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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2018

Deberamos recordar ms, y mejor

Norge Espinosa Mendoza
Tremenda Nota


Tremenda Nota pregunt a varios artistas e intelectuales cubanos sobre el Decreto 349. Casi todos y todas callaron o alegaron no contar con suficiente informacin. Uno de los que decidi hablar es el poeta, dramaturgo, crtico y activista LGBTIQ+, Norge Espinosa Mendoza. Hoy publicamos las reflexiones del autor de Vestido de novia.

 

Para seguir recordando a Desiderio Navarro


Con el dilogo reactivo, esa maniobra tan propia de los cubanos, se ha respondido hasta ahora a la aparicin del Decreto 349, que public la Gaceta Oficial el pasado 20 de abril con la firma del actual presidente de la nacin.

Desde entonces se ha polarizado la discusin (no exactamente debate) alrededor de dicho documento que regula el trabajo de artistas en nuestro pas y propone, quirase o no, una marca en el terreno de lo posible y permisible en las obras de los creadores. Una barrera que va lo mismo hacia la negacin del uso de smbolos patrios en esas producciones, que contra el lenguaje soez y lesivo a la dignidad humana. Y que traza un crculo rojo alrededor de la posible contratacin de artistas, aclarando que solo se permitir tal cosa a los que tengan un respaldo institucional. Esas y otras aristas del documento, han desatado las ms diversas reacciones.

Una de ellas, la que cree que tal decreto va directo al corazn de los reguetoneros, como si fueran los nicos que apelan a un discurso sexista, machista y homofbico en la cultura cubana de hoy. Que sean ellos quienes lo hayan espectacularizado y diseminado con mayor mpetu, no los hace los nicos exponentes de tal cosa, a la cual se quiere poner coto ahora, tal vez ya demasiado tarde.

Que un grupo de creadores independientes haya respondido al decreto con performances y acciones diversas, ech ms lea al fuego, poniendo en evidencia otros costados vulnerables no solo de lo que, en trminos de ley, entendemos hoy en Cuba acerca de la cultura sino, adems, de sus ramificaciones en pos de expresiones abiertas en otras reas, sitios y plataformas. Y es que aunque el decreto se firm en abril, no deja de traer a la mente de algunos temores bien fundados, porque la memoria existe como una vlida seal de advertencia.

Que el gobierno de Cuba, a travs de su Ministerio de Cultura (Mincult), se pregunte por los contenidos y temticas de las obras de arte que estn al alcance de la poblacin, nuestras o forneas, no debiera preocuparnos. Que esa actitud diseccione a partir de otros cdigos lo que resulte vlido en la creacin y los elementos conceptuales de esos discursos, s. Sobre todo si ello desencadena acciones basadas en criterios que el documento an no revela, y que pone en mano de un grupo de supervisores del Mincult la potestad de discriminar qu se debe y no se debe difundir, qu obra puede ser calificada de lesiva o pornogrfica, o cul puede ser el tono o la clave de esa obra que infrinja las disposiciones legales que regulan el normal desarrollo de nuestra sociedad en materia cultural. La propia frase implica una normalizacin de la creacin artstica que bastara para replantearnos un dilogo firme y abierto con entidades culturales y quienes son su propia razn de ser.

Los artistas y creadores cubanos, incluso los que pueden estar de acuerdo con parte de lo que aqu se implementa, deberan haber sido consultados acerca de este tema, y ahora reciben el decreto como una suerte de bola caliente que se les llega sin demasiadas advertencias. El documento pone en una misma lnea de control acciones y tendencias diversas, y a todas les impone un cdigo de conducta que, de no ser cumplido, podra penalizar con dureza.

Faltando el debate previo, las discusiones y reacciones que desencaden el Decreto 349 parecen ahora cosa que viene tardamente, pues la fecha de aplicacin de estas normativas se acerca, y los espacios donde se esperara que las propias instituciones cubanas de la cultura expusieran sus pro y sus contra al respecto, siguen silenciosos salvo rarsimas excepciones.

Entre las cosas que ms me preocupan est la palmaria imposibilidad que ahora mismo tenemos en Cuba para estructurar dilogos coherentes y argumentados acerca de algunos puntos lgidos de nuestra realidad. Y el desaprovechamiento, y la desconfianza, de ciertas plataformas y niveles dentro de nuestro propio sistema, a travs de los cuales se podra obtener una visin transparente y orgnica de qu cambios tenemos, necesitamos y podemos discutir ms all de las reacciones inmediatas.

