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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2018

Lo indefendible: Idlib y la izquierda

Leila al Shami
Leila's blog

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn Hijs.


El sbado pasado los ataques areos del rgimen y rusos se intensificaron en Idlib en lo que parece ser el preludio de la campaa anunciada para recuperar el control de la provincia. Solo un da antes, miles de hombres, mujeres y nios sirios tomaron las calles en ms de 120 ciudades y pueblos en las restantes reas liberadas coreando el lema elegimos la resistencia.

Se manifestaban por sus vidas. Idlib alberga en la actualidad a tres millones de personas, un tercio de las cuales son menores. Ms de la mitad de la poblacin actual son desplazados o han sido evacuados por la fuerza a la provincia desde otros lugares. Tienen escasas opciones para huir del asalto. Las fronteras estn cerradas y no quedan zonas seguras. Pero no quieren ser expulsados de sus hogares por la fuerza. En las protestas muchos portaban pancartas en las que se lea el rechazo al llamamiento del enviado de la ONU Staffan de Mistura solicitando que los civiles sean evacuados a zonas controladas por el rgimen, donde podran desaparecer en cmaras de tortura o ser reclutados por la fuerza, como les ha sucedido antes a otros. La 'reconciliacin' en el contexto sirio significa volver al sometimiento, a la humillacin y a la tirana.

Las pancartas y las consignas lo dejaban claro: el objetivo de las protestas era evitar un ataque del rgimen y de los que le apoyan, mostrar al mundo que hay civiles en Idlib cuyas vidas estn amenazadas, y seguir afirmando su rechazo a Assad. Entre la multitud resonaba el lema as shaab yurid isqat al nizam (la gente quiere la cada del rgimen) rememorando los primeros das del levantamiento. No solo protestaban por el fascismo interno sino tambin por los imperialismos extranjeros, el de Rusia y el de Irn, que respaldan al dictador en su campaa para acabar con la oposicin interna.

Sin embargo, una vez ms, los llamamientos de los manifestantes pacifistas sirios han sido ignorados por la izquierda pacifista occidental. En lugar de pedir que se ponga fin al bombardeo o reclamar apoyo para las vctimas de la guerra, muchos han preferido comprar el discurso del rgimen guerra contra el terrorismo que sostiene que el objetivo del asalto es eliminar a los combatientes yihadistas. Una falacia que debera haberse desvanecido el sbado. El hospital Sham de la aldea de Has, en el sur de Idlib, fue blanco de bombas de barril y misiles hasta quedar fuera de servicio. Se haban trasladado sus instalaciones bajo tierra, a una cueva, en un ftil intento final de protegerlo del bombardeo areo. Segn la Unin de Organizaciones de Asistencia Mdica y Socorro, tres hospitales, dos Centros de Defensa Civil y un sistema de ambulancias fueron atacados los das 6 y 7 de septiembre en Idlib y el norte de Hama, dejando a miles de personas sin atencin mdica.

Los grupos extremistas tienen presencia en Idlib algunos han sido enviados por el propio rgimen tras evacuarlos de otros lugares. Hayaat Tahrir Al Sham (HTS), que tena antes vnculos con Al Qaeda, domina gran parte de la provincia con sus 10.000 combatientes. Sin embargo, lejos de ser un bastin de Al Qaeda, HTS no ha conseguido el apoyo de la mayor parte de la poblacin que continuamente ha opuesto resistencia a la presencia del grupo y a su ideologa reaccionaria. En las protestas del viernes pasado en la ciudad de Idlib HTS dispar municin real para disolver la manifestacin. La multitud rpidamente se volvi contra sus combatientes llamndolos shabiha (insulto que antes se reservaba para los matones del rgimen) y gritando Jolani fuera, en referencia al lder del grupo.

Muchos sectores de la 'izquierda' sostienen que entre una poblacin de tres millones de individuos no queda 'buena gente' a la que apoyar. O consideran que la presencia de unos cuantos miles de extremistas es justificacin suficiente para arrasar Idlib hasta dejarla en ruinas y castigar colectivamente a sus residentes. Obvian a la mayora invisible de los sirios y sirias que no usa armas para imponer su poder como si fueran irrelevantes. Han elegido ignorar a quienes han resistido toda forma de autoritarismo y a quienes se han comprometido a crear un futuro mejor para sus familias, sus comunidades y la sociedad en general. [Esa izquierda] Presenta un binario grotescamente simplificado en el que la alternativa se dirime entre Assad y Al Qaeda como si el conflicto y el arraigo de la intensa lucha social se redujera a un mero partido de ftbol entre dos equipos. La parte a la que respaldan es un rgimen fascista porque al menos es laico, un rgimen que arroja a los nios a la muerte mientras duermen, que opera en campos de muerte en los que se tortura a los disidentes hasta morir y que ha sido acusado por la ONU de crimen de exterminio. A cualquiera que se resista a regresar al control del rgimen se le tacha de enemigo y se convierte en objetivo legtimo a atacar. Libertad, democracia, justicia social, dignidad son metas a las que solo deberan aspirar los occidentales. El resto debera callarse y hacer las paces.

