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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2018

Clase social & Feminismo
Clase obrera se escribe en femenino y plural

Josefina L. Martnez
https://ctxt.es/es/

La mujer es una fuerza laboral de primer orden en el mundo y el movimiento internacional de mujeres introduce el mensaje de que es posible rebelarse contra las condiciones de opresin y explotacin laboral.


Nunca en la historia del capitalismo la clase trabajadora ha estado tan feminizada como ahora. Si a las cifras de la fuerza laboral global se suma el trabajo sumergido y el trabajo de cuidados en los hogares, se puede afirmar que la mayora de las personas que trabajan son mujeres.

Si nosotras paramos, se para el mundo: la huelga global del pasado 8M expres esta profunda transformacin, as como la potencialidad de un movimiento de mujeres que acta como catalizador de las luchas contra la violencia patriarcal, la precariedad capitalista, la opresin racial y sexual.

Las mujeres trabajadoras son hoy nada menos que el 40% de la fuerza laboral del planeta, segn estimaciones de la Organizacin Mundial del Trabajo. Esta cifra contiene importantes desigualdades por regiones: mientras en la zona euro y en Norteamrica est en torno al 46%, en Latinoamrica y el caribe y en regiones como China por encima del 41%, cae al 20% en regiones como Medio Oriente y norte de frica, y vuelve a rozar el 50% en pases de frica subsahariana. Los datos consideran tan solo a personas que trabajan a cambio de una remuneracin o que buscan activamente trabajo. Pero no incluyen la gran masa de trabajo invisible realizado por mujeres en los hogares: el cuidado de nios, enfermos y personas dependientes, la preparacin de alimentos, lavado y arreglo de ropa, limpieza, etc.

Tomado de conjunto, el siglo XX muestra una lnea ascendente de la participacin femenina en el mercado laboral, pero sta pega un salto notable desde 1970, llevando la curva a sus niveles ms altos. En Estados Unidos, las mujeres eran 22.8% de la fuerza laboral en 1910, casi el doble en 1960, y un 56.8% en 2016. En Espaa fue ms lento, la fuerza de trabajo femenina se mantuvo por debajo del 15% desde 1910 hasta 1970 cuando comenz un ciclo creciente hasta alcanzar ms del 46% en 2017.

El auge neoliberal implic la expansin del trabajo industrial y de servicios en nuevas regiones del planeta hasta entonces predominantemente rurales. Tambin implic la multiplicacin de formas de subcontratacin, trabajo parcial, externalizaciones y trabajo precario, ocupado en gran parte por mujeres. En los pases ms pobres, la feminizacin del trabajo es especialmente alta, siendo mayoritario entre las mujeres el trabajo informal 86% en la India y por encima del 70% en pases como Bolivia, Per, Pakistn o Indonesia.

Las tareas que realizan las mujeres en millones de hogares son invisibles para las estadsticas laborales, pero, como explican las feministas desde la Teora de la Reproduccin Social, el capital necesita la reproduccin de la fuerza de trabajo: para que los trabajadores puedan volver cada da a la fbrica o la oficina, tienen que comer, vestirse y descansar. Los recortes y privatizaciones neoliberales en la educacin pblica, los servicios sociales y la sanidad, recargan an ms la doble jornada laboral femenina. El tiempo dedicado por las mujeres a los cuidados es mucho mayor que el que ocupan los hombres en esas tareas. Mientras en Francia les consume el doble de tiempo a ellas que a los hombres, en pases como Espaa o Argentina las mujeres trabajan tres veces ms que ellos en las actividades domsticas no remuneradas. En pases como la India la proporcin es de 10 a 1.

Cuando una mujer avanza

En los ltimos aos, colectivos de mujeres han tomado protagonismo al frente de luchas laborales. Si se puede, si se puede, si una mujer avanza, ningn hombre retrocede: es el canto de las trabajadoras de Coca Cola. Las Espartanas son un smbolo de las luchas obreras en Espaa. Son trabajadoras, madres, hijas y esposas de trabajadores que enfrentan a la multinacional.

Mujer es femenino, y nmero plural: estamos hasta el coo de violencia laboral: as lo expresaban las camareras de piso agrupadas en Las Kellys durante una concentracin del 8M. Tambin se han hecho escuchar las trabajadoras del centro logstico de HM en Madrid con una huelga indefinida, las empleadas de residencias de Bizkaia, las teleoperadoras del servicio 016 contra la violencia de gnero, los colectivos de trabajo domstico o las temporeras de la fresa en Huelva. Un fenmeno que se replica a nivel internacional con la gran huelga de las maestras de West Virgina y las trabajadoras de hoteles Hilton de Stamford en Estados Unidos, las inmigrantes limpiadoras de estaciones de trenes en Pars, o las enfermeras en huelga en los hospitales de la India.

La dinmica del movimiento feminista internacional parece estar estimulando a las mujeres trabajadoras, precarias y mal pagadas, renovando su confianza para convertirse en avanzada de las luchas laborales. Se contagia entre las mujeres la idea de que es posible rebelarse contra las condiciones de opresin y explotacin laboral. Percibir esta dinmica es necesario para evitar un doble error. Por un lado, considerar a la clase obrera como un sujeto abstracto, sin gnero -lo que convierte al masculino en universal mientras se invisibilizan las reivindicaciones de las mujeres-. Pero tambin el simtrico opuesto: construir un sujeto femenino indefinido, sin clase, dejando de lado el hecho de que la mayora de las mujeres son trabajadoras, precarias, inmigrantes y pobres.



Fuentes:

http://ctxt.es/es/20180912/Politica/21614/Josefina-L-Martinez.htm

International Labour Organization, ILOSTAT database. Noviembre 2017.

Working women: Key facts and trends in female labor force participation, Our World in Data, 2017.




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