Mi preocupacin ms urgente radica ah, en el surgimiento de esa nueva especie que sern los supervisores, a los que se les entregar el poder de calibrar positivamente o no el quehacer de nuestros creadores. Sern artistas comprometidos a juzgar la obra de sus iguales, o funcionarios? Operarn a partir de un sistema de dilogo con la mxima direccin, o decidirn entre ellos, ya en la capital o en las provincias, qu debe o no estar en el Index?

Desde el teatro cubano, la zona en la que me muevo con mayor amplitud, y que tambin ha sido la gran vctima de purgas y equivocaciones que no pueden restaarse con el lamento tardo, sumo mis preocupaciones a las de varios colegas.

Entre esos usos prcticos de la memoria, busco en mi propia historia cultural seales que me ayuden a tener una visin ms clara de lo que se avecina, de lo que es inminente, y que hay que asimilar ya como desafo. Pero al mismo tiempo me digo que no son las pocas de esos maestros, que tampoco son los aos 70, que estamos en el tiempo de los millenials, y que la cultura, para ser, debe ser siempre un territorio de nuevas y posibles libertades.

Que este decreto exista es un sntoma innegable: la visibilizacin de que en nuestra cultura hay ahora mismo conflictos y un determinado grado de deterioro que ataca lo que alguna vez cremos poda funcionar en cierto mbito, y que desgraciadamente ya no opera en esa direccin.

Que esa preocupacin ocupe, primeramente, a los propios creadores, y que puedan crearse alianzas entre ellos y la estructura de poder para solventarlos, en un instante donde cualquier ingenuidad resultara muy cara, debera haber sido el punto de arrancada de acciones y documentos que, con mayor claridad, asimilaran las voces de todas las partes implicadas, y nos hicieran sentir ms tranquilos, o mejor convocados, que es quizs lo esencial, a obrar en pro de ello.

Satanizar el arte alternativo, las frmulas de creacin independientes, significa olvidar que en la historia del arte es, justamente, desde esos mrgenes, que han surgido varios movimientos liberadores. Toca al artista vivir su desafo, y al Estado ser eco de los mismos, nunca pasivo, pero tampoco sordo y ciego cuando de articular dilogos y controversias impostergables se trate.

Reducir la voluntad y necesidad de orden a un catlogo cerrado de posibilidades suele generar desconfianza y abroquelamientos. Y aunque no falte quien crea que ya sabr el artista cubano burlar las sospechas de los posibles supervisores, creo que la hora del pas que emite esta regulacin debera estar marcada por una apertura ms inteligente, teniendo en cuenta que otros asuntos, no menos preocupantes, deberan reclamar la misma, sino mayor, atencin por parte de nuestros dirigentes.

Que no se trata solo de los artistas, sus talentos respectivos, y de sus discursos. Sino tambin de la educacin en la casa y la escuela, el modo en que cada ciudadano responde a las urgencias de su cotidianidad, el orden que la cultura le brinda para asumirlo o superarlo, y la manera en que, desde la Poltica, nos entendemos como ciudadanos verdaderamente cultos. Y en eso, como van demostrando los debates sobre algunos puntos del Proyecto de Constitucin, en Cuba an nos falta por hacer.

Hace justamente 50 aos, tres piezas importantes de la cultura cubana contempornea eran motivo de escrutinio. En el premio UNEAC fueron galardonadas Los siete contra Tebas, pieza teatral de Antn Arrufat sobre el original de Esquilo, y Fuera de juego, poemario de Heberto Padilla. A inicios de ese 1968, Virgilio Piera se alzaba con el Premio Casa de las Amricas con Dos viejos pnicos, su drama articulado sobre los referentes de Ionesco y Beckett pero adaptados a la idea de un miedo que el autor tena por muy suyo.

Tales autores, y sus obras, pagaron lo suyo: ostracismo por varios aos, y en el caso de los dramaturgos, tardaron casi veinte y cuarenta aos, en cada caso, para que sus dilogos llegaran al auditorio. La poesa civil de Padilla ha reaparecido en algunas antologas, como Las palabras son islas. La prensa cultural cubana no ha recordado an el cincuentenario de esos galardones. Nos cuesta recordar y sacar las debidas lecciones de ciertas historias, a fin de no repetir silencios y distanciamientos. Esos retornos nos sirven como seales de alerta. En pos del dilogo mayor que es la Cultura, deberamos recordar ms, y mejor.

Fuente: http://www.tremendanota.com/?p=3491

 


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