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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2018

Restauracin neoliberal en Amrica Latina

Jess Gonzlez Pazos
Viento Sur


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Distintas corrientes de pensamiento poltico y los poderes mediticos correspondientes nos hablan desde hace tiempo de que Amrica Latina, despus de dos dcadas de gobiernos de izquierda y de su hipottico fracaso, asiste hoy a la restauracin neoliberal como nica alternativa viable. Sin embargo, es muy posible que el inicio de este proceso de restauracin no sea resultado de estos ltimos dos o tres aos y fruto principalmente del agotamiento del modelo progresista, tal y como nos pretenden hacer creer.

La restauracin neoliberal tiene sus races evidentes, por lo menos hace ya casi una dcada. Concretamente desde el golpe de estado en Honduras, en 2009. Aunque si furamos muy rigurosos, los primeros asaltos se producen en Venezuela con el fracasado golpe contra el presidente Hugo Chvez en 2002, el paro patronal petrolero y el boicot econmico continuado. Es decir, los intentos de restauracin neoliberal son casi paralelos a los primeros pasos de los gobiernos progresistas mostrando as un irrespeto absoluto a los propios procesos democrticos que estos sectores neoliberales y oligrquicos decan defender. Nunca aceptaron sus derrotas precisamente en aquel campo, el de la democracia representativa, que consideraban suyo. Las transiciones a la democracia al estilo espaol se haban convertido en la forma de gobierno idneo para que todo quedara, en cierta forma, bajo el dominio de los mismos sectores oligrquicos que haban dominado la escena dictatorial, aunque ahora con una apariencia democrtica; como se suele decir en el estado espaol, que todo quedara atado y bien atado.

Pero, tal y como explicit uno de los principales defensores del neoliberalismo, S. Huntington, la democracia no es necesariamente para todos y especialmente tiene sus lmites para el caso de que no opere en funcin de los intereses del sistema. La democracia es slo una de las maneras de constituir la autoridad, y no es necesariamente aplicable universalmente. El funcionamiento efectivo de un sistema democrtico requiere cierto nivel de apata y de no participacin por parte de algunos individuos y grupos () Hay tambin potencialmente lmites deseables a la extensin indefinida de la democracia poltica. Por eso, cuando esa democracia no sirve a los intereses econmicos y polticos dominantes, cuando se ha perdido incluso en el campo marcado de la democracia representativa, esos sectores inician un decidido proceso de restauracin a cualquier precio: golpes de estado blandos o institucionales, impeachments, sabotajes y bloqueos econmicos y cualquier accin que sirva para desgastar a los gobiernos legtimos, incluida la acusacin de tiranas o dictaduras por muchos procesos electorales que se hayan limpiamente ganado.

As, un recorrido rpido por la ltima dcada en Amrica Latina nos permite identificar claramente golpes de estado exitosos, adems del ya citado en Honduras (2009), el institucional en Paraguay (2012) y el impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil (2016). Intentos fracasados de golpes ms duros como el llamado cvico-prefectural de Bolivia (2008) y el policial en Ecuador (2010). Y a ese modo de accionar siempre ha estado complementariamente unido otro camino que podramos definir como el del golpe estado econmico. El desgaste de las capacidades de transformacin de los diferentes gobiernos progresistas ha tenido un eje central en los sabotajes y boicots econmicos, generalmente acompaados de presiones en este mismo campo por gobiernos extranjeros como es el caso de Estados Unidos y Europa. Cierto es que al agravamiento de estas actuaciones, no hay que soslayar la crtica, han contribuido tambin los errores de previsin y planificacin, o la falta de decisin firme por el cambio de la matriz productiva (modelo econmico primario-exportador altamente dependiente de los mercados) en esos procesos de transformacin de muchos de estos gobiernos progresistas.

