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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2018

El fascismo siempre llama dos veces

Antoni Aguil
Pblico.es


Hemos conocido por la prensa la reciente reunin entre Matteo Salvini y Steve Bannon, exestratega jefe de Donald Trump y lder de la fundacin The Movement, una organizacin cuyos principios recuerdan al ultraderechista Tea Party de Sarah Palin. Bannon ha desembarcado en Europa, donde partidos populistas, antiestablishment y antiinmigrantes gobiernan en Polonia, Italia y Hungra, para dar cobertura ideolgica a la pujante extrema derecha y promover su expansin y coordinacin en el continente, sobre todo de cara a las elecciones europeas de 2019. Bannon ha sugerido que las prximas elecciones europeas podran abrir el camino para que los movimientos populistas y racistas europeos luchen contra el eje moderado en poltica migratoria que representan la canciller Angela Merkel y los presidentes Emmanuel Macron y Pedro Snchez. El objetivo es construir una mayora poltica en un Parlamento Europeo dominado por fuerzas euroescpticas y reaccionarias. Esta ronda de reuniones sigue a las recientes conversaciones mantenidas con el primer ministro de Hungra, Viktor Orbn, con quien Salvini comparte una frrea poltica antiinmigratoria. Est en marcha la salvinizacin de Europa?

Frente a ello, Dimitris Papadimoulis, vicepresidente del Parlamento Europeo y lder de Syriza, apostaba en una entrevista del pasado 10 de septiembre concedida a EURACTIV por crear una alianza pro Unin Europea que incluya a centristas y liberales, por lo que probablemente la poltica (anti)migratoria de la Unin Europea de los prximos tiempos oscilar entre la postura ms moderada del eje Alemania-Francia-Espaa (creacin de centros cerrados de desembarco o campos controlados) y la postura radical de Lepens, Berlusconis, Sarkozys, Salvinis, Farages, Orbans y dems.

Sin embargo, Europa no debe tener tanto miedo de Bannon como de s misma. El racismo y el supremacismo eurocntricos no son el resultado de un accidente no deseado, sino parte intrnseca del proyecto moderno de dominacin europea del mundo. Lo explica de manera clara Boaventura de Sousa cuando afirma que el pensamiento occidental moderno es en buena medida un pensamiento abisal, una manera arrogante y autoritaria de ordenar y clasificar el mundo que crea distinciones radicales entre lo civilizado y lo salvaje, entre quienes son completamente humanos y quienes son considerados menos que humanos. Se trata de distinciones racializadas, sexualizadas, de clase social, edad, religin o cualquier otra condicin que consagran jerarquas de humanidad.

Precisamente esta ideologa abisal, que detesta lo diverso e impone lo propio, es la que histricamente ha servido (y sirve) de base para legitimar la autoridad de formas de dominacin imperantes en el mundo, como el supremacismo blanco, el clasismo, el sexismo y la homofobia. Locke, que en 1669 redact las Constituciones de Carolina, estaba implicado en el negocio del trfico de esclavos a travs de la Royal frica Company, y adems su filosofa poltica acab legitimando el genocidio indgena por parte de los colonos ingleses, que consideraron justificado su afn desmedido de apropiacin. Kant, cuya tica universalista del deber nos leg sentencias cargadas de humanidad (el ser humano, considerado como persona, no puede valorarse solo como medio para fines ajenos, sino como fin en s mismo, escribi el filsofo), recomendaba tratar a golpes a los negros de frica. Los mismos negros a los que en sus lecciones de historia universal Hegel priv de conciencia histrica y los mismos sobre los que Nicolas Sarkozy, en su clebre discurso en la Universidad de Dakar, y haciendo gala, sin saberlo, de un hegelianismo estremecedor, afirm que estos todava no haban entrado en la historia. Salvini, menos dado a sofisticaciones intelectuales, se atrevi a llamar directamente carne humana a los migrantes rescatados en el mar. En Dinamarca, el nacionalismo islamfobo est creciendo. El Gobierno de Lokke Rasmussen prepara un paquete de medidas legislativas que parecen inspirarse en las leyes de Jim Crow. La nueva legislacin decreta que veinticinco barrios de renta baja, en los que se concentran migrantes predominantemente musulmanes, se considerarn guetos, palabra que evoca los guetos judos de la Polonia ocupada por los nazis, y que ahora el Gobierno dans pretende normalizar. Ya sabemos cmo funciona la lgica del fascismo: se seala a un enemigo que representa la necesidad de defenderse de aquello que lo amenaza, despus se cercan barrios, se invierte en alambradas y muros, se construyen blindajes que indican que el entorno ha dejado de ser seguro. Y as nos vamos volviendo seres cada vez ms inmunitarios, defensivos y ensimismados. El caso dans es solo un ejemplo de ese pensamiento abisal trasladado al corazn de los barrios y las ciudades de Europa.

No menos preocupante es el avance de estas fuerzas fascistoides entre la clase media blanca trabajadora, sostn histrico de la socialdemocracia y el sindicalismo, as como la complicidad con el discurso xenfobo y racista de cierto sector de la izquierda europea. En Alemania, la copresidenta del grupo parlamentario de Die Linke, Sahra Wagenknecht, no ha dudado en apropiarse de parte del discurso antiinmigracin de la formacin ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Es esta la estrategia necesaria de las izquierdas para ganarse a los votantes de clase trabajadora? Lo dudo.

El consenso antifascista que sirvi para construir Europa tras la Segunda Guerra Mundial est seriamente resquebrajado. La poltica europea de austeridad, precariedad, xenofobia y asfixia democrtica intensificada durante la crisis financiera ha creado este caldo de cultivo txico. Los partidos tradicionales y sus lderes no han sabido ofrecer soluciones ms all del neoliberalismo, con su ideologa de libre mercado destructora del Estado de bienestar. Vivimos un momento de peligro: de crisis profunda de la socialdemocracia, de grandes alianzas entre socialdemcratas y liberales, de fascismo renaciente de la extrema derecha, de dispersin (e incluso absorcin por el sistema, como los casos del Gobierno de Tsipras en Grecia y del Movimiento Cinco Estrellas en Italia) de las energas democrticas que hace unos aos tomaron las calles y las plazas.

Parece que el Parlamento Europeo comienza a reaccionar, como lo pone de manifiesto la apertura de una especie de expediente disciplinario a Hungra para evaluar la posibilidad de suspender su derecho a voto en el Consejo de la Unin Europea. Es una medida insuficiente y llega demasiado tarde. El fascismo siempre llama dos veces. Mientras bate de nuevo la puerta, habr que aprender de Pasolini cuando en 1962 reflexionaba sobre la creciente adhesin de las nuevas generaciones a las ideas de la extrema derecha: No es necesario ser fuerte para enfrentarse al fascismo en sus formas locas y ridculas; hace falta ser muy fuerte para enfrentar el fascismo como normalidad, como codificacin, dira alegre, mundana, socialmente elegida, del fondo brutalmente egosta de una sociedad.

 

 

Fuente: https://blogs.publico.es/dominiopublico/26466/el-fascismo-siempre-llama-dos-veces/



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