todo: a proponernos lecturas idlicas y desproblematizadas del pasado, a imponernos relecturas de figuras histricas, a pintarnos La Habana de los aos cincuenta como una ciudad inundada de rascacielos, a convencernos de que, por ejemplo, los hospitales de Greys Anatomy son la ms objetiva realidad de la salud pblica norteamericana y a captar a nuestros talentos ms jvenes para deslumbrarlos con un ecosistema de tecnologas, innovacin y prosperidad econmica.

No hay otra respuesta posible que fomentar un ambiente de amplia participacin, de muchos libros como este, discutidos entre nosotros, de un entorno deliberativo capaz de identificar las mejores ideas como parte de una visin estratgica de pas en lo poltico, y tambin en lo comunicativo. Hay que interpretar, adaptarnos a las nuevas circunstancias y modernizar el significado de una frase sabia de Jos Mart: de pensamiento es la guerra que se nos hace, ganmosla a pensamiento.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2018/09/04/la-verdad-sobre-cuba-no-puede-ser-administrada/#.W5tHyRTBBkV



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