Llegaramos, ahora s, al proceso de restauracin neoliberal de los aos ms recientes, donde los desgastes y agotamientos en algunos gobiernos se han visto sobredimensionados por el ataque redoblado de esta ofensiva que podramos definir como abiertamente contrarreformista. De esta forma, la tendencia hacia gobiernos progresistas de los primeros aos de este siglo XXI se ha visto hoy radicalmente alterada por esa ofensiva de restauracin neoliberal y parece que sta es la dominante hoy en el continente. Hacemos aqu un parntesis para resaltar que este proceso de restauracin no es necesariamente una caracterstica exclusiva de Latinoamrica. Por el contraro la ola conservadora y derechista se vive igualmente en el norte de ese mismo continente y en la vieja Europa, agravada por un claro ascenso o envalentonamiento de las tendencias ms ultras o directamente fascistas, machistas y xenfobas.

Pero Amrica Latina est en estos momentos aplicando elementos previsores cara al futuro para afianzar esa restauracin neoliberal. Interesa ahora y de forma complementaria a todo lo hasta aqu sealado introducir un nuevo factor de ese proceso restaurador neoliberal: la difamacin, desprestigio y desgaste de los liderazgos populares para hacerlos extensibles, ms all de stos, a la propia opcin poltica que representaron. Se pretende de esta forma el desprestigio de las opciones progresistas, el famoso todos son iguales, y que la poblacin no vuelva a ver en stas sino un ms de lo mismo, atajando cualquier veleidad por activar nuevamente verdaderos procesos de transformacin.

Y esto explica el trasfondo de los mltiples procesos abiertos por corrupcin o similar contra liderazgos que fueron (y pudieran volver a serlo) clave en diferentes procesos populares de las ltimas dos dcadas. Ms all de la verdad o mentira que pueda acumularse en los procesos contra Rafael Correa, Cristina Fernndez de Kichner o Lula da Silva, lo que interesa verdaderamente a la restauracin es golpear a los sectores populares con el desencanto y la despolitizacin. Se trata de conseguir as, algo sobre lo que hablaba Huntington, como es elevar el nivel de apata y de no participacin de determinados sectores. Solo de esta forma se cerrar el paso a futuros posibles procesos antineoliberales, porque precisamente es en estos sectores donde residen las reales capacidades de transformacin social, poltica y econmica, tal y como se demostr durante las dcadas del llamado ciclo progresista. Por lo que su apata y no participacin garantizara que la democracia representativa y el sistema volver a ser controlado por quienes lo disearon para su exclusivo beneficio personal y corporativo.

Y si hasta ahora hablamos de la restauracin neoliberal en determinados pases que fueron parte de ese ciclo de progreso, no se puede olvidar que otra parte de esta restauracin reside en el reforzamiento de esa tendencia en aquellos otros pases que nunca dejaron de ser parte de ella. Hablamos de pases como Per, Colombia o la prctica totalidad del espacio centroamericano con Guatemala posiblemente como mximo representante de un modelo de pas y sistema al servicio enteramente de sus clases oligrquicas y, como dicta el modelo neoliberal, de las transnacionales.

Y todo ello, sin olvidar que ese sistema neoliberal, permanente en unos casos y restaurado en otros, nuevamente emerge desde su fracaso anterior a las ltimas dos dcadas, que arrastr a las grandes mayoras a la ms absoluta miseria en sus condiciones de vida y derechos fundamentales. Emerge desde ese fracaso para volver a mostrar otro (Brasil corrupcin y ultraderecha, Argentina al borde de la quiebra y con brutales recortes) que lleve, una vez ms, a esas mismas grandes mayoras a un nuevo sistema de pura supervivencia en el empobrecimiento, mientras las lites se seguirn enriqueciendo y controlando las esferas de poder.

As, todas estas actuaciones, encadenadas, coordinadas y complementarias si bien han podido conseguir poner en cuestin y riesgo a los modelos progresistas de las ltimas dcadas, tienen, sin duda, otra conclusin evidente. La restauracin conservadora neoliberal no solo no es la alternativa a nada pues ya demostr repetidamente su fracaso, sino que se est construyendo sobre el carcter claramente antidemocrtico que subyace en las clases dominantes, mercados incluidos, queriendo volver a repetir el viejo sistema de dominacin.

Jesus Gonzlez Pazos . Miembro de Mugarik Gabe

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article14166



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