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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2018

Mexicanos en Watsonville

Hermann Bellinghausen
La Jornada


Cmo describir   Watsonville sin tener que pedir dispensas a lo normal, lo habitual, lo predecible? A vuelo de pjaro parece una tpica ciudad californiana, parte del prspero condado de Santa Cruz, cerca de la baha de Monterey, de calles ordenadas y tranquilas y arquitectura victoriana, haciendo pensar que el hombre blanco anglosajn domina y define la localidad. El espejismo se disipa enseguida, pues resulta imposible no observar que la gente por todas partes es mexicana o de origen mexicano. De sus 54 mil habitantes, se calcula que 70 por ciento es originaria del sur de la frontera y todava hablan espaol los hijos, aunque los nietos lo tengan que aprender en las escuelas.

Ubicada en el Valle Pjaro, comenz como el rancho Bolsa del Pjaro, propiedad de Sebastin Rodrguez desde 1823. Hacia 1851 se asent a la mala un juez de oscura reputacin, un canalla de casi dos metros de estatura llamado John H. Watson, quien quiso despojar a Rodrguez de su propiedad. Watson edific una casa, al rato otras. Al convertirse en diputado en 1849, quiso agandallarse el rancho de los Rodrguez, que lo demandaron. Para 1860 Watson perdi, fue echado y se fue a invertir en minera en Nevada. Muri en la indigencia 30 aos despus, pero el casero que dej la polica lo tildaba Watson-ville (el pueblito de Watson). Y se le qued el nombre.

Hace 150 aos, el 5 de marzo 1868, Bolsa del Pjaro se anex a Watsonville, formando un poblado de mil habitantes. Ese da naci el peridico Pajaro Times, siendo el raro caso de un pueblo que se funda fundando un diario, que con el tiempo se llamara Register Pajaronian; sigue a la fecha como semanario, y diario en lnea. En 1956 gan un Pulitzer por sus servicios a la comunidad. Ubicado en el centro de la baha de Monterey, como decenas de localidades de la costa californiana, prosper con buena agricultura y sidra de manzana. En la actualidad es sede de la villana Driscoll, explotadora de trabajadores oaxaqueos en el valle de San Quintn, Mxico. Tambin de la empresa manzanera Martinelli, muy popular, y con fama de tratar bien a sus trabajadores. El desarrollo agrcola cre la necesidad de trabajadores mexicanos. Las familias, muchas de origen indocumentado, se legitimaron echando raz, pariendo frutos.

Rodean Watsonville inmensas plantaciones de fresa, bayas, manzanas, viedos y olivares. Campos roturados por grandes mquinas, irrigados con precisin y cultivados por miles de campesinos de origen mexicano, o algunos centroamericanos. Encapuchados y enchamarrados para protegerse del sol y los qumicos, le jalan toda la jornada. Una prioridad de padres y madres en estos campos es la educacin de sus hijos y nietos. Tras el terremoto en 1989 y el libre comercio, la migracin desde Mxico se agudiz. Visit varias escuelas, con una mayora abrumadora de hijos de mexicanos, algunos con historias dramticas, como el chavo cuyo padre lleg de Mazatln: No conozco all ni podemos ir a causa de mis tos. Ellos son narcos, y corremos peligro.

La nica galera de arte, el pequeo museo Eduardo Carrillo, exhibe arte de calidad, obra de chicanos y mexicanos originarios de distintos estados.

La localidad tuvo mala fama cuando mexicanos y centroamericanos (aos 70 y 80) formaban gangas violentas. Es cosa del pasado, explica Consuelo Alba, directora de Festival de Cine de Watsonville, y una de las promotoras de la vida creativa en la localidad. No est sola; as, hay grupos que organizan jardines agrcolas dentro de la zona urbana, con productos orgnicos. Los jornaleros estn organizados aunque Driscoll y algunos otros quieran tratarlos como esclavos. Lo incontestable es que ricos o pobres, pero con niveles de vida dignos, casi todos proceden de Mxico. Se ven algunos indigentes, pero son importados alevosamente por las autoridades de Santa Cruz y otras partes del estado. Se los echan a los mexicanos, como quien dice. En las fiestas patrias, la plaza central se llena de familias y cocinas con garnachas, tamales, mariachi y artesanas mexicanas made in China, como en Mxico mismo. Esto es Watsonville, dice Consuelo. De tanto necesitar mexicanos y a pesar de las redadas migratorias, Watsonville se volvi mexicano, o algo as. Bienvenidos al siglo XXI.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/09/17/opinion/a08a1cul



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