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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2018

Contra las bombas: malos tiempos para el internacionalismo

Sarah Babiker
El Salto

Que el flamante ministro de Exteriores, el presidente socialista del "no es no", y el ms anticapitalista de los alcaldes de Espaa hayan aceptado el lmite de lo posible en el caso de la venta de armas a Arabia Saud es el peor de los fracasos.


Yemen

Familia desplazada por la violencia en Yemen

Era 2011 y miles de jvenes ocuparon las plazas para cambiar el rgimen del 78. No pedan reformas, queran transformarlo todo. Inspiradas por las revueltas de Tnez y Egipto, de las primeras tiendas se fueron expandiendo acampadas como pequeas ciudades provisorias, pobladas de gentes diversas, una heterogeneidad aunada por la indignacin y la urgencia de cambio. Hubo represin y detenciones, pero ah se mantuvieron, una rebelin que nadie esperaba. No, no estoy hablando del 15M.

El rgimen del 78 con el que queran acabar estas gentes indignadas inici con el acceso al poder del presidente Al Abdal Sal. La represin que tuvieron que afrontar implic tiroteos, estudiantes quemados en sus tiendas de campaa. Todo esto pas en Yemen, uno de los pases con ms armas por habitante del mundo. Todo esto va de gente, gente que se indigna, gente que protesta y gente a la que matan. Va de las posibilidades que prometen los aires de cambio. Va de las renuncias impuestas. Va de cmo muere lo que prometieron las plazas.

A la primavera rabe de Yemen le esperaba un largo invierno. Una resaca que no parece tener fin: Guerra en el sur, guerra en el norte, Estados Unidos y sus drones, los pases del Golfo y sus tensiones, los terroristas y su retaguardia, y sobre todo Arabia Saud poniendo orden en su patio trasero.

Al siempre impune suministrador de crudo y petrodlares le queda incmodo que entre sus yacimientos y el golfo de Adn central para el comercio del petrleo haya un Estado. Mala suerte para los yemens que, aunque en 2012 consiguieron liberarse por fin de Sal, vieron cmo ste se fue impune, no muy lejos, para seguir moviendo los hilos (hasta que fue asesinado el ao pasado).

Qued su vicepresidente y, como es lgico, el cambio le supo a poco a mucha gente. En 2015 empez la guerra, una guerra muy complicada, como si las guerras hubiesen sido alguna vez fciles. Alianzas cambiantes entre las potencias mundiales, los regmenes regionales y las oligarquas internas, a las que llamamos tribus para poder pensarlas como muy distintas a las nuestras. Desde entonces leemos que es todo un caos, que no hay solucin, que es que las cosas funcionan as entre esa gente brbara, y que si no podemos tomar parte, si ni siquiera podemos entenderlo, la cosa ya no nos concierne. Pero siempre se puede tomar parte: hay que tomar parte por la gente, por los pueblos. El internacionalismo va de eso.

No hay forma ms drstica de achicar los marcos de lo posible, que poner en cuestin la supervivencia. Cuesta soar con libertad o democracia mientras matan a tus hijos. Es difcil sostener la resistencia con el estmago vaco y el cuerpo enfermo: las bombas y la hambruna dejaron poco margen para imaginar nuevos Yemen en las plazas. Un Estado fallido, minado de intereses extranjeros, donde no hay refugio. Aqu, sin embargo, no estn cayendo bombas. No tenemos un Estado fallido. La pobreza y la precariedad crecen, pero siguen enteros los hospitales y nadie muere de desnutricin, ni siquiera en las regiones ms pobres y abandonadas.

Aqu hubo hasta gente que tras la ola de cambio que inspiraron las plazas consigui llegar a las instituciones. Lanzamos grandes proclamas internacionalistas, gritamos que si haba dinero para rescatar a los bancos, tambin se podra rescatar a la gente. Y sin embargo la gente tiene que seguir rescatndose a s misma, sola y a la deriva, a travs de trabajos cada vez ms precarios. Algunos de esos trabajos son un engranaje en la cadena que termina en la muerte de la poblacin yemen. Por ahora, no se puede hacer nada, nos dicen, no podemos condenar a nuestra gente a la miseria. Y as, nos condenan a la miseria moral a todas.

Que el flamante ministro de Exteriores, el presidente socialista del "no es no" y el ms anticapitalista de los alcaldes de Espaa hayan aceptado tal lmite de lo posible es el peor de los fracasos. Es castrar la imaginacin poltica, renunciar a desplazar el marco, aceptar que no podemos redistribuir la riqueza del Estado. Aceptar que es necesario tragar con que no exista otra alternativa para la supervivencia de miles de personas que fabricar armas contra otras miles de personas.

Entiendo que es duro enfrentarte al desempleo y la falta de futuro de tu gente. Tambin pienso que no solo se debera dimitir cuando a uno le pillan en falta. Tambin se puede dimitir cuando no hay posibilidad de ser coherente con tus principios, cuando tienes claras las fronteras morales que no cruzars nunca. No significa irte, si no quedarte de otra forma, para forzar la alternativa, para pelear otros horizontes posibles.

Porque si estamos dispuestas a seguir por ah, si somos nosotras quienes aceptamos hacer lo que antes impugnamos, estamos avalando el mantra del neoliberalismo, el no hay alternativa. Aceptaramos que necesitamos exportar bombas y barcos si estos fuesen a ser utilizados contra Francia o Italia? No es evidente que es la alteridad desenfrenada, la savia misma del colonialismo, la que permite que tantas personas asuman que no podemos hacer otra cosa que seguir produciendo muerte?

La poblacin yemen ser la principal vctima del armamento que exportamos a Arabia Saud, de los barcos que rescatarn hasta cundo a los obreros gaditanos. Pero no ser la nica vctima. Aqu estamos enterrando tambin la posibilidad de plantarse para detener la inercia que nos hace pedir empleo a cualquier costa, de cualquier tipo, y empezar a exigir que se redistribuyan la riqueza y el trabajo. Plantarse, en definitiva, ante la economa de la muerte que nos impone el capitalismo.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/yemen/malos-tiempos-internacionalismo



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