Desde esta visin internacional siniestra y racista, todo el mundo es de Al Qaeda o simpatizante. Que haya mujeres en las comunidades rurales y conservadoras que no se visten como las mujeres occidentales o que tienen que vencer valientemente numerosos obstculos y amenazas a su seguridad para participar en la esfera pblica (como hicieron en las protestas del viernes pasado) se considera muestra de sus inclinaciones terroristas, justificacin en s misma para su aniquilacin. En lugar de solidarizarse con las valerosas mujeres de Idlib que se resisten tanto al rgimen como a otros grupos armados extremistas y que luchan por superar costumbres sociales tradicionales y patriarcales profundamente arraigadas, prefieren apoyar a un Estado que enva milicias para llevar a cabo campaas de violaciones masivas en comunidades disidentes o que inserta ratas en las vaginas de las mujeres detenidas. La deshumanizacin de los sirios y de las sirias se ha planificado de tal manera que muchos se resisten a creer que entre el caos y los seores de la guerra pueda haber seres humanos comunes y corrientes dignos de apoyar, personas como nosotros.

Cuesta entender que las devastadoras campaas de bombardeos llevadas a cabo por el Estado sirio y por Rusia en reas residenciales densamente pobladas que han matado a cientos de miles de personas, puedan ser ignoradas por cualquiera que se declare militante contra la guerra. Parece que las vidas sirias solo importan cuando son destruidas por bombas occidentales. El antiimperialismo de hoy se est utilizando como tapadera de apoyo a regmenes totalitarios por personas lo suficientemente privilegiadas como para no haber experimentado nunca lo que es vivir bajo su yugo. No contentos con ignorar los crmenes de guerra y otras atrocidades masivas, pretenden que se absuelva a los culpables y niegan que hayan ocurrido atrocidades. Circulan por doquier teoras conspirativas a menudo originadas en el Estado ruso o en los medios de extrema derecha sobre ataques qumicos y falsas banderas que solo pretenden blanquear los crmenes del rgimen y justificar el ataque contra civiles y trabajadores humanitarios. Siria se ha convertido en motivo de conversacin para marcarse puntos polticos sin pensar dos veces en el peligro real que tales acusaciones falsas crean para la vida de las personas, ni en el profundo dolor y la ofensa que causan a las vctimas.

En su reciente libro, Indefensible: Democracy, Counter-Revolution and the Rhetoric of Anti-imperialism  [Indefendible: Democracia, contrarrevolucin y la retrica del antiimperialismo], Rohini Hensman se pregunta cmo ha llegado a usarse la retrica del antiimperialismo para apoyar las contrarrevoluciones contrarias a la democracia en todo el mundo. Argumenta que hay tres clases de pseudo-antiimperialistas. Los primeros son los que creen que Occidente es el nico opresor en todos los contextos, obran desde un etnocentrismo occidental que los hace ajenos al hecho de que gentes de otras partes del mundo tengan como ellos voluntad propia, y que puedan ejercerla tanto para oprimir a los dems como para luchar contra la opresin. La segunda categora son los neo-estalinistas que apoyarn cualquier rgimen respaldado por Rusia, no importa lo derechista que sea. El tercero est compuesto por tiranos e imperialistas, perpetradores de crmenes de guerra, crmenes de lesa humanidad, genocidios y agresiones, que apenas reciben un atisbo de crtica occidental, reclaman de inmediato que estn siendo criticados por ser antiimperialistas.

Para apoyar su argumento, Hensman ofrece una descripcin detallada del verdadero antiimperialismo en oposicin al pseudo-antiimperialismo a travs de casos de estudio en Rusia y Ucrania, Bosnia y Kosovo, Irn, Iraq y Siria. Demuestra cmo autodenominados izquierdistas han apoyado reiteradamente a regmenes autoritarios contra las luchas democrticas populares, difundiendo la intolerancia antimusulmana, construyendo alianzas tcticas con fascistas, diseminando teoras de la conspiracin y propaganda del Kremlin/o del Estado, participando en la negacin del genocidio o en las atrocidades y culpando a las vctimas. Su excelente libro viene a recordar oportunamente que las narrativas propagadas en torno a Siria, en las que una extrema izquierda se hace eco de argumentos de la extrema derecha y en las que se prioriza la geopoltica sobre las luchas y las vidas de las personas, son ejemplo inquietante de algo mucho ms profundo.

Mientras las bombas caen sobre Idlib, son pocos los sirios y sirias que esperan ver manifestaciones internacionales en apoyo de su causa o en defensa de sus vidas. Aquellos que reivindican el internacionalismo los abandonaron y se retiraron al aislacionismo o, peor an, a la apologa del fascismo. Si no se hace frente e esta cuestin, no ser posible construir un movimiento internacional contra el autoritarismo, el imperialismo, la guerra y el capitalismo. Mientras tanto, los horrores que llevaron al mundo a declarar nunca ms volvern a repetirse una y otra vez.

 

Fuente: https://leilashami.wordpress.com/2018/09/14/indefensible-idlib-and-the-left/#more-970 . Publicado inicialmente en Freedom



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